A la espera del segundo debate, ¿en noviembre?

A la espera del segundo debate, ¿en noviembre?

Por Emiliano Cotelo ///

Esta campaña electoral, de tono relativamente apacible, se vio algo más agitada en las últimas semanas. Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou, los dos candidatos presidenciales que lideran en las encuestas, anunciaron que aceptaban un debate en televisión. Y, después de varias idas y venidas, el lance se concretó el martes pasado a las 8 de la noche.

Fue, sin la menor duda, un avance claro y germinal.

Pero falta.

Fortalecer los instrumentos de información ciudadana es clave para nuestra cultura política.

Se les fue…

Las cosas no fueron sencillas en la previa. En los preparativos participaron demasiadas personas que hicieron jugar una variedad increíble de intereses: políticos, electorales, propagandísticos, comerciales, gremiales… Cada capítulo de la negociación fue objeto de tiras y aflojes que consumieron mucho tiempo y gran cantidad de energía. Y el resultado, como podía ocurrir, tuvo algo de Frankenstein.

Además del entramado organizativo, y quizás por eso, circularon trascendidos y rumores contradictorios. En el meollo se fue negociando el formato del programa. En sucesivas reuniones y llamadas se logró un menú temático acotado. Se definió cuánto tiempo tendría cada candidato para cada punto y en qué orden hablarían. Los medios de comunicación involucrados en la iniciativa tuvieron tratativas, terminaron conviniendo que el encuentro se realizaría en Canal 4, cómo se distribuirían los costos, cuántos periodistas saldrían al aire y quiénes serían, cuándo y para qué aparecerían en pantalla, y qué papel iban a desempeñar. El color de la  vestimenta de los presidenciables también fue conversado. Se pactó que cada uno podría llevar 21 invitados y que sólo seis de ellos estarían habilitados para ingresar al set. Hasta se dispuso tres puertas de ingreso diferentes al canal, con criterios de seguridad que hacían recordar a una cumbre de mandatarios del G7.

En fin, como que se les fue la mano..

Y los dos debatientes, que llegaron al cruce sometidos a todo tipo de tensiones y consejos, debieron moverse en un marco recontra-restringido, al extremo de tener que soportar una campanita muy molesta, tipo micro-ondas, que sonaba 15 segundos antes de que llegara a su fin cada una de sus intervenciones.

Ahora, hasta noviembre

No se han confirmado más debates similares antes del 27 de octubre.

Lo que sí es seguro, siempre que haya segunda vuelta, es que habrá un nuevo duelo entre candidatos presidenciales en noviembre; una ley recientemente aprobada estableció, por primera vez, esa obligación.

¿Cómo será esa instancia? ¿Igual a la del martes pasado?  Me parece que son imprescindibles varias mejoras para esa y otras oportunidades que aparezcan.

Es necesario un debate político en que los adversarios argumenten y contradigan, contrasten pero también muestren dónde, concretamente, hay probabilidad de políticas de acuerdo nacional. Un programa donde los postulantes expongan sus personalidades e ideas, exhiban planes de acción más o menos definidos y acepten o rechacen propuestas de los otros para abordar los desafíos que enfrentamos. Un formato en que los candidatos, sean dos o más, se ubiquen frente a periodistas libres de ser inquisitivos, que estén habilitados para formular preguntas y repreguntas (además, claro, de controlar los tiempos y las condiciones de equidad).

Una base

Ojo, no estoy menospreciando lo que ocurrió este martes. Pero debemos considerarlo como un punto de partida. Eso que vimos, dos presidenciables exponiéndose juntos, confrontando en paralelo sin cruzarse… Eso es lo mínimo que pueden hacer.

Tan insuficiente fue este intercambio que, agradecidos después de 25 años de abstinencia, los uruguayos terminamos discutiendo sobre la ropa, los lentes y los peinados, los momentos en que uno respondió con titubeos o si aquel vocaliza bien y este otro no. En fin, cuestiones laterales, estéticas, obviamente distantes de lo que va a afectarnos de veras.

La política es, debe ser, cruzar la media cancha y adentrarse en el área de los problemas. Por supuesto que en una noche de televisión no accederemos al panorama completo de los candidatos, con su  potencial laboral, las medidas completamente fundamentadas, el equilibrio emocional y analítico, su humor y su pasión. Pero queremos más que lo que vimos esta semana. Si se sigue por este trillo presenciaremos un ballet exquisitamente ensayado, acaso esgrima olímpica con alguna estocada. Pero no será futbol, que es lo nuestro, donde en los 90 o 120 minutos hemos aprendido a percibir muchas cosas.

