¿Cómo está el sector agropecuario? ¿Acompaña el crecimiento general de la economía uruguaya?

La economía uruguaya continúa mostrando un desempeño favorable y el consenso entre los analistas es que 2017 termine con un crecimiento en torno de 3 %, que se repetiría en 2018. Por otra parte, está comenzando una nueva temporada turística, con perspectivas de que se alcancen nuevos récords. Sin embargo, no todos los rubros están teniendo un desempeño positivo. Desde el agro, por ejemplo, hay voces que advierten que la situación de ese sector es bastante comprometida y que no se avizoran factores que hagan cambiar estas perspectivas para el 2018.

Emiliano Cotelo (EC): Con este panorama, les proponemos conversar acerca de la coyuntura actual que atraviesan las principales actividades agropecuarias en nuestro país y de las perspectivas que se abren para el año próximo. El diálogo será con el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte.

Romina Andrioli (RA): Pablo, empecemos por repasar brevemente la evolución reciente que ha tenido el sector agropecuario en su conjunto… ¿Qué muestran las cifras oficiales en ese sentido?

PABLO ROSSELLI (PR): Como compartimos con ustedes unas semanas atrás, la economía uruguaya mantuvo un crecimiento firme en el tercer trimestre, de 3% interanual si se excluye el efecto de cierre de la refinería. Sin embargo, no todos los sectores tuvieron una buena performance en julio-setiembre. Y en particular, la producción del sector agropecuario tuvo una caída de 2,4% interanual en el tercer trimestre.

En el primer semestre del año se había observado un crecimiento apreciable de la producción, pero es probable que el cuarto trimestre también muestre una variación negativa. Para el conjunto de 2017 estimamos que la producción del sector agropecuario cerrará con una suba del orden de 1%, bastante menor que el crecimiento de la economía.

A su vez, si se analiza la rentabilidad agropecuaria se aprecia que los márgenes en la mayoría de las actividades primarias son francamente bajos y en algunos rubros resultan inclusive negativos.

RA – Repasemos entonces la situación de los principales rubros agropecuarios… ¿Qué pasa por ejemplo en la agricultura?

PR – En los cultivos de invierno (que se cosechan entre octubre y diciembre) vimos una retracción del área sembrada tanto para el trigo como para la cebada (que son los dos grandes cultivos de invierno). A la menor área, se suma el exceso de lluvias que tuvimos en la primavera, que determinó una baja importante de los rindes de ambos cultivos. Se estima que la producción terminará bajando este año entre 20% y 30%… y que habrá algunos problemas en la calidad del grano.

Menores rendimientos, precios internacionales del trigo en niveles muy bajos y costos domésticos altos, llevarían a un deterioro de la rentabilidad. De hecho, nuestras estimaciones pautan que luego de alcanzar niveles levemente positivos el año pasado, los márgenes de estos cultivos serían negativos incluso antes del pago de la renta de la tierra.

RA – ¿Y cómo es la situación de los cultivos de verano?

PR – Dentro de los cultivos de verano, se aguarda una peor temporada para la soja, que se cosechará entre marzo y junio. Luego de los rendimientos récord que tuvimos el verano pasado (favorecidos por condiciones climáticas excepcionales), en esta campaña probablemente veremos rindes menores, más normales.

Por esa previsible baja en los rendimientos y con un área de siembra estable, tenemos que esperar una reducción de la producción y de la rentabilidad del cultivo, aunque se mantendría en niveles positivos.

De esta forma, un productor que cosecha soja y trigo al cabo de un año, luego del pago de la renta de la tierra tendría una ganancia de alrededor de US$/há 50 según nuestras estimaciones. Este registro no sólo pauta una importante desmejora frente al año previo, sino que además resulta bastante reducido dado el riesgo que tiene la producción agrícola.

RA – ¿Cómo son las perspectivas para el arroz, que es el otro cultivo de verano importante en nuestro país?

PR – La situación de los productores arroceros es bastante más compleja, porque vienen de varios años de pérdidas consecutivas. El área sembrada habría tenido una contracción de 5% en esta campaña y es esperable que los rindes también registren una baja a partir de niveles excepcionales el verano pasado. Si es así, la producción exhibiría una baja en la zafra agrícola 2017/2018.

Los precios internacionales del arroz están mostrando una mejora clara en los últimos meses, por lo que es probable que los arroceros terminen recibiendo mejores precios en esta campaña. De todos modos, tenemos que recordar que la fijación del precio en este sector surge de una negociación entre los productores y los molinos… Y los valores que se están manejando preliminarmente para la producción cosechada en el otoño de 2017 determinarían que los márgenes se mantendrían por tercer año consecutivo en niveles negativos, tanto para los arrendatarios de la tierra como para los propietarios.

RA – ¿Y qué está sucediendo con la ganadería y con la lechería, Pablo?

