El bolsillo de Juan

Por Mauricio Rabuffetti ///
@maurirabuffetti

Juan vive en Uruguay. Tiene dos hijos. Cada día viaja en ómnibus muy temprano a su trabajo matinal. Almuerza lo que se lleva de casa de camino a su segundo empleo. Algunos fines de semana, Juan hace suplencias en una empresa. Juan duerme poco. No quiere atrasarse en las cuentas, y tampoco que a su familia le falte lo básico: salud y buena educación. Por eso Juan paga un colegio privado y un servicio de emergencia médica. Él y su esposa redondean un ingreso por encima del promedio, a costa de un gran sacrificio.

A Juan le gusta pasar los domingos que tiene libres con su familia. También le gusta el fútbol, y el carnaval. Y sueña con ver a Uruguay en el Mundial.

Este año, las cosas se complicaron para Juan. Enfrenta un problema sin solución: se le acabaron las horas del día. Sí, se le acabaron y ya no puede asumir otro trabajo. Y ese es un problema muy serio, porque gracias al ajuste fiscal Juan gana menos. Además, a Juan y a su esposa les cuesta mucho más caro mantener su casa: subieron el alquiler y todas las cuentas. Paga más por la electricidad, el agua y el teléfono. Y por si fuera poco, hoy le suben el boleto.

Juan no entiende mucho de economía, pero sabe que los precios de algunas cosas, como el colegio de sus hijos, suben por encima de la inflación que da la tele.

También sabe, porque anda en la calle, que es difícil conseguir trabajos mejor remunerados. Muchas empresas no están reponiendo personal. Y las que contratan, pagan menos.

A Juan no le gusta evadir impuestos. Y aunque quisiera, no podría. Es un trabajador asalariado y está en regla porque no acepta trabajos en negro. Así que Juan, que tiene un ingreso rígido, sabe que su situación económica en 2017 será peor que la de 2016. Él y su esposa siempre se cuidaron con los gastos porque tienen responsabilidades y cuentas que pagar. Pero este año deberán lisa y llanamente recortar. Un celular pasará a tarjetero. El cable con el fútbol del domingo se termina. En la mesa habrá productos más baratos. ¿Qué más queda? ¿Mudarse a una casa más chica, más lejos? ¿Enviar a los niños a la escuela pública después de años de pagar y no pedirle un peso al Estado para la enseñanza de sus hijos?

A pesar de los sucesivos ajustes y tarifazos, llamados eufemísticamente “correcciones” o “consolidaciones” por las autoridades, la situación de las finanzas públicas parece no levantar cabeza. En 2015 Uruguay tenía un déficit fiscal equivalente a 3,6 % del PIB y el año pasado llegó a 4 %. Es el peor resultado en casi 30 años, con el agravante de que se produce después de más de una década de crecimiento económico, que fue un factor fundamental para que muchos uruguayos renovaran la confianza en el Frente Amplio.

Y aunque durante la campaña electoral se comprometió a no subir impuestos, el presidente Tabaré Vázquez avaló la decisión de su equipo económico y en exactos dos años Juan, que trabaja todo el día, vio cómo su situación económica no solo desmejoró, sino que pinta cada vez más complicada.

No fue feliz la promesa de Vázquez, al decir de una legisladora oficialista. Y no. La verdad que no fue feliz la promesa. Ni el ajuste. Y Juan tampoco está feliz. Pero no quedaba otra, dicen los que saben, porque el Estado uruguayo –tal parece– es incapaz de bajar el gasto. Y no existe creatividad para buscar otra solución que no sea estrujar hasta el límite el bolsillo de quienes todos los días van –o fueron– a trabajar y no tienen cómo variar sus ingresos. Cómo será de grave la cosa que otra vez apareció la idea de no devolver los excedentes aportados al Fonasa.

