Estudio revela que valor del dólar incide en cantidad de casos de violencia doméstica: Entrevista con el economista Ignacio Munyo

En entrevista con En Perspectiva el economista Ignacio Munyo contó los resultados del estudio que realizó sobre la incidencia del valor del dólar en Uruguay en las denuncias por violencia doméstica. Munyo explicó que cuando la mujer tiene un ingreso muy superior al del hombre, este se siente amenazado como jefe de familia, y que cuando aumenta el ingreso potencial de la mujer (el que podría llegar a percibir, aunque no lo perciba) el hombre genera un “escudo psicológico” que lo disuade de incurrir en actitudes violentas.

EN PERSPECTIVA
Jueves 23.04.2015, hora 8.15

EMILIANO COTELO: ¿Qué tiene que ver el tipo de cambio con la violencia doméstica? Por insólita que pueda parecer esta relación, los economistas Ignacio Munyo y Martín Rossi encontraron que los vaivenes del dólar influyen en la cantidad de casos de violencia del hombre hacia la mujer.

El propio Munyo lo explicó a principios de este mes durante la Asamblea Anual de Antiguos Alumnos del IEEM, donde dio a conocer los resultados de esta investigación, que luego fue seleccionada en EEUU para que se presente en el Summer Institute del National Bureau of Economic Research que se lleva a cabo todos los años en Boston, Massachusetts.

Desde que se divulgó este estudio, desde que Munyo hizo la primera presentación pública, luego con las ampliaciones que desarrolló en algunas entrevistas, ha dado mucho que hablar. Dejamos pasar ese tiempo y vamos justamente a volver sobre este trabajo, entre otras cosas para tener en cuenta todo ese eco que ha generado.

En un principio la afirmación suena un poco temeraria. Estoy seguro de que quienes escucharon por primera vez esta hipótesis saltaron, sorprendidos. Muchos deben estar preguntándose: “¿Cómo se llega a una conclusión tan rebuscada?”.

IGNACIO MUNYO: Yo no le llamaría temeraria, porque asusta un poco, pero sí se podría decir rebuscada, original o rara. Lo cierto es que aquí hay que pensar un poco cuál es el objetivo de esta investigación, que es analizar la relación entre el ingreso relativo del hombre y la mujer -o sea, el ingreso por género- y la violencia doméstica. El tipo de cambio que aparece en los titulares es un instrumento simplemente para poder medir esta relación, que tiene una literatura muy grande atrás sobre cómo afecta el ingreso por género a la violencia doméstica.

EC – Vamos a dar algunos elementos más de contexto. Usted mismo relató en la conferencia que se metió en un debate que ya está instalado entre sociólogos y economistas respecto a la violencia doméstica. Según contó hay un enfoque socio-cultural que considera que la violencia doméstica aumenta a medida que crece el ingreso de las mujeres frente al de los hombres. Y por otro lado, hay un enfoque alternativo desarrollado por economistas, que sostiene lo contrario: que a mayor ingreso de las mujeres en comparación con los hombres, la violencia doméstica disminuye. ¿Podemos profundizar un poco en esto?

IM – Si, acá lo interesante es que en ambas vertientes de la literatura hay resultados demostrados, publicados a nivel internacional y con calidad científica, que están midiendo aristas diferentes de un mismo fenómeno. La primera corriente, que es impulsada más que nada por sociólogos, se concentra en el aspecto socio-cultural de la relación dentro del hogar y dice que cuando la mujer tiene un ingreso muy fuerte relativo al del hombre, éste ve amenazado su tradicional rol de jefe de familia y, en algunos casos, toma actitudes violentas para defender este rol. La otra vertiente, que es más que nada impulsada por economistas, tiene una sutileza importante: dice que cuando el ingreso potencial de la mujer relativo al del hombre aumenta, esto genera un escudo psicológico que disuade al hombre de incurrir en actitudes violentas dentro del seno del hogar. Es una disuasión, hay dos sutilezas aquí…

EC – Si, usted mismo lo señalaba: en esta segunda teoría se habla de ingreso potencial.

