Todo sirve para batallar contra la desinformación

Todo sirve para batallar contra la desinformación

Por Emiliano Cotelo ///

A partir de la convocatoria de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), los partidos políticos se comprometieron el viernes pasado a “no generar ni promover noticias falsas o campañas de desinformación en perjuicio de adversarios”. También anunciaron, entre otros puntos, que promoverán “entre sus afiliados y militantes la necesidad de buenas prácticas de convivencia en el manejo de las redes sociales”. Y decidieron crear un “mecanismo permanente de consulta” para dar “seguimiento” al pacto, “de modo de responder rápidamente a cualquier situación que pudiera afectar” su cumplimiento.

En la ceremonia, que tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, se encontraron dirigentes de todos los partidos con representación parlamentaria y algunos, no todos, los precandidatos a la Presidencia de la República. Todos, sin embargo, adhirieron expresamente y enviaron delegados.

Con la misma inquietud se realizaron durante la semana pasada varias actividades académicas y profesionales, promovidas por organismos internacionales, ong y universidades, en las que periodistas y estudiantes de periodismo aprendieron y reflexionaron sobre el fenómeno de las “fake news”, sus antecedentes recientes en otros países y algunas alternativas que se han ensayado en el exterior para enfrentarlo. En ese contexto, un grupo de medios de comunicación uruguayos siguió discutiendo y preparando la creación de una especie de “agencia”, que funcionaría especialmente durante la campaña electoral nacional para verificar las versiones, los hechos y los datos que se divulguen y resulten sospechosos. Ese trabajo se dedicaría a detectar la desinformación, exponer las falsedades y amortiguar sus impactos.

Facebook, Google y Twitter enviaron representantes a estos encuentros de Montevideo y ofrecieron su colaboración técnica, llegando incluso a la posibilidad de revelar los datos de la tarjeta de crédito con se haya contratado en una de sus redes la promoción de noticias falsas.

Críticas y reservas

Varios analistas han expresado sus reservas ante el pacto ético de los partidos políticos contra la desinformación y por una campaña limpia de noticias falsas.

Se ha dicho que ese gesto público es mucho ruido y pocas nueces, que se trata de un saludo a la bandera, que sólo funciona para la tribuna, que resulta inútil y hasta vergonzante. Algunos sostienen que es “políticamente correcto”, insuficiente en los hechos y, eventualmente, de filosofía anti liberal, en tanto no asume que es el ciudadano quién resuelve qué y a quién le cree.

Es cierto, por otra parte, que las maniobras de confusión que circulan en las redes no se generan formalmente en los partidos ni, menos aún, en las cercanías de sus dirigentes. El origen de estos juegos sucios suele ser anónimo, encubierto y clandestino.

De todos modos, yo creo que una declaración institucional como la del viernes pasado implica un paso adelante significativo. Ante una patología que no es nueva pero que últimamente ha cobrado un vigor muy dañino debido a la revolución de la tecnología de las comunicaciones, es saludable que los partidos sean capaces de dejar a un lado sus diferencias y unirse con el objetivo de poner un freno. No olvidemos que los partidos son el instrumento mediante el cual se canaliza la voluntad ciudadana hacia el Parlamento y el gobierno. No olvidemos que los partidos rinden cuentas ante la población en las urnas y son examinados cada día por la opinión pública.

Por otra parte, ese acuerdo no está solo: se complementa, como mencioné recién, con la inquietud que ha ido creciendo entre medios de comunicación, periodistas y universidades que entienden que deben hacer su contribución en este año tan particular en el que el país elige a sus autoridades para los próximos cinco años. A diferencia de las redes, en el buen periodismo hay profesionales y medios que dependen de su credibilidad para sobrevivir y que, más allá de sus principios, o precisamente por ellos, se esfuerzan por brindarle al público los hechos tal cual son; que están comprometidos con la verdad y el rigor de los datos comprobados; que llevan en la sangre la sana costumbre de chequear las versiones que provienen de una única fuente, por más confiable que esa fuente sea. Allí, en esa actitud, hay una barrera importante ante las campañas de enchastre o enrarecimiento. Pero, claro, la tarea de enfrentar las “fake news” puede sobrepasar las posibilidades de una redacción y distraer la atención de su propia cobertura de la actualidad. Por eso mismo veo como muy auspiciosa la idea de una coordinación de esfuerzos, dejando a un costado la competencia entre los medios para cooperar puntualmente en esta materia tan singular, nutriéndose, además, del respaldo del conocimiento acumulado en la academia.

