Elecciones 2019: Necesitamos más participantes

Elecciones 2019: Necesitamos más participantes

Por Emiliano Cotelo ///

Es cierto. La participación en las elecciones internas no siguió cayendo. Había sido de 37% en 2014 y esta vez subió a 40%. Muchos suspiraron aliviados. De todos modos, seis de cada diez personas habilitadas para votar decidieron no hacerlo. Y ese dato dibuja un escenario que debemos atender cuanto antes, aunque por ahora los focos iluminen a los dirigentes, los protagonistas más visibles de la política. 

Al mismo tiempo que analizamos lo que hacen y dicen los actores electos por la minoría, hay que observar también la ajenidad con que el 60% de los mayores de 18 años se ubica frente a las definiciones partidarias básicas. Es grave porque esa definiciones determinan lo que ocurrirá a partir de 2020 en cuestiones que nos afectan a todos, votantes y no votantes, como la seguridad ciudadana, el empleo y la educación, por ejemplo. 

Todos necesitamos de todos si estamos en una perspectiva de superación colectiva de dificultades comunes: los ciudadanos más involucrados en el debate público y los más escépticos o indiferentes –todos- son víctimas de delitos, padecen la circunstancia laboral o tienen hijos para los cuales pretenden una mejor educación. La fortaleza de la convocatoria a pensarnos como parte de una sociedad es la raíz misma de la vida social. 

Esa multitud que no votó el 30 de junio … va a votar en octubre, obligada por la ley. Y lo hará con más o menos desgano o esperanza, según sean la intensidad y el atractivo de la campaña. Obviamente cada partido va a procurar que su oferta política resulte la más interesante. Pero -me parece- ese ambiente mayoritario de prescindencia obliga a los actores a cambiar el modo en que se relacionan con la ciudadanía. 

Y en esa tarea de convencer, acercar e incentivar a la participación ciudadana en el debate y la acción política, además de los dirigentes partidarios y los candidatos, un papel importante corresponde a los asesores estratégicos y de comunicación de los partidos. 

Los asesores

No es sencillo persuadir a los votantes, con un perfil público claro y estableciendo un lazo emocional. Generar confianza entre gente muy diversa requiere esfuerzos sistemáticos en la calle y en todas las plataformas informativas. 

La vestimenta, la gestualidad, la precisión del discurso y la capacidad de polemizar y dialogar con el adversario son, según el cristal con que miremos, cualidades o defectos. Es básico lograr que la estrategia comunicacional atenúe carencias y destaque virtudes. 

Y eso depende mucho de quiénes son los jefes de campaña, los especialistas en organización y los expertos en comunicación política. Estas personas, que trabajan tras bambalinas, son, junto a los propios candidatos, quienes van delineando cómo moverse en la contienda, qué se dice y se hace y, sobre todo, cómo y cuándo.  

Cuatro ejemplos

En las elecciones internas, el papel de estos profesionales ha sido discreto pero determinante. 

Veamos.

Luis Lacalle Pou fue quien más votantes llevó a los circuitos. Su campaña, gerenciada por Nicolás Martínez, se caracterizó por la coherencia entre las piezas publicitarias dirigidas por Roberto Lafluf y el planteo programático sólido que articuló el filósofo Pablo Da Silveira.  A los 46 años, “Luis”, como decidieron presentarlo, sin dejar de ser una promesa de renovación, logró aparecer más presidenciable que hace cinco años, evitando desbordes y midiendo cada paso, y hoy es el líder indisputado del Partido Nacional. A su vez, se proyecta como conductor creíble para una eventual coalición de gobierno con los partidos de la oposición de hoy. 

