Sí a las tarjetas corporativas en organismos públicos

Por Emiliano Cotelo ///

¿La solución es eliminar las tarjetas corporativas de los organismos públicos? No. Al revés. Yo creo que hay que extender su uso al máximo.

¿Por qué digo esto?

Vamos por partes. Empecemos por el principio.

Jueves 8

Hace una semana, el jueves 8, Búsqueda publicó una primera nota sobre las compras realizadas por integrantes del directorio de Ancap con tarjetas de crédito corporativas (es decir: emitidas a su nombre y pagadas por la empresa “para cubrir aquellos gastos de Protocolo y/o imprevistos, dentro o fuera del País, en misiones de trabajo y contra rendición de cuentas”). Los datos fueron obtenidos apelando a la Ley de Acceso a la Información Pública y refieren a directores oficialistas y de la oposición que ocuparon sus cargos entre 2005 y 2016. De la documentación recibida, los periodistas sólo pudieron analizar los estados de cuenta de las tarjetas Visa del Banco República (BROU); los de las tarjetas Master-Card del BROU no, porque los números no aparecían detallados.

De todos los nombres aludidos, quien quedó especialmente cuestionado fue el hoy vicepresidente de la República, Raúl Sendic. A diferencia de los otros jerarcas, él no se limitó a pagar con el plástico restoranes, traslados o alojamientos, sino que también hizo compras en tiendas de ropa y artículos deportivos, locales de electrónica, librerías, supermercados y hasta comercios de muebles, tanto en el exterior como en Uruguay; lo más llamativo, tal vez, fue una adquisición en América Ropería del balneario La Paloma, en el mes de enero de 2011. Pero además, Sendic no atendió a los autores del artículo que procuraban conocer sus explicaciones sobre esas operaciones. En cambio, varios de sus ex colegas sí lo hicieron. Daniel Martínez, por ejemplo, sostuvo que prefería no usar esa tarjeta porque, dijo, siempre fue austero. Germán Riet, también frenteamplista, relató que justificaba cada gasto en el estado de cuenta. Carlos Camy, del Partido Nacional, puntualizó que sólo empleaba la tarjeta para gastos “inherentes a la representación”: combustible, almuerzos de trabajo, pasajes y estadías cuando viajaba en misión oficial.

Ante la polémica que estalló desde temprano esa mañana en torno al tema, Sendic convocó el mismo día a una conferencia de prensa en el Palacio Legislativo. Ante los micrófonos denunció la campaña de persecución y hostigamiento de la que siente que es objeto, restó trascendencia a los montos mencionados en la nota y dio justificaciones generales sobre las circunstancias en que realizó las compras, por ejemplo para cortesías empresariales de último momento o para solucionar la falta de vestimenta a raíz de la pérdida de una valija. No resultó del todo convincente.

La reacción

El debate político se precipitó a gran velocidad. Algunos legisladores de la oposición decidieron agregar el nuevo elemento ante el juzgado que indaga presuntas irregularidades en la gestión de Ancap en los últimos años a partir del trabajo realizado por la comisión investigadora del Senado. El caso generó inquietud e incomodidad en la Mesa Política del Frente Amplio (FA), que sesionó el viernes; allí, un colaborador de Sendic comunicó que él está dispuesto a presentarse al Tribunal de Conducta Política para dar su versión de los hechos.

Otra vez

Es evidente que Sendic tiene un problema, uno más. Otra vez aparecen sus dificultades para aclarar en tiempo y forma los cuestionamientos que recibe. Y el segundo artículo publicado por Búsqueda ayer lo acorrala más todavía. Allí se consigna que varias de las compras fueron realizadas cuando ya habían terminado las actividades de trabajo a las que había concurrido en el exterior, incluso en free shops en escalas de los viajes de regreso y hasta en el aeropuerto de Carrasco, una vez arribado al país. Su credibilidad, ya golpeada por el episodio del título universitario que no tenía, vuelve a deteriorarse. ¿Cómo saldrá de este acto? Resulta muy complicado avizorarlo.

Otra cosa

Pero yo no quiero concentrarme hoy en Sendic, sino en una discusión que se generó a partir de estas novedades.

Durante el fin de semana pasado dos senadores, Constanza Moreira, del FA, y Pablo Mieres, del Partido Independiente, coincidieron en su rechazo a la existencia de tarjetas corporativas de organismos públicos.

