Mateo por cuatro

Por Eduardo Rivero ///

¿Eduardo Mateo? ¿Ese loco con pinta de linyera, que canta cosas raras, que compone canciones sin compromiso político, que se la da con todo y que manguea por 18 de Julio? Mientras estaba vivo ese era el concepto generalizado sobre Mateo, el mayor creador que ha tenido la música popular uruguaya.

Su muerte, en mayo de 1990, disparó acontecimientos casi surrealistas: los pocos amigos que tuvo se transformaron en miles, se multiplicaron los que lo vieron solo o con El Kinto –para muchos la más grande banda de fusión afrouruguaya que ha existido–, los colegas que lo acusaron de artista sin compromiso hoy se refieren a él como a un prócer, los críticos que lo ningunearon llegaron al paroxismo del elogio y hasta los jerarcas gubernamentales que en su vida lo escucharon nombrar firmaron decretos para que plazas y edificios lleven su nombre.

Por suerte tanto reconocimiento trajo aparejado que su obra fuera redescubierta (incluso fuera de fronteras) y que discos como Mateo solo bien se lame, Mateo y Trasante o Cuerpo y alma se consideren hoy obras maestras. Fue un guitarrista impresionante, un tremendo percusionista de misterioso toque, un autor de melodías de insondable inspiración, un letrista fenomenal, desde una poética tan loca como seductora, y un cantante personalísimo. También el fundador de una escuela. Sin Mateo, la música de Jaime Roos, Jorge Galemire, Mauricio Ubal, Edú “Pitufo” Lombardo o Alberto “Mandrake” Wolf, hubiese sido muy diferente.

Mateo provocó también la aparición en 1994 de un libro con una investigación descomunal, una prosa infalible y una abundancia de documentos gráficos abrumadora, llamado Razones Locas: el paso de Eduardo Mateo por la música uruguaya, de Guilherme de Alencar Pinto, periodista brasileño radicado desde hace décadas en Montevideo, quien llegó a conocer a Mateo y hasta compartió con él fugazmente algún proyecto musical.

El inolvidable Horacio Buscaglia expresó entonces con una mezcla de dolor y feroz autocrítica: “Tenía que venir un brasileño a enseñarnos a escribir un libro sobre Mateo”. Y, mal que nos pese, es cierto. Cuesta imaginar otro libro como este, que ha llegado a su cuarta edición, corregida y aumentada con nuevos testimonios y nuevos documentos gráficos.

Es el libro definitivo que lo analiza todo, lo relata todo, lo explica todo. El que nos hace entender que la música uruguaya arrancó mucho antes que La Vela Puerca o No Te Va Gustar –dicho con el mayor respeto y sin la menor ironía– y que la obra de Mateo no empieza –ni mucho menos concluye– en Príncipe azul (de hecho una coautoría con Buscaglia y un tema del repertorio de El Kinto y no de Mateo como solista, como muchos creen).

Quedan avisados: la cuarta edición de Razones Locas está en la calle. En las mismas calles donde Mateo pedía para comer y que, a través de su música mágica e inclasificable, retrató como nadie.

Razones Locas: el paso de Eduardo Mateo por la música uruguaya, de Guilherme de Alencar Pinto
4a edición, corregida y aumentada
Perro Andaluz/La Edad de Oro, 2015
656 págs.

Video: sondortv

Video: Los Años Luz Discos

Video: Televisión Nacional Uruguay

Enlaces relacionados
Ese amigo del alma (Página 12)
Príncipe Azul (Página 12)
Razones que no son tan locas (Página 12)

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