Las principales contribuciones de Richard Thaler, Premio Nobel de Economía

Richard Thaler, de la Universidad de Chicago, fue galardonado ayer con el Premio Nobel de Economía. La Academia Sueca de las Ciencias destacó en el comunicado de prensa sus contribuciones en el área de la economía conductual. ¿De qué se ocupa este campo de la economía? ¿Cuáles han sido los trabajos más destacados de Thaler? Les proponemos conversarlo con la economista Tamara Schandy, de la consultora Deloitte.

Romina Andrioli (RA): Tamara, si te parece comencemos por ubicar a los oyentes en el terreno de la economía conductual, una especie de mezcla entre economía y psicología según lo que reseñaba ayer la prensa internacional… ¿Podemos repasar brevemente de qué se ocupa este campo de la economía y dónde están sus principales aportes?

Tamara Schandy (TS): En forma simplificada, podríamos decir que se trata de un campo que desafía la hipótesis usual en economía de que las personas son perfectamente racionales, que tienen pleno acceso a la información, que pueden procesarla sin problemas y que toman decisiones siempre maximizando su beneficio.

La economía conductual (o Behavioural Economics, como se conoce usualmente a esta corriente) ha hecho notar que la realidad muchas veces se aparta de eso y se ha ocupado de ir incorporando perspectivas más realistas sobre cómo se comporta la gente cuando toma decisiones. Empezó a tomar fuerza en los 80s, con varios trabajos de profesionales que en realidad venían del área de la psicología.

Se podría decir que es un campo “nuevo” en la economía, pero ha ido creciendo mucho y ha hecho contribuciones muy relevantes no solo para la investigación y la elaboración de modelos económicos, sino también para el diseño de políticas públicas.

RA: Dentro de la economía conductual, ¿cuáles fueron los aportes de Thaler que le valieron el Premio Nobel de este año?

TS: El comunicado señala tres áreas de trabajo, que se corresponden con tres apartamientos del comportamiento de las personas respecto a esa hipótesis “tradicional” que señalaba al inicio.

El primero tiene que ver con que las personas tienen racionalidad limitada: no toman decisiones teniendo en cuenta todas las alternativas posibles ni pensando todo el tiempo en las consecuencias de largo plazo. Hay muchos ejemplos, pero menciono algunos de los que destacó la Academia Sueca que me parecen particularmente sencillos de entender porque es fácil reconocernos en ellos.

RA: A ver…

TS: Por ejemplo, aunque el dinero es todo igual y perfectamente fungible, las personas solemos tomar decisiones fraccionándolo por compartimentos mentales según el origen de los fondos o el destino que le queremos dar a la plata… y eso hace que terminemos tomando decisiones que de otro modo no tomaríamos.

Por ejemplo, podemos estar dispuestos a tomar un crédito para cubrir un gasto extra en el presupuesto del hogar con tal de no tocar el dinero que venimos ahorrando para vacaciones, aunque eso suponga pagar intereses altos por el préstamo… Otro ejemplo, podemos estar más dispuestos a apostar $ 500 pesos en un casino si los acabamos de ganar que si venimos de perder en la mano anterior, aunque en realidad en cualquier caso estamos arriesgando un monto igual de plata. Otro: tendemos a ser más proclives a comprar ropa cuando tiene un cartel de descuento, porque tomamos el precio inicial de referencia y sentimos que estamos haciendo un “buen negocio”. Estos parecen ejemplos triviales, pero esta forma de pensar y entender el proceso de “contabilidad mental” (como lo llama Thaler) también ha tenido aplicaciones muy útiles de política económica.

RA: ¿Cómo es eso, Tamara? ¿Podemos mencionar algún ejemplo?

TS: Este estaba en una columna en el New York Times del propio Thaler y me pareció muy interesante. Cuando Estados Unidos estaba saliendo de la crisis de 2007-2008, el Congreso aprobó una ley para hacer una devolución temporal de impuestos. Había que decidir cómo implementarlo. Las alternativas eran darle a las personas un cheque por el monto total del beneficio, o darle doce cheques mensuales. La teoría económica “tradicional” nos diría que es equivalente darle a alguien US$ 1.200 o doce cheques de US$ 100 por un año. Sin embargo, los hallazgos en materia de “contabilidad mental” indican que una familia media que recibe un monto grande en relación a sus ingresos tiende a ahorrar una parte, o usar algo para cancelar deudas, mientras que, si recibe un monto solo un poco superior a sus ingresos cada mes, tenderá a gastarlo incrementando un poco todas sus partidas normales de consumo. Como el objetivo del plan era justamente promover el consumo para ayudar a la economía a salir de la recesión, el programa se implementó en cuotas. No podemos saber qué hubiera sucedido si los beneficios se hubieran dado todos juntos, pero presumiblemente este aporte de la economía comportamental mejoró la eficacia del plan para aumentar el consumo para un mismo costo fiscal.

RA: Vayamos a otras contribuciones. Recién hablábamos de ejemplos de la “racionalidad limitada”, pero antes decías que el comunicado de la Academia Sueca destacaba aportes en tres áreas. ¿Cuáles son las otras?

TS: Otra hace referencia a que las personas no toman decisiones solo pensando en maximizar su beneficio personal, sino que la idea de lo que es justo también juega un rol importante. Thaler hizo experimentos que mostraron que la gente está dispuesta a resignar un beneficio con tal de mantener lo que ellos perciben como una distribución justa, o que están dispuestos a soportar un costo personal si así castigan a otros que violan las reglas de lo que consideran justo.

La tercera área de contribución tiene que ver con el cortoplacismo. Acá también es fácil encontrar ejemplos cotidianos de cómo las personas se alejan del modelo perfecto de toma de decisiones racionales que postula la teoría económica tradicional. No creo que a ningún oyente le sea ajena la idea de que a veces las tentaciones de corto plazo conspiran contra lo que es mejor en el largo plazo. Lo más interesante, sin embargo, es que Thaler postuló que las políticas públicas tienen un lugar para darle pequeños empujoncitos a las personas (“nudges” en inglés) para que tomen mejores decisiones, aún sin perder la libertad individual.

RA: Veamos algunos ejemplos de eso. ¿A qué se refiere concretamente eso de los “empujoncitos”?

TS: Un ejemplo clásico de “nudge” es la opción que viene marcada por defecto en un formulario de donación de órganos: aunque al final es el individuo el que siempre decide, los resultados no son los mismos si la opción por defecto es donar que si es no donar.

Otro ejemplo de aplicación de “nudge theory” es el del ahorro para el retiro en Estados Unidos, donde esencialmente es una decisión individual. La teoría tradicional nos diría que un individuo no tendría dificultades en decidir cuándo va a empezar a ahorrar, cuánto va a ahorrar o en qué va a invertir ese dinero; pero las personas “reales” no siempre la tienen tan clara… y las políticas públicas pueden mejorar los resultados con algunos “empujoncitos”, aunque no se pierda la libertad individual. Por ejemplo, que cuando se comienza un nuevo empleo sea automático su inclusión en un plan de retiro (aunque la persona tenga derecho a bajarse), que las retenciones sobre el sueldo sean crecientes en el tiempo (aunque haya derecho a cambiarlo), que los fondos se inviertan en portafolios balanceados (aunque luego se pueda optar por colocaciones alternativas). Hay estudios que muestran que cosas como estas en el diseño de los programas han tenido a incrementar los ahorros para jubilaciones mucho más que los incentivos impositivos, que de hecho tienen un costo para la sociedad.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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