Un mes sin Galemire

Un mes sin Galemire

Por Eduardo Rivero ///

Hoy, 6 de julio, se cumple un mes de la muerte de uno de nuestros mayores artistas, venerado por los músicos y casi desconocido por esa entidad bastante indescriptible e inabarcable que es “el gran público”. Mientras el viento del tiempo empieza a erosionar su nombre –como pasa con casi todos quienes se van– yo me resisto a dejarlo morir del todo y encaro el teclado con el dolor de la pérdida –vivo, lacerante– y a la vez la imperiosa necesidad de que se conozca su obra y que su nombre no quede en un patético e inmerecido olvido.

No quiero –y no podría– escribir sobre Jorge Galemire en forma meramente profesional y periodísticamente objetiva. Son 48 años de íntima amistad –desde dentro de la música y por fuera de ella, abrazando la esfera personal– los que inciden. Lo conocí en un recreo del liceo Dámaso Antonio Larrañaga en 1967 y, casi medio siglo después, estuve viendo junto a él la película Mississippi en llamas en el living de su casa, dos días antes de su muerte.

Todo ese tiempo, toda esa vida, condiciona ciertamente mi juicio, pero aún así en una breve e imposible reseña de su inmenso aporte diré simplemente que fue un guitarrista maravilloso, un melodista inspiradísimo y siempre sorprendente, de increíble versatilidad, un cantante cálido y personal y un arreglador de instrumentación electrónica absolutamente único.

Diré, también, que intervino en proyectos como Canciones para no dormir la siesta, Los que iban cantando, Jaime Roos y Repique, Buzos Azules de Fernando Cabrera; que fue arreglador de discos históricos como Hoy canto de Dino y muy especialmente Sansueña, del gran Eduardo Darnauchans, donde fue a la vez un asombroso multiinstrumentista.

Diré que gente como Jaime Roos, Eduardo Darnauchans o Mauricio Ubal escribieron letras para sus melodías, y que artistas como Jaime, Ruben Rada, Laura Canoura o Fernando Cabrera –entre muchísimos otros– hicieron versiones de sus canciones.

Por último diré que tiene una discografía solista no demasiado amplia pero absolutamente magistral que incluye obras maestras como Presentación, Segundos afuera, Ferrocarriles y su último disco editado recientemente, Trigo y Plata, que sin la menor duda serán referencia eterna para quienes intenten investigar de qué vino alguna vez la música popular uruguaya. Discos donde asoman canciones maravillosas como Tus abrazos, Lana Turner, Palabras cruzadas, Claros o Puedes oirme. Fue un tipo cálido, inteligente, con un indestructible sentido del humor, pero también en ocasiones autodestructivo y difícil.

Me duele esta pérdida, pero la más dramática y lacerante de todas las pérdidas ante la muerte del Gale no es la mía –que cargaré del mejor modo posible, si es que tal modo existe– sino la pérdida que sufre la música de este país pequeño pero pleno de grandes talentos. Un Uruguay donde los músicos no la tienen fácil, donde el éxito ajeno no es perdonado y donde lo propio siempre es de segunda respecto a lo que llega de afuera.

Galemire no va a descansar en paz porque estará demasiado ocupado desde sus discos, que son aulas donde aprender muchísimo, en darnos mucha música siempre.

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Foto: Jorge Galemire (1951-2015), guitarrista, arreglista, compositor y cantante uruguayo (Archivo). Crédito: Javier Calvelo/adhoc Fotos

Publicado originalmente en la sección
La audiencia opina… de EnPerspectiva.net

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