IM – Claro, porque incluso aunque la mujer no trabaje, aunque no tenga ingreso observado, si tiene un ingreso potencial -ya sea porque tiene ingresos extra laborales o porque tiene nivel de educación que así se lo permitiría- el hombre es consciente de que [ella] tiene un potencial de independencia económica.

EC – O sea: con esa teoría el hombre es consciente de que la mujer puede conseguir un trabajo que le dé ese tipo de independencia.

IM – Esa independencia económica. Eso lo demuestran estudios en EEUU que miden, de forma original también, el ingreso potencial de hombres y mujeres. Nosotros quisimos ver qué teoría domina los datos en Uruguay, entonces nos metimos en este trabajo que estamos haciendo hace más de un año y medio y lo presentamos en el evento que fue mencionado al principio de la nota. Repito: es un aspecto muy puntual de un fenómeno sumamente complejo y delicado, que es la violencia doméstica, un fenómeno multicausal por definición. No somos expertos en violencia doméstica, analizamos un enfoque económico del tema que nos permite analizar alguna punta del problema, una arista muy pequeña, llegar a fondo y ver qué implicancias puede tener esto, por ejemplo, de políticas sociales.
Ahí nos metimos a analizar este tema y surge lo del dólar y el tipo de cambio.

EC – ¿Cómo hicieron para dar con la relación que estaba buscando?

IM – Acá el punto es que si uno mira cualquier economía hay dos grandes sectores, el sector transable, que es el que comercializa con el exterior, los de producción de sectores exportadores -fundamentalmente en Uruguay el sector primario, la industria manufacturera-, en donde el precio del dólar genera una ganancia de rentabilidad. O sea, cuando aumenta el dólar, aquellos trabajadores que están en estos sectores, como da mayor rentabilidad, ven aumentados sus salarios. El otro sector es el no transable, el que se destina más al mercado interno -por ejemplo: servicios de educación, de cuidado personal-, y evoluciona al revés: cuando el dólar cae este sector se beneficia, como lo observamos entre 2004 y 2010 en Uruguay.

Lo interesante de esto, lo que determina la relación causal entre el tipo de cambio y la violencia doméstica, es que los hombres -y esto pasa a nivel internacional en forma generalizada, en Uruguay también, lo medimos en forma particular- trabajan de forma más intensiva en los sectores exportadores, que son los que evolucionan positivamente con el dólar; en Montevideo hay el doble de intensividad relativa de hombres que trabajan en estos sectores. No nos puede llamar la atención pensar que en la industria manufacturera, en un frigorífico, trabajen más hombres relativo a la cantidad de mujeres que trabajan. Lo contrario pasa en los sectores no transables que se destinan al mercado interno: a nadie le puede llamar la atención que en un centro educativo haya más empleadas mujeres que hombres, o en un centro de cuidado personal. Esta es una relación que pasó tradicionalmente y se mantiene al día de hoy; esto no quiere decir que vaya a seguir, las fuerzas de la tecnología hacen que esto vaya cambiando, se vaya suavizando esta diferencia, pero existe al día de hoy, lo hemos medido.

Agarramos un período en Uruguay, lo que llamamos un experimento, que fue entre 2002 y 2010, cuando tuvimos una depreciación muy fuerte del dólar, entre 2002 y 2004, y después una apreciación casi igual de fuerte que en 2010 hizo que el dólar volviera casi a los niveles en los que estaba en 2002. Ahí tuvimos las dos fuerzas. Un momento inicial [entre 2002 y 2004] donde el salario potencial de los hombres aumentaba relativo al de las mujeres, porque los sectores donde más intensivamente se contrata a los hombres tuvieron mayor rentabilidad. Y un segundo período entre 2004 y 2010 en el cual pasaba lo contrario: las mujeres se vieron beneficiadas de forma exógena, porque no es que hicieron algo en particular, sino que como el dólar se empezó a apreciar [¿no es depreciar?], se hizo más rentable trabajar en sectores que se dedicaban a vender en el mercado interno.
Lo primero que hicimos fue ver qué pasaba con la violencia doméstica en estos períodos en Montevideo.

EC – Lo midieron específicamente en Montevideo.

