¿Qué es Verificado.uy ¿Por qué integramos esta coalición de medios, universidades y sociedad civil?

El lunes 22 de julio se puso en marcha Verificado.uy, una coalición periodística creada para combatir la desinformación y las noticias falsas durante la campaña electoral.
La iniciativa, que En Perspectiva integra, está formada por medios de comunicación, universidades pública y privadas, y organizaciones de la sociedad civil.
El acto de lanzamiento tuvo lugar en el aula magna de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República (UdelaR).
Hicieron uso de la palabra Rodrigo Arim, rector de la UdelaR, en nombre de la academia, Carolina Molla, de Cainfo, por las ONGS que participan del proyecto, Ana Matyszczyk, coordinadora de Verificado.uy, y Emiliano Cotelo, en representación de los periodistas y los medios involucrados.

 


Intervención realizada por Emiliano Cotelo en representación de los periodistas y los medios de comunicación que integran Verificado.uy:

 

Juan se acerca al banco de plaza donde suele sentarse a leer. Se acomoda y, justo, mala suerte, aparece Pedro, a quien le debe plata hace mucho tiempo.  Juan se siente avergonzado porque Pedro parece molesto. Efectivamente, Pedro le reclama el dinero adeudado y Juan se disculpa y le explica que no, que todavía no puede pagarle. Entonces Pedro lo amenaza: «Si no me pagás, le voy a contar a todos que tu hermana es una asesina».

Juan, perplejo, le replica: «Pero…yo no tengo hermana…y no hubo ningún asesinato». 

Pedro lo mira impasible, se encoge de hombros, y le contesta: «Andá y desmentilo…»

Juan queda mudo, estupefacto, impotente.

Este cuento es muy, muy viejo. Palabras más, palabras menos, es un cuento tradicional judío. Pero no importa el origen. Lo traigo porque muestra que este problema no nació con las Redes Sociales. No. La mentira con intención de desinformar para obtener resultados… no es algo nuevo: es un arma antigua tan poderosa como dañina. Y ese cuento deja claro también que la verdad de los hechos no siempre es fácil de discernir, y que desmentir no es tan sencillo.

La mentira requiere mentirosos, por supuesto; a veces mentirosos con recursos, tiempo y conocimiento. Pero también necesita crédulos ansiosos: personas dispuestas a creer y difundir cualquier mensaje, incluso esos que les “parecen raros, pero…” Y más dispuestas todavía a pasar aquellos mensajes que les confirman sus creencias, convicciones o prejuicios. 

Eso siempre existió. Pero, claro, se aceleró a extremos gravísimos en estos tiempos de internet, Facebook, Twitter, Instagram y Whatsapp.  La revolución tecnológica ha puesto a disposición herramientas muy poderosas para diseñar y desperdigar con facilidad las operaciones oscuras. Y del lado de los receptores, donde andamos todos hiperconectados y apurados, casi no hay disposición ni tiempo para comprobar.  Y si al final resulta que el mensaje era falso, nadie se siente enteramente responsable. Cada uno “solamente” reenvió lo que recibió; incluso muchos lo hacen adjuntado al archivo su duda, pero mandando igual. 

Es el caldo de cultivo perfecto. Los mensajes con mentiras, omisiones o deformación de los hechos están concebidos, precisamente, para esparcirse de ese modo. No son una posta, sino una especie de granada destinada a dañar reputaciones, distorsionar el debate, generar arrebatos de bronca… en definitiva, alentar prejuicios, debilitar la convivencia social y resquebrajar la democracia republicana.

Algunos casos recientes de campañas electorales muy sucias hicieron saltar las alarmas y  provocaron las primeras reacciones. Pienso, por ejemplo, en lo que ocurrió en los comicios de Francia en 2017 cuando nació Cross Check.  

En varios países, colectivos de medios periodísticos decidieron organizarse para tratar de ponerle una barrera a estas nuevas formas de terrorismo. Es que el engaño a escala de manufactura industrial y la mentira mutiplicada por bots y trolls, usando textos, fotografías y videos falsos… esa nueva realidad exige respuestas que sobrepasan las capacidades de los medios tomados de uno en uno.  No sólo porque el trabajo de comprobar, que es complejo, debe hacerse rápido, sino porque la aclaración, una vez obtenida, debe circular a la mayor velocidad posible y con el mayor alcance posible.

