Ghiggia y la segunda muerte de mis viejos

  • Juan Alberto “Pepe” Schiaffino (izq.), Oscar Omar Míguez (centro) y Rúben Morán (centro, der.) leen un diario en la concentración de Uruguay en Rio de Janeiro. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Al centro, izq., con el uniforme de AUF, Héctor Vilches; de brazos cruzados, Aníbal Paz, suplente de Roque Gastón Máspoli; con los brazos en la espalda, Rúben Morán y a la der., Eduardo Rivero Serra. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Jugadores de Uruguay pasean por la concentración. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Jugadores de Uruguay juegan a las cartas en la concentración. Al centro, sentado a la mesa, Víctor Rodríguez Andrade, titular en la final del 16 de julio. De pie, con uniforme de AUF, Rúben Morán; con camisa blanca, Aníbal Paz. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Roque Gastón Máspoli, golero titular de la selección (izq.), junto a su suplente, Aníbal Paz (der.). Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Eduardo Rivero Serra (centro), junto a Héctor Vilches (izq.) y Rúben Morán (der.), ambos jugadores del Club Atlético Cerro y también pacientes odontológicos de Rivero Serra. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Alcides Edgardo Ghiggia (izq.) y Juan Alberto “Pepe” Schiaffino (der.) leen un diario en la concentración de Uruguay. Foto: álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Páginas con las fotografías de la selección de Uruguay en el álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Páginas con las fotografías de la selección de Uruguay en el álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Detalle del álbum de fotos del viaje al Mundial del '50 de Eduardo Rivero Serra y Rosa Dragonetti Nappi.
  • Primera página del álbum de fotos de la familia Rivero-Dragonetti.
  • Aeropuerto de Carrasco, c. julio 1950. Eduardo Rivero Serra saluda con la mano levantada. Rosa Dragonetti Nappi, segunda desde la izq., mira a cámara.
  • Rosa y Eduardo (der.) posan junto a una pareja de amigos uruguayos en Rio de Janeiro. Al fondo, el Pão de Açúcar.
  • Rosa (der.), junto a otros uruguayos en Copacabana, Rio de Janeiro, julio de 1950.
  • Rosa y Eduardo en el Estadio Pacaembú, São Paulo, el día del partido Uruguay-España, julio de 1950.
  • Foto del partido entre Brasil y España en el álbum de fotos del viaje al Mundial del '50 de Eduardo Rivero Serra y Rosa Dragonetti Nappi.
  • Entrada de la final de Maracaná del 16 de julio de 1950, autografiada por Rúben Morán, en el álbum de fotos del viaje al Mundial del '50 de Eduardo Rivero Serra y Rosa Dragonetti Nappi.
  • Álbum de fotos de un viaje al Mundial del '50. Fotos de Eduardo Rivero Serra y Rosa Dragonetti Nappi.

 

Por Eduardo Rivero ///

A comienzos de julio de 1950, un matrimonio joven formado por una inmigrante italiana y un odontólogo sanducero decidió hacer, apenas a cuatro años de su casamiento, un segundo viaje de bodas. El destino: Brasil, justo a tiempo para regalarse la posibilidad de asistir al Campeonato del Mundo de Fútbol.

Entre la sana envidia que despertaron entre parientes y amigos porque conocerían, entre otras, aquella Cidade maravilhosa entonces lejanísima y retratada casi como caricatura por las películas de Carmen Miranda, abordaron en Carrasco un antediluviano DC-3 de Pan American, padeciendo mil y una burlas, ya que no existía quien no les dijera que Uruguay iba a ser goleado, y más aún si llegaba a enfrentar a Brasil.

Al llegar a destino y visitar la concentración del equipo uruguayo comprobaron que periodistas y dirigentes enarbolaban el mismo pesimismo casi burlón del resto de los compatriotas. Había, eso sí, un grupo de once inconscientes que, conforme se acercaba la final con Brasil, estaba fanáticamente convencido de que lo imposible era posible y que iban a ser campeones del mundo.

