Atrás de una quimera

Por Jana Rodriguez Hertz ///

En la mitología griega, una quimera era una mujer con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente, que echaba fuego por la boca. Coloquialmente, también llamamos quimera a algo que esperamos, pero es ilusorio e imposible de alcanzar. 

En genética, sin embargo, las quimeras hace rato que están aquí entre nosotros. Y no sólo quimeras humanas, o quimeras animales, sino recientemente quimeras de humanos y animales.  ¿Qué es una quimera en genética? Sin entrar en detalles, una quimera es un organismo que contiene células de al menos dos tipos distintos de ADN, con el código para formar dos o más tipos de organismos. Dicho de otro modo, es un organismo formado con células de distintos genotipos. 

Las quimeras ocurren en la naturaleza, sin necesidad de intervención humana: de hecho, dos estudios de 2012 y 2015, citados en Scientific American sugieren que esto ocurriría en la mayoría de las mujeres embarazadas, al menos temporalmente. En efecto, encontraron que las células de la madre de niños contenían cromosoma Y en muestras de tejido de riñón, hígado, pulmones e incluso cerebro. Esto ocurría incluso muchos años después de haber dado a luz. 

Esto es una de las cosas que ha encendido la alarma en algunos científicos a la luz de los últimos experimentos genéticos. En efecto, probablemente muchos de ustedes hayan escuchado la noticia en los últimos días de que Japón aprobó la creación de embriones animales que contienen células humanas. Hasta marzo de este año, Japón tenía explícitamente prohibido el crecimiento de embriones animales conteniendo células humanas más allá de los 14 días de gestación. Esta noticia salió en la revista Nature el 26 de julio y fue replicada por los medios del mundo y en particular de nuestro país. 

Lo que los medios no contaron, tal vez por la falta de desarrollo del periodismo científico en Uruguay, es que este experimento ya ha sido realizado este año por un grupo de científicos españoles en China. Déjenme que les cuente más. Lo primero que hay que contar es que este tipo de experimentos llevan haciéndose en el mundo desde hace ya unos cuantos años, aunque no llevándolos a término hasta ahora. En 2015, el National Institutes of Health de Estados Unidos emitió una moratoria sobre el financiamiento de este tipo de investigación mientras se estudiaba qué tipo de políticas de regulación eran necesarias. Un año después anunciaban que consideraban financiar proyectos que inyectaran células madre humanas en embriones animales. Sin embargo, este anuncio no se llevó a cabo, y la moratoria sigue vigente al día de hoy, lo que muestra la complejidad de este tema. 

Los primeros experimentos exitosos de quimeras humano-animales se realizaron en ratones en 2014. Uno de los posibles usos de quimeras humano-animales es hacer crecer órganos humanos destinados a trasplante. Desde 2016 el español Juan Carlos Izpisúa intenta llevar a cabo quimeras humano-animales. Siendo España, de acuerdo a sus palabras, un país muy católico, le pidió al Papa que bendijera su investigación, y según él mismo cuenta en una entrevista en el Scientific American, el Papa le dijo “amablemente” que sí. 

Pero la investigación no quedó en la bendición del Papa. Este año, según reseña el diario El País de Madrid y levanta el MIT Technology Review, Juan Carlos Izpisúa, del Instituto Salk en USA y la Universidad Católica de Murcia, en colaboración con Estrella Núñez vicerrectora de investigación de esta última universidad, crearon por primera vez quimeras de humano y mono en un laboratorio de China. 

Nuevamente, nos enfrentamos a muchas preguntas que conllevan dilemas éticos. ¿Cuáles son las fronteras de la ciencia? La escasez de órganos trasplantables se mitigaría si pudieran “cultivarse” órganos en este tipo de quimeras. ¿Eso justifica de por sí la realización a gran escala de este experimento? Otro problema cercano a lo distópico: ¿Y si ocurre como en el caso de las madres embarazadas y las células de humano “viajan” dentro del organismo del animal y se instalan en otros órganos, en particular, el cerebro? ¿Cuál sería el efecto de esto?

Finalmente, aún suponiendo que la humanidad determine que este tipo de investigación es éticamente reprobable ¿estamos en condiciones de pararla?

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 08.08.2019

Sobre la autora
Jana Rodríguez Hertz es una matemática uruguayoargentina radicada en Shenzhen, China. Profesora en la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur, SUSTech. Vicepresidenta por América Latina y el Caribe de la Organización de Mujeres en Ciencia para el Mundo en Desarrollo (OWSD por sus siglas en inglés), dependiente de Unesco.

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. ¿Existe otra dimensión de tiempo y espacio?
    ¿Existe otra inteligencia supra humana?
    Si estas locas preguntas irrespondibles, por obra de una imaginación paseante por diversos patios vacíos en un laberinto inabarcable y lleno de cosas aún innonbradas, concluyeran en la positiva posibilidad de que quizás si.
    Entonces, también quizás, cabrían otras preguntas peregrinas.
    ¿Acaso nosotros mismos podríamos ser el experimento genético de alguien desconocido, híbridos en evolución; tal vez menos, meros robots replicantes y o de diseño, a estudio de tal inteligencia pergeñadora?
    Y si así fuera, ni siquiera estaríamos en la orgullosa cima de la pirámide pensante, apenas seriamos un racimo de pasiones de cada cual y cada cual abarcado en su sombra, relacionándose entre la empatía y el desprecio, disimulando por pudor, la ignorancia.
    Entre sueños y juegos el candil breve e intenso de la existencia y su temida finitud.

    (Tu columna, Jana, propende a irradiar curiosidad; es muy oportuna para despegar del vuelo bajo, corto y monótono de la rutina, ese pájaro con alas de adoquín)

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