El gran Ringo Starr

Video: The Beatles

Por Eduardo Rivero ///

Aunque cueste creerlo, no todo el mundo ama a Los Beatles. John, George, Paul y Ringo tuvieron y tienen, sí, detractores y negadores de todo pelo y señal. ¿Qué es lo que dicen? Mencionaré apenas cuatro “verdades” –para no extenderme, porque hay decenas– que suelen argumentar los contras para descalificar a la gloriosa banda de Liverpool.

a) No eran una verdadera banda de rock.

b) No fueron revolucionarios. La verdadera revolución la hicieron Chuck Berry y Elvis en la década de 1950.

c) John Lennon era el rockero y Paul McCartney el baladista.

d) Ringo Starr era un baterista malo que estuvo en el lugar y en el momento justo.

Por supuesto que estas cuatro “verdades” son en realidad una enorme falsedad.

a) Los Beatles eran tremenda banda de rock. Basta escuchar la grabación pirata hecha en el Star-Club de Hamburgo el 31 de diciembre de 1962, que más allá de su pobre sonido muestra una banda salvaje y potentísima. Basta recordar, por ejemplo, el tema Helter Skelter del “álbum blanco”. Los Beatles fueron la mayor revolución en la historia de la música popular.

b) Si bien partieron de la música de Berry y Elvis por razones generacionales, encabezaron una revolución musical, tecnológica y sociológica inmensa. Por mencionar apenas uno de los aspectos de ese cambio radical que significaron, basta decir que antes de ellos, el estudio de grabaciones era un lugar al cual los músicos iban para dejar impreso en disco el sonido de sus shows en vivo lo más fielmente posible. Los Beatles convirtieron, por primera vez, al estudio de grabaciones en un instrumento musical más, experimentando sin pausas y ampliando hasta lo increíble los horizontes de lo que era posible hacer allí.

c) Lennon y McCartney eran igualmente rockeros y baladistas. Basta con recordar que Lennon hizo baladas etéreas como Girl, In my Life o Julia, y McCartney rock furiosos como I’m Down, Birthday y el ya citado Helter Skelter.

Pero la más falaz de todas esas “supuestas verdades”, es la que tiene relación con el gran Ringo Starr. Y aquí comienza mi respuesta que refuta el «literal d»:

A Ringo su llegada a los Beatles, que se produjo a fines de agosto de 1962 para sustituir al cesado Pete Best, no le cayó del cielo ni la sacó en la lotería. Lo fueron a buscar porque lo conocían, lo habían visto tocar y porque era el principal baterista de todo Liverpool, integrando la banda Rory Storm and the Hurricanes.

Una vez que John, Paul, George y Ringo estuvieron juntos, se produjo la magia y partir de ella, la revolución.

Alcanza con escuchar las grabaciones de los Beatles con Pete Best para advertir la diferencia sideral que la percusión de uno y otro tienen.

Ringo, con su sonido personalísimo, su particular forma de afinar los tambores –en general más alto que otros colegas tensando más los parches– y sobre todo su tempo extraterrestre, que aseguraba un groove impecable que era lo que los Beatles estaban necesitando para ser quienes fueron. Su contribución a la banda –formando una base rítmica increíble junto al bajo de Paul McCartney– es absolutamente esencial.

Hay decenas y decenas de reportajes donde los otros tres Beatles hablan maravillas de Ringo no sólo como persona sino también como músico.

Lo mismo sucede con otros muchos bateristas de todo el mundo, que lo han citado como una influencia principalísima. Basta recordar el trabajo de percusión de Ringo en temas como el experimental A Day in the Life, pero también el sencillo y adolescente I Saw Her Standing There donde su batería le da una “marcha” incomparable al tema.

Lo que Ringo no hacía, eran “solos de batería”. No aporreaba los tambores intentando asombrar al auditorio con una demostración de virtuosismo circense. Eso no estaba en su ADN. Su inmensa musicalidad pasaba por otro lado: acompñar con un tempo perfecto y mostrar patrones de percusión innovadores y delicadísimos.

Una noche, hace ya unos cuantos años, yo daba una charla sobre los Beatles en un repleto Club Unión de la ciudad de San Carlos. Y un asistente me interrumpió para decir que para él, Keith Moon de The Who era mucho mejor baterista que Ringo. Le pregunté, entonces, “¿mejor baterista o más virtuoso?”. Porque Keith Moon pegaba y pegaba todo el tiempo demostrando gran dominio del instrumento, pero eso no lo hacía “mejor” que un músico esencial como Ringo, con su tempo infalible y su delicadeza. Y conste que Keith Moon me encanta. Ya sabemos que en música muchas veces se confunde cantidad con calidad. No necesariamente pegar más significa pegar mejor.

El hecho es que para ese producto llamado Beatles, Ringo fue básico, insustituible.

También es resaltable que los otros tres Beatles, una vez disuelta la banda, siguieron llamando a Ringo para grabar en sus discos solistas.

Hablando de discos individuales, lo que Ringo no ha tenido es una destacada carrera solista. No es, como todos sabemos, un buen cantante. Tampoco un buen compositor. Sin embargo, “con una ayudita de sus amigos”, ha logrado sacar al mercado algunos discos más que atendibles, especialmente el excelente Ringo de 1973, única ocasión en que los cuatro Beatles volvieron a estar juntos en un disco (aunque no en una misma canción), pero también álbumes como Beaucoups of Blues, de 1970, dedicado a la música country, Vertical Man de 1998, que incluye una nueva versión de Love Me Do o Y Not de 2010.

Parece que ha resultado muy fácil pegarle a Ringo, por parte de quienes lo han visto como un tipo bajito y cordial, sonriente y comunicativo, tan diferente a próceres como Lennon y McCartney. Y también por parte de quienes confunden cantidad con calidad.

Ringo, como bien sabemos, nació en Liverpool el 7 de julio de 1940, pasó una niñez muy pobre en la que tuvo además la desgracia de permanecer un par de años internado en un hospital aquejado de diversas enfermedades. Luego, por derecho propio, fue un Beatle, es decir, un agente de cambio y un proveedor de inmensa belleza.

Este músico esencial, que con su incorporación a la banda cerró el circulo de su genio imperecedero, estuvo de visita en Uruguay una única vez, hace pocos años, presentándose en el Ballroom del Hotel Conrad de Punta del Este con una “banda de amigos” integrada por viejas glorias del rock, la “Ringo Starr and his All Starr Band”.

Si algo define al sonido de los Beatles, son las voces de Lennon y McCartney, la voz de Harrison con su fuerte acento de Liverpool en las armonías a tres voces, el bajo de Paul, con sus líneas melódicas revolucionarias y la batería del gran Ringo Starr, mesurada, perfecta y personalísima.

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Urquiza esq. Abbey Road es el blog musical de Eduardo Rivero en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.

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