En una entrevista en La Diaria, la senadora Moreira declaró: “Yo digo que hay que eliminar las tarjetas corporativas, que no existan más, que se acaben. No las precisás y son para lío. Ya está. Da una gran señal y decí: se eliminan todas las tarjetas corporativas. Esa podría ser una señal magnífica del gobierno: eliminarlas de todas las empresas públicas, y con eso eliminás la discrecionalidad de gastos. O mantenerlas sólo para casos extremos, como que tengan que hacerte un bypass en Arabia Saudita.”

Mieres dio un paso más y redactó un proyecto de ley de un solo artículo que prohíbe a entes autónomos y servicios descentralizados “emitir tarjetas de crédito o débito de carácter corporativo a favor de los directores y/o gerentes de esos organismos”. De esa manera, según la exposición de motivos, “pretende acotar el uso indebido de los dineros públicos”. Para el senador, “las tarjetas corporativas constituyen instrumentos donde el debido contralor del gasto es de difícil realización, sobre todo para los ordenadores de gastos que en general dependen de que los titulares de las tarjetas corporativas respectivas realicen la correspondiente rendición de cuentas, lo que dificulta el análisis y eventual cuestionamiento del gasto en sí mismo”.

A contramano

Yo discrepo radicalmente con los dos planteos (que me parecieron, además, apresurados).

Para mí, la solución es la contraria: lo que hay que hacer es extender el uso de las tarjetas corporativas para jerarcas, habilitándolas en los organismos que hoy no las usan, y paralelamente, eliminar las partidas de dinero para viáticos.

Todos los gastos que directores y gerentes efectúan en función de su trabajo deberían abonarse con tarjetas de crédito o débito corporativas. ¿Por qué? Por una razón muy simple: Porque ese instrumento es el más adecuado para facilitar la trazabilidad y porque, además, obliga a la formalización completa de esas compras.

Gracias a la tarjeta, como quedó claro en Búsqueda de ayer, se puede saber en qué tipo de comercio, en qué ciudad, en qué día y por qué monto se hizo cada gasto y, por lo tanto, se achica sensiblemente el margen para los abusos.

¿Quién puede sostener que el otro sistema, el de las partidas en efectivo para viáticos, es mejor que una tarjeta?

El reglamento que creó Ancap en marzo de 2011 es bastante estricto. En una de sus disposiciones establece que “mensualmente en un plazo no mayor a 2 (dos) días hábiles posteriores al cierre de la tarjeta”, cada director debe remitir “a Relaciones Institucionales y Comunidad, una copia del estado de cuenta (formato electrónico o papel)” y también “los comprobantes de los gastos”.

El Parlamento

Eso está muy bien. Es cien veces mejor que lo que se hace en otros rincones del Estado. En el Poder Legislativo, por ejemplo, el sistema es alarmante. Esta semana el diputado Daniel Caggiani (MPP-FA) hizo notar que los parlamentarios que viajan al exterior reciben dinero para sus viáticos y no están obligados a rendir cuentas de su uso. En declaraciones a Nuevo Siglo TV, Caggiani contó incluso su experiencia más reciente, una misión en Venezuela, para la cual recibió US$ 3.000, que en aquel país dan para muchísimo, al punto de que le sobraron US$ 2.600 (**). Él devolvió ese dinero a la caja de la Cámara de Diputados, pero –añadió- otros colegas suyos no hicieron lo mismo. ¿Cómo alguien puede defender una operativa así?

La bancarización

Pero además, ¿qué sentido tiene que los funcionarios anden por el Uruguay o por el mundo con fajos de billetes? Eso es de otra época. Pueden perder ese dinero. Pueden ser asaltados.

El propio Gobierno viene impulsando desde hace años la bancarización de todos los ciudadanos y promoviendo de manera cada vez más insistente el pago con plásticos. ¿Para qué? Entre otras cosas, para arrinconar la evasión fiscal, de las empresas y los consumidores. ¿Cómo se entiende, entonces, que paralelamente, no se vaya por el mismo camino de transparencia con los gastos oficiales de los empleados públicos?

Algo más

Para mí, el uso de tarjetas de crédito corporativas es el mecanismo de control más eficiente que existe hoy por hoy. Y el reglamento vigente en Ancap es una base muy interesante. Vamos a publicarlo en EnPerspectiva.net para que ustedes puedan examinarlo. Por supuesto, seguramente es mejorable.

