Tipo de cambio: ¿No nos podemos pegar a Brasil?

“No tiene sentido seguir a Brasil en el tipo de cambio”. Así se expresó a propósito de la competitividad del país el presidente del Banco Central, Mario Bergara, en una conferencia que organizó la Asociación de Despachantes de Aduana la semana pasada.

Como ustedes saben, la evolución de la competitividad de nuestro país es un factor de preocupación entre los analistas y los industriales.

El presidente de la Unión de Exportadores, Alvaro Queijo, señaló que comparte parcialmente lo señalado por Bergara. Admitió que no podemos seguir a Brasil totalmente pero tampoco podemos quedar demasiado lejos de Brasil. “Un par de meses nos podemos alejar pero en el largo plazo la brecha debe ser menor”, decía Queijo consultado por El Observador.

El tema está planteado y para analizarlo en profundidad tenemos en línea al economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte.

Pablo, ¿cómo están viendo este tema? Nos consta que en numerosas ocasiones ustedes han señalado que el país se está quedando demasiado caro en dólares…

PABLO ROSSELLI (PR) —Es cierto Romina… Nosotros y muchos otros colegas hemos señalado en varias ocasiones que el país se está quedando caro… Estamos asistiendo a un fortalecimiento importante del dólar en el mundo… O dicho de otro modo, el mundo se está abaratando en dólares… No es un hecho nuevo y tampoco es un fenómeno sorpresivo… Por lo menos desde hace un par de años  teníamos un panorama claro de que el mundo ingresaría en una fase de dólar en alza… Lo que podemos decir que sí es novedoso es que el ritmo de aumento del dólar este año ha sido particularmente intenso… más fuerte de lo que podíamos contemplar como escenario base, aunque tampoco estamos ante algo completamente excepcional.

En ese panorama general, en la región estamos viendo una suba muy fuerte del dólar en Brasil, que también era en buena medida predecible porque Brasil arrastra desde hace años un desempeño macroeconómico muy pobre pero que se agudizó en 2015 producto del deterioro macroeconómico y, sobre todo, de la crisis política que enfrenta el gobierno de Dilma Rousseff.

En nuestro país el dólar también ha subido… llevamos una suba de 17 % en lo que va de este año y de casi 35 % desde diciembre de 2013, pero en otras referencias el dólar subió más… Subió mucho más en Brasil… La misma comparación muestra una suba de 35 % este año y de 50 % desde fines de 2013… Entonces nuestra competitividad frente a Brasil se ha visto particularmente afectada.

ROMINA ANDRIOLI (RA) —A propósito de esto, Bergara señaló la semana pasada que no podíamos seguir con nuestro tipo de cambio a Brasil… ¿Cómo ven eso, Pablo?

PR —A nuestro juicio es muy claro que estamos viendo en Brasil un contexto de mucha inestabilidad política y también financiera y económica: bajísimos niveles de popularidad del gobierno, riesgo de destitución de la presidenta Rousseff, inflación, déficit fiscal, recesión, salida de capitales. Desde esa perspectiva, es lógico concluir que no deberíamos pensar que nuestro tipo de cambio suba al mismo ritmo que lo está haciendo en Brasil. A Uruguay le está yendo mejor que a Brasil y la teoría económica y la evidencia empírica nos dicen que si a un país le va mal y a otro le va bien o notoriamente mejor, entonces la moneda del país que está en problemas se va a devaluar más…

Dicho eso, a nuestro juicio los niveles actuales de competitividad que tenemos con Brasil lucen extremadamente bajos… El indicador usual de tipo de cambio real bilateral nos muestra que nuestra competitividad cambiaria está hoy en niveles similares a los que vimos en el período 1999-2002… Es cierto que nuestra economía depende hoy menos de Brasil de lo que lo hacía en aquellos años… Pero a nuestro juicio estamos demasiado caros frente a Brasil…

Gráficas Deloitte

RA —Bergara señalaba que en realidad el dólar en Uruguay está siguiendo el mismo camino que en otros países que compiten con Uruguay en la producción de materias primas y mencionaba entre otros a Australia y Nueva Zelanda… ¿Cuán importante es esa perspectiva?

PR —Está claro que debemos mirar la competitividad desde una perspectiva multilateral… No tiene sentido tomar un único indicador o un único país… Sin embargo, la relevancia de Brasil, en nuestra opinión, es francamente mucha… Brasil sigue siendo un mercado de exportación clave para muchos rubros… es nuestro segundo mercado de exportación después de China… Brasil incide de forma importante en las economías de los departamentos de frontera pero además Brasil es un competidor clave en los mercados commodities… es un productor muy importante de soja y de carne. Entonces, desde todo punto de vista Brasil importa mucho.