PR – Con respecto a la ganadería, la faena vacuna tuvo un crecimiento fuerte hasta mediados de año y a partir de allí perdió dinamismo. De todos modos, igual se mantiene en niveles elevados, por encima de 2,3 millones de cabezas en términos anuales.

A los precios actuales del ganado, la rentabilidad de los establecimientos ganaderos podría tener una pequeña mejora, aunque se ubicaría alrededor de US$/há 50 en el promedio país, antes de la renta de la tierra, lo cual es un valor bastante bajo.

En tanto, las perspectivas para la lechería son algo más favorables, aunque es otro de los sectores que arrastra problemas financieros importantes desde hace un tiempo.

En concreto, la remisión de leche a plantas industriales se está recuperando de una caída fuerte en los años anteriores. Y a su vez, los precios de la leche al productor están mejorando a instancias de una recuperación de los precios internacionales de los lácteos. Por lo tanto, estimamos que los resultados de los productores están mejorando… Nuestra estimación es de un resultado operativo (antes de amortizaciones, impuestos e intereses) del orden de US$ 260 US$/há (que es el promedio de los últimos diez años).

RA – Está claro, Pablo, que las perspectivas para el agro contrastan con lo que se espera para la economía en su conjunto. Ahora, ¿cómo está repercutiendo eso en el endeudamiento del sector? ¿Qué está sucediendo con la morosidad del sector en el sistema bancario?

PR – El stock de deuda con el sistema bancario local se ubica en US$ 2.400 millones, un valor muy similar el observado en los últimos tres años pero alto desde una perspectiva histórica.

La morosidad del sector ha venido aumentando y se ubica actualmente en 5%, mientras que dos años atrás era de 2%. Si bien no es un registro muy elevado y que a su vez está impactado por algunos casos de empresas grandes en problemas, la morosidad en el agro es un poco mayor que en el resto del crédito a las empresas… que en promedio llega a 4,4%.

RA – ¿Y cómo es el endeudamiento por rubros dentro del agro?

PR – Al interior del agro se observan situaciones dispares, aunque el aumento de la deuda fue bastante generalizado en los últimos años. Por ejemplo, la deuda bancaria asociada a los productores de soja se ubica en torno de US$/há 120. No se trata de un registro muy elevado pero con los niveles de rentabilidad actuales de la soja, parece claro que este año el cultivo no generará fondos suficientes para pagar ese endeudamiento.

En el caso de los arroceros, si además del endeudamiento bancario se toma en cuenta la deuda con los fondos arroceros vigentes, la deuda por hectárea asciende a US$ 1.400. Y es un valor muy alto en comparación con las perspectivas de rentabilidad que podemos imaginar para los próximos años… En tanto, para los productores lecheros el endeudamiento por hectárea se sitúa en torno de US$ 520, si también se incluye la deuda correspondiente al fondo lechero… Más allá de la falta de liquidez por la que atraviesan los productores lecheros, el nivel promedio de endeudamiento no parece tan alto.

En definitiva, Romina, el sector agropecuario está enfrentando dificultades de rentabilidad que están asociadas a los altos costos en dólares que tenemos en nuestro país. Hay diferencias importantes entre rubros pero en términos generales no esperamos una mejora significativa de esa situación en 2018.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Son públicos los resultados de las empresas agropecuarias? Cuando dicen que están teniendo pérdidas, publican los balances contables o docume tos similares que demuestren tal situación? Cuando obtienen buenos resultados también se publican? Deloitte también asesora a los grandes productores no?

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  2. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    Tengo dos comentarios con respecto a la información que aportó Pablo.
    En primer lugar, cuando se habla de rentabilidad tenemos que comparar con el capital invertido (a valores hístóricos ajustados por inflación y/o a costos de reposición ). Naturalmente, las mediciones de ambas magnitudes deberían hacerse siguiendo criterios contables apropiados. Esa tasa de rentabilidad podemos compararla con la tasa que tienen otras empresas o con las tasas de periodos anteriores.
    En segundo lugar, cuando la explotación está sujeta a riesgos climáticos severos, no es juicioso hacer comparaciones de un año con el año anterior porque cualquiera de los dos puede haber sido impactado favorablemente o desfavorablemente y entonces, la comparación no arroja resultados que puedan indicar una tendencia. Por tal motivo, lo juicioso es hacer comparaciones de los resultados de varios años móviles. De esa forma los impactos favorables y/o desfavorables pueden ser de alguna manera atemperados.
    Lo ideal sería que las empresas que operan en el agro estuvieran obligadas a publicar sus estados contables de acuerdo con normas de aplicación generalizada y auditados. A partir de esa información, podrían hacerse diversos análisis a efectos de comparar el desempeño de esas empresas con empresas que operan en otros rubros.
    Obviamente, no existen esos datos y entonces, lo único que puede hacerse es estimar a ojo de buen cubero el desempeño de esas empresas, que – no por casualidad – son las que integran las cadenas que generan la mayor proporción del PIB de nuestro país.

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