IM – Los datos que tenemos son para Montevideo. Teníamos todas las denuncias de violencia doméstica realizadas en Montevideo y vimos que en el primer período, cuando el dólar crecía, crecía a par y paso la violencia doméstica. En el segundo período, cuando el dólar empieza a bajar, la violencia doméstica también empieza a caer. Esto es una cosa interesante: fue un momento en el que las denuncias de violencia doméstica empezaron a aumentar por las campañas que se empezaron a hacer, entonces tenemos un efecto fortificado porque, habiendo mayor propensión a denunciar, igual cayeron las denuncias cuando el dólar empezó a caer.
Esta fue una primera visión impresionista del efecto, porque uno podría decir que hay muchos factores que pueden estar influenciando este comportamiento.

EC – Si, porque la primera objeción o llamada de atención que puede surgir es esta: lo que ustedes comprobaron es que estas dos variables -tipo de cambio real y casos de violencia contra la mujer- evolucionan de manera paralela -sube el tipo de cambio real y sube la violencia contra la mujer, y viceversa-, pero esto no quiere decir necesariamente que una sea consecuencia de la otra.

IM – Que una cause la otra.

EC – Puede ser una gigantesca casualidad.

IM – Esa es la primera crítica que puede surgir y es natural que así sea. El tema es que nosotros fuimos mucho más a fondo, no nos quedamos con esta impresión. Empezamos a hacer un análisis empírico con micro datos a nivel de cada uno de los barrios de Montevideo. Pero antes de eso, otra muestra de que este efecto es relevante, por ejemplo, fue que miramos lo que pasaba en los delitos similares a la violencia doméstica pero que se producen fuera del ámbito del hogar: lesiones personales y violencia privada, en los que la agresión es contra una persona que no tiene relación familiar o de pareja con la víctima. Vimos que en el primer período, cuando el dólar subía, aumentaron las lesiones personales y la violencia privada, y en el segundo período, cuando cayó la violencia doméstica, siguieron aumentando, ni se enteraron. Esa es un primer indicio de que acá hay algo subyacente que está en la relación.

Lo más importante fue cuando fuimos a los micro datos y en cada uno de los barrios clasificamos a cada una de las personas que viven en cada barrio de Montevideo en trabajadores del sector transable o no transable, o sea: en los que evolucionan favorablemente cuando el dólar sube o cuando baja. Vimos cuál era el impacto de un mismo efecto del dólar en un momento dado en cada mes sobre cada uno de los barrios de Montevideo. ¿Qué encontramos?, que es mayor el impacto de un cambio en el dólar en aquellos barrios donde la proporción de hombres que trabajan en el sector transable es superior a la proporción de mujeres que trabajan en este sector. O sea, donde hay más intensidad de mano de obra empleada o potencialmente empleada en el sector transable.

¿Qué quiere decir esto?, que estamos controlando el efecto por todo lo que pueda estar pasando simultáneamente en un mismo momento del tiempo en Montevideo. Puede ser todo lo que se les pueda ocurrir que afecta a la violencia doméstica, como por ejemplo estado de ánimo, frustración por problemas económicos, problemas de ingreso, etcétera. Eso, en un mismo momento, está controlado y en ese momento, imagínese diciembre de 2003, vamos a todos los barrios, vemos qué pasó con el dólar en ese mes y qué pasó con la violencia doméstica, y da que el efecto es mucho más fuerte y estadísticamente significativo.

Esto también es importante mencionarlo, porque esto es un trabajo científico, un documento que se va a presentar a nivel internacional. Lo que presentamos en Uruguay es simplemente la punta del iceberg, es una investigación bastante más profunda la que está de fondo. Lo que demuestra es que hay una relación que viene dada, repito, por este vínculo que va más allá de una correlación que es los hombres trabajan más en los sectores que se benefician cuando el dólar sube.

EC – Como yo decía, se ha hablado mucho de este trabajo en estas semanas y han aparecido distintos enfoques, a favor, en contra y en duda. Por ejemplo, acá tengo una pregunta que llega desde la audiencia y dice: “¿Cuán seguros podemos estar de la relación entre dólar y violencia doméstica? El período que se analizó, a partir de 2002, es un período singular en el que la suba del dólar y la baja posterior fueron concomitantes con la crisis económica y la recuperación posterior. Entonces, lo que está detrás de los cambios en la violencia doméstica, ¿es la evolución del dólar, o es la crisis?”.

