Tabaré Vázquez y Lacalle Pou: ¿Llegarán a cinco años sin diálogo?

Por Emiliano Cotelo ///

¿Tiene sentido que en Uruguay no exista diálogo alguno entre el presidente de la República y el principal dirigente de la oposición?

Yo creo que no.

Por eso quiero detenerme hoy en la pésima relación que mantienen Tabaré Vázquez y Luis Lacalle Pou.

La campaña de 2014

Ustedes quizás recuerden el origen de este cortocircuito: se remonta al año 2014, cuando, ya pasadas las elecciones internas que ambos ganaron en sus respectivos partidos, se inició un tiroteo entre ellos a propósito del dilema entre candidato joven y candidato veterano. En aquel momento Vázquez tenía 74 años y Lacalle Pou 41.

En el mes de junio de 2014, en una entrevista con El País de Madrid, Vázquez dice que en octubre habría que elegir “entre un equipo con experiencia o los juveniles de la sub-20”. Unas semanas más tarde, en una recorrida por el interior Lacalle Pou alardea de su estado físico haciendo “la bandera” en una columna del alumbrado público. En otro capítulo de la polémica el dirigente blanco comenta que si él fuera electo presidente le daría participación a los ex mandatarios, incluyendo a Vázquez, en una especie de “consejo de ancianos”. Vázquez se molesta por la suma de alusiones y acuña la expresión “pompitas de jabón”, que empieza a usar con frecuencia en sus discursos para referirse a las propuestas del líder del sector Todos.

Pudo haber quedado allí, en una polémica a distancia de esas que hemos visto tantas en campañas electorales. Pero no. A diferencia de otros antecedentes, aquello fue el comienzo de un período que ya lleva tres años, durante los cuales Vázquez y Lacalle Pou no han tenido contacto. Y digo tres años con precisión, porque la última vez que se encontraron mano a mano fue en octubre de 2014, en un hotel de Melo donde coincidieron por casualidad sus giras de aquella campaña. Lacalle Pou forzó la charla a la hora del desayuno para tratar de encauzar el vínculo. El intercambio fue breve y frío. Y, por lo visto, no sirvió para mucho. Desde entonces, la relación directa no existe.

Solo cartas

Luego de la asunción de Vázquez, en marzo de 2016 y marzo de 2017 Lacalle Pou ha organizado actos en los cuales cuestiona algunas políticas de la tercera administración del Frente Amplio y presenta iniciativas programáticas alternativas en esas áreas que luego envía a la Torre Ejecutiva. El presidente responde, también por escrito, de manera seca y rechazando o quitándole importancia a la mayoría de los planteos.

Los meses pasan y Lacalle Pou da otro paso: denuncia que ve un gobierno agotado y sin agenda. Y cuando periodistas de radio Sarandí le mencionan esa crítica en una entrevista este mes, Vázquez contesta que quien carece de agenda es la oposición ya que las ideas que esos partidos manejan son apenas titulares y, por lo tanto, “pompitas de jabón”, con lo que vuelve a escena aquella expresión irritante que, está claro, el mandatario lleva siempre en la cartuchera, pronta para dispararla cuando las circunstancias políticas sean propicias.

Y así llegamos a esta semana, en la que Lacalle Pou golpeó a Vázquez dos veces: por haberse apresurado con el anuncio del hallazgo de trazas de hidrocarburos en Paysandú y porque su gobierno canceló la ida al Parlamento de los ministros que iban a informar sobre la marcha de las negociaciones con UPM. Ayer, incluso, fue más lejos. Durante la entrevista que hice con él en Telemundo, y al mencionarle la promesa del Poder Ejecutivo en cuanto a que va informar apenas se firme el primer acuerdo con UPM, cosa que Vázquez ahora prevé para la semana próxima, Lacalle Pou replicó que él ya no le cree a este gobierno y, de hecho, lo tildó de mentiroso.

A distancia

Todo el intercambio transcurre a distancia. Todo lo que tienen para decirse Vázquez y Lacalle Pou circula a través de los medios. Cara a cara, nada.

