Economía uruguaya ingresó en recesión tras los primeros tres meses del año

Economía uruguaya ingresó en recesión tras los primeros tres meses del año

En el primer trimestre del año PIB  mostró una caída de 1,6% respecto al trimestre anterior y una caída de 1,4% en la comparación interanual.

EMILIANO COTELO (EC): En el primer trimestre de 2020, el Producto Interno Bruto presentó un descenso de 1,6% frente a los niveles de cierre de 2019 y una retracción de 1,4% en la comparación interanual, según los datos que divulgó ayer el Banco Central del Uruguay.

Recordemos que el PIB ya había tenido una contracción en el cuarto trimestre del año pasado, por lo que estas cifras confirman que la economía uruguaya ingresó en recesión, según la definición técnica habitual de dos caídas trimestrales consecutivas.

Se trata además del primer trimestre impactado, aunque de forma muy parcial, por la crisis desatada por el coronavirus, que llegó a nuestro país sobre mediados del marzo. ¿Qué marcaron los datos a nivel sectorial? ¿Cómo quedan las proyecciones para el resto del año? Lo conversamos con la economista Florencia Carriquiry, socia de Exante.

Florencia, ¿cuáles son las grandes conclusiones que hay que sacar de estos datos del primer trimestre de 2020 que recién adelantaba? ¿Hubo alguna sorpresa en las cifras dadas a conocer ayer?

FLORENCIA CARRIQUIRY (FC): La verdad que más allá de algunos matices sectoriales, las cifras estuvieron bien en línea con lo que teníamos estimado a la luz de los indicadores parciales disponibles. Como decías, la crisis que se desató tras la aparición del coronavirus en nuestro país a mediados de marzo impactó de forma todavía acotada en este trimestre.

A nivel sectorial, las caídas fueron muy generalizadas. En la comparación con lo niveles de un año atrás la única excepción fue el sector Transporte y comunicaciones, que creció 4,4% interanual, con un impulso importante de las comunicaciones en particular, al igual que hemos venido viendo en los últimos años, y en este caso, alentado además, por un aumento particularmente intenso del consumo de datos a partir de mediados de marzo.

En ese sentido, recordemos que desde hace tiempo varios analistas venimos advirtiendo que el sector Transporte y Comunicaciones está de alguna manera sobre-representado en el PIB, desde el momento en que las Cuentas Nacionales tienen una base muy vieja (el año 2005), cuando los precios de estos servicios eran muchísimo más altos. Teniendo en cuenta esto, nosotros venimos señalando desde que comenzó la crisis sanitaria, que este efecto del mayor consumo de comunicaciones asociado a las medidas de aislamiento y el teletrabajo va a estar distorsionando de alguna manera la lectura de las cifras de actividad económica este año. Por eso, hemos estado haciendo bastante énfasis en la señal de PIB sin Transporte y Comunicaciones, que seguramente va a ser una mejor señal de la evolución que está teniendo la actividad económica en términos generales. Puntualmente, en el primer trimestre, el PIB sin Transporte y Comunicaciones cayó 3% interanual, el doble de lo que lo hizo el PIB total.

EC: ¿Y cómo fue el desempeño a nivel del resto de los sectores de actividad? Recién decías que hubo caídas generalizadas en el trimestre ¿Podemos comentar esas cifras?

FC: Sí. Un elemento a destacar es que fue un trimestre de caída fuerte de la generación de energía eléctrica en base a fuentes renovables, po la sequía vista en el verano y eso se reflejó en una contracción de casi 20% interanual a nivel del sector de Electricidad Gas y Agua. Luego las actividad primarias también se vieron impactadas negativamente por la sequía, que generó una retracción fuerte de los rendimientos agrícolas en el verano y sumado a eso la ganadería también tuvo un muy mal trimestre en un contexto de caída fuerte de la faena vacuna. Esa conjunción de elementos terminó generando una contracción cercana al 8% interanual a nivel del sector agropecuario.

De la misma manera, la construcción también tuvo una caída importante, de más de 5% interanual. Este sector ya venía teniendo un mal desempeño en los últimos años y era esperable que registrara una contracción relevante en el inicio de 2020, recogiendo además los impactos de la paralización de la actividad al comienzo de la crisis sanitaria, sobre la última parte de marzo. El informe del BCU destaca que la caída de la actividad se da tanto a nivel de construcción de edificios como de otras construcciones, incluso pese al comienzo de las obras del proyecto de UPM.

Luego sectores como el agregado Comercio, Restaurantes y Hoteles y Otras actividades (que nuclea a un conjunto diverso de servicios) cayeron 3% frente a los niveles de un año atrás, estos sectores se vieron afectados por el menor gasto de los turistas en el verano y recogieron también en estos casos de forma más significativa los impactos de la crisis sanitaria desde mediados de marzo.

Y finalmente, la industria manufacturera tuvo una caída, aunque muy menor en la comparación interanual de apenas 0,1%. De hecho, junto con Transporte y Comunicaciones fueron los únicos sectores que crecieron en la comparación desestacionalizada, respecto al cuarto trimestre del año pasado. Sin embargo, ese crecimiento industrial hay que mirarlo con cuidado, porque, según destaca el mismo informe de Cuentas Nacionales estuvo explicado por las ramas de Concentrados de bebidas, celulosa y la refinería de ANCAP, que contrarrestaron el mal desempeño del resto de la industria. Recordemos que las cifras del INE marcaron que en el primer trimestre del año el núcleo industrial cayó más de 4% interanual.

EC:¿Y cómo fue el desempeño desde el lado de la demanda?

