Editorial

Los 80 años del Ballet Nacional del Sodre

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Por Rosario Castellanos ///

El BNS, como ahora se le llama, fue creado en agosto de 1935 y en noviembre de ese mismo año presentó su primer espectáculo, la obra Nocturno Nativo, con música de Vicente Ascone sobre argumento de Víctor Pérez Petit. Su primer director fue el maestro Alberto Pouyanne, pero de aquella primera presentación lamentablemente no queda registro alguno. A partir de entonces comienza a construirse la historia de la danza en nuestro país, con momentos brillantes y otros con no pocos inconvenientes.

Desde un comienzo las escuelas francesa y rusa estuvieron muy bien representadas con los aportes de renombrados maestros y coreógrafos que trabajaron con el elenco. Figuras internacionales como Roger Fenonjois, Gala Chabelsca, Tamara Grigorieva, Vaslav Veltchek, María Ruanova y William Dollar fueron responsables del prestigio de la compañía que se convirtió en factor principal del panorama cultural del país.

Por los años 1950, cuando alguna de las por entonces primeras figuras comenzaron a decaer, se vió la necesidad de contratar a cuatro bailarines argentinos que se convirtieron desde entonces en primeras figuras del elenco. Margaret Graham, Tito Barbón, Eduardo Ramirez y Micha Dimitrievich se sumaron a Tola Leff, Hebe Arnoux, Rosario Hormaeche, Raúl Severo, Marina Korolkova y luego Olga Bérgolo y Sara Nieto para conformar uno de los mejores momentos del Ballet del Sodre.

Galas al aire libre en el Teatro de Verano o el escenario del Lago del Parque Rodó, en el Parque Rivera, presentaciones en el interior del país y en casi todos los casos acompañados por la Orquesta Sinfónica, resultan recuerdos imborrables para los que concurrimos a ellas.

El 18 de setiembre de 1971 se incendió el Estudio Auditorio. Ese lamentable hecho trajo aparejado la debacle de sus cuerpos estables y en particular del cuerpo de baile, que sin sala propia, comienzan a deambular por otros escenarios de peores condiciones para el espectáculo, los intérpretes y el público.

Los bailarines jóvenes y con mejor perspectiva de realización comienzan a emigrar a otros cuerpos estables y la compañía ingresa en una crisis de valores y apoyos que inmediatamente se traduce en la pérdida de protagonismo en el panorama cultural del país.

Con la tenacidad de algunos pocos que siguieron peleando por su permanencia, el cuerpo de baile oficial se mantuvo en actividad con menos espectáculos y menos apoyos oficiales para la contratación de maestros, directores y bailarines. En esta titánica labor se destacó la actitud de Eduardo Ramírez, que cuando dejó su condición de primer bailarín se convirtió en maestro, coreógrafo y director para superar algunos de los peores momentos de esta larga crisis de la compañía.

Contó con la colaboración de bailarines uruguayos que permanecieron al firme como Sandra Giacosa, Mariel Odera, Alejandro Godoy, Rossana Borguetti, Sofía Sajak, Paulo Aguilar o Giovanna Martinatto. De ese período datan las colaboraciones de notables coreógrafos contemporáneos como Oscar Araiz, Mauricio Wainrot o Gigi Cacilenieu.

Cabe destacar también la labor de otra de las figuras argentinas que fuera primera bailarina del elenco. Me refiero a Margaret Graham, que al frente de la Escuela de Danza del MEC mantuvo un excelente nivel formativo para lo que naturalmente debía ser el semillero del cuerpo de baile.

Hoy el Ballet Nacional del Sodre celebra sus 80 años en unos de sus mejores momentos. Con sala propia y Julio Bocca al frente de la compañía recuperó el prestigio de otrora y obtuvo los apoyos necesarios para la contratación de jóvenes bailarines, maestros y coreógrafos.

Pero como también reconoce valores contemporáneos, resolvió festejar con el espectáculo Episodios nocturnos coreográficos a cargo de dos jóvenes creadores uruguayos, Andrea Salazar y Martín Inthamoussú, y un argentino, Demis Volpi, que a partir de hoy y hasta el domingo 23 de agosto podrá disfrutarse en el Estudio Auditorio.

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