La política a escena
Autoficción: Personajes a medida

Por Mariana Wainstein ///

 

“Conócete a ti mismo”
Inscripción en el Templo de Apolo en Delfos

 

 

Hace unos días fui a ver La ira de Narciso, del autor uruguayo Sergio Blanco. En la obra, un monólogo, el único personaje en escena utiliza el nombre real del actor que lo actúa: Gabriel Calderón. Así, Calderón nos cuenta cómo le llegó este texto a través de Sergio Blanco y cómo a partir de ahora él dedicará los siguientes 90 minutos a actuar de Sergio Blanco, o “mejor dicho del personaje de Sergio Blanco”.

A partir de ese momento podemos apreciar en escena al personaje de Gabriel Calderón actuando de “Gabriel Calderón haciendo el personaje de Sergio Blanco”, de acuerdo al texto escrito por el propio Sergio Blanco.

Parece un trabalenguas pero es muy simple: se trata de un juego de máscaras o de cajas chinas donde se sucede ficción y realidad y donde el escritor escenifica diferentes eventos de su eventual vida, incluso, como es el caso, su propia muerte.

La tesis del autor parece decir que todos creamos personajes para actuar e interactuar en el mundo y que utilizando nuestra propia vida podemos obtener elementos para crear ficciones entretenidísimas. También es una obra con una dimensión filosófica sobre el lenguaje teatral porque reflexiona sobre la creación del personaje, su vida en escena –efímera por naturaleza– y su muerte. La apelación al mito de Narciso, además, nos lleva a reflexionar sobre el embelesamiento que nos produce el reflejo de nuestra propia imagen aún cuando no sea real.

Hace dos años trabajamos durante varios meses con Veronika Marquez, fotógrafa uruguaya residente en España, partiendo de una foto suya que incluye trece autorretratos llamada Mi última cena. Creamos una dramaturgia basada en el desdoblamiento de la protagonista en 13 yoes y lo presentamos frente a un público en un formato de performance. La ficción y la vida real se confundían mientras se mezclaban fotos, videos y acción en vivo. La estética de cada uno de los 13 personajes, de las 13 Veronikas, era diferente e incluso lograba ser parte integral de la identidad de cada uno influyendo en su ética y en su relato.

En realidad, buena parte de la literatura y del arte en general está basada en experiencias reales de los artistas que logran transformar y estilizar vivencias en experiencias compartibles con un público. Entonces, si Shakespeare tiene razón y “el mundo es un escenario” y si el Dr. House no se equivoca al decir que “todos mienten”, no es muy loco pensar que todos nosotros creamos personajes para vivir y enfrentar el día a día, y más aún las personas que tienen como oficio dirigir a la sociedad y que se presentan ante esta a través de los medios de comunicación.

Los políticos crean su personaje. Se construyen un yo que ética y estéticamente les resulta cómodo de llevar y de defender en el día a día. Un yo con el cual se embelesan ellos mismos como Narciso pero que es proclive a desdoblarse de acuerdo a las circunstancias y a la conveniencia del momento.

El desafío consiste en que el personaje creado resulte sólido e identificable y que su relato sea cautivante. Hay varios factores que influyen. El político ha recorrido un largo camino desde que parado en un taburete arengaba a un público que lo rodeaba. Hoy las tecnologías, las investigaciones demoscópicas y los estudios de psicología política –que incluyen los llamados marcos interpretativos– le permiten llevar el relato y el personaje de una manera estratégicamente calculada. Se ha conseguido prefigurar ciertos marcos como axiomas y temas que son totalmente discutibles desde un punto de vista objetivo y ético pasan a ser indiscutibles para buena parte de la sociedad.

El factor catalizador a la hora de actuar y de persuadir a un público de que esas ficciones son la realidad es el carisma. Es quizás el factor más esperanzador para que un político se anime incluso a pescar en una pecera que no es la suya y a convencer gente que lo puede llegar a votar porque más allá de sus ideas logra inspirar un sentimiento superior de confianza.

La definición de carisma puede ser muy confusa pero todos coinciden en que el carisma tiene que ver con el atraer, el agradar y el convencer a través del magnetismo personal. Ese “no se qué” que crea una comunión entre actor y espectador, un pacto de fidelidad que implica una entrega y un dejarse llevar por parte del espectador hasta los límites que el actor esté dispuesto. El espectador ingresa al recinto teatral dispuesto a creer, a jugar junto con el actor y a aceptar las convenciones de la escena como verdad mientras dure la obra.

En cambio en política se pretende, sin anunciar la hora de comienzo ni de finalización de la función, que todo lo que se dice y se hace tiene valor de verdad revelada, es genuino y espontáneo. El demiurgo de esta revelación es el actor-político que seduce más o menos dependiendo de su carisma, pero vale recordar que Max Weber, considerado el padre de la sociología, decía que el carisma es efímero. Pero el tema carisma amerita una nota aparte y será tema de una futura columna en este blog.

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La política a escena es el blog de dramaturgia política de Mariana Wainstein. Actualiza los jueves.

Sobre este blog
Politólogos y sociólogos hacen uso (y a veces abuso) de la jerga teatral para reflexionar sobre la política: “actores políticos” y “escenario político” son solo dos ejemplos de una costumbre por demás extendida. Desde este espacio se profundizará en los elementos de ese mundo y se intentará descubrir cómo se construyen determinados escenarios, textos y personajes. Esto implica profundizar en temas que conciernen a la mediatización de la política, sus características y consecuencias. En suma, este blog estará dedicado a la “dramaturgia política”, es decir, al análisis político desde un enfoque teatral.

Sobre la autora
Mariana Wainstein nació en Montevideo, el 28 de octubre del año del dragón. Es directora, productora de teatro y gestora cultural. Ha obtenido maestrías en Liderazgo Democrático y Comunicación Política y Estudios Avanzados en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó como coordinadora académica de Comunicación Audiovisual en la Universidad ORT Uruguay, productora ejecutiva de la Temporada de Ópera 2008 del Teatro Solís y entre 2007 y 2010 coordinó los Fondos de Incentivo Cultural del Ministerio de Educación y Cultura. Actualmente dirige la obra De algún tiempo a esta parte, de Max Aub, que se estrenará próximamente en el Teatro Alianza.

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Foto en Home: Retrato de Mariana Wainstein, autora del blog La política a escena. Crédito: Veronika Marquez/EnPerspectiva.net.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Javier del rey Morató · Edit

    Mariana,
    me gustó especialmente este párrafo:

    «El desafío consiste en que el personaje creado resulte sólido e identificable y que su relato sea cautivante. Hay varios factores que influyen. El político ha recorrido un largo camino desde que parado en un taburete arengaba a un público que lo rodeaba. Hoy las tecnologías, las investigaciones demoscópicas y los estudios de psicología política –que incluyen los llamados marcos interpretativos– le permiten llevar el relato y el personaje de una manera estratégicamente calculada. Se ha conseguido prefigurar ciertos marcos como axiomas y temas que son totalmente discutibles desde un punto de vista objetivo y ético pasan a ser indiscutibles para buena parte de la sociedad.»

    Creo que has hecho diana! Por ahí tienes un filón. Para el blog, y para la tesis doctoral.

    Abrazo desde Madrid

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  2. Dispuestos y sumergidos en la coraza del personaje, este en su aridez voraz, fagocita la persona…
    La política tiene sus propios apetitos; el artista deviene en el doble juego de la ficción con la realidad.
    La imaginación puede liberar y también aplastar, el carisma no tiene signo; desplegar las alas con osadía sin olvidar las plumas de la sensatez.

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