Nueva Troya
¿Existe la ciudad feliz y perfecta?

Fotografía de Bilbao. Ampliar (+)
Fotografía de Bilbao. Crédito: Alfredo Ghierra. Ampliar (+)

Por Alfredo Ghierra ///

Como artefacto humano y espejo del hombre y su tiempo, la ciudad no tiene nunca un carácter de perfección. Su propio dinamismo se lo impide: la perfección implica algo acabado, pero una ciudad terminada se parecería más a una necrópolis que a una polis.

A veces, sin embargo, hay ciudades que dan una imagen de perfección. Esa imagen fue la que me entregó Bilbao cuando la visité por primera vez hace pocos días. No tenía ninguna expectativa con la ciudad vasca, menos aún luego de haber estado en la hermosa San Sebastián, marítima e híper elegante, una ciudad con la cual es muy difícil competir. Más allá de saber que desde el año 1997 Bilbao cuenta con una sede del Museo Guggenheim, diseñado por el arquitecto Frank Gehry, lo otro que automáticamente viene a la cabeza al pensar en esa ciudad es el grupo separatista ETA. Pero al recorrer la ciudad pude comprobar de inmediato que Bilbao no se reduce al Guggenheim ni mucho menos a ETA.

Fotografía de Bilbao. Crédito: Alfredo Ghierra. Ampliar (+)
Fotografía de Bilbao. Crédito: Alfredo Ghierra. Ampliar (+)

Con el pasar de las horas una sensación de orden, estilo y buen gusto se fue volviendo pétrea, inamovible. Desde las perfectamente conservadas fachadas historicistas y las sorprendentes intervenciones de arquitectura contemporánea hasta el modo en que las familias paseaban armoniosamente vestidas y en consonancia con el paisaje urbano. Todo en Bilbao habla de prosperidad, buen gusto y desarrollo humano.

Pero entonces una extraña sensación empezó a cuajarse en mis impresiones, una idea de que al fin y al cabo esta ciudad se parecía un poco a un niño vestido para una boda que hubiera logrado no ensuciarse nunca, aunque eso significara no haber podido tampoco jugar a sus anchas. Quién sabe si este presente tan ordenado e impoluto, si esa falta absoluta de graffitis y tags en las paredes y portales no tiene que ver con un pasado reciente repleto de esas y otras formas más o menos visibles de violencia e intolerancia. ¿Será por aquello de que al hombre le cuesta alcanzar un término medio? No lo sé, pero en cualquier caso, la ciudad asombra por su absoluta limpieza general y respeto a los muros privados.

Creo que también me ganó un poco la envidia: durante mi recorrida de varios días no pude dejar de pensar que si una ciudad como Bilbao, que hasta hace nada era un lugar desconocido y apartado del mapa turístico de España, se había convertido en La Meca del diseño y la arquitectura contemporánea, ¿por qué no podría ser Montevideo un ejemplo, a su escala y carácter, de lo mejor de la arquitectura y el urbanismo latinoamericano? O incluso extrapolarlo al Uruguay todo: ¿qué sería de Rio Negro si en lugar de una mega planta de celulosa hubiéramos insistido en construir un Guggenheim? ¿Saben ustedes calcular el presupuesto que deja a una ciudad el solo hecho de tener un museo así? En dólares es muchísimo, pero en materia gris es aún más.

Bilbao (5)
Fotografía de Bilbao. Crédito: Alfredo Ghierra. Ampliar (+)

Pero volvamos a Montevideo: siendo como somos, una ciudad de 1,3 millones de habitantes, ¿alguien se cree el cuento de que un metro no sea necesario o de que es suficiente el sistema de ómnibus de superficie que tenemos –contaminantes, ruidosos, caros y con poca información– para mover una ciudad?

Bilbao tiene 350.000 habitantes, número que trepa hasta los 900.000 si se considera el conurbano. Es admisible una comparación, al menos demográfica, con Montevideo. La ciudad tiene ómnibus, metro, tranvía y trenes que conectan a todos sus barrios entre sí y a la ciudad con su entorno tanto inmediato como regional.

