Brasil necesita reformas para crecer y Bolsonaro va por la seguridad social

Brasil necesita reformas para crecer y Bolsonaro va por la seguridad social

El sistema brasileño es excesivamente generoso, tanto que la propuesta de reforma, que ya se anticipa que generará resistencias en la población, es más generosa que el actual sistema uruguayo

EMILIANO COTELO (EC): Es martes de carnaval y nuestro análisis económico de hoy se va a detener en Brasil porque el gobierno de Jair Bolsonaro envió recientemente al Congreso un ambicioso proyecto de reforma de la seguridad social.

También se conoció la semana pasada que el Producto Bruto Interno de Brasil creció apenas 1,1% en 2018.

Con estos datos sobre la mesa nos pareció oportuno entonces poner la mirada en el país vecino… Para eso, estamos en comunicación con el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte.

ROMINA ANDRIOLI (RA): Antes de entrar de lleno en la reforma de la seguridad social, Pablo, ¿cómo se está comportando la economía brasileña? Recién comentaba que el Producto Interno Bruto creció apenas 1,1% en 2018… ¿Cómo vieron ese dato?

PABLO ROSSELLI (PR): Las cifras estuvieron en línea con lo esperado. El jueves se supo que en el cuarto trimestre del año el PIB subió apenas 0,1% en relación al tercer trimestre… prácticamente no hubo crecimiento en el trimestre.

En el promedio del año, como decías, el PIB acumuló una suba de 1,1%. Se trata de una suba modesta, igual a la observada en 2017.

Además de que se trata de expansiones modestas, tenemos que recordar que Brasil había sufrido una recesión muy importante, con una caída del PIB de 3,5% anual en 2015 y 2016. Por lo tanto, a fines de 2018, el nivel de actividad en Brasil todavía resulta 4,5% más bajo que el observado a fines de 2014.

RA: ¿Por qué ha sido tan lenta la recuperación en Brasil?

PR: Hay muchos factores, pero la incertidumbre política que ha prevalecido en los últimos años ha sido un factor determinante.

De todos modos, el desempeño más reciente de las variables económicas muestra un panorama más auspicioso. Las acciones en la bolsa de San Pablo acumulan una suba de casi 20% desde la elección de Bolsonaro, y en el promedio de 2018 las exportaciones y la inversión crecieron 4%. La Inversión Extranjera Directa ha repuntado y se ubica en prácticamente 4% del PIB. Las proyecciones para 2019 apuntan a un crecimiento entre 2% y 2,5%, que todavía seguiría siendo insatisfactorio pero que resultaría mayor al de los últimos dos años.

Esa recomposición de expectativas está explicada, como hemos comentado otras veces, en la confianza de que el gobierno de Bolsonaro implementará reformas necesarias para apuntalar el crecimiento de la economía y para recomponer la situación fiscal… Justamente, la reforma de la seguridad social era muy esperada por el mercado y por los analistas.

RA: Vayamos a ese tema. ¿Cuáles son los aspectos clave de la reforma de la seguridad social que propone el gobierno brasileño?

PR: La reforma planteada va en la dirección clásica de las reformas de los regímenes de reparto. Se procura extender la edad de jubilación, se incrementan las contribuciones de los trabajadores y se limitan las prestaciones. De ese modo, se reparte el esfuerzo entre las generaciones más jóvenes y las generaciones más próximas a jubilarse.

Como siempre sucede, se establece un régimen de transición, para prever un cambio gradual desde la situación actual hasta la situación proyectada a futuro.

RA: ¿Podemos ver los grandes parámetros del sistema y cómo cambian?

PR: Brasil tiene un régimen de seguridad social que es extremadamente generoso para quienes acceden al mismo, que son los trabajadores formales. Hay un 37% de trabajadores en la informalidad (unos 35 millones de personas) que mayoritariamente no acceden a una jubilación, lo que torna el sistema actual -excesivamente generoso- particularmente injusto.

Actualmente, la mayoría de las personas se jubilan en Brasil sin tener que cumplir con una edad mínima y con la única exigencia de haber trabajado 30 años en el caso de las mujeres y 35 años en el caso de los hombres. En ese esquema, no hay mínimo de edad y entonces es muy frecuente que las mujeres se jubilen con unos 50 y pocos años y los hombres con 55 años… o alguno más.

