Tirando la chancleta

Por Carol Milkewitz ///

Si querés ir a la playa a las cinco de la tarde, te conviene empezar a aprontarte a las cinco de la tarde del día anterior.

Apenas llegás, buscás un centímetro cuadrado donde sentarte. Cuando descubrís ese lugar solitario y libre, viene alguien y se sienta al lado. Un bebé que no para de llorar a los gritos, adolescentes con cumbia a todo volumen o un viejo de 90 años en zunga.

Ir a la playa está lleno de dudas existenciales: Llenarte las chancletas de arena o quemarte los pies. Tomar sol con lentes y que te quede la piel marmolada o sin y quedar con arrugas por siempre. Salir del agua y no entender dónde estás porque la corriente te arrastró a una playa distinta.

Llegaste cargando sillas, bolso, toalla, gorro y comida, con la idea firme de no comprar nada, pero obvio, te viene sed, así que te comprás un pseudo-café hirviendo a $ 80. Después te tentás con un choclo. Sale más barato comprar un campo y plantar tu propio choclo que el choclito que te compraste.

Entre el café, el choclo y el calor te empezás a marear, sentís que te baja la presión, y en ese momento aparece el heladero. Buscás plata en el bolso y cuando encontrás, ya se está yendo. Salís a correrlo, el único ejercicio que hacés en verano.

***

¿Por qué a mí? es el blog de humor de Carol Milkewitz. Actualiza los viernes.

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Si vas a la playa a las cinco de la tarde, es de locos llevar comida. Un termo con agua caliente, una yerbera, una bombilla, un mate, y “ensiye un cimarrón, para que dure largooo…”

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  2. Prefiero quedarme a leer esta columna y mejor la ida a la playa la dejo para otro día. Felicitaciones, muy divertida, todas las semanas me encanta leer esta columna.

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