Mano a mano: Los archivos de Eduardo Rivero (iii)

Por Eduardo Rivero ///

El próximo sábado 29 de julio se cumplen cinco años de la muerte de Osvaldo Fattoruso, el más grande baterista que ha tenido el Uruguay. Además de admirarlo desde siempre por su labor en Los Shakers, Opa, Trío Fattoruso y mil proyectos más; además de maravillarme por su “llevada” de candombe absolutamente única, la vida me ha dado dos lindos regalos que lo involucran: una, el 11 de octubre de 1996, en la gala de los 25 años del sello Ayuí en el Teatro Solís, canté una segunda voz en el tema La casa de al lado de Fernando Cabrera, con Fernando a mi lado y Osvaldo en la batería a pocos pasos; otra, el jueves 16 de agosto de 2001 mantuve una larga charla mano a mano con él en mi programa Con letra y música que se emitía cada tarde en la hoy desaparecida Setiembre FM. De ese mano a mano con un músico insustituible y dulce persona proviene la transcripción que sigue, nunca antes publicada:

Es leyenda tu condición de niño prodigio de parte de gente que te vio tocar en tus comienzos. ¿A que edad empezaste con la batería?
A los siete años y medio, ocho, ya estaba tocando. Por supuesto que me gustaría tener grabaciones a ver qué tocaba en esa época; debía ser espantoso… Pero, bueno, tocábamos en espectáculos hasta los 11 o 12 cuando empecé a ir al Hot Club. Ahí me empecé a pulir un poco.

Me parece muy enternecedor que ahora utilicen la misma denominación de Trío Fattoruso que usaban con Hugo y con tu padre cincuenta años atrás. ¿Cómo era aquel Trío Fattoruso?
¿Qué te puedo decir de aquel trío? Bueno, que tocábamos lo mismo que ahora, es decir, cualquier estilo. Un tango, un dixieland, una canción pop, un rock and roll y bastante jazz. Hugo, claro, ya tocaba piano y también acordeón. Lo que pasa es que había pocos pianos en la vuelta, porque íbamos mucho a tablados donde piano no había. Y también tocaba cavaquinho. Pero cavaquinho tocando jazz, muy loco…

¿Cómo hicieron, al formarse Los Shakers, para cambiar de instrumentos? Vos y Hugo pasaron a las guitarras siendo vos en realidad un baterista ya enormemente experimentado y Hugo un tecladista impresionante.
Bueno, como te dije, se daba aquello de que cualquier instrumento nos interesaba. Yo iba a tocar la batería en Los Shakers. Estaba programado, destinado para eso. Y Ringo Thielmann, luego bajista de Opa, iba a tocar la guitarra rítmica, con acordes que en realidad eran muy simples, ya que los acordes que usaban los Beatles eran de algún modo sencillos, y el ritmo, teniendo un buen oído era fácil de sacar. Pero hete aquí que Ringo era muy dejado, muy vago y faltó como a cuatro o cinco ensayos. Y como estábamos ansiosos por salir a tocar yo dije que agarraba la guitarra y trajimos a otro amigote para la batería, Caio Vila, y ahí quedó el grupo terminado.

¿Recordás de aquel verano de mitad de los 60 en que Los Shakers fueron “descubiertos” en el boliche puntaesteño I Marangatú y fueron entonces llevados a Buenos Aires? Hugo [Fattoruso] me contó de ese verano de 1965 en que estaban con Los Shakers en I Marangatú y que a la vez tocaban jazz en el Hotel San Rafael y que iban en un auto a hacer una entrada en I Marangatú y otra en San Rafael a las corridas cada noche.
Es verdad.

Y que después creció tanto la popularidad de Los Shakers en I Marangatú que debieron dedicarse solo a la banda.
Es cierto. En principio nos habían contratado para hacer jazz durante toda la temporada en el San Rafael, donde tocaban el grupo de Heber Escayola y el grupo de Manolo Guardia, Juan Lamas… nosotros ahí tocábamos boleros, bossa nova y de ahí salíamos corriendo para llegar a tiempo a I Marangatú.

Me acuerdo de Los Shakers compartiendo cartel en el Cine Plaza con la argentina Claudia, nuera de Mariano Mores y con el cantante francés Alain Barrière y también de Los Shakers tocando en el techo de un refugio en la rambla.
Si, en los baños de la playa Pocitos. Yo tengo filmación de eso. Andábamos enloquecidos con nuestras filmadoras de 8 milímetros.

Después vino ese largo paréntesis en EEUU, hasta que un día Rubén Castillo pasó las primeras grabaciones de Opa que se escucharon en Uruguay. Eso en medio de aquel misterio de “que se habrá hecho de Hugo y Osvaldo”. Hasta que llegó el evento de los eventos que fue el recital del regreso en el Cine Plaza. ¿Qué recordás de esa noche?
Estuvimos once años y medio, casi doce fuera, y volver a Uruguay y reencontrar una cantidad de amigos era algo impresionante. Ese recibimiento nos quedó grabado en el cerebro como un sello imborrable. Pasamos bárbaro, vinimos con un buen representante, en fin, todo bien. Todo muy fuerte, antes, durante y después del espectáculo.