Con devoción futbolera, la italiana hincha de Nacional y el odontólogo manya a muerte charlaron con los jugadores, sacaron fotos y fueron armando un álbum que sus hijos hasta hoy guardan como un tesoro, donde se ven imágenes que nadie fuera del círculo familiar ha visto jamás. En una de ellas aparecen el Pepe Schiaffino y el Ñato Ghiggia, autores luego de los goles en la final, leyendo un diario brasileño.

He hojeado ese álbum desde que tengo memoria, porque soy hijo de la italiana y el dentista, y me crié en un hogar donde aquella hazaña imperecedera e inaudita ha sido, como es obvio, pan de cada día. El album incluye también un tesoro que ni en el Museo del Fútbol de la tribuna Olímpica se exhibe: una entrada de la final del 16 de julio, autografiada por Ruben Morán, un modesto jugador de Cerro que, por esos avatares del destino y las lesiones, resultó puntero izquierdo titular ese día. Era conocido de mi padre por ser paciente odontológico suyo.

Mis padres estuvieron en el estadio de Pacaembú viendo el trabajoso 2 a 2 de Uruguay frente a España. Y se asombraron, pocos días después, en Maracaná, presenciando una lección de fútbol, cuando Brasil le propinó a la misma España que tanto nos había costado un humillante 6 a 1.

Mi vieja, atemorizada, se negó a ir a la final. El viejo, por el contrario, no podía faltar y allí estuvo, rodeado de brasileños, ya que la Confederación Brasileña de Fútbol, CBF, para evitar que Uruguay tuviese hinchada orgánica y bullanguera mandó sentar a los nuestros uno lejos de otro. Presenció la euforia inicial de la imponente multitud cuando Brasil se puso uno a cero, afirmando durante todo el resto de su vida que el gol norteño había sido un descarado off-side.

Y cuando Alcides Ghiggia puso heroicamente el 2 a 1 a nuestro favor se puso de pie como accionado por un resorte, en medio de una tribuna silenciosa, hasta que un segundo después un arranque de lucidez e instinto de conservación le hizo volver a tomar asiento, sin proferir palabra o grito alguno y fingiendo contrariedad en su rostro. Ya participaría luego del festejo en el Hotel Paysandú de Río, llamado mágicamente como su ciudad natal.

Ayer se fue el flaco de los pies alados que formó parte de la máquina de Peñarol de 1949 de la que siempre hablaba el viejo, pero que, trascendiendo las camisetas clubistas, vestido de celeste le dio al uruguay la más grande hazaña deportiva en la historia planetaria. Es más: si hubiese fútbol en Plutón, seguramente no habría nunca otro maracanazo.

Mentiría si dijera que sentí ayer el lacerante dolor de la muerte real de mis viejos, ocurrida hace varias décadas. Pero sí fui –y soy– presa de un dolor sordo pero perfectamente perceptible. La muerte de Ghiggia, último héroe de Maracaná, genera el estruendo lúgubre de una pesada losa que cae, cerrando definitivamente el tiempo de mis padres y la era del Uruguay de las vacas gordas y los títulos mundiales. Desde ayer, Montevideo ya no es la misma ciudad que pisaron y donde se conocieron en el barrio Parque Rodó. Y yo, eterno pibe metido incómodamente en el cuerpo de un señor ya madurito, me siento, por primera vez, un hombre mayor.
 

Eduardo Rivero con el álbum del viaje de sus padres al Mundial del 50.
Eduardo Rivero con el álbum del viaje de sus padres al Mundial de Brasil de 1950.


Publicada originalmente el 17.7.2015 en EnPerspectiva.net

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9 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Que linda historia de familia que se mezcla con la historia de todos los uruguayos en un gran momento. Gracias Sr. Rivero por compartirla!

