Es momento de salir del fuselaje

Por Alejandro Sciarra ///

Mientras escribo estas líneas, se cumplen 46 años de aquellos 21 al 23 de diciembre en que una gran comunidad de familias uruguayas (quizá el Uruguay entero) recibía el mejor de los regalos de Navidad: había sobrevivientes y volvían a casa.

El 13 de octubre de 1972 un vuelo charter de la Fuerza Aérea Uruguaya que viajaba rumbo a Santiago de Chile con 45 jugadores de rugby del Club Old Christians, familiares y amigos, cae en la cordillera de los Andes.

Se ha hablado mucho sobre el periplo de esos 72 días en la nieve. Hemos leído libros, hemos asistido a conferencias, mirado películas y documentales.

Se cumplen en estos días 46 años de aquel día en que nosotros, aún los que todavía ni siquiera habíamos nacido, recibíamos el regalo de una historia de amor por la vida, compañerismo, sacrificio y fortaleza que pasaría a formar parte de nuestra vida para siempre.

Ese diciembre de 1972 parecía venirse una Navidad oscura y triste para todos. Pero un día como hoy, dieciséis almas decidieron ser luz y regocijo para esa comunidad que esperaba contra toda esperanza. Volvían a nacer. Volvían de un mundo inviable dando un mensaje de resiliencia absolutamente fuera de lo humanamente posible.

“Vengo de un avión que cayó en las montañas, Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos caminar. ¿Dónde estamos?”

Eran palabras de vida. De resurrección. El 1973 comenzaría como una nueva oportunidad para todos ellos. Estaban muertos, y volvían a vivir.

Yo viví envuelto en la mística de esa tragedia-milagro durante trece años de mi vida, gracias a mi pasaje por el mismo colegio al que pertenecían todos ellos. Crecí junto a sus hijos, sintiéndolos muy cerca.

Esos ejemplos de entrega humilde, de esfuerzo interminable, aplomo y responsabilidad solidaria fueron como un olor permanente en mis años escolares y liceales, aunque ojalá les llegase a los tobillos.

Pero por algún lamentable motivo, esta historia ha resonado más en el exterior que en nuestro país. Pues son uruguayos, son nuestros, forman parte de nuestra historia, de nuestra mística. No sólo de la de mi querido colegio. La garra charrúa no sólo se hace presente cuando vemos a Lodeiro trancar en el suelo con la cabeza, o al “Cacha” mareado aguantando en pie, sino también cuando pensamos en estos hombres que decidieron que setenta y dos días a 30 grados bajo cero con un blazer y un pantalón de colegio no serían suficientes para sacarlos de la cancha.

Esa también es la historia del Uruguay. Esa también es la garra charrúa. Esa que nos enseña que hay un mañana. Y que así como estos “locos” creyeron que podían cruzar los Andes caminando, nosotros (no podemos) debemos creer que un Uruguay mejor es posible. Que por oscuro que pueda verse para algunos el porvenir, podemos cruzar nuestros Andes. Nos dolerá el cuerpo, será agotador, pero, en definitiva, es nuestra historia. Sólo tenemos que hacernos cargo. Solo tenemos que salir del fuselaje.

***

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, lunes 24.12.2018

Sobre el autor
Alejandro Sciarra es abogado de formación, pero a los 30 años dio un giro hacia la psicología positiva aplicada al ámbito educativo y empresarial. Desde los 18 años participa en política, integró en más de una oportunidad La Tertulia de En Perspectiva, es colaborador del Semanario Voces y en Radio Oriental. Desde hace un año está radicado en Italia con su esposa, desde donde sigue de cerca la realidad política y social uruguaya y europea.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Ellos salieron del fuselaje trás el itinerario helado y llevan en sus entrañas a sus muertos; la vida se prodiga y empuja con su alarido incesante.
    Era adolescente y lo recuerdo, estuve tensamente pendiente.
    Poquito después otro vuelo se derribó, si, en el 73; por una larga década la vida estuvo bajo tutela feroz y mas y mas costó salir de tal fuselaje averiado por la mano empuñando la espada de la ignominia; también en las tripas y a flor de piel, en los susurros de canciones tenaces, llevamos a nuestros queridos muertos; también faltó el aire, la libertad estaba asfixiada, también fue gélido el devenir suspendido.
    La épica del episodio, no nos pertenece por ser uruguayos, pertenece a la humanidad, por ser eso, humana.
    (En la otra épica futbolera y reciente, fue Nandez quien trancó con la cabeza y «Palito» el que se mantuvo en pie)

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  2. Ha habido muertos y resilientes vivos en varios momentos de nuestro país. El episodio relatado se dió en un momento político muy especial: faltaban solo dos meses para el febrero amargo y seis para el golpe de Estado. Con 21 años, viví aquel episodio con una mezcla de admiración y desazón: lo primero por el milagro (fuera de toda creencia religiosa) y desazón por los enfoques encontrados y politizados que desdibujado el valor humano del episodio. No creo que se haya visto distinto acá y afuera: el tiempo se encargó de des demonizar el episodio, dándole el verdadero significado: el valor de la vida y de la muerte, el valor de vencer a la muerte, de apostar por la vida: es verdad que debemos salir del fuselaje, pero estaría bueno proyectar esa salida en el Uruguay de hoy,con todas las letras: apostar a la vida digna,honesta y solidaria. Apostar por la honradez a rajatabla, por dignificar la política sin concesiones. Hay algunas muertes, -sin embargo -que ya no pueden ser vencidas, porque el tiempo se ha encargado de demostrar que siguieron un derrotero distinto al de los Andes. Y sobre la garra charrúa, preferiría obviarla, porque no creo que sea válido invocarla cuando los «Andes» del episodio de Salsipuedes dejaron en la historia un mensaje contrario al milagro de 1972

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