Mientras tanto, Talvi, que comenzó su acercamiento a la actividad política con una gira nacional de conferencias denominada Encuentros Ciudadanos cuando todavía era el director de un centro académico (CERES), se transformó en agosto en político, precandidato y líder de una agrupación colorada a la que denominó Ciudadanos. Esa estrategia, asentada en más de dos años de trabajo, apuntó, con poco éxito, a hacerse conocer como una alternativa más abierta, menos atada a la tradición batllista. Hasta que, promediando la campaña, giró, se “coloradizó” y se soltó en su expresividad, a partir de la incorporación como asesor del publicista y sociólogo Francisco Vernazza. 

“Pancho” Vernazza, que antes, entre otros, trabajó con Rafael Michelini, Julio María Sanguinetti y José Mujica, facilitó la identificación de los votantes colorados con la propuesta de Ciudadanos y fue fundamental al recomendarle a Talvi la aceptación del debate con Oscar Andrade. Este caso ejemplifica el grado de incidencia que pueden tener estos consultores profesionales. 

Casi con la misma cantidad de votos que Talvi, otro recién llegado a la actividad política, en este caso en el Partido Nacional, Juan Sartori, fue y es motivo de división con los otros líderes blancos. Su campaña publicitaria, que podríamos calificar como “opaca”, estuvo marcada por los antecedentes oscuros de Juan José Rendón, uno de sus publicistas y estrategas. Con ese equipo el empresario consiguió generar la sensación de un torbellino electoral arrasador que, según proclamaba, lo establecería como el candidato presidencial blanco. No ocurrió eso, pero sí superó a Jorge Larrañaga y, con más de 90 mil votos, quedó como una piedra en el zapato del partido de Oribe y un gran signo de interrogación.  Por lo visto, aunque la mayoría de los uruguayos rechazamos el “vale todo” en la vida política, no somos enteramente inmunes.   

El Frente Amplio, que tuvo 45.000 votos menos que hace cinco años, pareció pagar el costo de la inseguridad, el estancamiento económico y el mal manejo de casos como el de Sendic. En este contexto, Daniel Martínez insistió en sus apelaciones a la unidad nacional para cuestiones claves, valorizó el Batllismo de comienzos del siglo XX y, claramente, se ubicó a si mismo como “aceptable para casi todo el mundo”. Es que necesita acercar, al mismo tiempo, a los frenteamplistas que están con un pie afuera y a los que se quedaron, más algunos que no eran y deben ser…

Ese talante componedor del candidato del oficialismo se magulló algo con el proceso accidentado que siguió para nominar a su vice. Pero, antes de este trajinar, durante la campaña electoral, su imagen de porteras abiertas fue afirmada cuidadosamente por la comunicación, a cargo del publicista y escritor Claudio Invernizzi, que antes asesoró a Tabaré Vázquez y a Danilo Astori.

El desafío que viene 

En fin. El desempeño de los equipos de estrategas, expertos en comunicación política y en logística es un factor cada vez más relevante para seducir multitudes en el camino a la presidencia. 

Esos asesores no pueden, sin embargo, saltearse la realidad: Por ejemplo, si la selección de los candidatos a vicepresidente de dos de los partidos mayores parece una tragicomedia, crecerá el distanciamiento de las mayorías respecto a los avatares de la política. Alguien debe adelantarse a los hechos, considerar previamente los errores y horrores previsibles…y evaluar sus consecuencias o evitarlos. La sensación de caos o desprolijidad es un peligro para la vinculación de los políticos con la sociedad.

El escepticimo o el rechazo a la política –ese del 60% que faltó el domingo 30-  debe ser un frente de batalla común para la nueva generación que representan Lacalle Pou, Martínez y Talvi. 

Allí, como decía, hay una tarea de primer orden para los asesores en estrategia y comunicación social. Porque gane quien gane, tendrá que encarar los grandes retos que enfrenta el país apoyado en mayorías frágiles, que solo serán efectivas si se las negocia con habilidad y flexibilidad. Y será fundamental que la otra parte, la nueva oposición, actúe de la manera más constructiva; es más, sería que existieran puentes nobles entre un lado y el otro. 