A comienzos del año pasado la senadora Verónica Alonso, que tiene acceso fluido al primer mandatario, mostró su alarma por esa guerra fría y se ofreció a propiciar un acercamiento. No sé si lo intentó pero la realidad muestra que nada ha cambiado. Al revés, como quedó patente en estos días, parece que las cosas van en esta materia de mal en peor.

Quién es el culpable

Cuesta sacar una conclusión sobre quién es el culpable de este statu quo.

Puede decirse que la responsabilidad recae en Lacalle Pou porque aquello de hacer “la bandera” fue un exceso muy grave. Puede creerse que el problema está en el carácter de Vázquez, rencoroso o, por lo menos, carente de cintura. Puede entenderse que Lacalle Pou no ayudó al instalar esa costumbre de mandarle cartas al presidente cada 1º de marzo y que incluso agravó las cosas el diputado de su sector, Martín Lema, cuando el mes pasado también recurrió a una carta procurando que Vázquez se pronunciara sobre las presuntas irregularidades en ASSE. Puede pensarse que Vázquez se comporta guiado por “un problema de piel”, por la diferencia en los orígenes sociales de uno y otro.

Hay quienes argumentan que Lacalle Pou alimenta el cortocircuito con su estilo declarativo donde se cuelan la soberbia o la prepotencia. Y otros destacan que el problema de Vázquez no es sólo con el líder de Todos y que, en general, ha reducido al mínimo su diálogo con los dirigentes de la oposición.

Inquietante

¿Quién es el culpable? No lo sé.

A mí me preocupa que en Uruguay exista este teléfono descompuesto. Es una señal inquietante en un sistema político que tantas veces ha sido elogiado por su carácter civilizado y de cercanía, y que es puesto como ejemplo en una región donde resulta común que los líderes partidarios vivan en veredas opuestas entre las cuales los puentes son imposibles.

Pero además me resulta inaceptable cuando el país tiene por delante desafíos muy importantes [que tienen que ver con el largo plazo y, por lo tanto, abarcan varios períodos de gobierno que vendrán].

Uno de ellos, justamente, la eventual segunda pastera de UPM, la inversión más grande en la historia, acompañada de exigencias tan fuertes en inversiones del Estado y cuidados muy delicados en cuanto al impacto ambiental. Por esa singularidad, el tema debió haber sido abordado hace ya meses por Vázquez con los líderes de la oposición o, si se buscaba un ámbito más acotado, con los ex presidentes de la República, como ya se hizo cuando las exploraciones de petróleo en el mar territorial.

Y hay más retos complicados por delante: la educación, por ejemplo, que es una asignatura pendiente de los gobiernos del Frente Amplio, pero que debe encauzarse cuanto antes, sin esperar a que elijamos un nuevo presidente. Y, como telón de fondo, un mundo que se transforma de manera acelerada, con la revolución tecnológica cambiándolo todo, en particular la competitividad y los puestos de trabajo, y con el aumento de la expectativa de vida de la población, que es por una parte una muy buena noticia pero al mismo tiempo un brete para los sistemas de salud y de seguridad social.

Con esos escenarios por delante, ¿cómo pueden Tabaré Vázquez y Lacalle Pou conformarse con ese juego en el que están, mirándose de reojo, poniendo caras de malos y lanzándose por la prensa frases ingeniosas y filosas? Y si ellos dos ya son incapaces de dar el paso, ¿no hay personas sensatas en sus entornos que, en vez de darles manija, pongan en juego sus buenos oficios para romper el hielo y empezar a construir la confianza que está faltando?