Y a ese cuadro le agrego la decisión de APU que asume la responsabilidad de “promover entre todos los trabajadores de la comunicación social del país la necesidad de capacitarse para actuar” con eficiencia en estos asuntos.

La segunda de Calvino

Yo lo sé, nadie puede asegurar que el fenómeno de la desinformación con fines políticos va terminarse por la determinación de los partidos, los buenos periodistas y un grupo de ingenieros informáticos y cientistas sociales.

Aún con todas las firmas y proyectos bienintencionados seguirán existiendo las granjas de bots, las hordas de trolls, los memes insultantes y las presuntas revelaciones destinadas a difamar, sembrar cizaña y/o desestabilizar.

Pero, como decía Italo Calvino, el lúcido escritor italiano, ante los infiernos que surgen de la sociedad humana hay dos maneras de proceder: “La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: [consiste en] buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.” Yo me inclino por esta última: por proteger lo que no es infierno, trabajando.

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Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 03.04.2019

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Pacto ético contra la desinformación firmado por representantes de los partidos

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6 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Coincido completamente con lo expresado por el Sr. Emiliano Cotelo.
    No coincido en líneas generales con los escépticos crónicos.
    El problema es que hay bolsones de radicales a derecha e izquierda que no aceptan razones. No les importa mentir y ensuciar. Es el odio lo que los guía.
    Por suerte y por ahora son minoría. Dios quiera que sigan así.

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  2. Me satisface la iniciativa. Tal declaración de principios es una buena señal. Celebró que todos los partidos acuerden y pacten juntos más allá de las dificultades que presenta el objetivo.

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  3. Ardua tarea, no exenta de zozobra, la de clasificar los asuntos en el archivo de la verdad; las nomenclaturas para tal labor se hallan siempre o casi siempre entre la tempestad y la borrasca.
    La intención es un comienzo de cada senda de principios enunciados, plasmarla, aunque sea triste confesarlo, anda con gorro de incredulidad y zapatos de pasos desconfiados; cada acierto es recompensa, rescate del fulgor cierto del acecho constante de cotidianos infiernos.

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  4. De acuerdo con Emiliano. Dependerá de los dirigentes, que su declaración sea o no una saludo a la bandera. Dependerá de los buenos periodistas que las falsedades no se difundan o queden al descubierto. Y dependerá de nosotros, ciudadanos de a pie, que podamos ser parte de esta buena iniciativa, estando atentos – a nuestro nivel – a las «noticias» «declaraciones» o «acusaciones» que puedan ser dudosas. Al fin y al cabo aplicar un poco de espíritu crítico deberia ayudar en una tarea que es de todos

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  5. Estimado Cotelo: hay muchas cosas que valoro de su trayectoria y de su tarea periodística. Por citarle dos: (1) la claridad y sobriedad con las que conduce las Mesas y (2) la preparación y las repreguntas con las que realiza sus entrevistas. Por otro lado, entiendo que las editoriales cumplen otra función, que sería básicamente la de expresar una posición respecto de algún tema. Sin embargo, respecto de tales editoriales (y en particular respecto de ésta) me produce una sensación ambivalente, por decir algo. Por un lado, en general suelo estar de acuerdo con sus posiciones (y en este caso, ciertamente lo estoy); pero al mismo tiempo, me parecen demasiado «edificantes» y si me permite, obvias. Por ejemplo, respecto al «dilema de Calvino», planteado en forma tan binaria (el «infierno» contra el «no-infierno») , parece que la «opción» está cantada y es muy previsible. Una vez que elige plantear el tema, se intuye que la mentada opción está prefigurada en la forma de plantearlo. ¿Qué se debería esperar? Que siendo un muy buen periodista ¿optara por la desinformación? En ese caso, o bien perdería su condición de periodista y pasaría a ser un militante encubierto, o bien perdería su condición de buen periodista y pasaría a ser un repetidor de lo que dicen otros. Dado que considero que Ud. es un muy buen periodista, la «opción» planteada es casi que meramente retórica (por más adjetivos, considerandos y figuras estilísticas que se le agreguen): todos, en general, estamos a favor de la verdad y en contra de la falsedad.

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  6. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    Como en el juego de cartas: Desconfío.
    Vamos a ver cómo funciona el programa.
    No tengo mucha confianza en la plenitud de los intereses de todos los competidores en evitar las noticias falsas.
    Las noticias pueden ser falseadas en forma muy significativa, un poco significativa o un poquito significativa pero falseadas al fin y quisiera saber quién va a tener la autoridad para acusar a los medios o a los competidores y a los hinchas de los competidores y ponerlos en evidencia pública.
    Sinceramente, no me la creo. Ojalá, los hechos desvirtúen mis sospechas.

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