Continuidad y cambio en el 2016

Por Susana Mangana ///

Apuramos los últimos momentos del año entre celebraciones y agendas apretadas para dejar la casa en orden antes del receso en el verano austral. Es inevitable hacer balance de lo acontecido y vivido en el 2015 y preguntarse qué nos deparará el 2016. Por increíble que parezca, suele ser más fácil tomar distancia de lo que nos rodea a diario y pronosticar qué sucederá en lugares lejanos.

Así me animo a aseverar que la situación en Oriente Medio seguirá al rojo vivo y no solo por efecto del fenómeno del terrorismo islámico y su principal actor hoy, Daesh o Estado Islámico. Sino que el desplome en el precio del barril de crudo, US$ 33,8 el pasado 14 de diciembre, desestabiliza seriamente la economía de países productores netos de petróleo y que a su vez impactan en la geopolítica de la región.

Es el caso de Arabia Saudí, donde el 80 % del presupuesto estatal depende de los ingresos de los hidrocarburos. El déficit público no deja de aumentar producto de los gastos militares que acarrea para el reino su aventura bélica en Yemen. Aunque el reino saudí repatrió ya US$ 70.000 millones del exterior, sigue perdiendo reservas de divisas, estimadas hoy en US$ 645.000 millones.

El FMI ya ha advertido que esta situación es insostenible y solo el aumento en el precio del barril hasta llegar a US$ 90 podría resolver el problema. Y esto ocurre en una sociedad acomodada acostumbrada a vivir con todo tipo de lujo y confort en base a abultados privilegios que el Estado provee como manera también de aquietar ánimos y alejar el fantasma de la rebelión que germinó en países vecinos y culturalmente cercanos.

Irán es otro ejemplo. Según el Ministerio de Trabajo iraní se pierden 1.000 puestos de trabajo a diario y un informe reciente del FMI confirma que la tasa de desempleo alcanzará 12,5 % en el 2016. Si la economía se resiente, la inestabilidad social aumenta producto de los planes de austeridad que deberán implementarse. Si esto sucede además en países donde la religión y la política interactúan de manera constante y en un clima de hostilidad permanente en la región, azuzado ahora por una suerte de guerra fría entre Irán y Arabia Saudí, el panorama no es prometedor.

En Europa entretanto se siguen agravando las fracturas internas y son muchos los europeos que sienten que hay en curso una germanización de lo que fue hasta hace poco un proyecto exitoso de unión económica y monetaria. La crisis de los refugiados seguirá vigente y dichos como los del presidente checo –que tildó en su discurso navideño de “invasión organizada” la llegada de refugiados– no hacen presagiar un cambio en las consignas de los políticos: oscilan entre el cálculo de réditos políticos y utilizan un lenguaje políticamente correcto y el discurso xenófobo que nutre la propaganda de partidos de extrema derecha, que no dudan en criminalizar al migrante para capitalizar el resentimiento y frustración de sociedades varias en Europa, descreídas y desencantadas con la forma de hacer política. El vertiginoso crecimiento de partidos como Podemos y Ciudadanos en España reflejan esto último.

América Latina presentará algunas incertidumbres tras los resultados electorales en Argentina y Venezuela, dos países con influencia al menos para sus socios en el Mercosur y que transitan cambios que se prevén importantes. Pero al pronóstico político hay que añadir el económico y ahí pesa la relación con China, hasta ahora un socio comercial de primer nivel para la gran mayoría de países latinoamericanos. El cambio en el escenario político en estos dos países sumado al temor a una defenestración de la presidente Dilma Rousseff en Brasil podría alterar la relación estratégica con China, casi una alianza, basada hasta el momento en el pragmatismo y ahí el fenómeno de los BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica] como botón de muestra.

De continuar estos cambios en Latinoamérica y producirse una zozobra, por ejemplo en Ecuador o Bolivia, esto afectaría seriamente a instrumentos con gran potencial de transformación a nivel regional y global como el Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Se impone por tanto prestar atención a los signos que China emita a partir de ahora para encauzar la relación bilateral con un socio capital.

En suma, el mundo seguirá siendo igual de complejo iniciando el 2016 y se mantendrá el esquema binario de “nosotros frente a ellos”; Occidente enfrentado al mundo islámico, Europa titubeante ante el fenómeno migratorio, EEUU debatiendo qué migrantes debe aceptar. Se termina un año y comienza otro, ni más ni menos… ¡A celebrar!

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, martes 29.12.2015, hora 08.05

Sobre la autora
Susana Mangana, doctora en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid y MBA por la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, es docente e investigadora en la Universidad Católica del Uruguay y analista de política internacional en medios nacionales e internacionales.

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