El control de pobres

El control de pobres

Por Juan Ceretta ///

En el día de ayer se celebró en nuestro país el noveno encuentro sobre Migración y Ciudadanía, y por otra parte hace unas semanas estuvo en nuestro país dando una conferencia el Profesor Felipe González Morales, relator especial sobre derechos humanos de los migrantes de la ONU.

La conferencia referida, así como el actual flujo migratorio que recibe nuestro país en la actualidad me invitaron a reflexionar sobre algunas particularidades del fenómeno, intentando hacer foco en los derechos de las personas y las actitudes de los Estados.

El fenómeno migratorio es tan antiguo como los primeros pueblos nómadas que poblaron la faz del planeta; pero el concepto de migración desde una perspectiva de los derechos individuales y más allá de las relaciones internacionales entre los Estados de los que las personas son nacionales, ha cambiado drásticamente.

A esto se suma, una evidente y cada vez mayor desigualdad económica y  de desarrollo social entre zonas relativamente cercanas en el plano  geográfico, acompañada de un avance vertiginoso de las comunicaciones.

Ahora bien, ante este impulso del fenómeno migratorio fundado principalmente en razones socioeconómicas, se han desatado una serie de reacciones de parte de los Estados receptores de migrantes; encuadran en su inmensa mayoría en lo que he llamado el “control de pobres”.

A poco que se analicen cada una de las medidas que se toman, parecen estar destinadas a impedir o frenar, la llegada de personas que puedan eventualmente incidir negativamente en el nivel socioeconómico de los nacionales del Estado receptor.

Parece surgir un razonamiento del tipo, “seremos más personas entre quienes habrá que distribuir los recursos económicos”, y si hay en el mundo sobre lo que se entiende pacíficamente el concepto de finitud, es respecto a los recursos económicos.

En este sentido,  los países desarrollados  han llevado a cabo una serie  de políticas, conocidas como “externalización de las fronteras”. Esta concepción de los límites de la soberanía de un país, supone una nueva gestión estratégica del fenómeno migratorio, que no se centra  sólo en la línea fronteriza, sino que se ubica a lo largo de las rutas migratorias, involucrando a los países de origen y tránsito. 

La Unión Europea se ha convertido en uno de los principales destinos para muchos migrantes, y en dicho sentido ha venido tomando medidas para correr al sur las barreras, con el objetivo de frenar el avance de las personas hacia el norte de África.

En los últimos años se observa una priorización del regreso de las personas migrantes, en detrimento de alternativas como la regularización, o la inclusión social.

 Los Estados recurren cada vez más a operaciones de expulsión y conciertan acuerdos bilaterales y regionales de readmisión. En este contexto, con frecuencia se expulsa a migrantes en contra de los principios y normas internacionales de derechos humanos, entre los que se incluyen la prohibición de las expulsiones colectivas y el principio de no devolución.

Por otro lado, también pueden advertirse otras estrategias con idéntico fin; desde la  construcción de muros físicos, hasta el diseño de barreras invisibles como el habitual sistema de visas.

Del simple análisis de los requerimientos de visa, puede advertirse sin dificultad que, sin perjuicio de que se esgriman razones de seguridad, curiosamente tendemos a exigirle visa a las personas de países con PBI per cápita inferiores al nuestro.

Se ha dicho también que la exigencia de visa tiende a evitar el abuso de actividades relacionadas con el tráfico de personas, pero la realidad indica que cuantas más trabas se establezcan, más personas sin escrúpulos aprovecharán esas circunstancias.

Parece necesario, construir un discurso fundado en la persona humana, sin ninguna consideración respecto al lugar donde nos tocó nacer, la raza, las costumbres o la religión; y donde la solidaridad nos permita aumentar nuestro PBI en valores humanos.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, viernes 16.08.2019

Sobre el autor
Juan Ceretta nació en Montevideo, es doctor en Derecho y Ciencias Sociales, egresado de la Universidad de la República; docente del Consultorio Jurídico y de la Clínica de Litigio Estratégico en la Carrera de Abogacía; coordinador del Laboratorio de Casos Complejos en DDHH, y representante por el Orden Docente en el Consejo de Facultad de Derecho. Activista en Derechos Humanos. Hincha de Racing Club de Montevideo.