Yo –lo adelanto- tengo un agregado importante para hacerle: Todos los estados de cuenta de esas tarjetas deberían ser lisa y llanamente públicos. Los estados de cuentas no deberían quedar guardados en la administración, sino que habría que publicarlos completos en los sitios web de los organismos correspondientes. Para que la gente se entere de manera directa…y no haya que dar tantas vueltas para acceder a la verdad.

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(*) Los números exactos, según verificó En Perspectiva, son los siguientes: para un viaje de cinco días a Venezuela en diciembre de 2015 Caggiani recibió US$ 3.352 por concepto de viáticos y devolvió US$ 2.671.

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Documento relacionado
Ancap: Procedimiento para el uso y administración de tarjetas corporativas de directorio, aprobado por resolución (d) nº 322/3/2011.

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Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 16.06.2017, hora 08.05

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25 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Excelente reflexión de Emiliano. Las tarjetas son las que permiten en su detalle, saber exactamente dónde, cuánto y en qué, fueron utilizadas. Estoy de acuerdo con su implementación. Respecto a Sendic, creo que todo su comportamiento es realmente no acreditable para un vice presidente del Uruguay.

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  2. Ricardo CARBALLO PADIN · Edit

    Excelente editorial. Hay muchas “avivadas”. Tuve un alto cargo en un banco estatal. A un presidente le gustaban las papas tipo chips, pero las encontraba grasosas: Así que se enviaba un portero con walkie talkie a recorrer comercio de artículos finos para comprar papas importadas. Que acopañaba con aceitunas, que debían ser marca Pala d’Oro (también importadas) El portero informaba por el walkie talkie “estuve en el comercio tal y no hay”. Respuesta: “entendido fulano. siga buscando” También se le mandaba a buscar yogur directamente a una empresa, para que fuera más fresca. Supongo que sería para tapar el incendio estomacal de tanta sal.

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  3. excelente comentario,como siempre sensato.Me parece que la publicacion de esos estados de cuenta haria que no hubieran malas interpretaciones,y las autoridades se cuidarian mas en lo que gastan

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  4. Absolutamente de acuerdo con el planteo. Lo de hacerlo público es esencial.
    Creo, además, que es demasiado benigno decir que la propuesta de Mieres y Moreira es apresurada. Para mi es decididamente oportunista y “tribunera”.
    Como es también oportunista e hipócrita por parte de muchos actores políticos el salto a la yugular de Sendic. No porque lo de Sendic no deba ser severamente censurado (creo que es hora que desaparezca de la vida política) sino porque, lamentablemente, no es excepcional y ellos lo saben (o lo hacen). Lo de los viáticos que se mencionan en la columna son sólo un ejemplo de los tantísimos que hay en el sector público y privado.
    Porque la “micro corrupción” es una práctica tan extendida como aceptada. La coima para evitar la multa, la botella de whisky o caja de bombones al empleado que facilitó un trámite, el bolichero que le pregunta al viajante “¿por cuánto hacemos la factura?”, el conocido que te hace pasar sin hacer la fila, el mozo que te “llora” más la medida por la propina que vendrá y varios etcéteras más de la vida cotidiana del ciudadano común dan cuenta de lo que digo.
    Pero también aceptar el viaje que una empresa le paga a sindicalistas, periodistas o políticos está muy cerca del límite de lo ético. Y me consta que personas que son honestas ni siquiera se cuestionan que habría que pensar muy bien antes de aceptar alegremente una invitación de esa naturaleza.
    En estos temas creo que si las piedras las tiraran sólo los que están libres de pecado no habría riesgo de ver piedras volando.

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    1. Totalmente de acuerdo! los que hemos trabajado para el Sector Público tenemos mil historias para contar y que no quedaron registrados en ningún lado!! me parece muy bien que se tenga la tarjeta y que se CONTROLE!!! faltan controles, o si están dispuestos no se cumplen!! Y seguro que no veríamos una piedra volar!!! Y de eso no se salvan los privados, si no qué son los viajes que los médicos reciben de los laboratorios? pago por favores!!

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  5. Ernesto García Leon · Edit

    totalmente de acuerdo y por supuesto que la población tenga acceso a ver los gastos – en tiempos que la Democracia esta siendo recortada – como derogar la ley dee abuso de funciones – agrego que el Sr. Mujica esta promoviendo la ley de “duelos” – fuera de lugar – nosotros como ciudadanos tenemos el derecho de ser consultados – siempre me queda la duda si los mandados que le hacian a Chavez (venenzuela) – si no eramos utikizados en la triangulación de Iran – Cuba _ Venenzuela – Argentina ( el acceso al uranio) y este Sr. Mujica nos hacia entrar como país en problemas muy graves.

