Segunda mirada
Los justos de Palestina

Condenado a siete años de prisión (1985-1992) tras participar en violentos enfrentamientos con el ejército israelí durante su adolescencia, Aramin fue desarrollando desde su experiencia carcelaria una perspectiva diferente sobre el conflicto y convenciéndose progresivamente de la necesidad de apelar a medios no violentos para luchar por causas justas. Según él mismo cuenta: “Los guardias pensaban que nosotros éramos todos terroristas y que los odiábamos pero un guardia me preguntó: ‘¿Cómo puede alguien tranquilo como tú volverse terrorista?’. Yo respondí: ‘No. El terrorista eres tú. Yo soy luchador por la libertad’. El guardia realmente creía que nosotros, los palestinos, éramos los colonizadores, no los israelíes. Yo le dije: ‘Si tú puedes convencerme que nosotros somos los colonos, entonces yo lo diré enfrente de todos los demás prisioneros’. Eso fue el principio de un diálogo y de una amistad».

La historia de Aramin no termina allí. A principios de 2007, su hija Abir de 10 años fue asesinada a manos de un soldado israelí en la puerta de su escuela, sin ningún justificativo y en un confuso episodio que aún no ha sido esclarecido por la Justicia (más allá de que la Corte de Jerusalén aceptara en 2011 la responsabilidad del Estado de Israel y haya indemnizado a la familia Aramin). Tras esa traumática experiencia, el “justo” Bassam afirma: “El asesinato de Abir pudo haberme hecho volver al fácil camino del odio y la venganza, pero para mí no hay retorno desde el diálogo y la no violencia. Después de todo, fue un soldado israelí quien disparó a mi hija pero cien exsoldados israelíes quienes construyeron un jardín a su nombre en la escuela donde fue asesinada”. Al día de hoy, Bassam Aramin continúa siendo, según una fuente consultada de Combatants for Peace, “un miembro muy activo de la organización”.

Por último, tenemos al “justo” Ali Abu Awwad, nacido en 1972 y proveniente de una familia de refugiados originarios de Al-Qubayba, un poblado árabe desmantelado por los israelíes en 1948. Habiendo participado como adolescente en la primera intifada palestina (1987) y condenado a varios años de prisión por esa razón, Abu Awwad decidió emprender una huelga de hambre en 1993 para reclamar el derecho de visitar a su madre, también por ese entonces encarcelada. Esa huelga marcaría un antes y un después en su vida.

Así lo recuerda: “Esa fue la primera vez que logré algo de los israelíes…Pero lo que tuvo de veras impacto fue la manera en que me comporté para reclamar mis derechos: involucrarme en una actividad no-violenta como una huelga de hambre en lugar de apelar a la violencia física”.

Igual que le sucediera a Bassam Aramin, Abu Awwad sufriría luego pérdidas muy cercanas a causa de la violencia israelí: su hermano Youseff fue asesinado por un soldado israelí en 2000 en otro confuso incidente. Youseff no constituía amenaza alguna (estaba de hecho desarmado durante su asesinato) y era además empleado del Jewish National Fund dentro del Estado de Israel. La postura pacifista de Abu Awwad, no obstante, se mantuvo inquebrantable.

En 2014, se mudó a una propiedad abandonada de su familia en Beit Ummar, una localidad rodeada de asentamientos judíos cercana a Hebrón. Quiso el destino que se topara con un rabino singular, Menachem Froman, quien sostenía una visión pacifista de convivencia entre judíos y árabes, surgiendo a partir de entonces un vínculo entrañable entre ambos. Tras el fallecimiento del rabino Froman, uno de sus discípulos (Saul Judelman) y Abu Awwad fundaron Roots (Raíces), una organización que promueve la interacción y la convivencia entre vecinos árabes y judíos.

Abu Awwad, además, es el fundador de Al Tariq, un movimiento destinado a la enseñanza de principios de resistencia no violenta a adultos y niños palestinos, así como miembro del Círculo de Familias de Duelo, organización israelí-palestina de apoyo a los familiares de víctimas de ambos bandos del conflicto y cuyo lema central es que la reconciliación es un pre-requisito clave para la alcanzar la paz.

Igual que ha sucedido con los “justos de Israel”, los “justos de Palestina” han sido repetidas veces vilipendiados y acusados de traidores al interior de su pueblo. El caso del profesor Dajani es particularmente elocuente. Luego de difundirse su viaje a Auschwitz, un periodista de Al-Watan, cadena de TV palestina, lo criticó fuertemente y sugirió en cambio poner atención en “nuestros mártires y sus familias”. El sindicato de profesores de la Universidad Al Quds, en tanto, decidió expulsar a Dajani de sus filas mientras que las autoridades universitarias, lejos de expresar un apoyo contundente a su iniciativa, se desmarcaron de la misma y aceptaron gustosamente la renuncia de Dajani a su cargo en junio de 2014. A principios de 2015, además, el auto de Dajani fue incendiado y destrozado por completo frente a su vivienda.

No debería sorprendernos que los “justos” de cada pueblo no sean profetas en su tierra. Que sean en cambio observados con recelo (sino directamente con rechazo) es el resultado esperable de un círculo vicioso donde se retroalimentan una opresión insoportable por parte del Ejército de Israel en Gaza y Cisjordania (en el marco de una ocupación territorial que cumplirá 50 años en 2017) y una deleznable metodología de lucha terrorista palestina contra civiles israelíes. El día que al fin la “alta política” nos regale un acuerdo de paz sólido y duradero entre las partes, la historia deberá también hacer lugar a los “justos” que en tiempos oscuros mantuvieron y mantienen viva, tozuda y pacientemente, la indispensable llama de la empatía por el prójimo.

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Segunda mirada es el blog de Rafael Porzecanski en EnPerspectiva.net. Actualiza el sábado en forma quincenal.

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