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. La migración no es más que producto de la miseria y la falta de oportunidades.

    Mientras todo se circunscribe a la educación, no se tiene en cuenta, que no alcanza con eso.

    De nada sirve querer educar a alguien que pasa hambre, frío , es blanco de cualquier peste o epidemia.

    Lo que hay que combatir antes es la miseria, la pobreza endémica, y cuando la gente tenga ropa limpia, comida caliente y un techo, ahí se le podrá educar, o enseñar como se quiera decir

    La migración del tipo que sea, llega a marginar, a convertir al migrante en explotado, y en carne de cañón de mafias y de los naturales del país al que llegan.

    Racismo, xenofobia, son las primeras muestras de bienvenida, luego el guetto, el barrio o zona marginal, y de premio, la miseria.

    Cómo se puede intentar enseñar a alguien que no come? Como se puede intentar integrar a un migrante cuando los propios no son integrados? Terminan por generar vínculos entre la necesidad y la miseria más absoluta.

    Este Uruguay debería crear espacios para generar trabajo colectivo, entre los desamparados de acá y los que llegan.

    Es la miseria y la marginación la que acoge a unos y otros, mientras hay campo desocupado, y franjas de asentamientos o barrios donde las viviendas son verdaderas cuevas donde decenas de mujeres, niños y hombres conviven.

    Bienvenida migración, pero con proyectos y sistemas reales de integración.

    Los que una vez emigramos, sabemos lo que es el desarraigo y dejar todo atrás, nada ocupa el espacio que dejan los recuerdos y la familia, no alcanza con darles un documento, no alcanza con hacernos los solidarios, debemos ser solidarios en la lucha contra la miseria, que ataca a los de acá y a los de allá.

    Luego habremos de darles educación, pero antes debemos devolverles la dignidad y la esperanza.

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  2. Permítame Juan, unas reflexiones mas allá, mas adelante en el tiempo.
    El humano además de un ser social es un ser territorial (de ahí el profundo sentido de la la propiedad) y ello escrito en ley legitíma a la contención cómoda del ciudadano y a la áspera subordinación del extranjero (categorización de individuos en escala legal) ¿implica que la ley sea justa?
    Hoy, en este planeta, algo abollado y con heridas por el usufructo mercantil virulento del mismo, lo hemos dejado maltrecho (tema medioambiental) y con, todavía y por ahora, algunos pequeños y medianos colapsos.
    Pues bien, vemos surgir y crecer ideas (malas ideas) de supremacismo (xenofobia y aporofobia también) en un entorno de que la casa (el planeta) se está atiborrando de gente, que seguramente, se tornará mas y mas difícil sustentar.
    ¿Entonces qué?
    Algún apasionado por la ciencia decia que el futuro de la humanidad, estará en el espacio (por cuestiones de lugar, de hasta donde hay razonable lugar y para cuántos), tales dichos lucen sensatos.
    Lo que me inquieta de verdad, en virtud de las ideas racistas (nazi fascistas) que circulan hallando terreno fértil sobre todo en las regiones ricas y blancas, es el camino opuesto al propuesto por el científico, en vez de ampliar la mesa y la comida, eliminar comensales.
    Eso, está latente y es trágicamente, posible.
    (Le felicito por el espíritu humanitario de sus columnas)
    Saludos fraternos.

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    1. Creo que lo primero que hay que articular es que la gente no tenga un lote de hijos como en los tiempos de las «vacas gordas» porque sólo un techo y un plato de comida no nos hacen seres humanos faltan los valores: respeto, lealtad, confianza, afectos, vínculos saludables.

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