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  6. Así me sonó la propuesta “hay que eliminar las tarjetas corporativas” de esta semana.

    Soy funcionario público, he viajado en misiones oficiales y he recibido viáticos.
    Comparto 100% el editorial de hoy.

    Agrego. Llegué al aeropuerto de Fumicino, Italia, con billetes de euros que quería cambiar conque fui a un comercion a comprar un agua mineral.

    No hubo forma de que me aceptaran el dinero. Ni siquiera cuando saqué monedas de euro que también llevaba. La ÚNICA forma de pagar era con tarjeta. No aceptaban dinero.

    Eso es así hace tiempo y los funcionarios usan sus tarjetas personales.

    Transparencia y rendición total hasta el último peso. Ese es el remedio. Y además, no tiene costo. El control lo hará la sociedad civil. Solamente puede oponerse quien tenga algo que ocultar.

    Pero atención. No es razonable poner la lupa en pequeñas compras y dejar pasar los elefantes. El Art. 50 del TOCAF obliga a publicar únicamente las compras que superan el 50% del límite de la compra directa, que hoy es de $ 210.000 para la mayoría de organismos y de $ 1:230.000 para las empresas públicas.

    Aunque Ud. no lo crea:
    – sí, se puede comprar directamente, sin concurso de precios, por hasta 210.000.
    – y las compras menores a 105.000 pueden hacerse sin publicar esa compra en el sitio de compras estatales http://www.comprasestatales.gub.uy

    Eso no está bien. Que no hablen luego de transparencia.

    Qué buen editorial.

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  7. Aunque no es habitual, estoy totalmente de acuerdo con que esta práctica de tarjeta corporativa o el nombre que sea se use para viáticos y sean públicos los registros. Nada mejor que la transparencia y el control ciudadano

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  8. La propuesta del Sr. Emiliano Cotelo me parece excelente y de gran transparencia. No obstante creo que tiene una gran ingenuidad. ¿Me pregunto: quien va a controlar todos esos gastos de esos cientos y cientos de jerarcas del Estado? Seguramente no va a ser el Directorio de cada organismo. ¿Quien asegura que los funcionarios encargados le pongan el cascabel al gato? ¿Que funcionario subalterno de un Ente o un Ministerio va a señalar un gerente por malversación? Creo que los dominaría el miedo y/o el corporativismo. Además, aún en el caso de que detectaran esas malversaciones; ¿que sanción recibirían?. Sí es la que reciben ahora que es un tímido tirón de orejas es peor el remedio que la enfermedad. Me gustaría saber cuantos empleados públicos se despiden por año y por repartición: por estafa, robo, abandono de trabajo, etc. El único que entrega algún dato al respecto es el Ministerio del Interior.

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  9. Respondo a Juan: ese “Quién” es la opinión pública, si los estados de cuenta se publican en internet.
    Hay países donde es obligatorio publicar el 100% de las compras.
    Esta vez Búsqueda tuvo que hacer un complicado trámite para conseguir esa información.
    Si desde el inicio se supiera que el estado de cuenta queda publicado… ¿habrían hecho esas compras?
    Claramente no.

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  10. Bien el planteo del periodista, impresentables moreira y mieres y sendic ni que hablar…un personaje que tiene que desaparecer de la escena urgente.

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  11. Acertadas palabras.
    Es inconcebible buscar como forma de solución eliminar el uso de tarjetas plásticas.
    Son la forma más segura para el usuario y la forma de control de la que dispone el mismo usuario y el Estado. Lo contrario supone disponer de billetes expuesto a riesgos por lo menos o a descontrolado uso. El caso del Sr. Sendic resultó un ejemplo que tendría que haber sido tomado como experiencia no solo para este sino para todos y para quienes están a cargo de llevar los controles imprescindibles. Se impone tener una disciplina, ser honesto y capaz de tener tarjetas para un uso de las mismas. Saludos.