La rueda

La Corte Electoral está organizando la reglas del debate de noviembre y, según se informó, se muestra dispuesta a escuchar sugerencias. Hay que dárselas.

Dejando a un lado las exageraciones y deformaciones que se vieron en el armado de la primera experiencia, hay que aprovechar esta nueva oportunidad con un talante más racional.

Los periodistas, los comunicadores, los publicistas, los politólogos y los políticos más veteranos y representativos de los partidos deben aportar para que la controversia política aparezca y se luzca, para que los debates presidenciales uruguayos maduren y sean una instancia de mayor peso en el proceso de resolución del voto.

Y miren que no es necesario inventar la rueda. En el mundo existen muchos modelos de debates presidenciales y varios de ellos están muy afianzados y resultan, a la vez, entretenidos e instructivos.

Las pujas electorales son oxígeno vital de la democracia y la participación ciudadana. No hay compromiso con ella cuando se le hace el campo orégano a las meras apariencias, sin demandar más contenidos. A menos que, lamentablemente, optemos por adormecernos en la cáscara colorida, que no es sustancial y nutre poco.

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En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 04.10.2019

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6 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Como es habitual, con respeto, sabiduría y tacto, el editorial da en el clavo: yo lo puedo decir como ciudadano de a pie: un debate muy original, que no fue un debate, porque no se confrontaron ideas ni divergentes ni convergentes, y donde cada uno pareció mas preocupado en no cometer errores que en contraponer ideas. Bùsqueda dio empate y Brecha tituló GUSTO A POCO. Me sorprendió porque yo escribí lo mismo en un ws que mandè a la radio al día siguiente. Y pasa que realmente – si bien es un comienzo – el formato es decididamente deficiente: no hay confrontación de modelo o de propuesta de gobierno. Las famosas estocadas ( el FA no es creíble, …… míreme a los ojos) no son mas que efectismos. Seguimos, como decía el inolvidable Batalla, leyendo titulares y no noticias. Nos quedamos con el copete y no el contenido. Y lo que creo mas grave es eso de que no haya mas posibilidades hasta pasada la primera vuelta. Una vez mas, las encuestas se llevaran los palos o las palmas, pero en realidad los indecisos votarán por las encuestas y no por las ideas. Una pequeña pérdida de republicanismo

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  2. Mejor sigan con Ciclos, del estilo del que desarrollaron con Deloitte. Resulta mucho más productiva e interesante una entrevista en profundidad, en que haya oportunidad de inquirir sobre aspectos trascendentes de las Propuestas programáticas. … en profundidad y en serio. ..

