El polémico informe de Oxfam sobre riqueza y desigualdad en el mundo

La semana pasada, en el Foro Económico Mundial reunido en Davos, la ONG Oxfam International dio a conocer el informe titulado Una economía para el 1 % en el que presenta indicadores relativos a la distribución de la riqueza en el mundo. Según Oxfam, las 62 personas más ricas del planeta acumulan un patrimonio igual al que tiene la mitad más pobre del mundo.

El informe generó distintas repercusiones en los medios de comunicación que se ocupan de temas económicos y también en las redes sociales. Análisis del economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte.

EN PERSPECTIVA
Martes 26.01.2016, hora 8.13

EMILIANO COTELO (EC) —La semana pasada, en el Foro Económico Mundial reunido en Davos, la ONG Oxfam International dio a conocer su informe, llamado Una economía para el 1 %. En ese documento presenta algunos indicadores relativos a la distribución de la riqueza en el mundo.

En concreto, según Oxfam, las 62 personas más ricas del planeta acumulan un patrimonio igual al que tiene la mitad más pobre del mundo. Escucharon bien: esas 62 personas tienen un patrimonio acumulado de US$ 1,76 [trillones] (US$ 1,76 millones de millones), que es una cifra igual al patrimonio que tienen todos juntos los 3.600 millones de personas más pobres del mundo.

Más aún: para Oxfam hay una tendencia creciente a la concentración de la riqueza. Sostiene que en 2010 hacía falta sumar el patrimonio de las 388 personas más ricas para acumular tanta riqueza como la que tenía entonces la mitad más pobre del mundo.

Son números impactantes, que tuvieron distintas repercusiones en los medios de comunicación que se ocupan de temas económicos y, ni que habar, en las redes sociales.

Teniendo en cuenta que aquí mismo, en En Perspectiva, fue analizado [en La Mesa de En Perspectiva], nos pareció que valía la pena incorporar otra lectura.

Estamos con el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte, nuestro referente en estos asuntos.

¿Cómo vieron esos números?

PABLO ROSSELLI (PR) —Es un dato impactante. Si pensamos en el valor del patrimonio de las personas más ricas del mundo, son cifras sencillamente inimaginables. Esos datos de los más ricos del mundo surgen de la publicación que anualmente hace la revista Forbes con la fortuna de las personas más ricas del mundo. En el otro extremo, la mitad más pobre de la población no tiene prácticamente nada.

Otra cifra que destacó el informe de Oxfam es que el 1 % más rico tiene la mitad de la riqueza del mundo. Hay bastante discusión sobre la precisión y la calidad de los cálculos que presenta Oxfam, pero en cualquier caso no hay duda de que la desigualdad en el mundo es muy elevada.

Si nos quedamos solo con esas cifras, es fácil terminar pensando que estamos ante un mundo cada vez peor, cada vez más desigual, y esa sería una conclusión apresurada y en buena medida errónea, a nuestro juicio. De hecho, en las redes sociales no faltaron quienes dieron un salto más, hicieron una inferencia y sostuvieron que esa concentración creciente de la riqueza era un factor clave en la explicación de la pobreza.

EC —Ordenemos el análisis para que resulte lo más claro posible.

PR —Para empezar deberíamos distinguir entre pobreza por un lado y desigualdad por otro. Cuando hablamos de pobreza desde un punto de vista económico hacemos referencia a la capacidad de gasto que tienen las personas. La medición de la pobreza parte de fijar un umbral de ingreso a partir del cual las personas son pobres si están por debajo y dejan de serlo si están por encima.

La pobreza puede subir o bajar con niveles crecientes, decrecientes o constantes de desigualdad. La desigualdad hace referencia a que hay personas que tienen muchos recursos y otras que tienen pocos recursos. A su vez, podemos considerar la desigualdad en términos de los patrimonios o de las riquezas acumuladas de cada persona o en términos de los ingresos que anualmente recibe cada persona.

Tenemos por lo tanto tres conceptos diferentes: pobreza, desigualdad de la riqueza y desigualdad del ingreso.

EC —Veamos en primer lugar qué está ocurriendo en el mundo con esas variables y qué pasa con la pobreza en particular.

