A dos metros de distancia

A dos metros de distancia

En la peluquería decía: «Pedir hora telefónicamente para ser atendidas, solo tres personas en el local».

Cuando llegó, la señora se encontró con siete clientas ya ubicadas atendiéndose.

-No pasa nada, le dijo otra señora que estaba a su lado.

-Fui al restaurante, al llegar limpiaron la mesa con alcohol, también el menú.

Al rato, apareció un mozo, que se acercó con el tapabocas por debajo de la boca preguntando: ¿Qué van a cenar?

-Yo te voy a dar un beso, no aguanto más. Un beso así de costado, ¡no pasa nada!

– “A mí no me jodan” dijo el profesor al entrar en la clase el primer día de encuentro de un grupo de profesionales que se reunía a trabajar, refiriéndose a que no iba a usar tapabocas ni a dejar de saludar.

– Relataba una chica: “Fue el día de la madre y nos juntamos todos, mis abuelos también. Todos teníamos miedo, pero al rato, ninguno tenía el tapabocas. Y nos dimos un beso, ¿y si los contagié?

-Entré a la panadería, y giré hacia atrás porque no me había puesto el tapabocas. El señor ubicado detrás del mostrador me dijo: No pasa nada señora. Esto es todo un invento, pase, no hay problema. Esto es para controlar al mundo.

Estamos ante un acontecimiento, la pandemia, por lo tanto no hay una sola forma de describirla ni de ser mirada.

¿Cómo describimos la dimensión de lo que está pasando?

Pasando… es decir, que sigue ocurriendo, y este pasar va cambiando día a día. Desde lo social, lo económico, lo político, así como lo afectivo.

Estamos viviendo la llamada “nueva normalidad”.

Hasta la forma de nombrarla suena extraña.

¿Qué es normal? El concepto de normal es una especie de ilusión, de alguna manera nos tranquiliza.

Como señala Rafael Courtoisie la normalidad nunca fue normal, lo que sentimos como anormal es que ahora esta situación la vivimos nosotros, nos tocó a nosotros.

Durante todo este tiempo permanecimos aislados, viviendo, mirando el mundo a través de las pantallas, escuchando la radio.

Vamos viendo de acuerdo a los relatos, cómo hay una brecha entre el ideal de lo que hay que hacer y lo que realmente se hace.

Cambió nuestra forma de vida, aparecieron los protocolos y con ellos los tapabocas, las distancias, las normas de higiene.

Los protocolos son recomendaciones, no son órdenes, por lo tanto estamos ante constantes revisiones.

Vivimos el día a día teniendo que tomar decisiones, eligiendo qué es menos malo.

Ninguna solución nos deja del todo tranquilos.

¿Salgo? ¿Saludo? ¿Me acerco?

¿Dónde está la solución?

Se empiezan a poner en juego valores morales y éticos de las personas.

No hay normas legales y rígidas, no hay penas, pero socialmente sí están las indicaciones.

Debemos aspirar a encontrar la mejor de las soluciones en cada indicación.

Eso, que parece tan sencillo conlleva procesos internos más profundos en cada uno de nosotros.

Estamos constantemente tratando de comprender mensajes inconscientes, dónde la angustia, el dolor y la culpa cobran protagonismo.

Estas vivencias emocionales las expresamos a través del pensamiento, del afecto y del cuerpo.

A veces hablamos, decimos a través del cuerpo, nos cuesta pensar y actuamos.

Otras veces nos movemos con el llamado SuperYó de Freud, es decir, de acuerdo a representaciones de los ideales, de los valores morales y culturales.

El superyó actúa como un consejero para el yo, le va como avisando y alertándolo de lo que es normalmente aceptado. Esto se va conformando a lo largo de toda la vida. Esta instancia es aprendida a través de los padres, de la socialización.

Esta pandemia nos obliga a hacer sacrificios, esfuerzos individuales y colectivos.

Porque lo que está en juego mas allá de la posibilidad de morir es la distancia que debemos tener con los otros. Necesitamos al otro para la empatía, para la identificación.

Por eso añoramos la cercanía, los besos y los abrazos.

Convivir con esta lucha interna y con la incertidumbre es parte de todos nosotros. Y al parecer vamos a tener que seguir conviviendo con esto.

Debemos aspirar a encontrar la mejor de las opciones en cada situación.

Debemos reflexionar, poder pensar con otros no sólo buscando respuestas prácticas.

Empezar a aceptar que no hay respuestas absolutas ni únicas.

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Beatriz Angulo para el espacio Voces en la cuarentena de En Perspectiva.

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Beatriz Angulo es licenciada psicoterapeuta psicoanalítica de AUDEPP.

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Foto: Unicef.org

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