El pasaporte es un viaje de ida

Por Carol Milkewitz ///

Lo que tienen los viajes es que te hacen notar cosas que en la rutina diaria no notás. Por ejemplo, que tenés todos los documentos vencidos.

Para pasar dos semanas con tus seres queridos, tenés que pasar dos meses rodeada de desconocidos en trámites. En especial, esa señora que no para de hablar. Empieza preguntándote si acá se saca hora para el pasaporte y cuando te querés dar cuenta, te contó toda su vida. Llega un punto en que la conocés más a ella que a las personas con las que querés viajar.

Si te vas en familia, todo es incertidumbre. Hasta último momento no sabés si se van, no se van, ni a qué lugar. Es difícil coordinar los horarios entre gente tan distinta: el hermano que tiene los parciales del liceo, el primo que está a mil con el trabajo, la señora de la fila del pasaporte.

En base a ecuaciones matemáticas, disquisiciones filosóficas y previsiones astrológicas, concluís que el día perfecto para viajar todos juntos es el 9 de marzo. Llegás a la ventanilla, el que atiende te da hora para el 9, sí, pero de abril.

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¿Por qué a mí? es el blog de Carol Milkewitz, una veinteañera en la eterna búsqueda del equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida social. Por el momento, sale más bien poco. El último lugar al que fue con música, comida y alcohol: el supermercado. Actualiza los viernes.

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Hablando en términos gangsteriles, antes se decía “darle el pasaporte a una persona”, cuando se lo daban, sí, pero para el más allá. O sea, que en ese caso, era efectivamente pasaporte sólo de ida…

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