Para ese emprendimiento los medios y los periodistas recibieron el apoyo de las grandes compañías que operan las redes sociales, que estaban siendo acusadas por su papel como transportistas de las maniobras de confusión y enchastre.

Así se formaron coaliciones que resolvieron destinar tiempo, esfuerzo y dinero para señalar que Juan no tiene hermana, que sí le debe dinero a Pedro pero que Pedro está creando y diseminando fake news sobre Juan y su familia. Lo demás es lo de menos: las interpretaciones, opiniones y versiones respecto al hecho son harina de otro costal.

A partir de esa experiencia internacional que se fue desarrollando, y teniendo en cuenta el proceso electoral que se acercaba en Uruguay, en el segundo semestre del año pasado nació la idea de Verificado.uy. Lo que observamos en este primer semestre de 2019, durante la previa de las elecciones internas, le dio mayor razón y fuerza a aquella iniciativa. 

El resultado es una coalición sin precedentes en la historia de nuestro país. Más de 70 medios de comunicación (radio, prensa, televisión y portales) de Montevideo y el interior nos unimos con agencias internacionales de noticias para enfrentar el efecto negativo de la desinformación. Una alianza colaborativa que no es propiedad de ninguna empresa. Entre todos creamos una redacción en la que participan periodistas veteranos con otros más jóvenes e incluso estudiantes que se han capacitado especialmente para la tarea de verificación. Y todos vamos a difundir las comprobaciones que ese grupo haya realizado para que lleguen de forma inmediata a la mayor audiencia posible. 

Contando con el financiamiento de organizaciones como First Draft, Facebook, Google News Initiative y Fundación Avina, Verificado.uy se apoya en el terreno ganado por otros colegas en otras partes del mundo pero agrega su impronta propia, al incorporar una mirada colectiva del problema. Por eso el proyecto también integra a organizaciones de la sociedad civil y cuatro universidades públicas y privadas. 

Cada uno de los medios que hoy damos este paso tiene su estilo, sus convicciones y sus usos de trabajo. Algunos son robustos y otros frágiles. Algunos pequeños y otros medianos. 

Pero entre todos asumimos este desafío de combatir el engaño y la mentira en la campaña electoral. La tarea no es sencilla. Si bien existen antecedentes importantes, vamos a encontrarnos, seguramente, con imprevistos, dolores de cabeza y discusiones. Pero estamos convencidos de que el esfuerzo vale la pena.  

Una sociedad mejor informada es una sociedad más libre.

En esa dirección queremos avanzar. Pero no queremos quedarnos en una declaración de buenas intenciones. Queremos hacer. Y a eso vamos a dedicarnos.

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En Primera Persona de En Perspectiva, viernes 23.07.2019

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Saludo la iniciativa y su intención.
    Me surgen inquietudes sobre el dilema y decisión del periodista a la hora de dar voz a alguien que ha incurrido en propagar mentiras:
    ¿Es ello un límite infranqueable? (de ser así, Trump, por ejemplo, no tendría prensa o por lo menos, prensa decente)
    ¿Depende de la persona y o la coyuntura?
    Por el contrario ¿se le da voz a priori y vemos que sale? (que no parece insensato)
    Sí se le da voz ¿acaso no obliga al periodista a señalarle al mentiroso su mentira, para mantener coherencia con la iniciativa (no ya con la verdad que puede ser esquiva, sino contra la flagrante falacia)?
    Ayer, justo ayer, en mi programa de cabecera, sucedió.
    Este asunto es importante de veras y va a enfrentar y ya enfrenta situaciones harto complejas, muy especialmente para los periodistas adherentes.

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  2. Cuando se habla de noticias falsas (o «fake news», que quiere decir noticias falsificadas), hay que hacer una distinción. Una cosa son los rumores o comentarios que se hacen circular, con origen conocido o no pero siempre ajenos a uno, con la intención de inducir al error a otras personas y sacar de ello algún provecho; eso es lo que se debe combatir. Otra cosa es un comentario o una opinión que da una persona sobre un asunto, cuya certeza pueda discutirse, pero en todo caso se trata de un error de apreciación, en lo que todos podemos caer. Esto no merece ser rechazado, pues cae dentro de la libertad de expresión del pensamiento.

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