PR —Sobre la pobreza no hay mucha discusión posible. Todos los indicadores disponibles confirman que en el mundo hay una tendencia decreciente de la pobreza. Lógicamente, la cantidad absoluta de pobres depende de cómo se fija el umbral de pobreza, pero la tendencia es a la baja de manera inequívoca. El propio informe de Oxfam señala que entre 1990 y 2011 unos 1.000 millones de personas abandonaron la pobreza extrema y 700 millones de esas personas viven en China y en la India.

El economista alemán Max Roser –que tiene un sitio web que se llama ourwordindata.org («nuestro mundo en datos»)– intenta aportar una visión menos pesimista que a la que a su juicio se desprende de la cobertura usual de los medios. Según Roser, la mediana del ingreso mundial se ha duplicado en la última década [en base al informe The Future of Worldwide Income Distribution]

Y según el Banco Mundial, el porcentaje de personas que viven en extrema pobreza (con menos de US$ 1,9 por persona y por día, un ingreso realmente muy pequeño) se situó en 2015 por debajo del 10 % de la población mundial. En 1990 ese porcentaje era de 37 % y en el año 1980 era de 44 %. Por eso decía que la pobreza baja de manera inequívoca en el mundo.

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Porcentaje de la población mundial viviendo en absoluta pobreza, 1820-2015. Fuente: ourworldindata.org

EC —¿Por qué baja la pobreza en el mundo?

PR —Por un lado, en las últimas décadas se ha observado un mayor foco de las políticas públicas en el combate a la pobreza, de las cooperaciones internacionales, de las agencias multilaterales de crédito y fundamentalmente de los propios gobiernos de los países. Eso ocurre mediante transferencias monetarias a los hogares más pobres, la orientación del gasto público hacia la educación, hacia la salud, hacia la construcción de las infraestructuras básicas necesarias para tener una calidad de vida adecuada.

De todos modos, el factor determinante de la reducción de la pobreza es el fuerte crecimiento económico de las economías emergentes y particularmente de las economías asiáticas. El crecimiento económico está conduciendo a una continua reducción de la pobreza en el mundo, pese a que la desigualdad ha crecido en muchos países.

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EC —Pasemos a la desigualdad. ¿Cómo se está comportando la desigualdad?

PR —Como decía al comienzo, tenemos que distinguir entre la desigualdad de los ingresos que anualmente perciben las personas, que son determinantes de su capacidad de consumo y de ahorro, y la desigualdad de la riqueza o del patrimonio que han acumulado las personas a lo largo de su vida.

La información que tenemos para ver la evolución de la desigualdad es mucho más limitada que la información referida a la pobreza, pero tenemos mucha más información relativamente confiable con relación a la distribución de los ingresos que con relación a la distribución de la riqueza.

EC —Empecemos por la distribución de los ingresos.

PR —Para ver qué está ocurriendo con la desigualdad del ingreso en el mundo hay más de una fuente, pero nos vamos a quedar en principio con las cifras que ha compilado y calculado el economista Branko Milanovic, que es una de las referencias en el mundo sobre este tema. Inevitablemente las cifras tienen algún atraso, es muy trabajoso compilarlas porque tienen en cuenta información de muchos países, incluidos países muy pobres, donde la calidad y la oportunidad de las estadísticas es bastante limitada. Pero hay un reporte de Milanovic del año 2013 [Global Income Inequality in Numbers: in History and Now] que analiza la evolución de la desigualdad global de los ingresos desde una perspectiva histórica.

EC —¿Cuáles son las principales conclusiones de ese reporte?

PR —Ante todo, si consideramos una estimación que hace Milanovic del índice de Gini del mundo, que es el indicador más adecuado para medir la desigualdad, actualmente la desigualdad de ingresos en el mundo, considerado en su conjunto y con independencia de en qué país vive cada persona, no está subiendo. Tampoco está bajando significativamente, pero esta conclusión no debería llevarnos a decir que todo ha quedado igual, porque cuando se miran en detalle las cifras se advierte que hay varias tendencias simultáneas en juego en la distribución global de los ingresos.

EC —¿Cuáles son esas distintas tendencias simultáneas?

PR —Si consideramos la evolución del PIB per cápita de los diferentes países del mundo, a lo largo del siglo XX hubo un número relativamente pequeño de países –los que hoy llamamos desarrollados– que crecieron mucho más que el resto. En el siglo XX los países desarrollados se despegaron y eso seguramente generó un aumento de la desigualdad en el mundo. Un aumento de la desigualdad que a su vez operaba como desigualdad entre países.