En 2010, la ciudad de Bilbao fue reconocida con el premio Lee Kuan Yew World City Prize, que es otorgado por la ciudad-estado de Singapur en colaboración con la Academia Nobel sueca y es considerado el Nobel del urbanismo. En 2013 quien era su alcalde, Iñaki Azkuna, recibió el Premio Alcalde del Mundo, que otorga cada dos años la fundación británica The City Mayors Foundation en reconocimiento a la transformación urbana experimentada por la capital vizcaína desde la década de 1990.

Éxitos de este tamaño sólo se pueden lograr con el apoyo explícito de una población ávida de cambios y con una política urbana pensada a largo plazo. Y con mucho dinero también. Bilbao es sede de grandes compañías de alcance internacional, como el BBVA o el grupo Iberdrola. Basa su economía en la actividad portuaria y la siderurgia, pero también en los servicios, la hotelería y el turismo. De hecho fue a raíz de la crisis de su industria de los años 80 que Bilbao tuvo que plantearse un cambio radical, pasando de ser una ciudad industrial a transformarse en un polo cultural y turístico.

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Fotografía de Bilbao. Crédito: Alfredo Ghierra. Ampliar (+)

Estuve en Bilbao pocos días. La recorrí con ánimo de viajero y con mis ojos de montevideano. Esto no pretende ser un juicio definitivo ni un estudio académico sobre esta ciudad, pero no pude dejar de sentir que mucho de lo que se logró allí podría, perfectamente, realizarse en Montevideo. Es cierto que nosotros no recibimos hoy, ni lo haremos mañana, fondos de inversión para infraestructuras como los que la Unión Europea entrega a sus Estados miembros para equilibrar la infraestructura continental de los diferentes países. Pero también es cierto que aquí en Montevideo muchas veces llamamos gasto a lo que debería llamarse inversión. También es cierto que otras tantas veces prestamos mucha atención a lo inmediato pero no somos capaces, como sociedad, de hacer sacrificios colectivos en pos de soluciones que requieren tiempos largos para fructificar.

Parece arduo, desde el presente, emprender la construcción de un metro. Suena irrealizable reactivar la red de museos de la ciudad y agregar piezas a esa cadena con el fin de tener opciones de ocio que no supongan el encierro masivo de la población en un centro comercial. Difícil es imaginar un plan general de conservación patrimonial de la arquitectura de Montevideo que conjugue restauración material e inmaterial de sus valores, acompañado de proyectos lumínicos de calidad.

Todo esto suena hipotético y lejano, pero creo que en algún momento hay que ponerse manos a la obra y encararlo. Claro que se precisa dinero para hacerlo, pero sobre todo voluntad política. La certeza de que con estas acciones la ganancia es general y millonaria viene dada por el ejemplo de ciudades como Bilbao, que cambió, entre otras cosas, chimeneas por museos. Estoy seguro de que vendría mucha gente a conocer Montevideo, la ciudad que logró amigarse consigo misma y hacerse cargo de sus posibilidades.

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Nueva Troya es el blog de Alfredo Ghierra sobre la ciudad de Montevideo y su patrimonio arquitectónico. Actualiza el sábado en forma quincenal.

Sobre este blog
Montevideo vive en el presente un asedio muy particular, similar a los que supo resistir durante el siglo XIX, que la enclaustraron e impidieron por décadas su normal desarrollo extramuros. Pero el de hoy tiene un signo muy diferente en cuanto a la naturaleza de sus sitiadores: mientras que en el pasado los enemigos eran “los de afuera”, en el presente parecen ser muchos de sus propios habitantes y el sitio que sufre, lejos de ocurrir al aire libre, se desarrolla subrepticia pero incansable en una mente colectiva que no logra verse en el espejo de la realidad.

Sobre el autor
Alfredo Ghierra (Montevideo, 1968) es artista visual y desarrolla desde el año 1994 permanente actividad en Uruguay y el exterior. Sus obras a lápiz y tinta son las mas reconocidas, pero trabaja también la animación, el ensamble de objetos, la pintura al óleo y la fotografía. Desde 1995 es director de arte para el medio audiovisual. Sus campañas performáticas como el personaje Ghierra Intendente han unido arte y política en un colectivo de creadores que trabajan por la ciudad.

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Con lo que costó, en dinero y tiempo, la construcción del Corredor Garzón, y lo qué resultó; con lo que va a costar el Corredor General Flores, y lo qué seguramente va a resultar del mismo, ¿todavía nos vamos a meter a construir trenes subterráneos? ¡Háganme el favor!…

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