Preocupan en Argentina las «bombas» económicas que pueden estallar después de las elecciones

El próximo 25 de octubre habrá elecciones presidenciales en Argentina. Sin embargo, varias de las cuestiones urgentes de la agenda política no se han debatido abiertamente entre los candidatos por temor a que ciertos temas puedan asustar a los votantes. Entre ellos, el corresponsal de En Perspectiva en ese país, Fernando Gutiérrez, destacó el de una muy probable devaluación.

Estamos apenas a diez días de las elecciones presidenciales en Argentina. Aparentemente el resultado no está claro todavía. Pero lo que no deja dudas es que, gane quien gane, habrá cambios importantes en la economía en la fase post electoral.

Muchas de las cuestiones urgentes de la agenda no se han debatido abiertamente entre los candidatos, porque en el país vecino hay temor a que ciertos temas puedan asustar a los votantes. Por eso nadie habla de una eventual devaluación, por ejemplo. Pero se sabe que ciertas correcciones serán inevitables.

Para analizar qué es lo que puede pasar vamos a conversar con nuestro corresponsal en Buenos Aires, Fernando Gutiérrez…

FERNANDO GUTIÉRREZ (FG) — Es raro lo que ocurre con esos tabúes de la campaña electoral. En realidad, los argentinos no se engañan. Todos tienen claro que, por más que ciertos temas no se hayan tocado en profundidad, como el precio del dólar o la posibilidad de una gran suba tarifaria, se vienen las correcciones. Hay pruebas bien concretas. Los argentinos se cubren con sus clásicas conductas defensivas: algunos comprando dólares, otros haciendo turismo antes de que se torne demasiado caro.

Los números son contundentes. Cada mes, el Banco Central debe sacrificar unos US$ 700 millones para los ahorristas que compran en el mercado legal. Les recuerdo que hay un tope a la cifra que se puede comprar por persona.

El turismo explota. En lo que va del año, el Banco Central ya sacrificó unos US$ 6.000 millones, entre el pago de pasajes aéreos, hoteles y gastos con tarjetas de crédito que hacen los argentinos en el exterior. Es un monto un 30 % más alto que el año anterior. Y la cantidad de dólares que demanda el público ya es un 10 % de lo que recibe el banco central por exportaciones.

¿Por qué ahora este boom turístico? Porque los argentinos prevén una brusca devaluación que les impida viajar por un buen tiempo.

Abundan ejemplos en muchos otros ámbitos. Por ejemplo, los organizadores de espectáculos musicales que traen artistas extranjeros para recitales están tratando de conseguir por adelantado los billetes y pagar ya los contratos, por temor a que un «imponderable» ocurra en el medio y altere los números del negocio.

En la vereda opuesta, los que tienen dólares nunca sintieron tan pocos incentivos para venderlos. Es el caso notorio de los agroexportadores, que todos los días escuchan promesas de los candidatos a presidente en el sentido de que les darán mejores condiciones de venta para su producción: toda una invitación a mantener el producto guardado en las silobolsas.

EC — Uno diría, entonces, que hay un convencimiento general de que una devaluación es inevitable…

Es algo que no deja de impresionar, porque el discurso de todos los candidatos ha sido el de no devaluar. ¿Qué es lo que lleva a esa desconfianza?

FG — Lo que ocurre es que hay una percepción de que los problemas de fondo de la economía no se han resuelto, justamente por la campaña electoral. Pero que será ineludible una corrección. Se habla mucho sobre las “bombas” económicas que Cristina Kirchner le va a dejar a su sucesor, sea quien sea.

En definitiva, el problema es que la Argentina no tiene los dólares que necesita para hacer funcionar su economía. Y sigue siendo un país en default, es decir casi aislado del mercado de crédito. Entonces cuando tiene que pagar una deuda en vez de hacer como el resto de los países, que la cambian por deuda nueva, tiene que pagar al contado.

Esto pasó la semana pasada, cuando por el vencimiento de un bono tuvo que pagar más de US$ 5.000 millones. Y quedó con apenas US$ 27.000 millones en las reservas.