Sin embargo a partir del fuerte crecimiento económico en las economías asiáticas, particularmente en China, a partir de los años 90 esa desigualdad de ingresos entre países comenzó a bajar de modo notorio. Y al mismo tiempo, la desigualdad interna creció en muchos países. Creció en varios países desarrollados –EEUU es un caso clarísimo– y también en muchas economías emergentes –no en todas–, que experimentaron un fuerte crecimiento económico, una importante reducción de la pobreza, pero también un aumento de la desigualdad interna.

Pese a que en otras economías emergentes, como por ejemplo las de América del Sur, en la última década vimos un crecimiento fuerte con reducción de la pobreza y de la desigualdad, el crecimiento de la desigualdad en algunos países desarrollados y en economías emergentes de gran tamaño está determinando que la desigualdad global de los ingresos a nivel mundial, tomando en cuenta encuestas de hogares, permanezca relativamente estable. De hecho, según Milanovic, la desigualdad de ingresos no ha cambiado significativamente desde inicios de los años 90, que es cuando se puede empezar a medir razonablemente, aunque hubo ganadores y perdedores en términos relativos.

EC —¿Por qué hubo ganadores y perdedores en términos relativos? ¿Qué quiere decir eso?

PR —Si miramos el crecimiento de los ingresos de los últimos 20 años, para los cuales tenemos mejor información, Milanovic muestra por un lado que el 1 % más rico del mundo tuvo un aumento de sus ingresos de 60 % en términos reales. Ese 1 % más rico fue claro ganador en esta nueva era de la globalización que podríamos decir que empezó con la expansión de China.

En cambio las clases medias de los países desarrollados tuvieron un crecimiento prácticamente nulo de sus ingresos. Es decir que fueron relativamente perdedores. Se trataba de personas relativamente ricas en una perspectiva global, porque eran clase media, media-baja en países ricos, pero sufrieron la competencia de China y de Asia en general en los mercados internacionales y sufrieron la relocalización de puestos de trabajo que se fueron de países desarrollados a Asia, por tanto sus salarios subieron muy poco.

En contraste con ese estancamiento de los ingresos de las clases medias en los países ricos, por otro lado hubo un surgimiento de una clase media muy grande en China, en India y en otros mercados emergentes, con aumentos de los ingresos en ese segmento de la población también del orden de 60 % en términos reales, es decir, aumentos similares a los que tuvo el 1 % más rico. Por tanto esas clases medias emergentes en los países emergentes también fueron claras ganadoras en el proceso de globalización. Por eso decía que, aunque la desigualdad de ingresos a nivel global quedó relativamente estable, hay varias tendencias y cambios a tener presentes.

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Crecimiento global del ingreso entre 1988 y 2008.

EC —¿Qué se puede decir de la otra forma de medir la desigualdad, la desigualdad de la riqueza? A ese concepto es que apuntaba el informe de Oxfam, que es el punto de partida de esta charla.

PR —Con relación a la desigualdad de la riqueza tenemos menos información confiable. Está clarísimo que la desigualdad de la riqueza es sumamente grande, básicamente porque hay muchísimas personas en el mundo que en el mejor de los casos apenas cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básica, por lo tanto no tienen ninguna capacidad de ahorro. Y en el otro extremo hay personas que han acumulado mucho dinero a lo largo de su vida y que continúan ahorrando porque gastan menos de lo que ganan anualmente.

Nos referimos a la distribución de las riquezas que están en poder de las personas, dejamos de lado las riquezas que son directamente propiedad de los gobiernos y de los estados.

Pero la medida que presentó Oxfam la semana pasada es extremadamente parcial, porque se concentra en un número muy pero muy pequeño de personas que –es verdad– son muy pero muy pero muy ricas. Pero que un centenar o unos miles de personas sean cada vez más ricas no nos dice todo lo que está ocurriendo con la desigualdad de la riqueza en el mundo. ¿Qué pasa con el 10 % más rico? ¿Qué pasa con las clases medias? Para entender lo limitada que es esa forma de analizar el tema, podríamos decir que Oxfam pudo haber informado también que esas 62 personas eran propietarias del 0,7 % de la riqueza mundial. Dicho de esa manera suena mucho menos grave que de la otra forma de presentar estos datos.

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EC —Habíamos dicho que 62 personas acumulan un patrimonio de US$ 1,76 millones de millones.

