Gonzalo Gravina rinde homenaje a sus héroes

Gonzalo Gravina. Crédito: Perro Andaluz Ediciones.
Gonzalo Gravina. Crédito: Perro Andaluz Ediciones.

Por Eduardo Rivero ///

Gonzalo Gravina es pianista, acordeonista, compositor y docente, pero su perfil más conocido es como eterno tecladista de una banda de larga data: Los Terapeutas, el grupo de Alberto “Mandrake” Wolf. Como integrante de la banda participó de su larga serie de excelentes discos como Nada de cosas raras (1997), Amor en lo alto (2002), Hay cosas que no importan (2005), De (2009) o Monstruo (2013).

En obra, sus teclados secundaron siempre con buen gusto y mesura las aventuras autorales de “Mandrake” Wolf, uno de los más interesantes autores de la música popular uruguaya. Es la misma mesura y el mismo buen gusto que Gravina exhibe en su serie de discos de homenaje a figuras esenciales de nuestra música que lleva, hasta hoy, cuatro volúmenes igualmente disfrutables.

Los discos de homenaje no abundan en la música popular uruguaya, lo que ya de por sí aumenta el atractivo de esta colección.

De algún modo los discos de homenaje en piano solista de Gravina se emparentan con aquello que ha realizado el talentoso guitarrista Gustavo Ripa con su serie de álbumes titulados Calma (2009), Más calma (2013) y Calma 3 (2014), que son prácticamente de guitarra solista y que homenajean a las grandes canciones uruguayas, aunque no en la forma integral utilizada por Gravina en sus discos temáticos dedicados cada uno a un artista determinado. En ambas series de discos encontramos el mismo buen gusto y la misma mesura para abordar respetuosas versiones de grandes canciones uruguayas, “cantando” esas melodías sin exhibiciones de virtuosismo circense e intentando-y logrando-llegar al corazón de la canción por el camino más recto.

Antes -y paralelamente- a llegar a su serie de cuatro discos homenaje, Gonzalo Gravina ha compartido escenarios con un número impresionante de grandes músicos entre los que cabe señalarse a Eduardo Mateo, José Carbajal “El Sabalero”, Pepe Guerra, Jaime Roos, Martha Gularte, Lágrima Ríos, Gustavo Nocetti y Jorge Nasser entre otros. También ha participado de grabaciones de Rubén Olivera, Jorge Schellemberg, Fernando Cabrera, Gabriela Posada, Gabriela Gomez, Ana Solari, Begoña Benedetti, Mariana Ingold, Hugo y Osvaldo Fattoruso, Pitufo Lombardo, Buitres, La Vela Puerca, Once Tiros, La Tabaré y Plátano Macho.

Como si todo ello no bastara, ha sido músico en teatros, espectáculos de danza, conjuntos de carnaval, presentaciones literarias, muestras de artistas plásticos y materiales publicitarios.

Desde hace muchos años es docente en el TUMP (Taller Uruguayo de Música Popular) y en Audem (Asociación Uruguaya de Músicos). También integra el dúo got@n.uy con el guitarrista Pablo Cámpora.

Esta formación le ha dado, año a año, la posibilidad de viajar por el mundo, habiendo reralizado presentaciones en un amplio espectro de países que van desde Argentina a Alemania pasando por Brasil, Chile, Italia, España y Holanda.

En 2001, y a instancias del productor independiente Angel Atienza y su quijotesco e interesantísimo sello editor Perro Andaluz, Gravina plasma la idea de comenzar a grabar discos de homenaje a algunos de sus principales héroes de la música uruguaya, iniciando esa serie nada menos que abordando la obra del inmenso Eduardo Mateo.

Ya en ese disco inicial, titulado Mateo para piano, Gravina apunta a la espontaneidad y casi podría decirse la inmediatez, registrando el album completo en un sólo día, en este caso en el piano de la sala de espectáculos del centro cultural La Spezia. En este primer disco de la serie de -hasta ahora- cuatro álbumes, apunta a un repertorio que no pone el ojo en el mercado, esquivando los temas más obvios y exitosos y apuntando a aquellos que realmente tiene ganas de arreglar y tocar.

