ONU: Uruguay fue «coherente» al votar ilegalidad de los asentamientos israelíes en Palestina porque siempre apoyó la solución de los dos Estados, dice periodista Leonel Harari

Israel respondió con varias medidas a la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que el viernes declaró ilegales las colonias en territorios palestinos ocupados. Esta resolución fue adoptada con los votos de todos los miembros del Consejo de Seguridad excepto Estados Unidos, que tiene derecho a veto y por primera vez se abstuvo ante una decisión de este tipo, con lo que facilitó el consenso.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu ordenó que se suspendan durante un mes los viajes de jerarcas a los países que votaron afirmativamente, entre los cuales está Uruguay, y convocó a reuniones ayer a los respectivos embajadores para manifestarles su protesta. En particular, al embajador de Estados Unidos se le expresó el desagrado por la abstención, que marcó un quiebre en la tradicional posición de Washington como principal aliado de Israel.

El colaborador de En Perspectiva en Nueva York, Leonel Harari, aseguró que la posición de Uruguay fue coherente con su línea diplomática en el conflicto palestino-israelí. Harari recordó que Uruguay  apoyó la creación del Estado israelí en 1948 y al mismo tiempo apoyó la solución de los dos Estados, que entra en contradicción con la existencia de colonias en territorios palestinos ocupados.

Respecto a la posición de Estados Unidos, Harari aseguró que estuvo motivada por cierta urgencia ya que el parlamento israelí busca aprobar una ley que consolida la existencia de colonias, lo que hubiera complicado cualquier negociación de paz a futuro. Pero además, la abstención obedece al «fastidio» que el presidente Barack Obama tiene con su par israelí Benjamin Netanyahu por la falta de avance en el proceso de paz. Netanyahu se está «llevando bien» con el presidente electo Donald Trump quien de hecho nombrará a David Friedman como nuevo embajador en Israel, alguien quien no cree en la solución de los dos estados, explicó Harari.

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Crédito Foto: AFP PHOTO / UN / Manuel ELIAS

 

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  1. En 1828, aquí en la Banda Oriental, ocurrió algo bastante parecido a lo que ocurrió en la ONU en 1947. Aquí se juntaron argentinos, brasileños e ingleses y determinaron: «de aquí para allá es Argentina, de aquí para acá es el Estado Oriental del Uruguay, y de acá para el otro lado es Brasil; no se peleen, y vivan en paz con estos límites». Y con algún que otro tire y afloje, se puede decir que los términos de la Convención Preliminar de Paz sirvieron para marcar nuestros límites y que se terminaran las guerras por la posesión del territorio que hoy es nuestro país. Y esa solución administrativa de límites pudo ser posible gracias a que nuestros pueblos son hermanos. Quizás es la herencia más rescatable de la obra artiguista, esa constante prédica de que nuestros pueblos eran hermanos. Fue tan así, que no existen odios entre nuestros pueblos. Los uruguayos hemos podido emigrar a Argentina y a Brasil, y viceversa; los nuestros se han podido instalar allí, ellos se han podido instalar acá. Solamente tenemos rivalidades deportivas, pero es una rivalidad sana. No hay odio entre nuestros pueblos y me aventuro a decir que podríamos vivir con estos límites por lo próximos 500 o 1000 años sin inconveniente alguno.
    ¿Qué ocurrió en la ONU en 1947? Los tipos se sentaron y dijeron: «de aquí para allá el Estado Palestino y de aquí para acá el Estado de Israel». La famosa «solución» de la coexistencia de los dos estados.
    Israel se tomó de esa resolución y se instaló. La Liga Árabe no reconoció la validez de ese acto y le declaró la guerra. Israel resistió y hasta extendió sus dominios. Y no permite la conformación de ese Estado Palestino.
    La pregunta es: ¿la conformación del Estado Palestino, terminará con los conflictos en Oriente Próximo? Yo tiendo a pensar que no, independientemente del ejercicio de tomar posición por una parte o por otra. No pretendo ni darle la razón a Israel o no darle la razón a los palestinos. Poco importa si los palestinos llegaron después de los hebreos, poco importa si esta es la tierra que históricamente ocuparon los hebreos. No pretendo tomar partido por esa disputa, sino analizar la eficacia de la medida.
    Y creo que la medida será ineficaz, como también lo sería cualquier otra medida de corte administrativo que se quiera tomar en cuanto a límites por una sencilla razón: los pueblos se odian. Por más que sus gobiernos acepten determinados límites geográficos, sus pueblos se seguirán odiando, puesto que ese odio SÍ podemos documentarlo como un hecho milenario, histórico. Ha sido siempre así.
    Los árabes le declararon la guerra al Estado de Israel ni bien se conformó en 1948. No los quieren. Los israelíes no solo han resistido, sino que han ampliado sus dominios.
    Pero antes, durante la segunda guerra mundial, ya nadie duda de la veracidad de la complicidad del lider musulman de la zona, Huseyni, con el Tercer Reich y la ejecución de la solución final de la cuestión judía. Fue el propio aliado árabe de los alemanes quien alentó tal solución letal, dado que una expulsión o deportación llevaría a los judíos en masa a Palestina, cosa que ellos no querían: más bien pretendían la eliminación de los judíos.
    Y antes, sobre 1880, con la creación del Sionismo, los judíos comenzaban a volver a sus tierras mediante la compra de terrenos en Palestina, y dichas instalaciones ya generaban tensiones entre los árabes que allí residían y los judíos que se establecían. Y téngase en cuenta que estas instalaciones de judíos no se hacían ni por la guerra, ni por la fuerza, sino sencillamente comprando terrenos. Y aun así no los querían.
    Yendo más atrás, en el libro de Ester en la Biblia, se relata cómo un individuo de elevada influencia en el imperio persa planifica la matanza de todos los judíos, cosa que a la postre es evitada por la propia Ester. Pero ese individuo resultó descendiente de un rey que habia sido vencido 600 años atrás por el Rey Saúl.
    Es decir, yendo hacia atrás en la historia, los odios de Israel y sus eternos enemigos son eternos y no parecen tener fin, mucho menos con una solución administrativa.
    Por lo tanto, repito, sin tomar partido por uno de los dos lados, mi observación es que ninguna solución que se proponga para la zona tendrá eficacia desde el momento en que los pueblos se odian.
    Más bien tiendo a pensar que, tarde o temprano (ojalá que tarde) reventará en la zona todo el arsenal nuclear que hay acopiado y será el fin del asunto.

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