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Mercado de trabajo: Las cifras de enero y cuáles son las perspectivas para próximos meses

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Los pagos electrónicos superaron a los tradicionales.

EMILIANO COTELO (EC): En los últimos días, el Instituto Nacional de Estadísticas publicó las cifras del mercado de trabajo correspondientes al mes de enero. Luego de cifras decepcionantes en diciembre, en el primer mes del año los datos marcaron una recuperación de la tasa de empleo, que se ubicó en 55,2% de la Población en Edad de Trabajar, el mayor registro desde la llegada del coronavirus a nuestro país.

Sin embargo, al mismo tiempo la tasa de desempleo subió levemente hasta 10,7% de la población económicamente activa.

¿Cómo deben interpretarse estas últimas cifras del mercado laboral? ¿Cuáles son las perspectivas para los próximos meses? Lo conversamos con la economista Florencia Carriquiry, socia de Exante.

ROMINA ANDRIOLI (RA): Florencia, ¿qué lectura hacen de estas últimas cifras del mercado de trabajo para el mes de enero?

FLORENCIA CARRIQUIRY (FC): A nivel general, las cifras de enero marcaron una mejora del mercado de trabajo respecto a lo que veníamos observando en meses previos.

Si hacemos un repaso de los últimos meses y en línea con la actividad económica en general, el momento más crítico del mercado de trabajo se dio al inicio de la crisis sanitaria, con la tasa de empleo llegando en abril a un mínimo de apenas 52,1% de la Población en Edad de trabajar. Desde esos niveles, se ha tendido a ver una recuperación más bien gradual de los diferentes indicadores, pero que ha ido atrás de la recomposición de la actividad económica.

En concreto, las cifras de enero marcaron una suba de la tasa de empleo de unas tres décimas frente a diciembre, hasta niveles de 55,2% de la población en edad de trabajar. Como mencionaba Emiliano, se trata del registro más alto de empleo desde la llegada del coronavirus. Y, además, hay que tener presente que habitualmente el empleo tiene una estacionalidad bastante marcada sobre el cierre del año… dicho de otra manera, tiende a haber más ocupados en los últimos dos meses del año y en particular en diciembre (un comportamiento que podemos asociar a la temporada de las fiestas navideñas y de fin de año). Por lo tanto, que hayamos visto una tasa de empleo subiendo en enero respecto a diciembre de alguna manera refuerza la señal de mejora del mercado de trabajo en el primer mes de este año… Habrá que ver si esto se mantiene.

Y, finalmente, Romina, lo otro que hay que advertir es que pese a la recuperación que hemos visto desde el piso del segundo trimestre del año pasado, estamos con una población ocupada muy inferior a la que teníamos un año atrás (pre-covid) y que es reducida en términos históricos.

RA: Justamente eso iba a preguntarte, si miramos estas cifras en términos de cantidad de personas, ¿Cuántos empleos se recuperaron en enero y cuán lejos estamos de los niveles pre-pandemia?

FC: Según nuestras estimaciones, que se hacen a partir de las cifras de población que publica el INE, en enero se habrían creado en términos netos algo más de 9.000 empleos, pero habríamos tenido unos 57.000 ocupados menos que en enero de 2020, previo a la llegada del coronavirus. De hecho, estamos con la menor población ocupada en una década. Como comentamos otras veces el empleo venía cayendo lentamente ya desde 2015 pero la pandemia aceleró notoriamente la destrucción de puestos de trabajo en la economía.

RA: Ahora, decías recién que las cifras de enero marcaron una mejora del mercado de trabajo, pero sin embargo se incrementó el desempleo en enero y se volvió a niveles próximos al 11% de la población activa… ¿Cómo se interpreta esto?

FC: Es cierto. Como comentaba Emiliano hace un rato, en enero subió el empleo, pero también aumentó levemente el desempleo, que alcanzó al 10,7% de la población activa. Y eso sucede porque aumentó en mayor medida la tasa de actividad, que es el indicador que refiere a la oferta de trabajo, es decir, a la cantidad de trabajadores que participan del mercado, ya sea porque tienen un empleo o lo están buscando activamente.

Hemos mencionado en otras oportunidades en este espacio que el escenario tan particular que vimos con la llegada de la pandemia supuso un desplome del empleo, pero al mismo tiempo hubo un descenso abrupto de la tasa de actividad, porque aumentó mucho lo que llamamos la población desalentada, que es aquella que piensa que no hay oportunidades en el mercado y no vale la pena buscar trabajo. Eso es una reacción natural ante un shock como este, y claramente operó como amortiguador en la suba de la desocupación, pero esto sucede de modo transitorio.

RA: ¿Por qué decís eso, Florencia?