IM – En parte la respuesta a eso fue lo que mencioné antes, que al hacerlo en un momento fijo en cada barrio… para el mismo momento de crisis, en 2003 o en 2007, el efecto es diferencial de acuerdo al trabajo en cada barrio. En algún sentido ese comentario está incorporado dentro del análisis. Obviamente que si uno mira en una primera impresión y ve solo el dólar es natural pensar en esa crítica, fue la primera cuestión que nos hicimos nosotros mismos hace un año y medio, porque al presentar esto obviamente que somos conscientes de que existen variables que tienen un movimiento en paralelo que no necesariamente implican que haya una causalidad de una para la otra. Este no es el caso, porque acá…

EC – Pero también la objeción es si no es un período muy singular el que eligieron.

IM – Bueno, pero es un período largo, una ventana de 2002 a 2010, y es interesante que justamente sea un laboratorio porque hubo un movimiento fuerte del tipo de cambio, y eso permite controlar el efecto, y el ingreso, eso que dice el oyente, está el trabajo econométrico atrás, controlado, por ver el efecto en cada mes en distintos barrios.

EC – Ahora, si esta teoría es válida, estamos en este momento en problemas. Si las conclusiones son correctas, hoy estamos ingresando en una etapa especialmente compleja para la violencia doméstica, porque el peso uruguayo se ha ido depreciando mucho este año, así que la brecha salarial entre hombres y mujeres estaría ampliándose. ¿Se viene un aumento de la violencia doméstica?

IM – Lo que se puede decir es que se viene un aumento de los incentivos dentro del hogar para la violencia doméstica, de ahí a que se concreten… habría que esperar resultados. Nosotros decimos que con este cambio de ingreso relativo que va a venir -hay que ver cuánto más sigue esta depreciación y su magnitud- se están generando incentivos para que el hombre tenga un ingreso potencial mayor que el de la mujer y por ende, a la luz de estos resultados, haya incentivos para generar mayor violencia dentro del hogar, porque se debilita ese “escudo invisible” que es la independencia económica.

Obviamente no hay que pensar en casos particulares, porque estos estudios miran al promedio de toda la población de Montevideo, claro que hay casos puntuales, uno puede pensar en casos que conoce y decir: “Esto no pasa”, hay ejemplos concretos en los que puede pasar lo contrario. Pero en promedio este efecto fue el que dominó en los últimos años en Uruguay: que el aumento del ingreso relativo del hombre genere mayores incentivos a la violencia dentro del hogar.

EC – La pregunta siguiente creo que tiene bastante que ver con lo que hablamos ahora mismo, con la consulta anterior. El oyente debe querer saber para qué sirve un estudio como el que ustedes realizaron, para qué sirve haber llegado a esta conclusión. ¿Qué es lo que se puede hacer a partir de esta relación que ustedes han detectado?

IM – Lo primero es un resultado bastante directo y, en mi opinión, bastante intuitivo: aquellas políticas diseñadas a mejorar el ingreso potencial de las mujeres van a tener un efecto positivo en reducir la violencia doméstica. Esto es algo que a la luz de este estudio parece intuitivo, pero previamente, sin tener evaluación de datos en Uruguay, podía ser ambiguo, porque una literatura decía una cosa y otra, otra. Nosotros estamos diciendo que a la luz de este estudio podemos afirmar que existe evidencia en Uruguay de que si se fomenta el ingreso potencial de las mujeres, como por ejemplo con programas de educación, se van a generar incentivos para reducir la violencia doméstica.

Y lo segundo que implica este trabajo, que no era tan obvio, es que las fluctuaciones del tipo económico a través del tipo de cambio, afecta los incentivos de la violencia doméstica. Entonces…

EC – ¿Entonces el estudio también sirve para prevenir? Quiero decir, ante un escenario como este que estamos viviendo ahora, con el dólar habiendo tenido la suba que ha tenido, ¿las autoridades deberían encender algunas luces amarillas y preparar políticas?