Uruguay tiene una presión fiscal similar a la de los países de la OCDE, a los que tanto queremos parecernos. Claro, muchos de esos países ofrecen servicios públicos que hacen que merezca la pena pagar impuestos. Esto Juan no lo sabe. Y a Juan, poco le importa. Tiene cuestiones más urgentes que atender a partir de hoy. Por cierto, olvidé presentarlo: el apellido de Juan es Pueblo.

***

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 01.03.2017

Sobre el autor
Mauricio Rabuffetti (1975) es periodista y columnista político. Es autor del libro José Mujica. La revolución tranquila, un ensayo publicado en 20 países. Es corresponsal de Agence France-Presse en Uruguay. Sus opiniones vertidas en este espacio son personales y no expresan la posición de los medios con los cuales colabora.

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9 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Hace 20 dias estoy trabajando en europa soy afortunado tengo ciudadania italiana mi familia se quedo en
    uruguay pero mi historia es la de juan

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  2. «Juan no entiende mucho de economía», y quizá no sabe lo que es el Salario Real, pero usted sí lo sabe, Rabuffetti. Juan tampoco sabe, y usted lo prefiere ignorar, que en los países pobres y con alta desigualdad, como el nuestro, los servicios públicos que merece la pena pagar no están solamente (o principalmente) destinados a los que tienen capacidad de pago de impuestos.
    Dicho con el mayor de los respetos por el autor, este editorial es lamentable, y apela a un nivel de comunicación que parece hecho por el asesor de campaña de Novik.

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  3. Disiento con el comentarista anterior, porque entiendo que el editorial es muy razonable. Todos los uruguayos estamos pagando en 2017 servicios públicos, y los montevideanos boletos, más caros. Y a muchos nos están cobrando bastante más por concepto de irpf. Por lo que, en términos absolutos, aunque hayamos tenido algún pequeño aumento salarial, estamos ganando menos dinero y pagando más por los servicios básicos.
    Resulta bastante similar lo que plantea el editorial con lo que dijo Caetano, en la mesa de hace algunas semanas, respecto a que los últimos gobiernos si favorecieron a alguien no fue a la clase media.
    Difiero también con el comentarista previo en que Uruguay es un país pobre. No coinciden en tal calificación los organismos internacionales, y probablemente sería bastante más rico si los gobiernos favorecieran el trabajo y la producción, y no el incremento del aparato estatal.

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  4. Esta muy claro el editorial. Mi comentario es mas bien un pensamiento en voz alta. Que ha pasado en nuestra sociedad con la escuela publica ?. No es a la primera persona que me merece absoluto respeto a la que le escucho decir que la educación privada es mejor. Espero que se refiera solo a las actividades extracurriculares, como deportes etc. Es obvio que los alumnos cuyos padres hacen el esfuerzo de pagar estudios privados proviene de hogares donde se le da importancia a la educación y probablemente esto se vea reflejado en el rendimiento de los alumnos. Por lo mismo los alumnos se encontraran con un ambiente mas tranquilo y de nivel educativo mas parejo. Pero veo con pena como jóvenes Uruguayos se privan de tener mas de un hijo, porque consideran justamente que no van a poderle brindar una educación de tipo.Me crié en Montevideo y curse la enseñanza pública , terminando una carrera universitaria. Hace 30 años que vivo en el interior y o que mis hijos comentan lo mismo que Mauricio. Esta pregunta me la hice cuando era adolescente y vi una caricatura en el diario el popular, donde un trabajador le dice a su esposa, «no nos alcanza, vieja anda a hacerla cola en la escuela pública »
    Hace años escucho en perspectiva, y me gustaría sugerir este para alguna mesa, porque me gustaría resaltar que la diversidad que se encuentra en la escuela pública, enriquece a las personas y les permite tener los pies en la tierra.

