La evolución reciente y las perspectivas de la industria manufacturera

El Instituto Nacional de Estadística informó sobre el cierre de la semana pasada que la actividad industrial volvió a caer en agosto si se excluye a la refinería de ANCAP. Concretamente, la producción de la industria sin refinería se contrajo 5,4% frente a agosto de 2017 y, de esa manera, en los primeros ocho meses del año acumula una caída interanual de 3%.

Wilmar Amaral (WA) – Florencia, ¿Qué lectura hacen de las cifras que publicó ayer el INE? Si se extrae el impacto de la refinería seguimos viendo un desempeño pobre del sector industrial, ¿verdad?

Florencia Carriquiry (FC) – Sí. Claramente las cifras de la industria manufacturera en términos globales marcan un crecimiento fuerte este año, pero eso es exclusivamente por el efecto de la refinería, que como comentamos varias veces, estuvo cerrada buena parte del año pasado. Yendo a las cifras, la producción total subió 15,5% respecto a agosto de 2017, pero sin el efecto de la refinería de ANCAP, la producción industrial cayó 5,4% como adelantabas recién y acumula una baja de 3% en el promedio de enero-agosto.

Como hemos comentado otras veces en el programa, nosotros en Deloitte también solemos mirar las cifras excluyendo además a las ramas de producción de celulosa y de fabricación de alimentos diversos, porque se mueven en función de lo que sucede con unas pocas empresas grandes (como son UPM y Montes del Plata en la celulosa y la planta de producción de concentrados de PepsiCo en Colonia en la rama de alimentos diversos) y a veces distorsionan la lectura de las cifras.

Excluyendo a esas ramas (y a la refinería, por supuesto), lo que nosotros llamamos “núcleo” de producción industrial se contrajo más de 5% en la comparación interanual, completando cuatro meses consecutivos de caída. Con estas cifras, nuestra medición en ciclo-tendencia (que busca quitar efectos estacionales y variaciones sin mucha significación económica) está aproximadamente 3% abajo del cierre de 2017 y en niveles similares a los de mediados de 2016, que son además tan bajos como los que teníamos a finales de 2010… En otras palabras, el núcleo industrial no acumuló crecimiento alguno en los últimos ocho años.

WC – ¿Qué está por detrás de ese mal desempeño de los últimos meses? ¿Qué muestran las cifras por rama?

FC – Hay disparidad, pero son muchas las ramas que están cayendo en la comparación interanual. De hecho, en Deloitte nosotros también elaboramos un indicador de difusión de crecimiento industrial, que mide el porcentaje de ramas dentro de la industria que crecen al comparar con los niveles de un año atrás. Ese indicador viene bajando claramente desde inicios de año y en agosto se ubicó por debajo del 40%, reflejando que bastante más de la mitad de las ramas está cayendo en este último año.

Mirando a las ramas de mayor peso relativo, estamos viendo descensos importantes en algunas ramas de la industria metalúrgica, en las imprentas y editoriales, en la producción de bebidas sin alcohol, en las pinturas y en los molinos arroceros, por mencionar los casos más destacables…

De hecho, si miramos el listado completo de las 60 ramas que publica el INE, unas 20 están teniendo caídas realmente fuertes en lo que va del año… y por fuerte me refiero a descensos de más de 10% frente a los niveles de enero-agosto de 2017.

WA – Está claro. ¿Y qué marcan los datos a nivel del empleo en el sector? ¿Se mantiene la pérdida de puestos de trabajo en la industria?

FC – Sí. El Índice de Personal Ocupado cayó más de 4% en el promedio de enero-agosto respecto al mismo lapso de 2017 y si miramos las horas trabajadas la caída es incluso un poco mayor en esa comparación. Como comentamos otras veces, la industria está bajando puestos de trabajo en forma casi sistemática desde 2011… desde aquellos niveles hay una caída acumulada de 20% en términos de personal ocupado y de casi 30% en términos de horas trabajadas. Hoy el sector está operando con los niveles más bajos de empleo desde comienzos de 2004…

Seguramente las tendencias estructurales y globales de incorporación de tecnología ahorradora de mano de obra están incidiendo en la evolución del empleo industrial, pero a eso se suma también las dificultades de competitividad con las que viene conviviendo el sector en nuestro país desde hace varios años.

WA – Para terminar, entonces, ¿cómo están viendo las perspectivas para los próximos meses?

FC – Nosotros pensamos que este año va a cerrar con una caída de la actividad industrial, si excluimos por supuesto el efecto de la refinería que va a suponer un rebote para el PBI manufacturero a nivel agregado.

Como decía antes, a nivel del “núcleo” manufacturero se advierte una tendencia bajista que incluso está haciéndose más intensa en los últimos meses y la verdad es que no vemos condiciones para que esto cambie. De hecho, el deterioro que ha mostrado el panorama regional en los últimos meses, la pérdida de competitividad que estamos sufriendo con ambos países vecinos y el enfriamiento de la demanda interna a nivel local nos hace pensar en un desempeño aún peor para lo que resta del año… Es claro que seguiremos viendo situaciones mixtas al interior del sector… quizás algunas ramas de mayor inserción exportadora (extra regional) puedan empezar a beneficiarse de la suba del dólar, pero no podemos perder de vista que el dólar está subiendo en buena parte del mundo y nuestra competitividad, incluso con mercados extraregionales, está mejorando de forma lenta… Contemplando todo eso, en términos generales, aguardamos un bienio difícil para el sector industrial.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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