La realidad acelerada y los periodistas

Por Emiliano Cotelo ///

Internet, celulares inteligentes y redes sociales… Esta combinación nos ha cambiado la vida de manera fuerte. Quienes usan esas tecnologías lo tienen clarísimo; destacan que gracias a ellas pueden estar fácilmente al tanto de las novedades, sentirse muy cerca de amigos o familiares ubicados en cualquier lugar del planeta, discutir con conocidos o incluso con desconocidos, por ejemplo nada menos que un parlamentario o un dirigente político, etc. Pero este cambio profundo se extiende también a los otros, los que por distintas razones se mantienen lejos de esas tecnologías o, directamente, las rechazan. Es que, debido a ellas, la historia transcurre ahora de otra manera y eso toca a cada uno de los seres humanos, lo quiera o no, lo busque o no.

Esta revolución de las comunicaciones no altera sólo la variable distancia, también la variable tiempo.

De nuevo, esto parece “de Perogrullo” si lo consideramos a nivel individual. Quienes estamos “conectados” notamos que las distancias se nos han achicado y que, por otro lado, podemos hacer más rápidamente actividades que antes demandaban esperas más o menos largas.

Pero existe el correlato, menos obvio, en la vida en general. ¿Cómo decirlo? También “la realidad” transcurre de manera diferente. Buena parte del mundo está “hiperintegrado” y lo que pasa en un sitio puede perfectamente impactar en otros, afectarlos o influenciarlos. Y no solo eso: esos impactos a distancia pueden ocurrir, además, a gran velocidad; y, de hecho, ocurren a velocidades increíbles. Y en ese ambiente acelerado vivimos todos, los conectados y también los otros, por ejemplo los que deciden no tener celular ni tableta.

No estoy haciendo ningún descubrimiento; cantidad de expertos han examinado este fenómeno con mucho más autoridad que yo. Pero creo que vale la pena comentarlo con ustedes y reflexionar mínimamente sobre estas tendencias. Es una inquietud que me surgió a partir de algunos hechos de estas últimas semanas.

Les propongo que los veamos.

Terrorismo en directo

En apenas dos meses, desde el 22 de marzo, Inglaterra fue escenario de tres atentados terroristas que dejaron más de 30 muertos. Y en el ínterin … ¿cuántos más hubo en otras partes del planeta? La lista es larguísima y estremecedora. Por lo menos podríamos mencionar los que tuvieron como escenario a Kabul (Afaganistán), Alejandría y Tanta (Egipto), Manila (Filipinas) y, esta misma semana, París (aunque fue poco grave, en la catedral de Notre Dame) y Teherán (Irán), con el doble ataque del miércoles.

Parece claro que organizaciones como Estado Islámico tienen a la revolución de las comunicaciones como un engranaje fundamental de su maquinaria.

En su momento analizamos En Perspectiva las productoras audiovisuales que estos guerrilleros armaron y las realizaciones casi hollywoodenses que lanzaron para mostrar algunas de sus acciones más bárbaras, como las decapitaciones.

Pero también, de hecho, internet y las redes sociales les han permitido generar vínculos con sus potenciales seguidores, lo que ha derivado en esas tramas infinitas y tan difíciles de controlar, a partir de las cuales surgen los voluntarios suicidas que se hacen estallar en un espectáculo musical para adolescentes en un estadio o simplemente toman un cuchillo y salen a matar o herir a los caminantes que encuentran en un puente o en una plaza.

Y allí, en el acto terrorista mismo entran en juego de nuevo los smartphones pero del otro lado, del lado de las víctimas o los testigos. Ya no hace falta que lleguen los fotógrafos de la prensa o los cameramen de la televisión. Gente que está cerca de los hechos toma imágenes, fijas o en movimiento, y a los pocos segundos las difunde al mundo. El impacto del terrorismo es mayor que antes porque “ganó” esos primeros minutos en los que la información ya empieza a circular vía WhatsApp, Instagram, Twitter y Facebook, tal vez cuando el episodio todavía está en desarrollo, generando el pánico bastante más allá del sitio mismo elegido, en medio, por supuesto, de una enorme confusión.

Mi impresión es que esta variante relativamente nueva, la del terrorismo individual y “low cost” (de bajo costo) pero amplificado en directo y en primera persona por reporteros gráficos aficionados, es un “negocio perfecto” y está influyendo en la acumulación vertiginosa de hechos de este tipo.

Macron rápido y hábil

No es ninguna novedad que las nuevas posibilidades de comunicación han transformado las relaciones internacionales y las han hecho más fluidas y ágiles. Pero cada tanto hay momentos que se destacan de manera especial.

El jueves 1º de este mes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en conferencia de prensa que su país se retirará del Acuerdo de París para el Cambio Climático. A las pocas horas, nada más, le salió al cruce el flamante presidente de Francia, Emmanuel Macron. Desde el Palacio del Eliseo grabó en video dos mensajes con el mismo texto, uno en francés y otro en inglés, y remató el segundo diciendo: “Let´s make the planet great again” (“Hagamos al planeta grande otra vez”). El breve discurso, con esa alusión directísima al lema de campaña de Trump, se volvió viral en las redes sociales pero además era ideal para ser divulgado una y otra vez en las cadenas de televisión norteamericanas, esas que el mandatario republicano sigue con tanta atención.