Se habló mucho de esa venida de ustedes, porque muchos dicen que significó una vuelta de página, que a partir de allí aquí se empezó a tocar mejor, se empezaron a utilizar mucho más los sintetizadores. ¿Pensás que algo de eso puede haber ocurrido?
Yo no estaba antes para balancear el después. Pero es cierto que esta idea que vos tirás sobre la mesa me la han dicho muchas veces, como que antes y después de Opa hubo un cambio. Pero con esto no quiero decir que hayamos arreglado la música del país, ni el fútbol uruguayo ni el propio país ni nada, pero sí de que después de la llegada de Opa cambió la cosa. Nos empezamos a mezclar con músicos de acá, por ejemplo. Y por allí influimos en el sonido y en el toque, pero también en el ánimo que estaba muy caído en general, ya que los pobres uruguayos venían de un sopapo atrás de otro, una época de dictadura realmente fea, y como nosotros veníamos en otra la gente se colgó. Pero repito, no me siento ni salvador ni arreglador de nada, pero sí que dimos una pequeña inyección “de algo”.

Me encanta que a pesar de ser nada menos que su hermano, seas gran admirador de Hugo Fattoruso.
Te lo digo sencillito: es un gran músico. Por supuesto que si no fuese mi hermano diría lo mismo. Es muy pero muy capaz. Te imaginás que lo he visto crecer como músico desde cero. Y veo como capta todo y como transforma todo lo que toca y como aporta a todo lo que toca, sea la música de Milton Nascimento, la de Eduardo Mateo, la de Chico Buarque, la de cualquiera, el que sea. El tipo le mete y siempre bien. Y por suerte no es solo mi opinión. Los elogios los he oído en un montón de lugares del planeta.

¿Cómo procesan ustedes dos, a nivel personal, todos esos elogios, que son absolutamente generales aquí y lejos de aquí? Todos dicen: “Hugo Fattoruso un inmenso pianista” y también “Osvaldo Fattoruso un increíble baterista”. Debe ser una inmensa satisfacción para ustedes.
Si, es muy bueno. Pero yo quiero decirte con total claridad que yo estudio mucho y a diario para corregir mis errores. Tal vez alguno no me crea, pero yo soy muy crítico de lo que toco. Más que nadie sé donde están los errores, donde está la parte flaca y donde la parte gorda. Pero, claro, siempre es bienvenido un comentario halagüeño.

Has tocado -igual que Hugo- con gente muy grande.
Rada es uno de ellos.

Justamente, nombrame algunos de los grandes músicos con los que tocaste.
Ha sido muy especial trabajar con Rada, Jaime, y con Hugo, por supuesto. Nombrando a gente de un poco más lejos, con Paquito de Rivera, Hermeto Pascoal, tipos estos que te pegan unos sopapos tremendos, porque son gente muy preparada. Como pasó con ciertos bajistas y ciertos percusionistas con los que toqué en EEUU. También toqué y grabé bastante con Fito Páez y me fui de gira con él más de una vez. Fuimos desde Ushuaia hasta Paraguay tocando en una cantidad insoportable de ciudades.También hicimos una gira europea bien interesante. Yo grababa con Fito desde hacía tiempo y en general no había presupuesto para llevar los músicos de gira. Pero ahí apareció su disco El amor después del amor, que pateó el mercado y fue el más vendido en la historia del rock argentino y entonces sí hubo guita para todo. Eramos 27 o 28 personas de gira con él. De todo: músicos, asistentes, peinadores, yo que sé, colados varios, lo que incrementaba la comitiva hasta como 40 personas. Yo le decía “Fito, vos estás loco” y él me decía que esos colados eran “los becados”. Por ejemplo un eterno becado con Fito era el actor español Eusebio Poncela.

Te voy a tirar el nombre de algunos bateristas a ver qué me decís. Elvin Jones.
Cuando yo pegué mi “estirón baterístico”, en la época del Hot Club, Elvin Jones era el que se comía la cancha y años después tuve la suerte de tomar dos o tres lecciones con él. Y es un grande, y sigue siendo una verdadera bestia.

El trabajo de Ringo Starr con los Beatles.
Impecable. Greg Bisonet, un gran baterista norteamericano vino por aquí y habló maravillas de la pureza del sonido de Ringo. No es técnico ni nada de eso pero tiene un sello propio inconfundible. Y rítmicamente es una roca.

¿Stewart Copeland de The Police?
No lo conozco tocando otros estilos, más allá del rock, pero en el rock algo impresionante. Una fuente de ideas, de justeza, de claridad.

¿Grandes bateristas uruguayos?
Roberto Galletti [integrante de Totem]. El más grande. Luis Sosa también, ni que hablar. Y de las jóvenes generaciones, destacó a un infaltable que es Martín Ibarburu, Diego Piñera, un alumno mío que está ahora en EEUU, pero tampoco puedo dejar de mencionar a Gustavo Etchenique. Es un país de buenos bateristas.

Osvaldo, gracias por tu tiempo.
Un placer de verte y de saber que te acordás de tantas cosas que yo no me acuerdo. Con esa memoria tuya te necesitamos mucho en el mundo musical.

En el mundo musical lo que se necesita son músicos como vos y tu hermano. Gracias de nuevo.

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Urquiza esq. Abbey Road es el blog musical de Eduardo Rivero en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.

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