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  2. Hola una joya encontrar este relato, lo escuche en vivo por la tarde lo pase a mi esposo para que lo leyera y hoy me encuentro con el album y el «audio» precioso por que lo relato desde el corazón el corresponsal

    sempre estoy por decirles que podrian hacer una vez cada tanto historias de vida de los uruguayos que estan el exterior son muchos y son ciclos excelentes que atrapan en fin un modesto aporte a mi programa de siempre

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  3. Agustìn Toriani Montero · Edit

    Buenas noches, el odontólogo de la foto es Josè Marìa Montero y Raquel Viera, mis abuelos, padres de mi madre.
    Que increíble, se me pone la piel de gallina al verlo.
    Tengo todavìa la entrada de la final 1950 conservada dentro de un nylon tipo plastificada.
    Yo no lleguè a conocer a mi abuelo porque falleciò cuando yo tenìa 2 años.
    Aparte de Manya fanàtico fue tambièn presidente de Goes y de su propio bolsillo ayudaba a traer jugadores al club.
    Yo fui socio de Goes desde la panza de mi mamà al igual que mis dos hermanos que si conocieron al abuelo ya que son màs grandes.
    Muy buenas fotos. Mi Tìa, tiene las mismas fotos guardadas en un álbum.

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  4. Maravilloso el recuerdo, las fotos, la historia, sin duda de que haber estado ahí no tiene precio. Es que nadie imagina una cosa así, pero eso si es » … estar en el lugar adecuado en el momento indicado … «

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  5. El autor hace un singular y atractivo relato sobre la experiencia que vivieron sus padres durante el Mundial de Fútbol del 50 en Brasil, y especialmente la victoria de Maracaná, motivado por la muerte de Alcides Ghiggia. En ese interesante recuerdo de su infancia encuentro un error, tal vez producto de mirar con los ojos de hoy, la realidad de hace 65 años. Cuando se refiere al avión de Pan American en el cual se embarcaron sus padres hacia el país norteño, lo califica como un «antediluviano DC-3». Viendo las fotos en realidad se trata de su sucesor, un DC-4, modelo fabricado en la década de los 40 y por lo tanto un avión nuevo en 1950. Y aun si se hubiera tratado del predecesor DC-3, ese modelo de avión era por aquellos años una aeronave que había revolucionado al transporte aéreo en la década que acababa de terminar, con una destacadísima participación durante la SGM. Estamos hablando de aviones construidos, en esa época, menos de 10 años atrás, por lo tanto mas jóvenes que muchos de los que hoy abordamos en Carrasco para vuelos internacionales. Tan rotundo ha sido su éxito que en el ambiente aeronáutico al DC-3 se le conoce como el «Ford T de la aviación» y aún al día de hoy, ambos modelos remotorizados y con aviónica modernizada, siguen volando en muchas partes del mundo.

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  6. Ruben Morán, conocido como «el Tiza» Morán, fue un caso sorprendente en el fútbol: debutó con la celeste en la final de Maracaná y salió campeón, no sé si hay un caso semejante en la historia del fútbol. Sustituyó en ese partido final al puntero izquierdo titular, Ernesto Vidal. Morán fue el último jugador citado por el DT Juan López para integrar aquel plantel glorioso, y lo fue en reemplazo de un promisorio delantero de Peñarol de nombre Julio César Abbadie que alternaba en el primer equipo mirasol y que no aceptó la convocatoria de López. Morán tenía 19 años, jugaba en Cerro y era hijo de unos humildes inmigrantes asturianos que regenteaban un almacén en el Cerrito de la Victoria. Dos años después del 50 integró la selección uruguaya que participó en el Sudamericano de Lima; en total Morán apenas jugó seis partidos defendiendo a la celeste, porque poco después, a la edad de 24 años, se retiró del fútbol tempranamente. Habiendo sido el más joven integrante de aquel plantel glorioso de Maracaná, fue el primero en dejar este mundo, joven aún, a los 47 años. Murió en la pobreza, rozando la indigencia, en el olvido general, pero en la foto de aquella gran hazaña quedará para siempre.

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