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  12. Leí atentamente la respuesta a mí comentario del Sr. Adrían Manera. También volví a leer su comentario original.
    En su respuesta debe ser la “opinión pública” quien por su presión llevaría a no hacer gastos indebidos a funcionarios y políticos en el extranjero – y por que no – en nuestro país.
    A mí me parece una solución aleatoria. La opinión pública no hace informes, sumarios, expedientes, no suspende, pone a medio sueldo, despide, etc. Puede tal vez sancionar moralmente a tales o cuales personas. Pero no toma medidas efectivas. En esa hipótesis quienes se ven descubiertos en esas maniobras deberían por ejemplo pedir disculpas públicas o devolver el dinero y tal vez renuncias a su función. Quizás las tres cosas. No obstante, la mayoría no lo hace. Tenemos ejemplos varios del presente y del pasado.
    De hecho, la opinión pública se queda esperando saber que sucede con los funcionarios que han delinquido en sus funciones. Por ejemplo los inspectores municipales de Montevideo que sancionaban a sus vecinos sin tickets de estacionamientos pero permitían que sus compañeros lo hicieran. Esto paso por fines del año pasado y no conozco el resultado. Tal vez no sucedió nada, un tirón de orejas y nada más.
    Atendiendo a su comentario y al del Sr. Cotelo, una posibilidad sería que se le diesen tarjetas corporativas con un límite diario de gastos para que pudiera cubrir pequeños gastos del momento, como el agua mineral a que se hacía referencia.
    Finalmente agradezco al Sr. Manera el hacer público esa incongruencia del art. 50 del TOCAF. Se me ocurre que el poder político debe revisar ese artículo.

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  13. Totalmente de acuerdo con Emiliano !! Parece mentira de que se pretenda tomar esos atajos tan complicados y alejados de la realidad, me extraña mucho de Constanza a quien consideró una mujer súper inteligente y a la cual visualizo peleando un puesto en la Fórmula Presidencial del FA para 2019.
    Agrego de que también escuché y vi en un Informativo de TV al Sr. Lacalle Pou, decir de que también prefería de que se eliminarán, aunque deslizó una duda …

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  14. IR MAS LEJOS.
    De acuerdo con el artículo y muchos de los comentarios. ¿Por qué no ir incluso más lejos? ¿Por qué, si la ciudadanía es una suerte de “accionista” de las empresas públicas y servicios del Estado, no tiene acceso libre a toda la información de las mismas (por ejemplo estados contables mensuales y anuales auditados), debidamente expuesta y con sus anexos explicativos, tal como le llega a quienes toman las decisiones? ¿Acaso la información es secreta? ¿Por qué podría o debería serlo? Los funcionarios públicos son servidores públicos y a la ciudadanía se deben. ¿Alguien tiene alguna duda de esto? Entonces, a actuar como tales. La rendición de cuentas debería ser detallada y permanente. Pero como eso puede ser difícil de controlar, sin perjuicio que haya organismos que lo hagan, que también pueda hacerlo cualquier ciudadano que esté interesado en ello. Sin necesidad de recurrir a la ley para pedir la información y las consecuentes demoras y complicaciones.
    Esto sería transparencia!
    Me consta que la OPP ha mejorado mucho en cuanto a exposición de la información, pero es el momento de ir a fondo.

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  15. Incluso lo mismo debería exigirse para organismos de carácter privado pero con impacto público, como los sindicatos, entre tantos. Basta de abusos, basta de chacras.

