A 100 años del Genocidio del pueblo armenio

 

A días del aniversario del genocidio armenio, En Perspectiva entrevistó a Mikael Boudakian y a Federico Waneskahian, dos familiares de víctimas de este genocidio. Ambos destacaron la importancia del reconocimiento brindado por Uruguay en 1965 y contaron que en Armenia “la simple mención de Uruguay es el motivo de un abrazo o un reconocimiento de parte de cualquier armenio”. 

Lunes 20.04.2015, hora 8.13

EMILIANO COTELO:

El próximo jueves, habrá pasado un siglo del secuestro y posterior asesinato de centenares de intelectuales, profesionales, gente notoria de la comunidad armenia que residía en la ciudad de Estambul, en una operación que llevó a cabo el Ejército turco. Este episodio, que abrió lo que muchos denominan la “decapitación” política y cultural de esa colectividad, es el que marca el arranque del genocidio armenio.

Durante ocho años, entre aquel 24 de abril de 1915 y 1923, un millón y medio de armenios fueron exterminados por el Imperio Otomano.

En los próximos minutos les propongo que revisitemos aquellos hechos. Para eso contamos en estudios con la presencia de dos jóvenes uruguayos que han sido tocados muy de cerca por aquella página trágica de la historia del siglo XX.

Estamos con dos integrantes de la comunidad armenia en Uruguay, el arquitecto Federico Waneskahian, que tiene 30 años, y el músico Mikael Boudakian, que tiene 37.

Ustedes, con las edades que tienen, ¿por qué están tan involucrados?

MIKAEL BOUDAKIAN:

Uno está involucrado porque vivió de cerca las anécdotas de nuestros abuelos y eso siempre está latente en uno. Fijate que las historias no terminan nunca. Hace una semana estaba en la casa de mi mamá y me dice: “Mirá, ¿viste esta muñeca?”, y saca una muñeca de plástico que tenía guardada, “esta muñeca se la compró la abuela y mirá la historia que tiene”. Mi abuela cuando vende una casa que tenía en los años 90 le dice a mi madre: “Mirá, Lucy, lo único que me quiero comprar con la plata de la casa es una muñeca, porque cuando yo era chica nunca tuve una”. Mi abuela tenía 70 y algo de años y nunca había tenido una muñeca. Fue a un supermercado cerca de casa y se compró la muñeca que mamá tiene guardada, ¿cómo iba a tener una muñeca en el contexto en el cual ella nace?

EC – ¿Podemos, justamente, relatar alguna de aquellas facetas?

MB – Mi bisabuelo había sido llamado para la Primera Guerra Mundial, porque hay como una premeditación y una planificación en el año 1910 por parte de los Jóvenes Turcos, que recientemente habían tomado posesión del gobierno en Turquía. Ellos planifican en la ciudad de Salónica, que está en la actual Grecia, lo que vendría a ser el genocidio armenio. Como bien tú dijiste, el 24 de abril de 1915 lo primero que se hace como parte de ese plan -y aprovechando el contexto de la Primera Guerra Mundial y la distracción de la opinión pública, que estaba en los horrores de la guerra- fue quitar a los armenios todas sus cabezas pensantes, sus líderes. Lo que hicieron fue justamente secuestrar y posteriormente asesinar a los intelectuales, poetas, artistas, tú lo describiste muy bien en la introducción. Posteriormente con la excusa de la Primera Guerra Mundial, teniendo presente que Turquía era aliado de Alemania, reclutaron a todos los hombres. Los quitaban de los pueblos, se los llevaban con la excusa de que iban a la Primera Guerra Mundial, pero no les daban armas, los hacían hacer los trabajos forzosos: cavar fosas, armar trincheras, trabajar en las vías ferroviarias…

EC – Y en el caso de tu familia en particular, ¿cómo los toca esto?