Al margen de Brasil, nuestra capacidad de competencia con otros mercados relevantes también se encuentra en niveles bastante reducidos desde una perspectiva histórica… Justamente, frente a Australia y Nueva Zelanda, que son referencias importantes porque competimos con ellos en la producción de carne, lana y leche, y por eso mismo  en Deloitte los miramos de manera sistemática, nuestros niveles de competitividad están en torno de 20 % por debajo de la media histórica… y la tendencia de los últimos meses es relativamente descendente… Y también estamos muy caros frente a Europa y frente a Estados Unidos… con valores entre 25 % y 30 % por debajo de la media histórica…

En definitiva, Romina, a nuestro juicio, Uruguay está acumulando problemas de competitividad que merecen la máxima atención…

RA —A partir de ese diagnóstico, ¿la política económica debería buscar un dólar más alto? Te lo pregunto porque de hecho el Banco Central ha estado vendiendo dólares a un ritmo muy importante… Bergara sostiene que esas ventas de dólares son para quitarle volatilidad al tipo de cambio…

PR —Es difícil responder esa pregunta… Lo que sucede Romina es que la política económica enfrenta un dilema muy intenso entre el objetivo de tener niveles más altos de competitividad y el objetivo de inflación… Este es un dilema que se observa desde hace años pero que se ha intensificado en los últimos tiempos producto de la suba fuerte del dólar en el mundo… Era predecible que este dilema se intensificaría porque Uruguay arrastraba una inflación elevada desde hacía tiempo (porque no la combatimos suficientemente en los años de bonanza) y el dólar se iba a fortalecer en el mundo… Por eso, muchas veces en los últimos tres años insistimos en la necesidad de una moderación de la política fiscal y salarial que dejaran espacio para un dólar más alto en el futuro…

Esto no ocurrió y entonces el Banco Central debe ahora elegir entre estos dos objetivos, competitividad e inflación… Y ante un dilema más intenso estamos viendo una resignación en ambos frentes… el Banco Central está aceptando niveles de inflación más altos, muy próximos a 10 % anual… En este sentido, Bergara fue claro en decir que no podíamos saber cuándo la inflación bajaría al rango meta… Y la política económica también está aceptando menores niveles de competitividad…

Las ventas de dólares tratan de suavizar la suba del tipo de cambio, de forma de dosificar el impacto de esas subas sobre la inflación… pero en el camino eso supone resignar competitividad.

RA —Entonces, Pablo, ¿cómo quedan las perspectivas de tipo de cambio y competitividad?

PR —A ver… A nuestro juicio, el dólar continuará mostrando una tendencia al alza en los próximos meses… Esa proyección recoge el hecho de que contemplamos que la tendencia alcista del dólar en el mundo y en la región continúe… contempla que estamos caros en dólares y que de un modo u otro habrá presiones devaluatorias en Uruguay… contempla que estimamos que la política monetaria y cambiaria continuarán suavizando la suba del dólar pero no la van a evitar o detener.

Estamos previendo en forma indicativa un dólar de unos $ 30 para fin de este año y de $ 33 para fin del año próximo… Y en ese contexto, también veremos una inflación alta… arriba de 9 %…

Y en ese contexto, la competitividad va a seguir estando en niveles bajos…

RA —Y otra pregunta, para terminar Pablo, ¿hay riesgos sobre la actividad económica?

PR —Vamos a seguir con niveles reducidos de competitividad y a nuestro juicio eso tendrá efectos en la actividad económica…

La economía está en una fase de desaceleración bastante marcada… tiende a crecer probablemente menos de 2 % anual si se excluye el efecto de Montes del Plata, y estamos viendo una recesión en la industria manufacturera (que es donde más se siente la falta de competitividad); también en la construcción hay un marco recesivo porque los inversores privados tienen incentivos a postergar el inicio de obras hasta que bajen los costos y porque el sector público debe ajustar sus cuentas… y estamos viendo una pérdida de empleos en la economía, por ahora moderada pero que podría acentuarse.

Esta tendencia de desaceleración a nuestro juicio puede ser muy duradera… Tendemos a pensar que la economía seguirá desacelerándose hasta que no se re-equilibren las variables macroeconómicas… y particularmente hasta que no recompongamos niveles más adecuados de competitividad… Y será difícil recomponer competitividad y preservar niveles de inflación de un dígito si no hay una moderación muy importante de los salarios y de la política fiscal. El presupuesto y las próximas negociaciones salariales son instancias clave.

Foto en Home: Dólar-peso uruguayo. Crédito: Javier Calvelo/adhoc Fotos.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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