La mentira

La mentira

Por Silvia Bartram ///

Soy médica y graduada en Filosofía, y mis dos oficios muchas veces se encuentran en una misma historia.

Hoy voy a hablar sobre la mentira, en particular sobre esas mentiras que decimos en la vida cotidiana, casi sin darnos cuenta.

Hay varias teorías de la verdad, pero la más inmediata, la que surge del sentido común, es que una afirmación es verdadera cuando coincide con los hechos.

No todas las expresiones falsas son mentirosas, es necesaria la intención de engañar. No miente quien comete un error. Tampoco es mentira la ficción, que es una falsedad compartida. El escritor no engaña al lector, es su cómplice.

Se puede mentir por supervivencia, como el camuflaje animal.

La mentira política es aceptada por algunos con el fin de no alarmar a la población. Durante esta epidemia de Covid-19 podría haber sido una opción, pero nuestro gobierno resolvió proporcionar datos ciertos, confiando en la responsabilidad de los uruguayos.

La mentira piadosa es una afirmación falsa con intención benevolente. Los médicos y los familiares solían ocultar la gravedad de una enfermedad. La tendencia actual es abandonar ese paternalismo, explicando claramente las posibilidades. Eso es benéfico para el enfermo, quien se da cuenta de su estado y a veces incluso imagina algo peor. Se siente muy solo porque no puede compartir sus temores y no se anima a preguntar.

Sin embargo, la razón más frecuente por la que mentimos es la cortesía. Inventamos una excusa para liberarnos de lo que no tenemos ganas de hacer, pero procurando no ofender al otro.

¿Acaso hay alguien que no mienta nunca? Sí, Kant. Para Kant una mentira no se justifica jamás.

La mayoría de los filósofos profesa una ética teleológica, es decir que tiende a un buen fin. De ese modo podría tolerarse una mentira si evita un mal mayor. La ética kantiana, en cambio, es una ética del deber, deontológica. El acto bueno es una joya que brilla con luz propia.

Muchas objeciones se han planteado a esta visión tan exigente. Para poner en evidencia la imposibilidad -incluso el peligro- de renunciar a cualquier costo a la mentira, suponen una situación imaginaria, en la que Kant, en lugar de vivir en el siglo XVIII, vive en el siglo XX y en la Alemania nazi.

Proponen que un amigo le pide a Kant que lo esconda en su casa, ya que lo persigue la Gestapo.

Kant, naturalmente, esconde a su amigo. Al poco rato, la Gestapo golpea la puerta y los agentes preguntan: ¿Hay una persona escondida en su casa? Kant, que no miente nunca, dice que sí. Los nazis entran y se llevan al amigo a un campo de concentración. En esta hipótesis, el resultado es muy malo. Con este argumento pretenden convencernos de que a veces es necesario y hasta honorable mentir.

Pero los kantianos tienen una respuesta: podría ocurrir que el amigo, al ver por la ventana llegar a la Gestapo, saltara a la calle. Si Kant acepta mentir y dice que no, los nazis se retiran y justo ven al amigo salir por la ventana y lo atrapan. Es el peor resultado posible, ya que Kant falla a sus principios y el amigo es igualmente atrapado.

En cambio, si Kant contesta que efectivamente hay un hombre escondido en su casa, la Gestapo entra, pero no ve al amigo, que ha escapado por la ventana.

Es el mejor resultado posible, ya que Kant no traiciona sus principios y el amigo logra escapar.

Cuanto más leo a Kant, más me seduce su ética súper estricta. Cuando para salir del paso me siento tentada a mentir, se me aparece en la conciencia la figura severa de Kant, como se le aparecía Pepe Grillo a Pinocho.

Entonces, tengo que resolver el problema, ya sea juntando fuerzas para afrontar las consecuencias o buscando una verdad que no lastime ni a mi interlocutor ni a mí.

Si alguien al que hace tiempo que no veíamos nos pregunta, ¿Me encontrás muy gordo?, o ¿muy viejo?, nos pone en un aprieto. Una posibilidad es el silencio, que puede ser más hiriente que la verdad. Hay que pensar rápido en una verdad amable, como por ejemplo: “Nos pasa a todos”.

Escribe Antonio Machado: Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía/ también la verdad se inventa.

No mentir, entonces, más que un desafío a la ética, es un desafío a la inteligencia. Un desafío a decir una verdad a veces escondida, pero que el ingenioso puede encontrar y hacerla resplandecer.

 

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, jueves 22.06.2020

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Imagen: Immanuel Kant (1768), por Johann Gottlieb Becker. Crédito: Wikimedia Commons.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. No importa cuales sean las consecuencias de lo que diga Kant. Lo que importa es cuál es su intención al mentir o decir la verdad. Si el amigo se escapa por la ventana, al menos Kant habrá hecho algo moralmente bueno al intentar protegerlo, más allá de cuál sea el resultado final. Si Kant dice la verdad, sabe que está condenando a su amigo a un destino terrible. No veo nobleza ni moralidad en decir la verdad sabiendo el mal que puede causar.

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