IM – Si, creo que es un buen momento para concentrar las políticas en un contexto en que sabemos que van a estar aumentan los incentivos porque el trabajo de los hombres se va a empezar a pagar más que el de las mujeres. Por lo tanto, dar un apoyo extra a las mujeres en estos momentos luce como algo razonable porque las fuerzas de la macroeconomía van a estar dando un apoyo extra a los hombres. Para compensar un poco la balanza se puede pensar en esto.

EC – ¿Y cómo sería la política, qué habría que hacer?

IM – Habría que pensar en la implementación, pero se me ocurre por ejemplo hasta darle un subsidio económico a la mujer, por el solo hecho de ser mujer, por parte del gobierno, o por la maternidad, como pasa en muchos países, por el solo hecho de ser madre la mujer tiene un sueldo, así pasa en muchos países escandinavos.
EC – Pero es una medida que seguramente está chocándole mucho a una parte de la audiencia: el economista Ignacio Munyo está proponiendo un subsidio a la mujer, en esta coyuntura que se viene, para prevenir un eventual crecimiento de la violencia doméstica.

IM – No solo eso, sino que el subsidio este, del cual yo estaría a favor, tiene muchas consecuencias que van más allá de la violencia doméstica, como fomentar el cuidado del hogar y generar todas las consecuencias que puede tener darle mayor tiempo a una madre con su hijo. Pero volviendo al tema de la violencia doméstica, lo que dice el estudio…

EC – Pero me pregunto cuánto cuesta ese subsidio, cuánto impacta en la propia economía…

IM – Habría que ver cuánto cuesta en el corto plazo y los beneficios que tiene en el largo plazo, ahí habría que hacer bien las cuentas. Obviamente parece que fuera un pago puntual ahora, pero hay que descontar todos los ingresos futuros que pueden llegar a venir con esto. Son políticas de largo plazo que hay que tratar de extraer de los problemas cíclicos que tenemos en la economía. Hoy tenemos una situación fiscal sumamente delicada…

EC – Cuando le pregunté qué tipo de políticas podrían adoptarse sabiendo que hay un estudio que dice que al aumentar el tipo de cambio puede haber incentivos para el incremento de la violencia doméstica, pensé que me iba a hablar más bien de políticas del Ministerio del Interior, por ejemplo, o de los servicios de asistencia a la mujer de las intendencias, etcétera.

IM – Si, yo fui a políticas sociales porque creo que lo que dice esta teoría es que…

EC – No pensé que me iba a hablar de dinero, de subsidio, pensé que iba a hablar de políticas disuasivas de otro tipo.

IM – Pasa que la disuasión muchas veces viene dentro del hogar, es innecesario que haya un policía metido adentro simplemente porque el hombre internaliza esta independencia económica y directamente no actúa en forma delictiva, lo evita. No es necesario tal vez meter a un policía adentro de la casa, o vigilancia, para evitar algo que viene por otras fuerzas que están operando también. Eso en nuestra opinión es interesante y es una forma de mirar estos problemas también.

***

EC – Durante la exposición que usted hizo ante la Asamblea Anual de Antiguos Alumnos del IEEM, usted hizo mucho hincapié en que para llegar a resultados útiles, tanto en materia de políticas públicas como en las empresas, hay que analizar los datos con profesionalidad, pero también con mucha creatividad. ¿Es eso lo que está detrás de estas investigaciones, que a primera vista resultan llamativas?

IM – Exacto, y cada vez más pasa esto, porque si de algo hay abundancia hoy a nivel empresarial y de gobierno es de datos, se mide todo y hay disponibilidad de acceso a la información. Para generar valor con estos datos hay que procesarlos, hacerlo de forma inteligente y muchas veces creativa. Había un premio Nobel de Economía, Ronald Coase, que decía usualmente: “Si uno tortura los datos lo suficientemente fuerte, éstos terminan por hablar”. ¿Qué quiere decir esto?, que hay que procesarlos, pero en el buen sentido de la palabra, hacerlos hablar, escuchar lo que dicen. Muchas veces nos dicen cosas que no nos gusta escuchar, pero hay que escucharlos. Esta es la motivación de toda la línea de investigación que hemos seguido en los últimos años.