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  16. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    En principio, me parece que sería más prudente solicitar a ANCAP y a todas las empresas públicas que informen con respecto a las compras con tarjetas corporativas de todos sus directores. Si las tarjetas se entregan a los directores para realizar con ellas determinado tipo de gastos, cada empresa pública es responsable de asegurar que se cumple con esa normativa. Para poder dar seguridad de que se cumple con esa normativa, es necesario que se establezcan determinados procedimientos de control tendientes a identificar incumplimientos y descontar de los salarios de los directores las compras que no se ajustan a las normas. Las auditorías internas, en la medida que deben proveer seguridad razonable de que el sistema de control interno es apropiado, en caso de no estar establecidos los procedimientos de control o no cumplirse con ellos, deberían incluir en sus informes tales apartamientos.
    Lo que quiero expresar es que son las empresas públicas las que deben ser eventualmente cuestionadas y no los directores.
    Lo que es evidente es que Sendic es cartón ligador y hay autorización a pegarle por cualquier motivo. No se ha escuchado nada con respecto a otras empresas públicas y tampoco se ha escuchado nada con respecto a lo que hicieron directores de empresas públicas cuando el gobierno estaba a cargo de los partidos que hoy son oposición.
    Por otro lado, veo que la mayoría de los comentaristas entienden que es necesario que la opinión pública sepa con todo detalle en qué gastó Sendic.
    Algo que todavía no se ha analizado es si Sendic ha rendido cuentas al cabo de sus viajes y como consecuencia se le ha descontado de su sueldo aquellas partidas que no corresponden a gastos necesarios para la realización de las tareas encomendadas en sus viajes.
    Yo me pregunto cómo sería el espectáculo que promoverían los medios de comunicación publicando detalles de las compras de todos quienes tienen tarjetas corporativas. Sería un carnaval.
    Me preguntó por que razón no se plantea que los ejecutivos de todas las empresas y otras organizaciones privadas publiquen detalle de sus compras con tarjetas corporativas.
    Cualquier persona sabe que los gastos de los ejecutivos de empresas privadas los pagan al final del día quienes compran los bienes y servicios que esas empresas comercializan en el mercado. Cualquiera sabe que en los precios de venta de los bienes y servicios de empresas públicas y privadas se incluyen todos los gastos de las empresas y entre los gastos de las empresas están comprendidos los gastos que los ejecutivos de las mismas realizan por cuenta de ellas. La única diferencia es que así como compramos nafta también compramos diarios, semanarios y pagamos la publicidad que financia la actividad de radios y canales de televisión.
    Finalmente, a mi me parece que lo que debe exigirse a un director de empresa pública es que desarrolle su actividad de dirección con la mayor productividad posible. Es posible que un director no gaste nada a cargo de la empresa y tampoco haga nada productivo para la misma. Los colegas comentaristas, entenderían que ese director es excelente. Yo entiendo que en ese caso debería devolver todo el sueldo. En fin… son puntos de vista.

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    1. La diferencia Sr. Sosa, entre otras, es que si un Director de una empresa privada gasta a cargo de la empresa lo que no debe lo echan. En las empresas públicas eso no pasa, y lo normal es que la ciudadanía no se entere, por eso el carnaval es de verdad. No tiene nada que ver una situación a la otra, y tenga por cierto, de cualquier modo, que en el ámbito privado no ocurren esas cosas de las que hablamos.

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      1. Estoy seguro que tienes pruebas concluyentes de que Sendic no pagó de su sueldo los gastos. Pues pudo haber pago con su sueldo cuando le llegó el estado de cuentas. Fuera de que como es claro 40 dolares o 100 dolares en un gasto a mí me parece razonable. Claro tu no gastas ni un peso en un recuerdo cuando viajas de Montevideo a Pando. De cualquier modo te informo que el trabajar en una emprsa privada como Yó lo he hecho solo lleva a hacer mayores gastos y simplemente sumar a costos del producto. O ¿crees eso de que si es privado lo paga el privado? ¡no! lo pagan los entes que compran productos como coca cola pepsi etc..

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  17. Suficientemente debatido !!! es tan clara la situación que ya no admite más comentarios !!!el tema ahora no es tarjeta sí o no , es CORRUPCIÓN , lisa y llanamente …y el involucrado es , aparte de mentiroso, inepto, populista y tonto, CORRUPTO !!!!!

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  18. Integro el Partido Independiente en Artigas, por eso mismo siento la necesidad de manifestarme: totalmente de acuerdo con el Sr. Cotelo. Quiero agregar que este episodio, más allá de su significado político y económico, debería alarmar y entristecer a los ciudadanos de nuestra República.

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  19. En un todo de acuerdo con Ud. En verdad el tema es que la ciudadanía no tiene cabal cuenta de como se trabaja. En un Ente en el cual trabajé. Venían ingenieros arquitectos extranjeros a lugares fuera de la sede cental. Luego como corresponde se los llevaba a un local ni muy caro ni muy barato pero que permitiera no pasar como roñoso. Para tomar cafe o similar para incluso cerrar el trabajo realizado y plantear el proximo. Claro en los últimos tiempos se pagaba en tarjetas empresariales. ¡CONSTE que estoy hablando de bastantes años atrás. no muchos pero si miro que me jubilé hace 5 . Era una forma de controlar mejor lo gastado que dando viáticos o similares. Yo siempre lo ví como correcto. Siempre que conste los comprobantes de como fueron los gastos. Yo no puedo invitar a Profesionales extranjeros a el bar de la esquina de mi casa para tomar un cortado. Es algo lógico. NO entiendo los cuestionamientos. Al menos que la gente esté tan amargada o fustrada que odie a todo lo que sea mejor.

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