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  5. Comprendo y me duele la situación de quien no consigue trabajo y debe emigrar. Lo vivo además de cerca.
    Sin embargo, trascendiendo la peripecia individual, mirando a un mayor nivel de agregación los números no coinciden con lo que señala el columnista.
    El salario real o poder de compra de los trabajadores uruguayos, aunque menos que antes, ha seguido aumentando en enero de este año (último mes cerrado) en relación a un año atrás (aumentó más en los privados que en los públicos). Y ha aumentado sin pausa desde 2004.
    Eso no implica que no sea cierto que hubo un ajuste fiscal cuando se dijo que no lo habría, que las tarifas de los servicios parezcan excesivas o que la carga tributaria sea demasiado elevada a la vez que recae particularmente más sobre algunos sectores que sobre otros con mayor capacidad de aporte. Ésas y otras muchas críticas le caben al Gobierno. Pero flaco favor se le hace al debate si el punto de partida es una caricatura falaz de la realidad. Ni el atribulado Juan Pueblo querría ser defendido así.

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  6. Asoman muchos lugares comunes en este editorial, muchas frases fáciles de contenido incierto, además de intentar explicitar un país en crisis que es el que algunos sectores del país llevan años tratando de construir, incluso con expresiones y golpes demasiado similares a los que el editorialista cita en su texto. Que hay cosas que actualmente se hacen mal, no hay cómo discutirlo, y se podría hacer una lista de varios puntos en ese sentido. Ahora, respecto al tema central, y dejando de lado los excesivos periféricos que se abordan en el texto, se omite mencionar la evolución del salario real, es decir lo que los salarios de los muchos Juan Pueblo, entre los que me incluyo, pueden comprar. El periodista omite este pequeño detalle, y no dice que todos los aumentos que se producen, y acaban componiendo la inflación, son absorbidos con cierto margen por los aumentos de salarios. No digo que esto sea sano para la economía y por lo tanto para el país y por consecuencia para cada uno de nosotros, sino que los índices generalmente aceptados por economistas y consultores de todos los sesgos indican que los sueldos crecen algo más que todos los aumentos de precios mencionados. Con todo respeto, estimo que el periodista hizo una reunión de frases para la tribuna oídas por ahí (parlamento, shopping, amigos, familia, ámbito laboral, enojo personal, etc, etc), y escribió un texto que agrada al menos a la mitad de los uruguayos hoy enojados con el gobierno, pero que no logra hablar de la realidad con la más mínima ecuanimidad.

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  7. La historia es muy simplista y no se en cuanto representa al uruguayo medio.
    Que en Uruguay todo es muy caro, es cierto basta con comparar precios de artículos de consumo con países como España.
    También está el alto absentismo del cual se quejan las patronales.
    Por otra parte eso del aumento del IMS hay que tomarlo con pinzas pues el gobierno manipula el IPC (que no es la inflación) con la baja de UTE en diciembre. Además en las frutas y hortalizas se constata una merma en el consumo que yo atribuyo al alto precio, ya se venden de medio kilo, no creo que la gente haya cambiado sus hábitos de consumo por moda, sino por lo disparatado de los precios y la calidad de media para abajo.
    Por otra parte nadie da datos estadísticos de cuanta es la carga impositiva de la clase media, ni la comparativa con las otras clases, así se habla en el aire.
    Por último, uno ve lo que quiere hasta en el espejo.

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  8. ¿quién es esa entelequia nombrada como Juan Pueblo?
    ¿Juan de la gente? ¿de la positiva? ¿de vamos?…
    ¿quién se arroga hablar por el, por su alma y su sentimiento?
    ¿es usted Mauricio quien lo define?
    Discrepo, siento que usted se dirige hacia el proselitismo -y es válido-…e incurre en la fácil demagogia de invocar a Juan Pueblo, discrepo.

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  9. Hola, hace tiempo que pienso escribir sobre las columnas de Rabufetti. Siempre me pasa lo mismo, siento que son hechas con ligerezas, con lugares comunes, sin profundizar, con discursos fáciles. En temas que son de mi conocimiento muchas veces he descubierto errores o verdades a medias o medias verdades que creo que lejos de informar desinforman, confunden. En fin, muchas veces bajo la radio porque siento que no considera a la audiencia con inteligencia y sentido crítico. Disfruté de las crónicas que se hicieron durante su licencia.

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