También es posible jubilarse con 60 años cumplidos siempre que se haya trabajado 15 años. En esta alternativa hay un mínimo de edad, pero las personas se pueden jubilar habiendo trabajado muy poco.

Con la reforma que plantea el Gobierno se establece una edad mínima de retiro de 65 años para los hombres y de 62 años para las mujeres. Se trata de un cambio sustancial. Hay un período de transición por lo que inmediatamente después de la reforma la edad mínima de retiro será de 60 para los hombres y de 56 para las mujeres, y esa edad mínima subirá gradualmente en un período de 12 años. Además de cumplir con la edad mínima, será necesario haber aportado por lo menos durante 20 años (en lugar de los 15 años que hay actualmente).

Entonces, la reforma plantea un cambio muy importante en este tema en línea con las tendencias demográficas actuales que pautan que aumenta la esperanza de vida.

RA: ¿Qué otros elementos son importantes, Pablo?

PR: Se incrementan las contribuciones a la seguridad social y se hacen más progresivas, con alícuotas que para los ingresos más bajos son de 7,5% y que van subiendo a medida que aumenta el salario del trabajador y que pueden superar el 16% para los sueldos muy altos.

Y, por otra parte, se reducen algunos beneficios que tiene el sistema actual. Se eliminaría el aguinaldo en la jubilación y se limitan prestaciones por invalidez y pensiones.

RA: ¿Cuánto se piensa ahorrar con esta reforma?

PR: Como toda reforma que tiene un período de transición largo, los ahorros se observarán en forma gradual. En el corto plazo, el ahorro será muy pequeño: 2% del PIB en los próximos 4 años. Pero en los próximos 10 años los ahorros serían de 15% del PIB.

Si la reforma se votara tal como entró al Congreso, el déficit primario de Brasil (actualmente en 1,6% del PIB) tendería a desaparecer en el promedio de los próximos 10 años… Con esta reforma no alcanza para solucionar el problema fiscal porque Brasil debería tener un superávit primario de 1% o 2% del PIB… pero sería un paso importante.

RA: Decías “si la reforma se aprueba tal como entró al Congreso”. ¿Cómo son las perspectivas en el Congreso? Se trata de un cambio fuerte que seguramente despertará resistencias. ¿Es así?

PR: Las reformas de seguridad social siempre despiertan resistencias porque afectan derechos que la gente da por garantizados. Es muy difícil comprender el equilibrio que requieren mantener estos sistemas y las personas se sienten siempre perjudicadas si tienen que aportar más, o postergar su jubilación o recibir una jubilación menor porque se pierde de vista que estos son sistemas de reparto. Siempre paga algún trabajador y si queda un déficit, lo pagan los contribuyentes con más impuestos.

Justamente, algunos piensan que la forma justa de resolver estos problemas es aumentando impuestos eventualmente a los que tienen mayores ingresos, pero la dinámica de estos sistemas cuando aumenta la esperanza de vida hace imposible no corregir los parámetros. No hay capacidad tributaria suficiente para resolver el problema.

En cualquier caso, la reforma que se plantea en Brasil deja un régimen bastante más generoso que el que tenemos en Uruguay.

RA: Interesante eso, Pablo. ¿Cómo compara con el caso uruguayo?

PR: En Uruguay la edad mínima de jubilación (dejando de lado invalidez) es de 60 años para hombre y mujer. En Brasil arranca ahora en 60 para hombre y 56 mujer. Y es necesario trabajar al menos 30 años (en Brasil el mínimo de trabajo exigido será de 20 años).

Y en Uruguay quien se jubila con 60 años y 30 de trabajo percibe un 50% de su sueldo básico jubilatorio. En Brasil las personas se podrán jubilar al comienzo con 60 o 56 años (hombre o mujer), con solo 20 años de aporte y con un 60% de su sueldo básico jubilatorio. Y si se posterga la edad de retiro la jubilación mejora mucho más en Brasil que en Uruguay.

En definitiva, el cambio propuesto es importante, aunque Brasil seguiría teniendo un sistema bastante generoso. De todos modos, habrá resistencia.

En principio el gobierno contaría con respaldo suficiente en las dos cámaras pero seguramente habrá modificaciones que probablemente limitarán el ajuste planteado. Tendremos que estar atentos al trámite parlamentario.

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Foto: Jair Bolsonaro. Crédito: Norberto Duarte / AFP

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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