El clásico en paz y la esperanza de un nuevo tiempo

Por Emiliano Cotelo ///

Al final de una semana que tuvo tantas polémicas fuertes, quiero detenerme en una buena noticia. O, para ser más preciso: Una noticia auspiciosa.

Después de once meses sin clásicos en el fútbol uruguayo, este miércoles Nacional y Peñarol pudieron enfrentarse en un partido en un estadio. La primera experiencia del nuevo sistema de seguridad diseñado entre el Ministerio del Interior (MI) y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) resultó exitosa (o, si queremos ser prudentes: produjo los resultados esperados). ¿Qué quiero decir con esto? Que en la cancha los dos equipos se dedicaron a lo suyo sin distracciones ni interrupciones, los espectadores en las tribunas disfrutaron el espectáculo sin violencia o sobresaltos a su alrededor y los trabajadores, en las puertas de ingreso o en la venta de alimentos y bebidas, pudieron cumplir con sus tareas sin que los robaran o los hirieran. Y a la mañana siguiente el tema de conversación de la gente fue el partido en sí, y no los hechos extra-fútbol que nos han amargado tantas veces. Eso, que puede parecer poco, es mucho en realidad, si nos atenemos a los antecedentes.

Los “pero”…

Es cierto que el espectáculo no transcurrió de manera absolutamente normal. Por ejemplo, estaban prohibidas las banderas y eso cambió mucho el ambiente tradicional; los controles al ingreso generaron demoras; y la capacidad del estadio estuvo lejos de colmarse, por el precio alto de las entradas pero también debido a los “pulmones” que se implementó en la parte superior de la Amsterdam y la Colombes para emplazar a las fuerzas de choque que, al fin, volvieron a tener su lugar adentro del estadio. El espectáculo no fue absolutamente normal. Pero también hay que anotar que el día y la hora elegidos (miércoles de noche) se escapaban de lo convencional en esta época del año (domingos de tarde), y eso implicaba algunos desafíos extra en materia de seguridad, uno de ellos la mezcla de públicos en los ómnibus, que incluso provocó la protesta con paro del sindicato del transporte suburbano.

Es cierto, por otro lado, que no todo se dio pacíficamente.

Hubo algunos focos de incidentes afuera del estadio y la policía arrestó a unas 110 personas. Como era de esperar, la cultura violenta sigue anidando en una parte del público interesado en asistir a estos partidos. Lo saludable fue que muchos de esos personajes no pudieron siquiera comprar sus boletos debido al nuevo sistema de venta con “listas negras”, complementado con las cámaras de reconocimiento facial; y los otros, los que no tenían antecedentes y pudieron adquirir sus entradas pero pretendían llegar al Parque Batlle en actitud agresiva o inconveniente fueron interceptados a tiempo por las autoridades.

Por otra parte, en las dos cabeceras del Centenario se encendieron cantidad de bengalas pese a que los fuegos artificiales habían sido vedados; ahora, según las autoridades, quienes portaban esas luces, que están registrados en los archivos de las cámaras de seguridad, pasarían a engrosar la “lista negra”.

El costo

Y es cierto, por último, el costo alto de este esquema de seguridad, con sus dos grandes componentes:

1) El nuevo sistema de cámaras de alta definición que hubo que comprar e instalar y que esta semana se estrenó en el Estadio Centenario, al que hay que agregar el personal encargado de operarlo y mantenerlo.

2) El despliegue de funcionarios policiales y guardias de empresas privadas de seguridad. Según el Ministerio del Interior, trabajaron en total 1.227 policías, 577 de ellos en su horario habitual y 650 contratados de manera extraordinaria; y un buen lote de ellos vino trasladado del interior para reforzar al plantel de la capital por ese día. El operativo era enorme porque abarcaba el estadio (tribunas, cancha y otras dependencias), su entorno, la zona de exclusión, algunos puntos estratégicos de la ciudad, controles de rutas y hasta actividad en varios departamentos del país donde las jefaturas destinaron efectivos para monitorear, por ejemplo, salidas de buses rumbo al Centenario.