Un panorama tan complejo como ese que se viene requiere el acompañamiento de la sociedad, con más ciudadanos involucrados que hoy, que no sólo voten sino que además asuman con tolerancia y convicción la conveniencia del diálogo político, las concesiones y los acuerdos.   

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Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 12.07.2019

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Las internas, por pasar, pasaron, votamos los que votamos y arengar a los que no fueron -que por algo no fueron- es hoy, tardío.
    Hay dos bandos, siempre al final de la jornada, hay dos bandos…que a unos los une el amor y a otros los aduna el espanto…
    Aquel domingo también hubo dos bandos, yo estuve en el de la notoria minoría, en el del entusiasmo; ganó el otro, el de la indiferente cautela -que muy torpe sería subestimar- ganó con el 60 %.
    Se ha dicho y escrito mucha cosa, tanto se escribió y se reescribió que mucha otra cosa se borró -o se intentó borrar de la percepción masiva- y para completar aquella jornada, ninguno de los ganadores de cada interna, tiene encanto, carisma, seducción política; que sí, que la estrategia y la postura guionada, termina matando a la espontaneidad, al auténtico decir -aún en el error, del que nadie está pasteurizado-; tal falta se siente sin necesidad de explicación, se siente a flor de piel porque inspira confianza mayor quien habla con el corazón en la lengua.
    Y por escribir, cada cual escribe para decir algo, y en los halagos y las críticas que hace y además en lo que omite escribir, hasta cuidadamente omite escribir, el lector atento orejéa las patas a las sota y encuentra en las frases leídas, ora una declaración del autor, ora al escritor delatándose involuntariamente.

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  2. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    No comparto para nada el análisis de Emiliano. Estamos frente a una instancia de toma de decisiones importantes y no estamos tratando de vender electrodomésticos ni dentífricos. No se puede analizar una confrontacion de precandidatos dentro de los diferentes partidos tomando en consideración las estrategias que utilizan para conseguir el voto de los ciudadanos. Esto no es una competencia entre diferentes estrategias de marketing. Es algo totalmente diferente. Se trata de lograr que cada partido político tenga un solo candidato a la presidencia de la República y, de paso, determinar quienes van a decidir con respecto al candidato a la vice presidencia. A mi juicio, la determinación de la fórmula (presidente y vice) debería hacerla cada partido de la manera que considerara más apropiada. No es necesario que los partidos convoquen a los ciudadanos para decidir dos nombres pero si se quiere usar ese procedimiento debe ser aceptado. Pero no deberia ser obligatorio. Al ser obligatorio, pasa lo que ha pasado muchas veces y ocurrió en esta última oportunidad. Hay partidos que no necesitan hacer la convocatoria a elecciones internas, como por ejemplo, el FA, el PI y todos los partidos más pequeños. Los únicos partidos que necesitaban hacer la convocatoria a elecciones internas eran el PN y el PC. Y yo creo que esa necesidad provoca la mayor convocatoria. Todos tienen que ir a votar para que no salga Sanguinetti o para que no salga Talvi. Todos tienen que ir a votar para que no salga Sartori o para que no salga Lacalle o Larrañaga. Entonces, lo que debería suceder es que la participación en las elecciones internas fuera optativa pero no obligatoria. El 40% que fue a votar lo hizo porque pertenecía al PN o al PC o por participar de una elección sin consecuencias. No hay que dramatizar por el 60% que no fue. Ni tampoco habría que obligar a los ciudadanos a votar en octubre, noviembre y junio. Lo más democrático es respetar la voluntad de los ciudadanos. El que quiera votar que vote y el que no quiera que no interfiera en la toma de decisiones de los que quieren votar. Probablemente si el voto fuera voluntario, se evitaría una gran cantidad de votos desinteresados y generalmente mal informados que puede decidir una elección y no sería necesario gastar tanta plata de todos los contribuyentes para financiar las campañas electorales que son muy importantes para las agencias de publicidad, para los expertos en publicidad electoral y para los medios de comunicación pero que seguramente no generan una mejor elección de autoridades.

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