El twittero Trump

Hablando de Trump, él es un protagonista de otra variante de la aceleración de la vida política, que podría calificarse como imprevisible y desconcertante.

Ya conocíamos su adicción a Twitter de sus épocas de candidato. Pero después del acceso a la Casa Blanca decidió mantener en funcionamiento su cuenta personal en esa red social, algo que no tiene precedentes. Es así que, celular en mano, va escribiendo sus opiniones sobre las noticias mientras se entera de ellas mirando televisión o leyendo la prensa. Y, por supuesto, no anda con vueltas.

En la última semana, por ejemplo, decidió criticar públicamente al alcalde de Londres, muy poco después del último ataque terrorista, y luego, cuando siete países árabes rompieron relaciones con Catar acusando a ese país de apoyar al terrorismo islámico, Trump avaló ese señalamiento, en un gesto difícil de entender cuando Estados Unidos tiene en ese emirato una de las bases militares más importantes de la región.

¿Puede pensarse que comportamientos de este tipo, ya característicos de Trump, son inocuos? Todo lo contrario. Sus latigazos escritos desde el sofá van precipitando hechos sobre hechos. Y mientras tanto -me imagino- su equipo de asesores se agarra la cabeza y procura encauzar los nuevos escenarios instalados repentinamente y administrar la reacción de los involucrados.

Políticos de acá

En la situación anterior yo hablaba de un ejemplo extremo, por la personalidad de Trump y porque es el jefe de Estado del país más influyente del mundo. Pero acá, a nuestra escala, tenemos cantidad de figuras políticas de tecleo tan ansioso como el de Trump. Por ejemplo, parlamentarios de todos los partidos que leen el diario o escuchan la radio y, ahí no más, emiten sus veredictos y hasta anuncian acciones concretas. En cuestión de minutos ya hay un hecho consolidado, sin que mediaran la reflexión serena y/o la investigación adicional elemental. Y ese hecho se solapa con otros, lanzados por otros actores, en una acumulación inflada, fruto de una carrera de perfilismos. Tan rápido va todo que algunas veces los casos se van apagando disimuladamente, una vez que sus impulsores comprenden que dieron pasos en falso.

¿Y los periodistas?

Hoy me detuve en cuatro casos donde a partir de internet, celulares y redes sociales la historia da “bandazos” y se desacomoda a alta velocidad.

Son apenas pinceladas. Pero conviene que la gente sea consciente de estos fenómenos relativamente nuevos; es que, en definitiva, ellos van a marcarnos a todos de una u otra manera.

Y a esos efectos los medios de comunicación “tradicionales” tenemos un papel importante a desempeñar.

Lejos de quedar desplazados por la multiplicación infinita de voces y miradas, a nosotros, los periodistas, nos corresponde el desafío de ubicarnos entre esa vorágine y el ciudadano para servir a este último. Para eso, el primer requisito es no dejarnos arrastrar por la correntada o el escándalo. Y una vez afirmados allí, con aplomo y rigor, tenemos por delante la responsabilidad de verificar, investigar, cotejar y ordenar para, en la medida de lo posible, echar la luz que haga falta. Y eso implica mucho trabajo, en un servicio público delicadísimo.

***

Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 09.06.2017, hora 08.05

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Fernando Scrigna

    En la clasificación de Emiliano, no me ubico entre los que rechazan estos instrumentos, pero sí entre los que se mantienen un poco «alejados» porque se manejan muchas noticias falsas a tan alta velocidad y sin que nadie «multe» a sus autores (que – por si fuera poco – son muchas veces anónimos).
    Como en todas las novedades e «inventos» de la carrera humana, estas no escapan a la regla que las rige desde siempre: la cuestión no es el instrumento. La cuestión es cómo se utiliza.
    Por eso comparto las reflexiones de Emiliano cuando da respuesta a la pregunta: Y los periodistas? Y me permito un aporte: los periodistas tendrán el gran desafío de intentar buscar no tanto la primicia, sino la verdad. Todo un desafío para este siglo XXI, que pone en jaque las ideas del periodismo del siglo pasado.

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  2. ¿acaso la verdad siempre fue volátil? ¿acaso hoy la tecnología y su velocidad lo hacen mas evidente? ¿acaso importa mas como se relatan los hechos que la verdad misma? ¿acaso se desdibujaron los paradigmas y vivimos una época transición ética con valores que aún no acaban de cuajar?
    Buena parte de los medios locales -los mas poderosos en especial-, han incurrido en el sensacionalismo, el dirigismo y otros vicios que erosionaron el prestigio de la profesión.
    Como sea, la verdad se tornó en un bien endeble, una mercancía amorfa envuelta en celofanes de colores.

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