MB – Justamente uno de los que fue a hacer esas tareas fue mi bisabuelo. Lo que pasaba es que después de que terminaban de hacer esas tareas los fusilaban, los hacían trabajar y después los fusilaban. Mi bisabuelo estaba en el medio de esto, logra escaparse porque se entera de cuál era el final que le iba a tocar, y llegó a su pueblo, que se llama Marash, pero cuando llega era tarde. La ciudad estaba destruida, él encuentra a sus dos hijas decapitadas, las reconoce en una montaña de cabezas por las trenzas, a la mujer también la habían asesinado… Paralelamente…

EC – Mientras estás contando esto se te corta la voz.

MB – Y si, la verdad es que eriza cada vez que la contás.

Paralelamente la que vendría a ser mi bisabuela, que en ese momento no era la mujer de mi bisabuelo, una noche también llegan los turcos… Esto lo contó una vez sola a mi tío, Avedis Badanian, que también era periodista. Era difícil conseguir los testimonios porque no era algo que les gustara contar a ellos estando acá. Mi bisabuela contó que una noche ella tiene que irse de su casa porque los turcos invaden la ciudad y empiezan a prenderla fuego, asesinan a sus hijos, a su marido y al único que logra salvar es a un bebé que se llamaba Misac y tenía apenas unos días. Sale corriendo en medio de la nieve, en invierno, y el último recuerdo que tiene es mirar para atrás, con el bebé en los brazos, y ver la ciudad encendida en llamas, hasta que se desvanece y se desmaya en el medio de la nieve. El hijo que había rescatado se muere congelado y ella lo siguiente que recuerda es despertarse en un refugio porque la habían rescatado.

EC – Hemos empezado esta charla con vivencias muy tocantes, estremecedoras, que dan la pauta del tema del que estamos charlando, el que ahora empezamos a abordar, y al que me gustaría darle más contexto por el lado histórico. Dijimos que la fecha elegida para conmemorar los 100 años del genocidio armenio es el 24 de abril, estamos remitiéndose a hechos de 1915. Pero en realidad el Estado turco venía persiguiendo a los armenios desde hacía varias décadas, luego de siglos de convivencia muy armoniosa entre esos dos pueblos, ¿por qué se desencadena esta agresión?

FEDERICO WANESKAHIAN:

El pueblo armenio es originario de esos territorios y recibió en una primera etapa una serie de oleadas de distintas migraciones e invasiones, una de ellas es la de los turcos otomanos, que se establecieron y dominaron esa región, y el pueblo armenio quedó sumido en el poder del Imperio Otomano. Si bien la convivencia cotidiana o familiar en las ciudades era armoniosa, institucionalmente la violencia estaba instalada en el sentido de que los armenios no tenían reconocido prácticamente ningún derecho dentro del imperio por sus características nacionales, por no ser turcos. Pero puntualmente hay un agravamiento de esta situación que lleva a la planificación de un exterminio físico que se da sobre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Eso se debe a un cambio en el contexto mundial básicamente y en el rol que juega el Imperio Otomano. En esa época el otomano es un imperio en decadencia que comienza a perder sus territorios europeos y en el seno del imperio, de su dirigencia y también de sectores intelectuales, -incluidos turcos radicados en Europa, puntualmente los Jóvenes Turcos, que son quienes finalmente ejecutan el genocidio-, surge la convicción de que el Imperio Otomano tiene que necesariamente recuperar su prestigio y su poderío perdido a partir de un crecimiento hacia oriente, hacia la anexión de todos los pueblos de habla turca hacia el Mar Caspio y más allá.

EC – ¿Y qué tiene que ver eso con los armenios?

FW – Los armenios estaban precisamente ubicados geográficamente en esa región, entre la zona que actualmente ocupa Turquía y la zona que ocupan los países túrquicos de la zona del Mar Caspio y más al este incluso. En un principio la dirigencia turca comprendió que iba a ser imposible asimilar como un elemento más de la nación turca a los armenios, porque contaban con una cultura, un alfabeto y una religión propia, y tenían una identidad nacional muy marcada, eso hacía imposible la asimilación.

EC – ¿Pero por qué también se habla de la traición armenia?, ¿qué es eso?