A nivel de la demanda, el consumo privado creció 1,7% frente al primer trimestre de 2019 y la inversión privada aumentó 4,3%. La aparición del coronavirus no alcanzó a revertir la expansión que venía viéndose en el inicio del año en estos componentes, en un contexto de mejora de las expectativas.  En cambio, la demanda del sector público cayó, con la inversión pública cayendo más de 18% interanual en particular.

Y finalmente las exportaciones de bienes y servicios se retrajeron 5,8% interanual, con bajas a nivel de bienes (en donde las carnes incidieron de forma significativa) pero también de los servicios (asociado a la caída del turismo).

Un elemento importante adicional es que las importaciones tuvieron un crecimiento importante, de más de 9% en el trimestre, que reflejó mayores importaciones de bienes y también de servicios. El informe destaca, por ejemplo, el dinamismo que venía mostrando el turismo emisivo en el inicio del año, hasta la aparición del coronavirus.

EC: Pasemos a las perspectivas ¿Qué tenemos que esperar para el resto del año? ¿Qué vienen mostrando los indicadores disponibles para los últimos meses en relación al impacto del coronavirus sobre la actividad económica por ejemplo?

FC: Claramente las circunstancias actuales plantean muchas incertidumbres, pero parece bastante claro que el segundo trimestre estaría marcando un piso en términos de actividad económica. Las cifras del PIB en abril-junio las vamos a conocer recién en setiembre, pero todos los indicadores disponibles muestran a las claras que el coronavirus tuvo un impacto muy disruptivo en la actividad económica de este trimestre que está terminando, incluso cuando lo peor parece haber sido el mes de abril y las señales más recientes, relativas a mayo y junio tienden a marcar el comienzo de una lenta reactivación.

Si bien vamos a estar incorporando las cifras conocidas ayer en nuestros modelos a los efectos de revisar pronósticos, a priori no esperamos cambios muy relevantes en relación a lo que veníamos manejando. En ese sentido, concretamente, nuestras proyecciones contemplan que la crisis desatada por el coronavirus determinaría en el segundo trimestre una caída del PIB de más de 5% interanual y si dejamos de lado el efecto del mayor consumo de comunicaciones que antes comentaba la retracción rondaría el 10%-11% interanual.

Luego la actividad se recuperaría de forma significativa en el segundo semestre, aunque a nuestro juicio no va a recuperar los niveles pre-COVID y el PIB acumularía una contracción promedio anual de entre 2,5% y 3% este año. De nuevo, si extraemos el sector transporte y comunicaciones (para evitar, como explicaba antes que el crecimiento asociado al mayor consumo de datos durante el “aislamiento” distorsione la lectura) la caída de la actividad económica es sensiblemente mayor. En concreto, nuestras estimaciones apuntan a una contracción cercana al 5% para el PIB sin Transporte y comunicaciones en el promedio de este año.

Y, con una nota adicional, que es que en esas cifras contemplan un impulso significativo de la construcción del proyecto de UPM, que según nuestras estimaciones, va a estar contribuyendo con aproximadamente 1% del PIB este año.

Con lo cual, en definitiva, estamos estimando en una retracción realmente muy fuerte de la economía en 2020 y tendemos a pensar que tardaremos al menos hasta finales de 2021 para recuperar los niveles previos al coronavirus, porque los impactos en algunos sectores (como los más vinculados al turismo por ejemplo) van a ser duraderos y porque la economía va a salir realmente golpeada de esta situación, con la necesidad de implementar un ajuste fiscal significativo y con un mercado de trabajo muy castigado.

EC: ¿Qué margen hay desde la política económica para alentar una recuperación más rápida? ¿El gobierno puede hacer algo más de lo que ha hecho?

FC: A ver, como hemos comentado otras veces, nuestro país llegó a enfrentar esta situación con fundamentos económicos muy deteriorados y eso naturalmente ha planteado restricciones a la hora de responder a este shock.  De todos modos, el gobierno ha reaccionado sí con varias medidas importantes, que procuran en lo sustancial evitar que esta crisis que es esencialmente transitoria termine destruyendo capacidad y empleo y generando impactos más graves y duraderos. En ese camino, se ha debido renunciar al ajuste fiscal que el gobierno tenía pensado implementar este año, en los hechos el déficit fiscal va a terminar aumentando probablemente en más de 2 puntos del PIB. La inflación superó el 10% en los últimos meses, ese es otro costo que de alguna manera debió asumirse en estas circunstancias, en las que lo primordial en lo económico es mitigar lo más que se pueda las consecuencias en la actividad económica  y en los ingresos de la población.

Ahora, mirando para adelante, si la crisis sanitaria termina quedando atrás y la economía recupera un funcionamiento más normal, el gobierno tiene a nuestro juicio desafíos importantes para recuperar un crecimiento más vigoroso en 2021, sobre todo porque va a tener que implementar un ajuste fiscal significativo. Como decía antes, vamos a salir de esta crisis con un déficit seguramente mayor al 7% del PIB. En ese marco, para contrarrestar los impactos negativos que todo ajuste fiscal tiene sobre la actividad económica, va  a ser clave que este sea acompañado por una agenda de reforma ambiciosa y decidida, que aliente una mayor recuperación de la inversión y del empleo en los próximos años. A nuestro juicio, la crisis sanitaria hace aún más urgente avanzar en estas reformas que vuelvan a poner a Uruguay en una senda de expansión más vigorosa. De lo contrario, después del rebote posterior esperable tras la crisis sanitaria vamos a volver a una situación de estancamiento o de crecimiento muy leve como la que veníamos teniendo en los últimos años, que es notoriamente insuficiente para satisfacer las demandas de progreso social que tiene la población uruguaya.

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