FC: Porque en la medida que la situación se va normalizando los desalentados en su gran mayoría van gradualmente retomando la búsqueda de trabajo, y si eso no es acompañado también por una mayor demanda de trabajo (es decir por más creación de empleo), eso se termina reflejando en una suba de la desocupación. Fue justamente lo que sucedió en enero y de hecho es lo que tendió a verse desde mayo a esta parte. La tasa de empleo se va recuperando lentamente pero aumenta más rápidamente la población en búsqueda de trabajo y por tanto el desempleo ha tendido a subir más allá de movimientos puntuales mes a mes.

A nuestro juicio, en las circunstancias actuales, el indicador clave a monitorear es la tasa de empleo. Es fundamental que el empleo siga aumentando y vaya absorbiendo a los que reanudan la búsqueda de trabajo.

RA: ¿Y qué podemos esperar en ese sentido para los próximos meses? ¿Qué están proyectando en relación con el mercado de trabajo en Exante?

FC: Como decía antes, estas cifras del mercado laboral marcaron una mejora en enero, pero es una señal por ahora muy incipiente. En Exante esperamos una tendencia de recuperación del empleo en el transcurso del año, en la medida en que la economía siga reactivándose, pero una recuperación lenta y que probablemente va a seguir yendo atrás de la actividad económica. Así está sucediendo de hecho en gran parte del mundo.

Más allá del impacto que puede tener el agravamiento de la situación sanitaria sobre las tendencias de recuperación de la actividad económica y del mercado de trabajo en el corto plazo… incluso con una mirada más larga y asumiendo un avance exitoso de la vacunación, que pueda ir permitiendo un regreso paulatino a la “vieja normalidad”, hay que tener en cuenta que la pandemia desencadenó o aceleró procesos de mejora de la eficiencia en las empresas, con muchos casos con más incorporación de tecnología y probablemente algunos puestos de trabajo del tiempo pre-pandemia no se van a recuperar. Esto plantea un desafío clave para la política económica en general y para las autoridades competentes en particular.

RA: Frente ese desafío, como decís, Florencia, ¿qué podemos esperar desde el gobierno y más específicamente desde la política económica?

FC: Bueno, de alguna manera el gobierno desde el inicio de la pandemia ha ido desplegando algunas medidas con foco en promover la recuperación del empleo. La creación del seguro de desempleo parcial (que ha sido luego extendido en el tiempo), el establecimiento de subsidios explícitos a la contratación y reincorporación de trabajadores, la reducción o postergación del pago de aportes patronales en algunas actividades, o los cambios que se hicieron en la normativa de beneficios a la inversión (privilegiando la creación de empleos dentro de los indicadores que permiten obtener los beneficios). Todos esos incentivos fueron buscando alentar la reactivación del empleo luego del shock que supuso la llegada del coronavirus.

Ahora, más allá de estas medidas que se fueron tomando y que probablemente deberían ser prorrogadas en algunos casos o reforzadas, a nuestro juicio un hito clave que tendremos este año es el comienzo de una nueva negociación salarial. En medio de un momento crítico y de fuerte incertidumbre, el gobierno hizo bien en 2020, en proponer acuerdos “puente” de un año y en ser muy cauteloso con los ajustes de salarios establecidos en esos acuerdos. Pero ahora el desafío pasa por ver cómo se gestiona la nueva ronda de negociación que va a comenzar sobre mediados de este año, luego de un año en que el salario real tuvo una caída de más de 2% a nivel del sector privado.

RA: Agrego, Florencia, como ingrediente adicional, que desde el gobierno el compromiso con que el salario real iba a comenzar a subir cuando la economía comenzara a recuperarse fue bastante explícito, ¿verdad?

FC: Es cierto y eso seguramente en términos políticos es un elemento de presión bien relevante en toda esta situación. A ver, sin dudas, la baja del salario real no es un objetivo deseado en sí mismo por ningún gobierno. Eventualmente es un costo que se asume para privilegiar otro objetivo. A nuestro juicio, con un mercado de trabajo tan debilitado como el que todavía tenemos, el objetivo primordial debe ser recuperar empleos y apurarse en promover la recuperación del salario real puede operar negativamente sobre la demanda de trabajo. Por eso es que decimos que las pautas que presente el gobierno para las próximas negociaciones salariales deben ser nuevamente muy cautelosas en la magnitud de los ajustes que se propongan y deben evitar además caer en errores del pasado, como los mecanismos de indexación del salario a la inflación pasada. En relación con este punto, llegar a mediados de año con niveles de inflación más bajos (quizás incluso dentro del rango meta) debería ser de ayuda para quebrar con esa práctica que generó una inercia inflacionaria muy negativa para nuestra economía.

Gastón González

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