¿Qué dejó el 2018 en materia económica?

Estamos en plena temporada de balances. Aquí en el programa les proponíamos la semana pasada pasar raya a todos los cambios que hubo el año pasado en materia de la coyuntura económica internacional y regional. Con Pablo Rosselli repasamos el desplome de las bolsas, la caída del precio del petróleo, la crisis argentina y lo que significó el gobierno en Brasil para los mercados… todos elementos que de alguna forma marcaron la cancha para Uruguay en 2018.

Romina Andrioli (RA): En la mañana de hoy les proponemos hacer un balance más local, repasando los principales resultados de nuestra economía en el año que acabamos de cerrar. Para eso, estamos en línea con la economista Tamara Schandy, de Deloitte.

Tamara, te propongo comenzar por el balance en materia de crecimiento. ¿Qué lectura hacen del comportamiento del PIB en 2018?

Tamara Schandy (TS): Las cifras oficiales llegan hasta el tercer trimestre y marcan que el PIB creció 2,3% frente al promedio de enero-setiembre de 2017. Nuestra estimación es que el crecimiento promedio del conjunto del año va a estar en el orden del 2%.

Como comentamos muchas veces en el programa, a nuestro juicio fue un año bastante pobre en materia de crecimiento. Eso no significa desconocer lo positivo de haber crecido en un contexto de crisis en Argentina y con varios focos negativos en el contexto internacional… Pero si salimos del promedio anual y miramos el desempeño trimestre a trimestre, podemos decir que la economía estuvo esencialmente estancada luego del primer trimestre. En el segundo trimestre el PIB avanzó solo 0,1% con relación al primer trimestre y en el tercer trimestre tuvo una variación nula frente al segundo… Y eso se dio, de hecho, con varios sectores en recesión. La industria, la construcción, el sector de comercio, restaurantes y hoteles y el rubro de “otras actividades” en las cuentas nacionales (que nuclea a actividades de servicios de distinta índole), todos tuvieron caídas en su nivel de actividad en el segundo y tercer trimestre.

RA: – El agro fue la excepción: arrancó mal con la soja, pero luego le fue muy bien con los cultivos de invierno…

TS: – Sí, es así. Cuando uno mira el último reporte de PIB a nivel de sectores, los dos que crecen en esos últimos dos trimestres son “Transporte y Comunicaciones” y el agro. De hecho, en el tercer trimestre el agro creció 6,4% en relación al mismo trimestre de 2017. Recién mencionabas la parte agrícola, pero también tuvimos más extracción de vacunos (para exportación y por faena), más remisión de leche a plantas y más producción forestal.

En lo que hace a la agricultura, efectivamente tuvimos un muy mal inicio de año. Con la sequía, el rinde promedio de la campaña de soja fue de 1.200 kg/há. Y veníamos de rendimientos récord en la zafra previa (del orden de 3.000 kg/há en promedio), así que la caída fue abrupta, de 60%. También en el arroz hubo malos rindes… Pero luego, como tú adelantabas, los cultivos de invierno “dieron revancha”. Todavía no están todas las cifras definitivas, según lo que ha ido trascendiendo tanto la cebada como el trigo estarían alcanzando rendimientos récord para nuestro país.

RA: – Pasemos a otras dimensiones del balance. El 2018 fue particularmente malo para el mercado laboral. Recién decías que la economía estuvo estancada durante buena parte del año, pero el empleo de hecho estuvo cayendo. ¿Podemos repasar los principales números?

TS: – Sí. Los datos mensuales son muy volátiles, pero si tomamos el promedio de enero-octubre (que es hasta donde tenemos datos disponibles), la tasa de empleo bajó casi un punto porcentual frente a igual período de 2017… Son unas 14.000 personas menos que en 2017… Y si comparamos con el pico de ocupación del 2014, estamos hablando de unas 50.000 personas ocupadas menos.

El desempleo promedió hasta octubre 8,5%. Son unas 150.000 personas aproximadamente. En Deloitte también computamos un indicador más amplio de “insuficiencia de empleo”, sumando a los subempleados (que tienen algún trabajo pero trabajan menos de lo que desearían) y a los “desalentados” (que dejaron de buscar y por tanto no computan en la estadística de desempleo). Nuestras estimaciones apuntan a algo más de 300.000 personas con algún tipo de problema de insuficiencia de empleo en 2018. Es una cifra muy alta, que no se había visto en los últimos 10 años.

RA: – ¿Y qué pasó a nivel del ingreso de los hogares?

