Una noche en New York City

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Por Eduardo Rivero ///

Supongamos que estuviste todo el día caminando por Nueva York y que estás molido pero feliz. Supongamos que anduviste paseando por las galerías de arte y comercios elegantes en el SoHo y el Village, que te maravillaste con las obras de arte clásico en el Met y las nuevas tendencias, siempre sorprendentes, en el MoMA; supongamos que abordaste el Ferry gratuito e hiciste el trayecto ida y vuelta entre Manhattan y Staten Island; supongamos que subiste a lo más alto del Empire State o el Top of the Rock para ver el panorama urbano más increíble del planeta; supongamos que tenés un par de horas previas al musical de Broadway con el que venías soñando desde hace meses y cuyas entradas compraste online en Montevideo…

Una buena opción, tras tantas maravillas y en la víspera de nuevas maravillas, sería ir a escuchar buen jazz en uno de los lugares clásicos de la ciudad como el bar del señorial Hotel Carlyle, en la calle 76 Este, donde ha tocado el clarinete Woody Allen con su banda, el legendario club Blue Note en la calle 3a Oeste o el restaurante y piano bar Don’t Tell Mama en la 46 Oeste.

En cualquiera de esos sitios podría darse, si todo va bien, que puedas encontrar un pequeño y delicioso grupo de jazz suave cuya música late desde el alma de la ciudad, encabezado, por ejemplo, por una pianista y cantante rubia muy bella y muy talentosa, nacida en Canadá, de nombre Diana Krall.

Turn Up the Quiet, último disco de Krall es precisamente eso de lo que hablábamos: la música de un pequeño club de Nueva York, exquisita, tranquila y seductora, basada en hermosos standards de jazz primorosamente tocados por un pequeño grupo de piano, guitarra, batería, contrabajo y ocasionalmente, violín.

Se me dirá, con todo acierto, que el jazz no es únicamente neoyorquino; que de hecho nació en Nueva Orleans para ganar estatura luego en Chicago y finalmente afincarse en la Gran Manzana. Realmente ese fue el itinerario del jazz, pero un disco como este me lleva directamente a la atmósfera de Nueva York y sus pequeños clubes.

Supongamos ahora que estamos sentados en uno de esos clubes de jazz, que nos sirven un Martini -no el vermouth sino el clásico cocktail americano, mezcla de vermouth y gin decorado con una aceituna pinchada en un escarbadientes- y que en el escenario Diana Krall, con su voz susurrante arranca con Like Someone in Love, que es el tema que abre este disco recién editado. ¿Podría alguien pedir algo más a la vida? No lo creo.

Especialmente si luego sigue con joyas como la ultramelódica y hermosísima Isn’t it Romantic? De Rodgers y Hart, la clásica Night and Day de Cole Porter, la histórica Blue Skies de Irving Berlin, la tenue Dream de Johnny Mercer o el antiquísimo y precioso tema I’ll See Your in my Dreams

Este nuevo disco de Diana Krall, para deleite de sus fanáticos, la devuelve al mundo de los standards de jazz, que es el que la hizo conocida internacionalmente, y aquel en el que sin dudas se mueve como pez en el agua con su piano virtuoso y su voz sensual.

Tal vez al influjo de su esposo Elvis Costello, recientemente había grabado algunos álbumes donde el centro estético no estaba ubicado en los grandes temas de siempre, sino en autorías propias o covers del pop y el rock de los 60 y los 70.

Con Turn Up the Quiet, Diana vuelve a ser la de siempre y -como siempre- se rodea de un pequeño grupo de enormes músicos como Russell Malone, Marc Ribot y el especialmente notable Anthony Wilson en guitarras, Christian McBride y Tony Garnier en contrabajo y el eterno acompañante de Krall y excepcional baterista Jeff Hamilton.

Para Diana Krall este último disco suma a la felicidad de editar un nuevo trabajo, la nota dramática de la súbita muerte del productor Tommy LiPuma, junto a quien trabajó durante un cuarto de siglo, y junto a quien no trabajaba desde el álbum de 2009, Quiet Nights. LiPuma acababa de cumplir 80 años y en su larga carrera no solo fue esencial en el éxito de Diana Krall sino que también, por ejemplo, produjo el célebre disco de Natalie Cole Unforgettable… with love, un homenaje a la música de su padre, el gran Nat King Cole. LiPuma prácticamente descubrió a Krall ya que trabajo junto a ella desde el segundo álbum de la artista, Only Trust Your Heart de 1995.

Volviendo a la Krall, en su ya abundante discografía se destacan All for You: A dedication to the Nat King Cole Trio (1996), When I Look in your Eyes (1999), el impresionante Live in Paris (2002) y Quiet Nights (2009). Como si no bastara con su material solista, también interactuó con leyendas como Ray Charles, cantando un dúo en el disco Genius Loves Company de 2004, produjo el album de Barbra Streisand Love is the Answer de 2009 y también fue productora, pianista y arregladora en el Kisses on the Bottom, el delicioso tributo de Paul McCartney al jazz tradicional, editado en 2012.

Todo en el nuevo disco de Diana Krall es una auténtica exquisitez: la voz sensual, más madura y sabia que nunca a los 52 años de Diana, su piano virtuoso pero para nada circense, mesurado y de controlado fraseo pero pleno de swing, la elección de un repertorio que no tiene desperdicio y la labor de sus tremendos músicos acompañantes.

Supongamos, por último, que nunca caminaron por Nueva York. Supongamos que tampoco tienen en los planes, al menos en lo inmediato, ir hasta allí. Pero supongamos, también, que no se resignan a no saber cómo es estar allí, una noche, escuchando jazz del mejor en un de esos clubes legendarios. Este disco es la fotografía exacta de lo que se siente estando allí, escuchando un género eterno e inoxidable como el jazz, en la voz y en el piano de un auténtico talento del género.

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Urquiza esq. Abbey Road es el blog musical de Eduardo Rivero en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Imposible resistirse a escuchar el disco… la descripción no puede ser más tentadora. Coincido en la valoración de la Krall: una grande

    Gracias!

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