PR —Pero podríamos haber dicho que esas 62 personas tienen el 0,7 % de la riqueza mundial, según los datos de Oxfam, y no parecería tan grave.

EC —En principio la reacción es distinta.

PR —La reacción es diferente. Son las mismas cifras, solo que según cómo se presenten parecen decir cosas diferentes. Lo que sucede es que esas cifras toman el patrimonio de un centenar de superricos, pero eso no es suficiente para describir adecuadamente lo que pasa con el patrimonio que tienen 7.200 millones de personas en el mundo.

Además de esa limitación de enfoque del indicador elegido por Oxfam, sus cálculos han sido muy criticados [ver la columna de Chris Giles en el Financial Times o la de Felix Salmon en Fusion] porque subestiman en mucho el valor total de la riqueza en el mundo y también el patrimonio de los más pobres. Según los cálculos de Oxfam, en promedio, la mitad más pobre del mundo tiene unos US$ 500 de patrimonio por persona. Es un valor inverosímilmente bajo, y ha habido varias críticas y explicaciones de por qué ese número da tan pequeño. De todos modos, a pesar de esta crítica a los números de Oxfam, absolutamente nada cambia el hecho de que la riqueza está muy desigualmente distribuida.

Las cifras que compiló [Thomas] Piketty en los últimos años, que publicó en su libro El capital en el siglo XXI, dan cuenta de que ha habido una tendencia creciente de la desigualdad de la riqueza en las últimas dos o tres décadas. Pero ese aumento de la desigualdad en la distribución de la riqueza se explica en buena medida por el aumento del valor de la propiedad inmobiliaria, por el aumento del valor de las casas en el mundo, y eso es algo que beneficia a muchas más personas que a unos centenares o a unos pocos miles de superricos.

EC —¿Cuál es la síntesis a partir de todos estos datos y estos distintos enfoques que fuiste pasando en estos minutos?

PR —Ante todo, no hay duda alguna de que la desigualdad en el mundo es muy elevada. Pero no estamos en un mundo cada vez peor, se observa un descenso indudable de la pobreza en el mundo, la desigualdad en la distribución del ingreso no ha empeorado, según los datos que comentamos de Milanovic, e incluso hay otras estimaciones [The Future of Worldwide Income Distribution] algo más recientes que dan cuenta de que ha empezado a bajar y proyectan que continuará bajando. Roser está entre los que sostienen eso y ha informado que estimaciones más recientes del índice de Gini a nivel global dan ya concentraciones del ingreso menores que las de hace una década.

La riqueza está muy pero muy desigualmente distribuida. Eso ha sido históricamente así. Es verdad que ha habido una tendencia en las últimas dos o tres décadas al aumento de la desigualdad de la riqueza, pero tampoco es claro que se trate de una tendencia imparable o inexorable.

Por otro lado, sería ilusorio pensar que el combate a la pobreza se puede solucionar con dosis de redistribución de la riqueza que simplemente no van a ocurrir en el mundo. Por ejemplo, si tomando las cifras de Oxfam se le sacara la mitad de la riqueza al 1 % más rico del mundo –algo que no va a ocurrir– y se repartiera entre la mitad más pobre, a cada persona le tocarían unos US$ 17.000. Es una cifra seguramente muy importante para muchísimas personas en el mundo, pero a todas luces insuficiente para pensar en una solución definitiva a la pobreza.

En suma, la historia muestra que el crecimiento económico juega un papel central en la reducción de la pobreza y en la reducción de la desigualdad de los ingresos, por tanto no hay soluciones sin crecimiento económico. Pero al mismo tiempo la historia muestra que el crecimiento económico puede venir acompañado de más desigualdad. Entonces no hay soluciones fáciles, automáticas, y las políticas públicas deben apuntar simultáneamente a promover el crecimiento económico y a buscar mayores niveles de igualdad.

Documento relacionado
Informe de la ONG Oxfam: Una economía para el 1 % (en inglés)

Mesa relacionada
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Transcripción: María Lila Ltaif

Foto en Home: Tondo, asentamiento en Manila, Filipinas, 2014, imagen de carátula del informe Una economía para el 1 % publicado por la ONG Oxfam. Crédito: Dewald Brand/MIRAN/Oxfam.

Este contenido y otros análisis de Deloitte los encontrás en www.objetiva.com.uy.

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