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Por Carol Milkewitz ///

Las vacaciones no terminan cuando llegás a Montevideo, terminan en el segundo en que te subís al ómnibus interdepartamental.

Antes de salir te compraste una botellita de agua y unas galletas, sin darte cuenta de que deberías haberte comprado merienda, cena y almuerzo para mañana porque el viaje demora tres veces más de lo que te dijeron.

En los aviones te quejás porque se te tapan los oídos, pero ojalá se te taparan acá así no escucharías a la señora de atrás que habla por celular sin parar, a los que protestan con razón por viajar parados y al coro de toses por el aire acondicionado a -25°. Te levantás, hablás con el guarda y le pedís que por favor lo suba. Increíblemente lo sube, lo deja en 50°.

Tratás de meterle onda: aprovechás a leer y escuchar música. Leés la Biblia tres veces y escuchás la discografía entera de los Beatles, pero recién vas por la mitad del camino. Después de horas de no saber qué hacer, lográs por fin dormirte una siestita. En ese momento, y no antes ni después, prenden las luces del pasillo.

***

¿Por qué a mí? es el blog de Carol Milkewitz, una veinteañera en la eterna búsqueda del equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida social. Por el momento, sale más bien poco. El último lugar al que fue con música, comida y alcohol: el supermercado. Actualiza los viernes.

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