Ruta 26
¿Qué subsidiamos cuando definimos subsidiar?

Por Gonzalo Baroni ///

En los últimos días se han dado varios debates con respecto a los sueldos de los gerentes de algunas de las empresas de capitales públicos que se rigen bajo el derecho privado, principalmente por los sueldos de los cargos jerárquicos de ALUR: gerentes y encargados con sueldos de entre US$ 8.000 y US$ 15.000, o sea de unos 20 a 41 sueldos mínimos nacionales. El lujo de la miseria.

¿Por qué esa expresión? Porque ALUR, que se encarga de la producción de biocombustibles a partir de la caña de azúcar, al igual que tantos otros sectores de este país, tiene un fuerte subsidio, es decir, que recibe determinado aporte de las arcas estatales para su funcionamiento. Son actividades que de quedar sujetas a la la libre competencia y a los vaivenes del mercado no existirían.

¿Por qué las mantenemos abiertas? Un histórico debate sobre los subsidios, es a partir de la elección por parte de los gobernantes de destinar fondos a este tipo de actividades deficitarias. Siempre hay críticas muy duras que, sin embargo, nos deberían parecer naturales en vez de poner el grito en el cielo. En definitiva, es una decisión arbitraria con una fuerte composición de visión de país sumado a la presión de determinados sectores de la sociedad.

Pero la discusión que poco se ha querido dar es en cuanto al tiempo del subisidio, y en especial a la tendencia a la autosustentabilidad que deberían tener dichos emprendimientos. Debe ser una política de impacto o de impulso a su desarrollo, no de perpetuidad.

La justificación de este tipo de emprendimientos debe pasar por dos ejes: subsidio al trabajo y desarrollo territorial, que realmente deberían ir de la mano.

En el primero de ellos tenemos una dicotomía entre planes sociales versus planes de trabajo. En el caso de ALUR, se hizo una fuerte inversión para reactivar la empresa CALNU de Bella Unión, y con ello recuperar actividad laboral. Hoy el emprendimiento genera 500 empleos directos y 1200 zafrales en la ciudad de 12.200 habitantes –18.406 si contamos zonas cercanas–, a 625 km de Montevideo. Hasta 2007, el plan de emergencia social (PANES) abarcaba al 28,8 % de las familias locales, un dato escalofriante que sería interesante compararlo con un indicador similar de hoy -planes actuales-, pero lo he buscado y no lo encuentro.

Con 4,9 % de tasa de desempleo, Bella Unión se coloca por debajo del promedio nacional, dando a entender –a priori– que el subsidio a la generación de empleo está siendo beneficioso para la sociedad, además de ser más digno para las familias. La cultura de trabajo sobre el asistencialismo del estado es una de esas situaciones que se pueden definir como “ganar-ganar”.

Luego está la discusión de la calidad del empleo y el impacto en sus hogares –en Bella Unión el 59 % de ellos tiene al menos una «necesidad básica insatisfecha»–. Aquí es donde entramos al desarrollo territorial y su significado. Según el PNUD, “El enfoque territorial del desarrollo (…) otorga un papel protagónico a los actores sociales, económicos y políticos del territorio en la planificación, la construcción y la gestión de su propio futuro”. Agrega: “No se trata de evaluaciones de proyectos individuales, sino de promover proyectos enmarcados dentro de iniciativas colectivas o insertas en contextos más amplios que permitan la sustentabilidad y el desarrollo a largo plazo”.

Hoy tenemos una empresa que funciona como motor de generación de empleo, cuyos ingresos están siendo utilizados para justificar sueldos gerenciales elevados y compras a precios fuera de mercado, pero lo peor de todo, es que no está generando desarrollo que se sostenga en la región. Los subsidios siguen incidiendo fuertemente.

Bella Unión tiene que superar la zafra de malas costumbres del Gobierno. Como dijo uno de los “peludos” en una nota publicada en El País en setiembre: «Cuando trabajan en la caña tienen su cable, su televisión y su autito. Termina la zafra y empiezan a vender todo para comer«. Aclarando: los de $ 19.000 por mes, no los de $ 350.000.

Cuando el Estado define subsidiar y también, como en este caso, impulsar una región, debe pensar en un desarrollo territorial sustentable en el largo plazo. Más aún: debe establecerlo claramente dentro de los objetivos del emprendimiento. Y cada vez que la sociedad mide sus resultados tiene que ser con las cartas a la vista, y con la lógica de mercado únicamente como parámetro para comparar una vez que se supere el impulso “inicial”.

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Sobre este blog
Ruta 26 es el blog de Gonzalo Baroni en EnPerspectiva.net. Toma su nombre de una de las principales rutas que atraviesa transversalmente al Uruguay (y que llamativamente nunca ha estado en buenas condiciones). Actualiza los miércoles.

Sobre el autor
Gonzalo Baroni nació en Montevideo, en democracia. Economista por la Universidad de la República, militante universitario y sindical, integró el Consejo de Ciencias Económicas. Funcionario de Casinos del Estado, Ministerio de Economía y Finanzas, actual presidente de la Juventud del Partido Nacional y docente de Matemáticas en Secundaria. Lector compulsivo. Hincha de Nacional. Integrante de La Mesa de En Perspectiva.

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