FW – Sobre finales del siglo XIX y a principios del siglo XX el territorio histórico de Armenia pasa a estar dividido bajo tres tiranías: el Imperio Otomano, el Imperio Ruso zarista y el Imperio Persa. Los armenios habían adoptado la decisión de que en caso de conflicto iban a servir lealmente a los intereses del imperio en el que residían. Esto fue interpretado por los turcos como una señal de traición, y se transformó en un argumento falaz para justificar el genocidio. Los armenios no aceptaron plegarse a la propuesta de servir al Imperio Otomano, que era bastante irracional, sobre todo conociendo esta situación que comentaba de violencia institucional que no se daban en el Imperio Persa y el Imperio Ruso, en los que también había violaciones a los derechos fundamentales pero no se daba la situación que se daba en el Imperio Otomano. Por lo tanto, frente a la situación del lanzamiento de la Primera Guerra Mundial los armenios decidieron tomar como posición servir lealmente en cada uno de los países en los que residían y en los que les correspondía realizar su servicio militar. A posteriori, ante la reconstrucción de argumentos respecto de por qué se debe presentar esto frente al mundo como un genocidio fueron surgiendo este tipo de planteos como la traición armenia u otros muy similares que podemos escuchar en todos los genocidios del mundo, la acusación a los armenios de ser el cáncer de la economía del Imperio Otomano. Son muy similares para cualquiera que haya escuchado la historia del nazismo o de cualquier otro genocidio, porque son los argumentos que se promueven desde la intolerancia para validar frente a un pueblo la decisión estatal de exterminar a quien hasta hace poco tiempo era un vecino más.

EC – Las historias a propósito de cómo se dio esa agresión son terribles. Algunas ya aparecieron en esta charla, pero estaba revisando que como los armenios habían perdido “su derecho a la vida” en el Imperio Otomano, que estaba en guerra, los turcos no querían “malgastar” sus municiones en ellos. Entonces lo que hizo fue instrumentar toda una estrategia que comenzaba con el argumento de la deportación y terminaba en otros métodos de muerte y aniquilación, ¿podemos contar algún detalle más en ese sentido?

MB – Si, claro, los crucificaban. Hay que tener presente que los armenios históricamente son cristianos, de hecho es la primera nación que adopta el cristianismo desde el año 301, entonces uno de los métodos era la crucifixión. Hay fotos e imágenes que se pueden encontrar fácilmente en internet en las que aparecen armenias crucificadas. Muchísimos métodos, las decapitaciones… y como bien dijiste la deportación fue una también. Con la excusa de proteger al pueblo armenio de los conflictos internos los deportaban obligándolos a cruzar desiertos, como Der Zor, caminando cientos de kilómetros, desnudos. Mi abuelo tenía ocho años cuando fue deportado y contaba que lo que más le impresionaba era el frío y ver a las mujeres desnudas, porque eran humillados.

EC – Esa larga caminata era para después terminar empujándolos a un pozo.

MB – Por supuesto, pero no solamente eso sino que en el camino iban muriendo de hambre, de sed. Cuentan que se peleaban por tomar el pichi de las pocas mulas que encontraban. Mi abuelo sufrió la muerte de sus padres en la caravana, a su madre tuvieron que enterrarla en el medio del camino y rápidamente para poder seguir con la caravana, posteriormente a eso la caravana es asaltada, lo cual era frecuente, muchas veces por parte de los kurdos. Mi abuelo contaba que él sale corriendo y un kurdo lo persigue para sacarle la ropa, dos kurdos se pelean para quitarle la ropa y él se da cuenta, se saca el sombrero, la chaqueta y sale corriendo, ahí se encuentra con su hermano mayor, de 18 años, al que le dan un balazo, y él sigue corriendo hasta que lo captura otro kurdo y se lo lleva de pastor hasta que mi tío abuelo lo vuelve a recuperar, ya como cuatro años después.

EC – Esa sí que es una historia de supervivencia.

MB – Si, el tema es que no todos sobrevivían, la mayoría perecía en el camino o cuando llegaban eran asesinados.

EC – Estamos conversando sobre el comienzo del genocidio armenio, porque en realidad se extendió incluso más allá del final de la Primera Guerra Mundial, hay una segunda etapa en este proceso que ocurre después de la guerra, en la década de 1920, ¿por qué?

MB – Hasta 1923.