EC – Yo se lo preguntaba justamente porque si uno repasa los estudios que usted ha venido realizando en estos años, y que además usted mencionó en la asamblea de ex alumnos, se encuentra con varias investigaciones de este tipo. Tengo acá la lista: Usted detectó que la reincidencia delictiva puede reducirse de un modo importantísimo con una mínima transferencia monetaria el día del egreso de la persona que estaba presa. También concluyó que las transferencias monetarias en efectivo (tipo las del Ministerio de Desarrollo Social) fomentan actividades delictivas como hurtos y rapiñas en los barrios en los que viven los beneficiarios de esas asignaciones. También encontró que durante los Mundiales se reduce el delito contra la propiedad en Uruguay. Y no sólo eso: si hablamos de fútbol también encontró una relación entre las derrotas de los cuadros grandes y el aumento de las rapiñas inmediatamente después de que terminan esos partidos.
¿Cómo cae entre sus colegas esa línea de investigación?

IM – Entre mis colegas cae bien, hay gente a la que le llama un poco la atención.

EC – ¿No la critican, no la tildan de efectista, por ejemplo?

IM – Efectista no, más que nada… Hay que ser consciente de que hay economistas a nivel internacional que se dedican cada vez más a estos temas. La ciencia económica, como ciencia y como metodología de investigación, presenta herramientas para analizar esto. Cuando nos preguntan: “¿Qué tema está siguiendo en las investigaciones?”, yo digo: “Economía”.

EC – Esa es otra pregunta que estaba picando desde el principio de la entrevista: ¿qué hace une economista metido en estos asuntos, en estas cuestiones que son más bien para un sociólogo?

IM – Este es un debate que viene de los 70, cuando Gary Becker, premio Nobel que falleció el año pasado, empezó a meterse en temas que eran monopolio de los sociólogos. ¿Cómo se metió?, con un enfoque económico al que llamó “enfoque económico del comportamiento humano”. Esto quiere decir que uno puede, con las herramientas que da la economía, analizar cualquier comportamiento humano donde haya personas que toman decisiones evaluando los costos y beneficios, de estas decisiones. Si uno mantiene ese marco puede sacar conclusiones válidas de distintos aspectos, ya sea dentro del seno del hogar o a la salida de la cárcel, porque es una persona también la que está tomando la decisión, ya sea en el ámbito laboral o las personas que están mirando un partido de fútbol.

En todos los casos el factor común, el hilo conductor, es que son personas que están tomando decisiones, que tienen consecuencias y son afectadas por los incentivos a tomar esa decisión, muchas veces hasta se afecta la racionalidad, como es en el caso de los partidos frustrantes de los equipos grandes. Nosotros demostramos en ese trabajo que está publicado que a la hora exacta en la que termina un partido en el que se produce una frustración importante de los hinchas de los equipos grandes porque hay un desequilibrio entre lo que se esperaba y el resultado, que es peor, hay una pérdida de la racionalidad que hace que se tomen decisiones malas, mucho más costosas que la misma que se podría tomar en su sano juicio, racional. Acá hay una crítica enorme que viene del lado de una parte de los economicistas y sociólogos de que este enfoque es muy simplista.

EC – Si, supongo que evidentemente va a aparecer esa crítica.

IM – Nosotros decimos que no queremos ver la problemática multicausal de todos estos fenómenos que existen, sino que nos metemos en un aspecto muy puntual, y si podemos entenderlo a fondo, vamos a encontrar que se van a poder hacer medidas puntuales que pueden afectar un incentivo, vamos a estar generando incentivos para que esto cambie.

EC – Esa es otra duda: a partir de estudios como estos, ¿ha habido ya tiempo como para probar en la práctica los remedios posibles?

