Editorial

El previsor, vale por dos

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Por Mauricio Rabuffetti ///
@maurirabuffetti

Esta semana descubrimos de la forma más trágica posible que nuestro país no es inmune a las catástrofes naturales. Aquella arraigada creencia de que en Uruguay estábamos a salvo, súbitamente tocó a su fin.

Ocho personas murieron por el tornado que arrasó Dolores o arrastradas por las crecientes. No es algo que no hubiera pasado antes. Alcanza con ir a los registros históricos para descubrirlo. Pero la espectacularidad de las imágenes, muchas veces tomadas por las propias víctimas, son tan elocuentes que ahora sí, colectivamente, caímos en la cuenta de que debemos estar preparados.

En Dolores, la gente se organizó rápido y como pudo para ayudar al vecino. En todo el país se abrieron colectas de donativos para ayudar a los damnificados. En redes sociales, en la prensa, en la televisión, en las radios. Por todos lados aparecieron las muestras de solidaridad que responden a los mejores valores de nuestra sociedad.

Es la gente que no espera ni le pide a los Gobiernos. Simplemente actúa. El shock colectivo, amplificado por la enorme difusión de imágenes, fue evidente y sacó lo mejor de nosotros mismos.

Las autoridades reaccionaron mejor y más rápido que en las últimas inundaciones que afectaron al país. Incluso el presidente Tabaré Vázquez se trasladó, con relativa premura, al lugar de la tragedia 36 horas después del paso del tornado. Es lo que debe hacer y lo que se espera de un jefe de Estado. Se vio al prosecretario de Presidencia, Juan Andrés Roballo, centralizando la coordinación de esfuerzos de socorro. Es lo esperable.

De toda crisis, por dramática que sea, debe quedar algo que aprender. Esta es la oportunidad de tomar conciencia de que somos un país que no tiene la costumbre de pre-ve-nir. No hablo de prever fenómenos naturales o accidentes, sino de preparar a las personas para reaccionar.

¿Cuántas veces vivió usted un simulacro de incendio en su lugar de trabajo? ¿Cuántos edificios tienen alarma contra fuego? ¿Cuántas veces –seguramente muchas– escuchó que los bomberos están desbordados por las llamas que arrasan zonas costeras durante los veranos de sequía? ¿Cuántas veces le explicaron qué hacer en caso de que su vehículo sufra un accidente grave? ¿Cuántos de sus compañeros de trabajo han hecho cursos de primeros auxilios, que en este país son gratuitos y pueden salvar vidas?

Las palabras del presidente del Codicen, Wilson Netto, señalando que la “intuición” de las maestras salvó la vida de decenas de niños en Dolores, porque no hay protocolos de actuación en caso de fenómenos graves como el que ocurrió, deben ser un llamado de atención.

En Uruguay sí hay desastres y accidentes, y en Uruguay sí necesitamos protocolos de actuación claros y de conocimiento público. Y debemos ser conscientes, autoridades y ciudadanos de a pie, de que sí necesitamos estar entrenados. Es como pagar un seguro para cuando se precisa.

Álvaro García, director de la OPP, y el ministro de Transporte, Víctor Rossi, reconocieron que no existe un fondo económico para situaciones de emergencia. Pues debemos crearlo porque el cambio climático es una realidad, y porque hay accidentes que pueden ocurrir. Sería dinero de todos, para todos. Y el país debe permitírselo. No será con chapas y ladrillos enviadas de apuro que se reconstruirá Dolores, sino con dinero, mucho dinero, invertido según un plan específico.

La idea de crear una Junta Nacional de Riesgos es bienvenida. Ojalá se trate de un organismo que funcione de forma permanente y pida asesoramiento externo, a países ya organizados para enfrentar este tipo de fenómenos, y no simplemente una instancia de reunión esporádica que actúe a golpe de balde.

El prosecretario de la Presidencia pidió responsabilidad en el manejo de la información meteorológica. Es básico para no alarmar innecesariamente, o para permitir que las personas planifiquen. Para eso, es necesario un único vocero calificado que centralice la información para evitar confusiones. Un vocero con autonomía y disposición permanente hacia los medios de información, y un organismo de meteorología que habilite un número telefónico de consulta las 24 horas, que todos conozcamos.

En resumen, sería deseable que la tragedia de Dolores permitiera que los uruguayos tomáramos consciencia colectiva de que el “a mí no me va a pasar” que rige nuestras vidas cotidianas en muchos aspectos, no debería ser regla. La previsión, la planificación, y los protocolos de acción son indispensables. No podremos prever un tornado, o la crecida de un río, o un incendio. Pero con seguridad sabríamos cómo actuar para minimizar sus efectos.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 20.04.2016

Sobre el autor
Mauricio Rabuffetti (1975) es periodista y columnista político. Es autor del libro José Mujica. La revolución tranquila, un ensayo publicado en 20 países. Es corresponsal de Agence France-Presse en Uruguay. Sus opiniones vertidas en este espacio son personales y no expresan la posición de los medios con los cuales colabora.

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