***

Emitido en el espacio En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 27.10.2017, hora 08.10

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10 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    Yo creo que Tabaré Vázquez y Luis Lacalle Pou son como el agua y el aceite. Sus personalidades son absolutamente opuestas. El Senador es una persona muy pagada de sí mismo, no conoce lo que es humildad. No tiene idea que significa bajo perfil. Seguramente, su entorno familiar, su crianza, su ámbito educativo y su apellido (aunque creo que su padre conseguía empardar el prestigio del apellido de su abuelo materno con la escasamente conocida pero cuestionada trayectoria de su padre) han influido en su forma de ser y sobre todo en su modo de mostrarse en público. Generalmente se muestra agresivo y se exhibe considerándose intelectualmente superior a quienes le rodean. Con cierta frecuencia es irrespetuoso con sus interlocutores, utiliza lenguaje cuestionador y no se preocupa por proporcionar fundamentos a sus apreciaciones críticas. El famoso incidente de «la bandera» es una enorme falta de respeto. No solamente no respetó a un semejante sino que faltó el respeto a una persona que podría ser su padre.
    El Presidente es una persona normalmente moderada en su forma de comunicarse con sus interlocutores aunque hay que señalarle una muy importante tendencia a ironizar. Las expresiones que toma como referencia Emiliano son ejemplos muy claros de su ironía. En general, sus apreciaciones son acompañadas de fundamentos y no escatima esfuerzo en hacerse comprender pero no es agresivo ni hace alarde de su alto nivel intelectual. En general es respetuoso con sus interlocutores y tiene tendencia a entablar relaciones paternales (o abuelares) con niños y fraternales con adulltos.
    No es nada extraño que haya personas de caracteres inconciliables. Todos conocemos personas con las cuales nuestras diferencias de caracter son tan marcadas como las del Senador y el Presidente.
    Si tengo que elegir una u otra forma de ser, me inclino por la forma de ser del Presidente.
    De todos modos, es un dato de la realidad y no hay ninguna necesidad de cambiar la realidad. Tampoco creo que ninguno de los dos tenga interés en generar un modo de comportamiento recíproco diferente.
    Personalmente no me preocupa esta situación.

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  2. Estimado Emiliano, discrepo en que lo mas sensato sea reunir a las partes, lo que de allí saldría probablemente, es una agria cadena de reproches entre nubes de absoluta desconfianza, una suerte de agravamiento de los personalismos; y por lo que cada uno representa en la política, en ocasiones el mejor diálogo es el epistolar y la mejor cercanía es la distancia.
    Sin ignorar en lo mas mínimo los protagonismos de los liderazgos, todavía y por suerte, nuestra democracia es eminentemente, de Partidos.

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  3. Creo que la distancia entre ambos líderes políticos es un dato de la realidad importante en lo que es traba al entendimiento político, pero no es decisivo. Como expresa el Sr. Juan Torres, «nuestra democracia es eminentemente, de Partidos.». Como es de Partidos creo que la actitud de confrontación de Lacalle Pou es una estrategia política que asumió desde la campaña del 2014. Si hacemos memoria, antes del inicio de la campaña, Lacalle Pou reconocía aciertos en los gobiernos de izquierda. Cuando entro en campaña cambió. Estimo que fue una estrategia política, confrontar sin conceder nada. ¿A que responde?. A los ultras que rechazan por diferentes motivos a los gobiernos del Frente Amplio. Esa actitud irracional que se ve en las redes y en diferentes videos que circulan por wasap. Nada ni nadie de estos gobiernos les viene bien. No le conceden el beneficio de la duda. Están respaldados veladamente por algunas poderosas gremiales empresariales: Rurales, Comercio, etc. Lo mismo, vale aclarar, es el comportamiento de los otros ultras, de la izquierda. No les venía nada bien de los gobiernos de Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Son los que cuestionan siempre a las Fuerzas Armadas, a la Justicia – cuando no falla como esperan – y al Gobierno cuando no responde a sus intereses corporativos como los gremios de funcionarios públicos, particularmente los docentes y los municipales. Esos «ultras» lamentablemente manejan la agenda de Lacalle Pou y algunas actitudes – no todas – de Vázquez. Seguramente debemos esperar que los Partidos reaccionen y traten de crear una agenda de acuerdo, de políticas de Estado, tantas veces aludidas y poco implementadas realmente. Necesitamos una política de Estado en Educación que escuche pero no necesite «la bendición» de los docentes. Necesitamos una política de Estado que profundice en los derechos de los trabajadores en toda la República y castigue con dureza a los infractores, como el capataz y el propietario que tratan a sus empleados a golpes. Necesitamos leyes de responsabilidad patronal, para que no haya más dueños de empresas que las vacían, se fugan y dejan a sus empleados tirados. Necesitamos una política de Estado de Defensa que haga caso omiso de las miradas trasnochadas sobre las Fuerzas Armadas. Necesitamos una política judicial y policial de Estado que enfrente a la delincuencia con penas muy duras y ejemplares para los malvivientes, hoy privilegiados en la práctica ante los ciudadanos honestos.

