País de servicios

Por Rafael Mandressi ///

En la Europa del Antiguo régimen, las casas reales, principescas, episcopales e incluso las de la pequeña nobleza se componían de decenas de sirvientes, a menudo cientos. Además de médicos, cirujanos y apotecarios, revistaban en ellas barberos, caballerizos y mayordomos, cocineros, camareros y camareras, guardias, ayudas de cámara y pajes, capellanes, confesores, maestres de capilla y limosneros, camarlengos y chambelanes, aposentadores, catadores, coperos, damas y doncellas de honor, ujieres, halconeros, maestres de los lobos de caza, y así, hasta llegar al mozo del bacín, encargado de vaciar y reponer el orinal de sus amos y amas. Un mundo piramidal y firmemente jerárquico, en el que cada oficial y jefe de servicio tenía a su vez otros sirvientes bajo su autoridad.

En el Uruguay de 2015, mundos que guardan cierto parecido con ése siguen emergiendo con el fin de la primavera. En el departamento de Maldonado, en particular, a mediados del mes de diciembre empieza a verse engrosar la servidumbre, que progresivamente va tomando posesión de sus respectivos puestos en casas y edificios de apartamentos, listos para efectuar cumplidamente sus tareas a la voz de aura.

Esta suena con el primer atisbo de las caravanas de automóviles descendiendo la ruta desde el lomo de la Ballena, pero el trabajo ha comenzado en verdad un poco antes: jardineros que cortan, plantan y riegan, tres turnos de porteros que visten sus uniformes y se instalan en la planta baja, una legión de mucamas que realiza la limpieza general, la primera de la temporada, antes de pasar a la rutina diaria ni bien arriban los ocupantes, propietarios o inquilinos, de las viviendas.

Además de estos clásicos, con el verano aparecen otros oficios. El piscinero, por ejemplo, cuya función es vaciar y llenar la alberca, ponerle cloro, limpiarla con calderín e instalar, si no hay otra persona encargada de hacerlo, sombrillas y reposeras.

También surge el garagista, es decir quien está apostado en el estacionamiento del edificio, no para abrir y cerrar puertas, sino para estacionar los vehículos, en ocasiones, y fundamentalmente, según puede verse, para ayudar a las señoras y señores que vuelven del supermercado a descargar del auto las bolsas con las compras, y quizá a llevarlas hasta el ascensor.

El cadete, a su vez, tiene un desplazamiento mayoritariamente vertical: se mueve entre la recepción, donde se encuentra junto al portero, y los apartamentos para dejar en ellos el diario del día, una factura, una notificación o, de tanto en tanto, una carta.

A ellos puede sumarse una o varias personas dedicadas al mantenimiento de lo que se ha dado en llamar amenities, puede haber alguien que tenga como misión baldear lo que se ha dado en llamar deck, esto es, la terraza, sin contar el personal que ha sido dado en llamar security y que, como su nombre lo deja adivinar, tiene a su cargo la vigilancia del lugar.

En ciertas propiedades o copropiedades se cuenta además con cocineros y/o cocineras, pero rara vez con niñeras – aquí el corte de género es implacable, como con lavanderas y planchadoras. Las niñeras, en efecto, suelen venir con la familia desde sus lugares de origen. Niñeras que van a la playa uniformadas, heladerita en mano, y cuidan niños ajenos sudando la gota gorda. Jardineros que siegan césped y podan arbustos ajenos, garagistas que conducen algunos metros autos ajenos y cargan bolsas de compras ajenas, mucamas que limpian suciedades ajenas en baños y cocinas.

Como en la Europa del Antiguo régimen, a todas estas personas se las suele llamar por su nombre de pila, pero tratándolos de usted: “usted, Teresa”, “usted, Jorge”. Teresa, Jorge, y todos los demás viven veranos de ciclomotores y ómnibus tempraneros. Veranos de trabajo en casas y apartamentos que solo pueden ver por dentro a la hora de servir. Servir. He ahí el verbo cardinal, después de todo, en un país de servicios.

***

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, lunes 28.12.2015, hora 08.05

Sobre el autor
Rafael Mandressi (Montevideo, 1966) es doctor en Filosofía por la Universidad de París VIII, historiador y escritor. Desde 2003 reside en París, donde es investigador en el Centro Nacional de Investigación Científica, director adjunto del Centro Alexandre-Koyré de historia de la ciencia y docente en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Es colaborador de En Perspectiva desde 1995.

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Esta mañana de los Santos Inocentes, distrajo de mi rutinarios preparativos para ir a mi limpieza de los lunes, este editorial. Me sentí protagonista de la historia que el «señor de la radio» estaba contando. Mis sinceras felicitaciones por la precisión con que describió esas disímiles, complejas – agregaría antagónicas- realidades de quienes somos el «personal de servicio» y de quienes nos contratan.
    Aplaudo su sensibilidad para ver – desde el lado de quienes reciben el servicio- el trabajo de gente que la lucha todos los días y que pasa desapercibido.

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  2. Hijos de la fortuna, ese mundo donde la fragancia del dinero confunde prosperidad con vanidad. Bastardos de la necesidad, ese mundo donde el aroma de la dignidad está escondido tras la sumisión. La igualdad es distinta, la fraternidad es discrecional, la libertad es mas libre en el tiempo de unos que en el de los otros

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