El diario del lunes
Interpelación sí, show no

Por Fernando Butazzoni ///

En estos días todos hemos escuchado reflexiones poco edificantes sobre la falta de sentido de las interpelaciones realizadas en el Parlamento a ministros de Estado. Desde distintos ámbitos de la sociedad se ha machacado una y otra vez con que en realidad se trata de una pérdida de tiempo o, a lo sumo, de un mero ejercicio de retórica.

Creo que es un error descaecer ese instituto de la democracia. Las interpelaciones a los ministros son necesarias, saludables y, en ocasiones, también son útiles. Pero para que eso ocurra deben alinearse varios planetas: la seriedad del interpelante, la disposición del interpelado y la inteligencia general de los señores legisladores.

Nada más frustrante que una interpelación pour la galerie, nada menos conducente que la indiferencia de la población ante eso que debería ser un acontecimiento político y termina convertido en una maratón discursiva. Los ciudadanos tienen pleno derecho a exigir siempre, pero especialmente tienen la potestad de demandarle a sus representantes que actúen con rigor, que su sintaxis sea la adecuada y que, si van a interpelar, pues que interpelen. Como contraparte, todos tenemos la obligación de reclamarles a los ministros interpelados que sean claros, concisos y veraces.

¿Es tan difícil cumplir con esos requerimientos de la vida cívica? A juzgar por la sostenida práctica del Uruguay en los últimos treinta años, con tristeza habría que responder afirmativamente a esa pregunta. Desde el restablecimiento de la democracia, el país ha vivido muchas instancias de ese tipo. Ninguna alcanzó ni por asomo el fuste y la trascendencia que tuvo en otros tiempos.

Hay un problema de lógica política que debería ser revisado en profundidad por todos los partidos, incluido el que hoy está en el gobierno. La dramática disminución de las capacidades intelectuales de los principales actores del sistema afecta severamente al país en su conjunto, pues por acción u omisión son ellos los que trazan el derrotero de la sociedad. A veces parece que esos trazos son meros garabatos.

Así como todos nos sentimos algo abochornados por el triste espectáculo de la pugna presidencial en los EEUU, con zancadillas, insultos, golpes de escena y bravatas de diversa calaña, así deberíamos de sentirnos cuando en nuestro país quienes nos representan no dan la talla y pretenden convertir los honorables recintos del Palacio Legislativo en un set de televisión.

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El diario del lunes es el blog de Fernando Butazzoni en EnPerspectiva.net. Como no podía ser de otra manera, actualiza todos los lunes.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. En ciclos de mayorías absolutas parlamentarias y de bajísimos niveles de calidad entre los contendientes, las “Interpelaciones” son una absoluta pérdida de tiempo. Una falta de respeto a la ciudadanía y una afrenta al recuerdo de políticos de fuste, que, dolorosamente ya no están y que los nuevos tiempos no generan.

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  2. Fernando (pemitame la confianza)
    Estoy en un todo de acuerdo con Ud, para mi sorpresa.
    Hablando en serio, hubo siempre en la política uruguaya un sentido “deportivo” de la misma donde a veces parecía que lo importante era solo ganar. Yo solía halar con un Contador General de la Nación, integrante de un equipo económico que me decía.. ” mira, si estas en la cámara y el ujier que te trae el café te contradice, le dan la razón a el” Era un queja sobre lo cerrada de las argumentaciones que intentan “voltear al ministro” por sobre todo. Pero de igual forma, las argumentaciones, las razones eran cuidadosamente expresadas en haras de demostrar que el equivocado era el otro.
    Hoy , coincido con Fernando, ni siquiera se tiene ese cuidado. Los discurso de los interpelantes son en la mayoría de los casos solo eso, discursos. Las defensas de los interpelados llegan al ridículo de estar preparadas y contestan sosas que no fueron preguntadas o hablan sobre temas que no fueron tocados. Todo esto bajo la música de fondo de expresiones fallidas, utilización incorrecta de palabras y una confusión derivada de la mala educación y en algunos casos una evidente ignorancia. Que hacer entonces? Quizás el formato de la interpelacion deba cambiar, quizás debiera escenificarse casi como un tribunal (como en Estados Unidos) donde hay mas peso de preguntas concretas que deban ser contestadas si o si y menos presencia de discursos. En todos los casos , esa devaluacion de la calidad política Fernando la evidencia con motivo de una interpelacion que tenia como tema , oh casualidad! la educacion …..

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