IM – Bueno, en este sentido en el estudio sobre la salida del Comcar, que a mí me gustó muchísimo hacerlo, encontramos que una persona que en 2010 asumió como tesorero honorario del Patronato, Enio Collazo, adoptó como primera medida -porque él conocía de hablar con los presos a la salida- que cuando los presos salieran en vez de pagarles dos boletos, como se hacía hasta 2010, se les pagaran $ 100. “Démosle en la mano el día que están saliendo $ 100 para que pudieran cruzar al carrito que hay enfrente al Comcar y comprarse una hamburguesa, un choripan o una coca”, esa era la intención. Nunca se imaginó, porque esto lo hablamos varias veces con él, que esta medida -cuyo impacto pudimos medir casi cuatro años después- iba a eliminarla reincidencia delictiva del primer día. Lo medimos por primera vez…

EC – ¿Con $ 100 nada más?

IM – Con $ 100 nada más se eliminó. Uno de cada cuatro reclusos liberados reincidía el mismo día en el que era liberado. Desarrollamos una metodología para poder medir la reincidencia en el primer día, que nunca se había medido a nivel mundial, es original, está publicado en el Journal of Public Economics, que es una revista científica líder en términos de políticas públicas. La teoría decía que la reincidencia delictiva, que está en el entorno de 60 % en todos lados, está muy concentrada en el primer año, es de corto plazo.

Nosotros dijimos: “Bueno, ¿y en el cortísimo plazo que pasa?”, esto se nos ocurrió de hablar con la gente del Patronato, porque nos decían que el día que salen es muy especial. Una persona que estuvo un tiempo recluida en el momento de salir, si no se le da una preparación o una asistencia de recepción para el reingreso a la sociedad, es muy difícil controlar el comportamiento, es natural pensarlo así.

Vimos cómo se produce el proceso de salida de la cárcel en Uruguay y la verdad que no nos sorprende que en aquel momento uno de cada cuatro reincidiera el primer día: no se les avisaba a las familias, [a ellos] se les avisaba el día anterior y tenían que dejar todas sus pertenencias, básicamente no había ningún tipo de preparación para un cambio tan dramático como pasar de estar recluido a estar en libertad. Nosotros medimos esto y demostramos que esta política pública, que es fue implementada por la voluntad y el corazón de una persona, tuvo un efecto significativo, de una magnitud impensable.

EC – Es muy interesante el efecto, pero es un caso en el que la política pública existió antes de que ustedes hicieron el estudio, ustedes pudieron medir el impacto de una política pública. Mi pregunta es: ¿hay alguno de estos estudios, suyo o de colegas, con este enfoque economicista, a partir del cual un Gobierno nacional o municipal haya aplicado políticas en la línea que ustedes sugerían para evitar o corregir determinado fenómeno?

IM – Hay, me gustaría hacer una aclaración: no me gusta llamarlo economicista sino económico, porque economicista le da un matiz simplista y creo que si algo hace este enfoque económico es poner al hombre en su máximo cabal, en su máxima potencialidad de que es racional, de que puede medir costos y beneficios de las acciones. Cualquier enfoque que quiera atacar esta forma de pensar los problemas está en algún sentido minimizando a la persona, diciendo que no puede ser racional. Nosotros decimos que a veces una persona puede no ser racional, pero si uno mira el promedio de lo que pasa en toda una población este enfoque es muy fuerte. En este enfoque no hay que mirar persona a persona, sino el agregado, donde las grandes fuerzas terminan generando incentivos a determinados comportamientos.

Volviendo al tema de si se ha implementado, en países como EEUU hay muchas políticas de seguridad que tienen en cuenta esta línea de trabajo, que lleva más de 40 años, desde que los economistas se metieron en temas que eran históricamente de los sociólogos. Hay resultados en educación también, los economistas empezaron a medir de una forma diferente los resultados, se metieron a jugar en la cancha de los que estudiaban tradicionalmente la educación y empezaron a evaluar los números de una forma diferente y a sacar resultados. Ahora hay toda una ebullición de literatura de educación impulsada por economistas. No es que los economistas se entrometieron ahora en áreas que no eran de la economía, podemos hablar de otras cosas que no sean el Producto Bruto Interno, la inflación o el déficit fiscal, porque las herramientas son las mismas que utilizamos para medir el comportamiento humano.

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