Mateo para piano, si bien no es un disco en modo alguno complejo, resulta un material que pide silencio y concentración para ser apreciado en todos sus matíces, característica que se repetiría a lo largo de los siguientes tres discos. Las versiones van desde temas de los álbumes clásicos de Mateo como Cuerpo y alma y María (del disco Cuerpo y alma) o Canción para renacer y Canto a los soles (de Mateo y Trasante), hasta temas que son auténticas rarezas como Siestas de mar de fondo, Upate, Juntos podemos llegar o La máquina del tiempo.

Las interpretaciones transparentes y que navegan dentro de un clima de relax manifiesto abrieron a Gravina un gran crédito entre quienes disfrutaron de ese album. Gravina exhibe todo su “pianismo”, pero sin que las canciones dejen de ser Mateo en estado de pureza, con su inventiva melódica y su riqueza armónica. El disco incluye Impromtu para M, una suerte de improvisación propia basada en fragmentos de Mateo, práctica que seguirían en los otros discos “homenaje”.

El segundo álbum de la serie se titula Zitarrosa para piano, editado en 2009, también grabado en una única sesión llevada a cabo en el estudio Sondor. El pulso elegante y reflexivo de Gravina vuelve a estar presente aún cuando la música del gran Alfredo Zitarrosa es notoriamente diferente a la de Eduardo Mateo. En tal caso, Gravina muestra su versatilidad y su cabal comprensión de esa “música detrás de la música” que no se escribe en un pentagrama y que refiere a lo que el autor quiso expresar más allá de la mecánica de los dedos operando en el teclado.

En este caso también hay algunas célebres canciones como Nene patudo, A José Artigas o la sublime El loco Antonio, combinándose con opciones menos obvias como Yo sé quien soy, No se puede, La Coyunda, Gato del Perro o Para Manolo. El melodismo inconfundible de Zitarrosa, que en modo tan magnífico complementara su rotunda carga poética en las letras, aparece clara y disfrutablemente en el teclado de Gravina.

El tercer disco es el más inesperado de todos, ya que está dedicado a la obra del odontólogo y músico “Pollo” Píriz y su pareja Berta Pereira, músicos alternativos de interesante aporte pero una repercusión notoriamente menor a la de, por ejemplo, Mateo o Zitarrosa. Significó una gran apuesta por parte de Gravina y una demostración palpable de su anhelo de tocar únicamente la música que tiene ganas de tocar. Pollo al piano, editado en 2014, también fue grabado un un solo día en el estudio La Duna de El Pinar, Canelones.

Aquí encontramos músicas de real valía como Falsa crucera, Cielo, Manubrio, Dalí y Los Picapiedra o Como un disco acabado. Los aires de vidalita, cifra, estilo, milonga, pericón y de todo un poco más característicos de la música de “Pollo” y Berta tienen aquí una lectura más que personal.

El disco de piano solo más reciente, editado en este 2016, es Jaime Roos para piano, donde nuevamente encontramos un tracklist que elude en gran medida “los grandes éxitos” para concentrarse en temas menos conocidos. El caso es que tratándose de Jaime, el más grande autor uruguayo de éxitos populares de las últimas décadas, es muy difícil que los temas no sean vastamente conocidos, pero de todas formas aparecen joyas “no tan célebres” como Duérmase la mamá (del álbum Para espantar el sueño), Quince abriles (de Siempre son las 4), El beso (de La Margarita), Nunca fuiste al cine (de Mediocampo), Candombe del 31 (del álbum homónimo), Inexplicable (de Estamos rodeados) o Por amor al arte (de Fuera de ambiente). En el marco de ese repertorio es particularmente remarcable la versión de Nunca fuiste al cine, que Gonzalo interpreta en un piano eléctrico Fender Rhodes, con su peculiar y poética sonoridad.

En este caso se apostó a una grabación de más largo aliento, que se realizó entre julio y diciembre de 2015 en los estudios Sondor.

No cabe dudas de que seguirán nuevos discos de Gonzalo Gravina en homenaje a sus héroes, que por cierto, no se agotan en esta lista de cuatro. Es lo bueno del medio musical uruguayo, pequeño en dimensión pero riquísimo en grandes talentos. Entre los cuales está el propio Gonzalo.

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Urquiza esq. Abbey Road es el blog musical de Eduardo Rivero en EnPerspectiva.net. Actualiza los miércoles.

Video: GonzaGravina

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