Según nuestras fuentes, de los jornales extraordinarios del personal policial, la mitad es abonada por la AUF y la otra mitad por el MI. Y acá vuelve la polémica: ¿Tiene sentido que toda la población pague, vía impuestos, ese gasto a efectos de que pueda jugarse un partido de fútbol? Yo creo que no. Pero tampoco tiene sentido la otra parte del costo del operativo, la que asumen los clubes y la AUF y que, en buen medida, va a parar al precio de las entradas.

Para mí es absurdo que la sociedad uruguaya, por acá o por allá, tenga que desviar esas sumas de dinero y además distraer la atención de tantas personas e instituciones para, simplemente, garantizar la mayor paz posible en torno a un espectáculo deportivo.

Inevitable

Pero, lamentablemente, la experiencia internacional indica que este es un paso inevitable. Que si queremos erradicar la violencia de los campos de juego hay que empezar por medidas de este tipo, con esos costos.

Por supuesto que, además, hacen falta otras líneas de acción, que vayan al fondo del problema.

En ese sentido resulta esencial una nueva actitud de la dirigencia de los clubes, que sea implacable con los “barras bravas” y su chantaje, algo que, afortunadamente, ha empezado a verse.

También es fundamental desdramatizar la importancia de una competencia deportiva entre dos instituciones. Y en esta materia también aparecen señales alentadoras, como los mensajes destinados a desactivar la locura emitidos por figuras de los dos grandes en los medios de comunicación y en las redes sociales, o la participación conjunta de varias de esas estrellas en campañas de bien público.

¿Habremos empezado a caminar en la dirección correcta, después de tantos años de idas, venidas y controversia? No puedo estar seguro. Pero quiero creer que sí. Y para abonar esa visión optimista agrego dos hechos.

Uno, que el MI y la AUF dejaran de polemizar a través de la prensa y encontraran, finalmente, un espacio para trabajar juntos, tirando para el mismo lado.

Dos, que se haya planeado y llevado a la práctica ese pequeño recital del Coro de Nacional de Niños del SODRE y la Orquesta Sinfónica Juvenil, cantando a la paz, justo antes de que la pelota comenzara a rodar. La idea es perfectible, sin duda, pero así como salió en este primer intento ya resultó muy emotiva y, para mí, muy esperanzadora. Ojalá esas imágenes tengan tanta difusión como la que logró la famosa garrafa del clásico frustrado del 27 de noviembre.

***

Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 07.04.2017, hora 08.05

¿Hay errores en esta nota? Haz click aquí

Compartir

3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Un relato con la profundidad y equilibrio proverbial de Emiliano Cotelo.
    Suscribo los conceptos, la capacidad de síntesis, la visión positiva de los hechos y hasta los puntos y las comas.

    Reply
  2. Coincido con las apreciaciones de Emiliano Cotelo.
    Creo que si se aplican estas medidas y algunas otras; que impliquen “tolerancia cero” a los desmanes en los campos de juego y fuera de ellos en algún tiempo tal vez se pueda revertir esta situación.

    Reply
  3. Sin banderas ni bengalas, entradas anticipadas, caras,y con cédula, ir temprano, ingresar por rutas prefijadas, zonas de exclusión, vallados, espirometrias, cacheos, cámaras, multitud de policías, seguridad privada, separados por tribunas, pulmones…ufff!!! Un fárrago de obstáculos ¿necesario? para ver un partido de fútbol “clásico”.
    Si la esperanza de la paz en el fútbol requiere estos menesteres, es porque la pelota está manchada y los ciudadanos estamos impregnados de varios malestares de convivencia.
    Si los espíritus se empobrecen y no tienen mejor patrimonio que el rencor, tienden a acumularlo.
    Ni la esperanza es gratuita, hoy, tiene precio…

    Reply

Escribir Comentario