El fin de la privacidad

El fin de la privacidad

Por Rafael Courtoisie ///

Del panóptico foucaultiano al big data hay un paso, pero es un paso infinito.

De los sistemas de control, seguimiento y espionaje presenciales de los totalitarismos del siglo XX al imperio absoluto del algoritmo omnipresente y omnicomprensivo, el salto cuantitavo es tan grande que el correspondiente salto cualitativo todavía se hace difícil de aprehender, de considerar a cabalidad, de inteligir.

Estamos aún empapados de modernidad, de las mitologías, usos y costumbres de una era de unos tres siglos que nos enseñó a considerar el tiempo y el espacio con Descartes, la psiquis con Freud, la sociología con Durkheim,y Weber, la física con Heinsenberg, Schödinger y Einstein, el inicio de la hermenéutica con Heidegger, la biología primero con el descubrimiento que hoy parece naïf de Pasteur y luego con la revolución de Crick, Watson y Wilkins, quienes desenredaron el misterio de la doble hélice del ADN.

En materia de vigilancia el paso dado después de la modernidad, con el advenimiento de la metáfora informática y el desarrollo acelerado de los algoritmos, con el imperio de la predicción comportamental estadística y la proliferación de dispositivos perceptores (ya no sólo cámaras, y GPS, ahora también medidores de fiebre, de presión arterial, de pulso, de transpiración y de cantidad de pasos) el cambio es abismal.

Se rompe la esfera individual, la idea de intimidad y reserva deja de tener vigencia en la medida en que una tecnología del dato exacto, de la medición de toda variable física y síquica personal se aplica a la cotidianidad de cada vida, a cada trayectoria antes ilusoriamente guiada por aquella entelequia llamada libre albedrío.

La propagación del virus y su secuela superestructural de la peste vienen a respaldar, a dar una razón de fuerza mayor a la desaparición de la intimidad, al control biomecánico y comportamental absoluto, posible por el fenómeno del big data, por la colección y procesamiento inmediato de un número abrumador de datos acerca de cada persona y de cada segmento de población.

La pandemia se controla, afirman algunos expertos, haciendo cesar el derecho a la intimidad.

«El fin de la privacidad» puede llamarse este fenómeno de la era del 5G, de la postmodernidad líquida algorítmica.

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, lunes 29.06.2020

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Rafael Courtoisie (1958) es un ensayista, académico, autor de varias novelas y traductor uruguayo, miembro de la Academia Nacional de Letras.

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Foto: Rafael Courtoisie. Crédito: academiadeletras.gub.uy

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. El asunto de la pandemia es sistémico e irreversible, de la pandemia algorítmica obvio.
    Quedan pocos sitios íntimos en esta época de cortinas caídas para la gente común y la otra también: el lecho, un libro…el inodoro (no Pereyra).
    ¿Es la tecnología un problema?, no lo creo desde mi ignorancia, si creo que el problema es la propiedad de la tecnología y de otras tantas cosas también; la propiedad, su acumulación y el poder que brinda embriaga de arrogancia y acaricia otorgando «fuerza» de semidiós; hasta Aquiles tenía su punto débil, el talón, en esta vieja y antigua borrachera del hombre sobre el hombre, el hombre es plaga del hombre y del mundo en su delirio de propiedad por férreo propósito.
    El punto débil de la propiedad si acaso sea, sumergirse en tal espiral de mediocridad dedicándole la vida ¡nada menos!
    °
    «La mediocridad puede ser estar frente a la grandeza y no darse cuenta»
    Chesterton

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