Montevideo olvidado

Montevideo olvidado

Por Ricardo Lombardo ///

Un informe de la consultora Ceres divulgado hace unos días le puso números a una realidad que nos golpea cada vez que recorremos Montevideo: su profunda desigualdad social.

Según la investigación, la capital del país presenta unos contrastes inaceptables que deberían interpelarnos y obligarnos a repensar nuestra convivencia.

En el Municipio CH, que comprende los barrios de Punta Carretas, Pocitos, Buceo y Parque Batlle, la pobreza alcanza a 1,3%e la población. Mientras tanto, en el Cerro y La Teja, trepa a 30,9%, en Casavalle y Villa Española llega a 31,7% y en Piedras Blancas y Punta de Rieles al 34%.

Estos números no son sorprendentes. Asignan valor a lo que uno ve todos los días. Y explican buena parte de los problemas con que convivimos todos.

Si en barrios tan populosos como el Cerro, La Teja, Casavalle, Villa Española, Piedras Blancas y Punta de Rieles, un tercio de la población es considerada pobre, estamos en serios problemas.

Siguiendo la metodología convencional, esto significa que uno de cada tres de los habitantes de esos barrios tiene un ingreso inferior a los 15.000 pesos mensuales, lo cual es francamente insuficiente para una vida digna.

Lo que permite demostrar la investigación de Ceres, además, es que la pobreza no es solo un problema de ingreso sino de calidad de vida, de disponibilidad de las condiciones mínimas para transcurrir con dignidad.

Hace décadas que las estadísticas alertan que aproximadamente la mitad de los niños nacen en hogares por debajo de la línea de pobreza.

Esa acumulación de frustraciones generación tras generación ha desarrollado, por un lado, una cultura del resentimiento, pero por otro, una sensación generalizada de indiferencia y resignación.

Oímos todo el tiempo quejas sobre la violencia, la delincuencia, el campo fértil para el narcotráfico, el odio de clases, la grieta, etc. Es decir que la sociedad se preocupa por los síntomas que aparecen por todos lados. Pero poco hacemos por resolver las verdaderas causas.

La gravedad de este asunto, que es la madre de todos los problemas, no aparece en la agenda política ni en las discusiones cotidianas que se instalan en los medios de comunicación.

Poco se habló de ella en la campaña hacia las municipales. Tampoco ocupó el lugar que merece en las elecciones nacionales.

Nos abrumamos hablando de disquisiciones ideológicas, de las instituciones, de la ley, de los intereses afectados de los grupos organizados, ya sean las gremiales empresariales, los sindicatos o los partidos políticos.

Pero hay un Montevideo olvidado. Que cultiva el rencor. Que descree del pacto republicano, que está decepcionado de la democracia, de los políticos, de los gobiernos, que apela a lo que tiene a mano para salir de la situación desesperante, aunque se trate de caminos ilegales o que transgreden el statu quo de valores imperante. Que se pregunta: ¿por qué ellos y no yo?, y no obtiene la respuesta.

Es el Estado el que tiene que desarrollar políticas compensatorias.

La educación, instrumento fundamental para cambiar esta situación crítica, hoy parece organizada para eternizar las diferencias. Los mejores profesores y maestros, eligen los barrios más privilegiados para desarrollar su función. Y dejan a los peor calificados o inexpertos para que se desempeñen las zonas más carenciadas.

No hay políticas contundentes de empleo o estímulos impositivos para que las empresas se instalen en las zonas postergadas.

La atención a la salud, los servicios, la infraestructura hasta ahora, no parecen poner énfasis debidamente en atender a las personas más pobres.

En los últimos lustros, el conformismo pareció alcanzar a las políticas sociales. El asistencialismo terminó pagándole a los pobres para que siguieran siendo pobres.

En definitiva, no hay un plan expreso y deliberado para terminar con este problema.

Ni siquiera una conciencia colectiva de su gravedad.

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Ricardo Lombardo para el espacio Voces en la cuarentena de En Perspectiva

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Ricardo Lombardo (1953) es contador Público, licenciado en Administración, periodista y político.

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Imagen:
Javier Calvelo / adhocFOTOS

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Excelente planteamiento, es bueno mostrar la verdad,el cinismo y la hipocresía ya no cuentan, cientos de miles de Uruguayos ya no creen más en los cuentos y saben la realidad. Los políticos siguen con su día de la marmota y no se dan cuenta de que la población está harta, si se dieran cuenta se morirían de VERGUENZA. Quedaron anclados en tiempos idos y todavía creen que sus discursos son creídos por el pueblo.

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