Entonces no hace falta ser un economista avezado para ver cómo viene la situación. Por un lado, los que tienen dólares no los quieren traer porque consideran que el precio es muy barato. Y por el otro lado, los que quieren gastar en dólares les piden cada vez más billetes al Banco Central, que ya está con el tanque casi agotado.

Pero además, está también la memoria histórica de los argentinos. En la última elección, sin ir más lejos, había una fuga de dólares promedio de unos US$ 3.000 millones mensuales. Y a los pocos días de confirmarse la reelección de Cristina Kirhner, se instauró el famoso “cepo” cambiario.

EC — Bueno, esta vez todos los candidatos hablaron en contra del cepo, así que podrá estar el temor a una devaluación pero no a una mayor restricción en la compra de dólares.

FG — Debería ser así, pero la verdad es que es tan acuciante la falta de dólares, que no se descarta que las restricciones continúen.

Si gana Mauricio Macri, entonces lo más probable es una liberación rápida del mercado cambiario, lo cual supone dar por descontado una devaluación.

Pero si gana Daniel Scioli, que se ha fijado el objetivo de evitar una devaluación brusca, entonces va a haber, por lo menos al comienzo, alguna medida restrictiva. Los mismos asesores de Scioli han dicho que van a priorizar el uso de los dólares para la industria antes que para los turistas.

EC — Y si se diera la devaluación, que es lo que todos esperan, ¿de qué magnitud estamos hablando?

FG — Esa es la pregunta del millón. Hay opiniones para todos los gustos. Algunos creen que se puede devaluar un poquito y mantener la situación controlada. Y otros creen que viene algo más serio.

El dólar oficial cotiza hoy a 9,50 mientras que en el mercado paralelo el llamado blue está a 15,80.

Muchos creen que el tipo de cambio de equilibrio estaría en un punto intermedio, con lo cual ya hablamos de una devaluación de 34 %.

En el equipo económico de Scioli creen que se puede dar un pequeño salto, hasta los $ 11, y luego mantener un ritmo suave de deslizamiento de la cotización. Pero hay muchos economistas escépticos con este plan. Creen que, como ha pasado otras veces, una vez que se devalúa, se produce una escapada inflacionaria que pone más presión para una segunda devaluación más fuerte.

Los que miran todo el tiempo el nivel de las reservas y lo comparan con la cantidad de pesos que circulan en la economía son los más escépticos de todos. Porque hacen la división de pesos sobre dólares y la cuenta da 19. La verdad es que nadie sabe a cuánto puede subir, y todos están con la expectativa de que algo pase quizás el mismo lunes 26.

EC — Pero no reduzcamos todo al tema del dólar. Antes hacías referencia al temor por las “bombas” con las que se pueda encontrar el próximo gobierno. ¿Cuáles serían las más preocupantes?

FG — El tema fiscal es muy preocupante. Nadie tiene muy claros los números, por esta polémica sobre la estadística oficial que hay en la Argentina. Pero algunos economistas creen que el déficit este año será de 8 % del PBI, un nivel comparable con los años 80.

Y el otro gran tema, vinculado con este déficit, es el precio de los servicios públicos. Es tan fuerte el subsidio a la electricidad, el gas y el transporte público, que se estima que esto representa más de un cuarto de todo el gasto público. Así que se viene una fuerte suba de las tarifas, al menos en electricidad y gas.

Y después hay sectores muy golpeados por el retraso cambiario, sobre todo las economías provinciales exportadoras. A esos les prometieron una rebaja impositiva, pero dada la situación fiscal está por verse cuánto se les va a aliviar la situación.

Pero si te tuviera que resumir en un solo punto, la posible bomba es la inflación, porque todos los problemas se resumen allí. Una suba del dólar puede acelerar la inflación. Una suba tarifaria lo hará con total seguridad. Y si no se hace nada en el plano fiscal, también habrá más presión.

Así que en estos días previos a la elección, los argentinos están tomando recaudos para un aterrizaje. Que no se sabe si será suave o brusco, pero todos saben que va a ser inevitable.

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Foto en Home: Daniel Scioli (izq.) y Mauricio Macri (der.), los principales favoritos en las elecciones presidenciales del próximo 25 de octubre de 2015. Crédito: Juan Vargas/Guillermo Viana/AFP Photo.

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