Postipankki (o mi encuentro con la Economía del Conocimiento)

Por Ricardo Pascale ///

Hay golpes fuertes. Algunos muy fuertes, aún siendo abstractos. Sacuden el intelecto y pueden llegar imprevistamente. Así, fuerte, imprevisto y removedor fue el golpe que me llevó al encuentro con la Economía del Conocimiento.

Sobrevino por un tema diferente.

En la segunda mitad de los 80 tenía entre mis responsabilidades en el Banco Central la de renegociar la deuda externa. En una de esas negociaciones, los más de 160 bancos acreedores, exigieron que el dinero para la nueva refinanciación – beneficiosa para Uruguay-  debíamos obtenerlo de otros bancos no acreedores (eran 500 millones de dólares de hoy).

Se redactó y envió un télex a los nuevos bancos, exponiendo la importancia que para la renaciente democracia uruguaya tenía aliviar la carga de la deuda.  Unas dos semanas después un alto funcionario del Banco Central vino a mi despacho con agitada alegría. Me dijo: recibimos la primer respuesta positiva. Y agregó: es el Postipankki de Finlandia.

¿Y con qué monto ayuda?, le pregunté. Con la mitad, me contestó.

El PostiPankki, cuyo aporte fue fundamental, era la Caja de Ahorro Postal.  

Un mes después viajé a Europa a reuniones habituales y le encomendé a mi secretaría que coordinara una reunión con los jerarcas del Postipankki. Debía visitarlos y agradecer el apoyo.

Llegué a Helsinki, y ya en el PostiPankki agradecí el gesto en el almuerzo que me ofrecieron.   La cancillería me había organizado un recorrido por la ciudad que haría más tarde asistido por un funcionario. Quien me acompañó fue una  funcionaria. Era una mujer joven, muy joven, de alta posición en el gobierno.

En el recorrido se sucedieron edificios y museos. En una de las charlas que tuvimos la felicité por el alto cargo que tenía siendo tan joven. Muy educadamente, de inmediato, me comentó: “Muchas gracias, pero yo soy ‘una perdedora’”.

La respuesta fue como recibir un golpe. Le pregunté por qué se sentía “una perdedora”. Y con desgarro me dijo: “En Finlandia, los maestros son muy importantes y el examen universitario para ingresar a cursar la carrera lo perdí, no llegué, es de los más difíciles”. Y agregó: “Por ese motivo es que me tuve que orientar a esta otra actividad”. Y continuó: “Aquí maestro es una importantísima profesión y solo accede a ella lo mejor que la sociedad tiene”.

Y pregunté, ya imaginando su respuesta: ¿Por qué es tan importante el maestro? Entonces me dijo:  “Porque en el mundo que viene, donde el factor humano superará en importancia al capital, el trabajo y los recursos naturales, el desarrollo dependerá del tipo y calidad de educación de los niños y jóvenes”.

Pasaron muchas cosas por mi cabeza. Ella me hablaba de un nuevo paradigma. Fue un quiebre  en mi manera de pensar y ver el mundo y sus economías. Y de hecho ese paradigma ocupa desde entonces un área principal de mis intereses académicos.

El conocimiento, con las revoluciones tecnológicas y la globalización se posicionó en el factor principal para explicar por qué algunos países se desarrollan y otros no.

El trabajo del conocimiento tiene al pensamiento como materia prima.

Finlandia dependía entonces de sus exportaciones de la Unión Soviética -commodities o productos de escaso nivel tecnológico- pero ya se estaba preparando -con el apoyo de todos sus líderes políticos- para un nuevo mundo.

Es que el paradigma de la economía basada en las cantidades (cobre, estaño, madera, petróleo, granos) o productos de escaso valor innovativo no eleva sostenidamente el bienestar de la población y este dependerá del precio que otros fijen.

Queda claro por qué los maestros son cruciales formando ciudadanos que, con ética, creen y usen el conocimiento eficientemente para producir bienes o servicios de un valor único, de modo de aumentar la productividad y la competitividad.

Hoy día dos puntos son nítidos. Uno, que no hay ningún país desarrollado que no haya ingresado en la Economía del Conocimiento. Dos, que es probadamente posible para los países en desarrollo dar un salto en esa dirección.

***

Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 26.09.2018

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Tremendo. Estamos en las antípodas. También pienso que debe ser, una vez más, de esas “rarezas” de los nórdicos. En casi todos lados goza de más prestigio social alguien con cargo político que un maestro. Ni hablar de remuneración. Creo que así es como debe ser la profesión, tan fundamental, de maestro: de alta cualificación, y bien remunerada. Los más experimentados y capaces de cada generación enviados a los contextos vulnerables.
    No se si es en Finlandia o si no, será en Suecia la profesión de policía también es exigente y bien considerada.
    Y, he visto en videos (a esta altura ya no se si hay mucho “color”) la clase política mucho más austera que por estos pagos incluido el resto de Europa.

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  2. Desde los años en los cuales usted relata su descubrimiento removedor hasta hoy, devino una fabulosa revolución impulsada por la tecnología como estandarte.
    Me pregunto si en términos civilizatorios de desarrollo del ser humano -como individuo y como ser social- ha habido una evolución significativa decididamente prohumana, más allá del caso finés; la única y vaga respuesta que puedo esbozar es:
    también el imprescindible Pensar, duele; hoy como ayer, paga todos los peajes y por supuesto, erra, y aún así y sin duda es -además-valor económico, y como tal, como valor, tiene propietarios.
    ¿Acaso superar de algún modo el tema de la propiedad -tan propensa a la codicia- sea el desafío mayor del Pensamiento y no sólo, también del Sentimiento?
    (Vuelvo a saludar su columna)

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