TS: – En el promedio enero-octubre cayó 1% en términos reales frente a un año atrás. Eso es consistente con que el salario real, que había operado como sostén cuando el empleo caía en años anteriores, se frenó este año… Se combinaron dos elementos. Por un lado hubo un atraso en el cierre de las negociaciones salariales, que dilató los aumentos nominales en el tiempo… y por otro lado hubo más inflación que en 2017… Con lo cual, pese a que las pautas que había puesto el gobierno para el primer año de los nuevos convenios colectivos no eran tan distintas al ritmo de incremento que venían teniendo los salarios con los convenios anteriores, el cambio de dinámica del salario real fue fuerte. El año cierra con una variación casi nula del salario real, cuando en 2017 la suba había sido de cerca de 3%. De hecho, es el primer año desde 2004 sin crecimiento significativo del salario real.

RA: – Tamara, te propongo ir por el lado del tipo de cambio ahora. Con la crisis argentina y con la Fed subiendo las tasas en Estados Unidos, fue un año movido para el dólar…

TS: – Sí. El tipo de cambio tuvo un pico de algo más de $ 33 en setiembre. Luego cayó, pero igual terminó cerrando con un aumento punta a punta de 13% si lo comparamos con el final de 2017 (cuando el dólar valía $ 28,70).

La suba se dio esencialmente con dos grandes impulsos. El primero fue entre abril y mayo. Allí el dólar subió (en números redondos) de $ 28 a $ 31. El dólar en ese momento subía con fuerza también en Argentina y acá el Banco Central lo dejó subir, sin intervención en el mercado. Luego bajó un poquito, pero tuvimos un segundo impulso en agosto y setiembre… Siguiendo con los números redondos, en poco menos de dos meses pasamos de $ 30 a $ 33, y allí sí el Banco Central intervino para contener la suba. Si sumamos las ventas en el mercado spot y lo que vendió en un canje de títulos para bancos y AFAPs, el Banco Central se desprendió de unos US$ 1.000 millones para evitar una suba más abrupta del dólar… En cambio, en estos últimos meses del año y con el dólar bajando en la región, terminó comprando nuevamente…

RA: – De todos modos, Tamara, esta suba del dólar más o menos fuerte que se vio en 2018 no modificó mucho el panorama de competitividad, ¿no? ¿Qué balance hacen en materia nuestra relación de precios con los principales socios comerciales al cierre del año?

TS: – Es verdad. La suba del tipo de cambio no fue mejora de competitividad porque al mismo tiempo tuvimos inflación relativamente alta (ahora podemos hablar un poquito más sobre esto), pero fundamentalmente también porque muchas otras monedas también se depreciaron frente al dólar. En nuestra región, en particular, tuvimos una devaluación fuerte en Argentina, como todos saben. Eso hizo que el tipo de cambio real Uruguay-Argentina se fuera como 30% abajo de su media histórica. Y eso se suma a que ya veníamos con desequilibrios fuertes con Estados Unidos, con Europa, con Brasil… Destaco que esta es la primera vez en mucho tiempo que estamos mal de competitividad con Argentina y con Brasil simultáneamente.

RA: – Tamara, recién te referías a la inflación. Empezó el año dentro del rango meta, pero de a poco fue subiendo. ¿Cómo vieron ustedes ese proceso? ¿Es transitoria esta salida del rango?

TS: – La entrada de la inflación al rango meta en 2017 había estado muy ligada al comportamiento del dólar, que había permitido que lo que llamamos componente “transable” de la canasta del IPC (aquel que más depende del tipo de cambio) tuviera niveles de inflación bajos y compensara el ritmo de aumento del componente “no transable”, que de hecho nunca bajó de 8%… Con esa situación, no había margen para que el dólar subiera y la inflación siguiera en el rango meta. A noviembre la inflación estaba en 8% anual y nuestros modelos apuntan a que seguirá fuera del rango meta también en 2019, aunque con oscilaciones. Reitero que eso está muy ligado a lo que suceda en materia cambiaria, porque la parte no transable de la canasta tiene y probablemente seguirá teniendo niveles de inflación superiores al rango objetivo.

RA: – Tamara, para ir cerrando, vayamos al plano fiscal. ¿Qué balance hacen del comportamiento del déficit en 2018?

TS: – Los números no mejoraron como preveía la última rendición de cuentas. Si excluimos el efecto de los “cincuentones”, las últimas cifras muestran un déficit de 3,8% del PIB en el año móvil a noviembre, incluso mayor al que teníamos al cierre de 2017. Falta ver el dato de diciembre, pero quedamos lejos del déficit de 3,3% del PIB que preveía la programación oficial. Hemos comentado otras veces en este espacio que los ingresos fueron por debajo de lo previsto (en buena medida porque las premisas macroeconómicas que se usaron en su momento terminaron siendo “optimistas”) y que a eso se sumó además que algunos gastos terminaron siendo superiores a lo previsto. También hubo un desvío a nivel de las empresas públicas…

En definitiva, seguimos con un déficit fiscal elevado y con déficit también a nivel primario (esto es, antes del pago de intereses). Esto es algo que tiene que cambiar para darle sostenibilidad a la deuda pública y poder conservar el grado inversor, pero que no se logró este año. Es de los grandes temas que quedan en el debe en el balance de 2018.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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