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  4. Creo que este es un momento de cambio. De personas, de personalidades, de posturas. Nuevos tiempos se aproximan y el Uruguay no puede atarse a tipos de caudillos que fueron en otros siglos o a la creación de otros que son estereotipos de «formadores de imagen» , coaching pago, que indican las expresiones a usar en qué momento e incluso hasta la vestimenta apropiada. El reportaje en Telemundo a Lacalle Pou fue una muestra: traje y corbata, papeles varios para contestar, tuteo al entrevistador. Es una figura política creada desde su asesor y con la confianza de su propio yo, que incluso no lo lleva al diálogo con otras figuras de su propio partido. Vázquez, mesurado, metódico y sabiendo que ya finaliza su período, sobrevuela todo aquello que su larga vida de profesional y político le indican, para no enfrentar situaciones que no conducen a un término feliz. Así que no me interesa la falta de diálogo entre dos personas que nada tienen en común, salvo el de ser conductores politicos. Me interesa buscar otras personas nuevas para el país. Discursos reales, sin poses, ni grabaciones, ni discursos ya conocidos de promesas que no podrán llevar a cabo porque estamos insertos en una América muy problemática y con un mundo que está más allá, pero en este sur del sur, se sufre como si estuviera dentro del país. Busco una nueva proyección. Me enseñaron ya que a Caperucita roja se la comió el lobo. Y a la abuela también!!

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  5. Estimado Emiliano. Nunca habia oido de Usted, una opinión editorial tan desasertada. La democracia uruguaya radica en los pertidos politicos, en su encuentros y divergencias. Lejos está de depender del relacionamiento de individuos, por suerte!. Y no me parece atinado y ajustsdo pretender igualar la Institucionalidad Presidencial, que representa el Dr. Vázquez, con un lider sectorial. No es correcto elevar al Dr. Lacalle al nivel de tan alta Instutución del Estado. Indigna. Y ya en una opinión más personal, éste líder de derecha, nunca va solucionar ningún problema social de nuestro país. No está en sus genes.

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  6. Estoy de acuerdo con Emiliano en que el Presidente no tiene cintura para enfrentar a la oposición ni a la prensa. Tampoco es tan respetuoso, o se olvidan cuando le hizo burla a Larrañaga imitando su voz a propósito de unas declaraciones acerca de la educación. Al Presidente no le gusta que le señalen los errores de su gobierno, y por eso es tan parco en sus declaraciones.

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  7. Que Lacalle Pou sea «el principal líder» de la oposición es una muestra de la pobreza intelectual que tiene la oposición. Hace bien el Presidente en no darle «ni la hora «, porque el Dr Lacalle Pou no tiene condiciones para presidir ni un club de bochas (con todo respeto a los bochófilos ). En algún momento los blancos se darán cuenta (¿se darán cuenta?) que el árbol genealógico no es un mérito y que la soberbia no es una virtud y que además, no haber trabajado nunca en ninguna parte es un defecto. ¿Con éstas condiciones se pretende ser un candidato con soluciones para el país? . No lo creo.

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  8. Decir que Lacalle Pou es soberbio parece un chiste. la persona más soberbia del actual elenco político es justamente el Sr. Presidente, siempre rodeado de una guardia pretoriana, con ínfulas de intelectual y de médico destacado, que no lo es. Basta comparar su trayectoria y sus publicaciones con las de otros destacados colegas, que desde sus primeros actos de gobierno pretendió hundir. más vale de dedicara ma hacer las paces con José Mujica que le socava su posición y acepte que la oposición es eso, oposición. Y es mucho menos agresiva que la que practicaban ellos cuando lo eran. Verdaderas campañas, no con gimnasia sino con calumnias.

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