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  3. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    ¿Cuál es el objetivo de un debate pre-electoral?
    El debate es un medio de lograr un objetivo. Dependiendo del objetivo, es que debe diseñarse la dinámica del debate. En este caso no hubo definición de objetivo porque cada uno hizo lo que le pareció en relación a cada uno de los temas. Lacalle no hizo ninguna mención a sus propuestas, las que estarían contenidas en el proyecto de ley de urgente consideración. En su lugar, se dedicó todo el tiempo a realizar críticas al FA por no haber cumplido promesas (rapiñas, hurtos, homicidios), por no haber acertado en las estimaciones (inflación), por haber realizado cambios no planeados en la estructura tributaria (IRPF principalmente). En base a esas fallas en las estimaciones y en las metas, considera Lacalle que el FA no es creíble. Naturalmente, no consideró apropiado desvirtuar o desvalorizar la andanada de progresos que, por su lado, esquematizó Martínez.
    Martínez, por su lado, eligió una estrategia basada en traer a la memoria de los espectadores todos los avances conseguidos en diversas áreas por el FA pero también expuso en muchos casos, los planes que tiene el FA para mejorar la situación de la gente de nuestro país.
    Me pareció este debate muy parecido al de Cosse con Larrañaga. Cada uno tomó un camino y lo siguió sin importarle mayormente lo que afirmaba el otro. En ninguno de los dos casos hubo discusión o contra-argumentación como sí lo hubo, bastante más, en el debate de Andrade con Talvi.
    Como lo que hemos observado es algo inocuo, creo que si se quiere mejorar hay que buscar primero que nada definir cuál es el objetivo de un debate.
    A mi me parece que el objetivo de un debate entre presidenciables es contraponer enfoques sobre temas previamente elegidos, no por los debatientes sino por los organizadores, en este caso, los medios. Creo que habría que elegir un tema controversial en cada una de las áreas (economía, seguridad, educación, políticas sociales) y proponer a los debatientes que presenten sus propuestas y argumenten en contra y a favor. Los debatientes deberían estar acompañados por sus asesores no solo para apoyarlos sino también para que el público los conozca. No me parece razonable establecer tiempos tan escasos para expresar los pensamientos. Tampoco me parece necesario que haya un plantel tan nutrido de periodistas (en el debate del 1 de octubre su papel fue absolutamente insignificante). Creo que alcanzaría que hubiera un moderador para ordenar el uso de la palabra y controlar los tiempos utilizados por cada debatiente. La discusión la tienen que manejar los debatientes a su gusto. Tampoco me parece razonable que haya tanto tiempo de pausa (22 minutos más el tiempo empleado por los periodistas para 54 minutos de actuación de los debatientes).
    No es conveniente permitir que los debatientes expongan opiniones sebre virtudes y defectos de sus respectivos gobiernos porque no hay forma de comparar un gobierno de 15 años recientes con un gobierno de cinco años que empezó hace 29 años y terminó hace 25.
    Me parece que de esta forma no podrá suceder lo que ha sucedido en los tres debates recientes, donde no hubo confrontación de ideas sino exposiciones apuradas dentro de estrategias elegidas libremente por cada uno.

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  4. A mi me pareció que este debate fue algo básico.
    Está bien que se expongan ideas pero con algo mr ás de confrontación.
    Se necesitarían formatos complementarios. Donde no solo intervengan los presidenciables sino también los asesores.
    Por ejemplo sería bueno que Talvi o sus asesores expusieran porque creen que el modelo es Chile, Nueva Zelanda y Europa para Uruguay y porque lo creen viable.
    Alguien también le puede rebatir lo expuesto.

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  5. Admiro su optimismo Emiliano, consultado el célebre escritor sobre qué era para él la política, respondió: «una de las formas del tedio». Fue éste suceso que me recordó la frase.
    Dudé en comentar su editorial porque antes ya escribí en un grupo de WhatsApp con gente que mucho aprecio, mi parecer.
    Mi parecer es que este COSA/EVENTO, mal nombrado debate, tiene como sustento de fondo el tema de la LEGITIMACIÓN.
    ¿De quienes?
    De los candidatos, seguro que NO.
    ¿De quién entonces?
    A mi parecer, de la «Sociedad del Espectáculo», configurada en este caso en particular por:
    ¤ Una élite tecnocrática (incluido Verificado) por demás light y burocrática (con personas sin duda muy valiosas) empoderándose en una suerte de tutela proto moral y laudatoria, por sobre los simples y mortales ciudadanos pedestres.
    ¤ Por una no tan acotada y presencial «corporación» de periodistas en el estudio que, curiosamente trocaron su noble oficio en Preguntar, por el mero hecho de Estar/Figurar.
    ¤ Por último (pero no final) por el menguado negocio de la TV, como panóptico habilitador de la Política y no sólo, de la Realidad misma (el mundo ES como te lo mostramos NOSOTROS desde NUESTRA pantalla)

    Este simulacro de Debate, sobre iluminado y decorado y guionado y regulado…con harta gente no para los dos, sino merodeando, cuando no, parasitando a los dos candidatos; no le hace honra al sentir republicano, al espíritu democrático, no fulge, opaca.
    Ojalá tenga usted razón en su optimismo y si hay un debate próximo, sea algo notoriamente mas sustantivo.
    Perdón por la acidez y saludos atentos.

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  6. Me tome el tiempo para ver de nuevo el recordado debate Sanguinetti Vázquez. Formato sumamente sencillo, Brovetto se limitaba a indicar el comienzo de los turnos y después había diez minutos para cada uno con réplicas de cinco. Tema libre, podían decir lo que quisieran. Fue excelente, se dieron con todo pero con altura. Temo que usaban palabras demasiado difíciles para la embrutecida audiencia de este siglo.

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