El imperativo de la creatividad

Por Ricardo Pascale ///

“La escuela mata la creatividad”. La frase pertenece a Sir Ken Robinson, uno de los mayores expertos actuales en educación. Los niños nacen creativos, desde sus imponentes dibujos -como señaló con razón Picasso- hasta sus sorprendentes preguntas y respuestas.

Luego, esa creatividad se va limando con el tiempo en la educación formal. Allí el éxito no está en crear, sino en aprender fórmulas, leer, entender y repetir manuales. Nada menos creativo y imaginativo.

Entiendo por creatividad una forma de pensar diferente y su producto, valorado.

La educación de hoy se inspira en la época del Iluminismo y en el contexto de la Revolución Industrial. Se diseñó una educación que era funcional a la industrialización. Los institutos de enseñanza hoy día tienen incluso la misma impronta de una fábrica: Producción en línea, estancos separados, los alumnos agrupados en lotes (lo único similar que tienen es la edad). Pero cada uno de los estudiantes es distinto y eso no es tomado habitualmente en cuenta.

Se busca llegar al futuro siguiendo los pasos del pasado. Es un error.

Antes se terminaba con un título universitario y se era erudito para siempre. Los tiempos cambiaron; hoy lo que importa es tener un compromiso a largo plazo con el conocimiento. Legalmente se puede tener el título, pero se lo quita el mercado.

En muchos países los médicos deben rendir examen cada diez años de las asignaturas de su especialidad. Si no aprueban, seguirán siendo médicos, pero sin poder ejercer la profesión.

A esta altura se hace necesario introducir la idea de pensamientos divergentes. Esta noción es distinta de la creatividad, pero le otorga capacidad. Son muchas las formas de interpretar una pregunta, y la respuesta no es una sola.

Todos nacemos con esas capacidades y a medida que vamos creciendo e ingresando en el sistema las vamos perdiendo y, de hecho, perdemos la capacidad de crear. Y con esa pérdida se esfuma el talento imprescindible para el bienestar personal y social .

Hoy el mundo es muy diferente al de la Revolución Industrial. Hoy el conocimiento es el factor clave para desarrollarse y la incertidumbre es muy intensa, por ello es vital formar personas creativas para que no sólo puedan desarrollarse ellas sino que también aporten a la Sociedad.

Uno de los mayores desafíos de una reforma educativa es cómo equiparar la creatividad con los conocimientos específicos. La creatividad es importante como la alfabetización.

Estudiando en la Universidad de California en Los Ángeles, a fines de los 70, vi que en varias asignaturas una buena parte de la calificación final se componía de un trabajo creativo. Era muy distinto a lo que había vivido. Finalmente, un día pregunté al profesor cuál era la razón de ese énfasis en la creatividad. Me respondió sin titubear: ”Ustedes van a vivir un mundo muy complejo, incierto. Los conocimientos fundamentales los van a tener que amalgamar con la creatividad si quieren ser útiles”. Ya estaban preocupados con la incorporación de la creatividad.

La creatividad no es privativa de los artistas. El pensar creativamente, posicionarse para resolver problemas y no solo analizarlos es un imperativo de estos tiempos.

En la secuencia que comienza con el conocimiento es imperioso recordar que la creatividad es decisiva para el proceso de innovar.

Entiendo por innovación la explotación exitosa de una nueva idea; no solo tener una idea novedosa, sino que además ella pueda explotarse exitosamente.

En 1911, el brillante Joseph Schumpeter señaló, cuando tenía 28 años, que los países crecerían en la medida que tuvieran empresarios innovadores. Sus palabras lucen más vigentes que nunca.

Se empieza así a formar una cadena virtuosa con un mayor conocimiento y con una mayor creatividad que impulsa el proceso innovador. De allí, mejorar la productividad, que traerá una mayor competitividad que, finalmente redunde en lo que todos deseamos, esto es: elevar el nivel de bienestar de la población.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 05.12.2018

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Educación creativa versus masificadora domesticación.
    Si señor.
    Antes, bastante antes de la revolución industrial; los de menos conocimiento adoraban a su dios y le ofrecían en el altar bárbaras ofrendas, a sus mejores jóvenes le arrancaban el corazón para obtener el favor divino. Los otros, los de mayor conocimiento y mejor tecnología -que también adoraban a un dios-, sin embargo, no tenían prurito en ser ladrones e incluso, genocidas.
    La historia si algo enseña, enseña a cuestionar el futuro, o sea, ahora.
    Con el mayor respeto por sus fundadas columnas que me provocan a pensar, siento que algo falta, aledaño o ajeno o distinto, a la visión del ser económico, algo mas.
    Espero próximas columnas y saludo sus aportes.

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  2. Creatividad era la que teníamos que tener los estudiantes de Preparatorios en la década del 60 que teníamos que estudiar Matemáticas. Había que retorcerse el cerebro para resolver los problemas o hacer las demostraciones que nos ponían en los exámenes.

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