FW – En una primera instancia el genocidio se llevó a cabo en el marco del Imperio Otomano y con la excusa de la guerra. Cuando termina la Primera Guerra Mundial el Imperio Otomano termina desmembrado y derrotado, y en el marco de esa derrota surge la distribución de mandatos de potencias occidentales en ciertos sectores de su territorio, entre ellos un mandato francés en la zona mediterránea y uno inglés en la zona más central de la Mesopotamia. En algunas de esas zonas terminaban las caravanas de deportados armenios y los pocos sobrevivientes se agruparon en algunas regiones próximas a sus antiguas patrias con la esperanza aún viva de poder regresar y encontrar a los familiares que se habían dispersado y se habían perdido durante las deportaciones y los asesinatos. Muchos armenios retornan a sus hogares bajo la protección de estos mandatos extranjeros, del Ejército francés en muchos casos y del inglés en otros.

Pero en Turquía se da un movimiento nacionalista, que es el que encabeza Kemal Atatürk, que se propone la expulsión de todas las potencias extranjeras del territorio que actualmente conforma Turquía. En ese proceso, que los turcos llaman la guerra de la independencia, es la continuación directa del genocidio armenio. El objetivo fundamental era la fundación de una patria no sobre la base del Imperio Otomano, que era multiétnico, sino de una patria únicamente turca, basada en el nacionalismo turco, y por lo tanto los armenios continuaban siendo una amenaza en ese esquema de una patria de Turquía solamente para los turcos.

Cuando se produce el retiro de las fuerzas extranjeras, que en algunos casos habían oficiado de protectores de los armenios, las matanzas continúan de forma indiscriminada hasta el año 1923. En ese año prácticamente no quedaban armenios en el interior de Turquía, los que quedaban, un poco en el marco de los métodos de exterminio que no implicaban necesariamente el asesinato directo con una bala para ahorrar municiones, eran miles y miles y miles de niños armenios menores de cinco años que fueron turquificados por la fuerza, entregados a familias turcas para trabajar como sirvientes. Lo mismo que comentaba recién Mikael, miles de jóvenes armenios y mujeres sobre todo, secuestrados por tribus turcas para ser mano de obra esclava. Esa esclavitud se prolongó durante un siglo en el silencio de esas familias, recién hoy estamos empezando a escuchar testimonios de gente en Turquía. Así como nosotros hoy acá contamos nuestra historia y decimos que somos nietos de sobrevivientes de este genocidio hay gente en Turquía que hoy está empezando a recordar y a reconocer a partir de su historia que el último deseo de sus abuelos antes de morir fue decirles: “Ustedes son armenios, mantengan sus tradiciones en secreto, presérvense”. Ese fenómeno también tiene que ver con ese proceso de la creación de una República de Turquía homogénea, pretendidamente monolítica desde el punto de vista ético, donde no había lugar para ninguna disidencia.

Los kurdos, que tuvieron un rol muy activo en la ejecución del genocidio, sufrieron también esas mismas consecuencias. Durante decenas de años no pudieron ni siquiera pronunciar el nombre de su pueblo, debían referirse a sí mismos como “los turcos de las montañas”, hasta el día de hoy son reprimidos. Los problemas que actualmente tiene Turquía en materia de derechos humanos son herederos en muchos casos de ese inicio.

***

EC – Los oyentes también hacen sus aportes. Por ejemplo Silvana, de Belvedere, recuerda una película “maravillosa” de los hermanos [Paolo y Vittorio] Taviani a propósito del genocidio armenio. ¿Cuál es esa película?

FW – La película es “El destino de Nunik”, o “La mansión de las alondras”, que recoge la historia de una protagonista que logra escapar del genocidio y es una de las películas que recién aborda el genocidio, porque durante mucho tiempo fue un tema olvidado, no solo por la comunidad internacional sino también por la industria cinematográfica, en gran medida por las presiones de Turquía para que no se filmara ninguna película que recordara este hecho.

EC – Y aquí vamos a la pregunta que tal vez para ustedes resulte obvia, pero seguramente no para muchos de nuestros oyentes:¿por qué sigue siendo hoy tan importante para la comunidad armenia, que se reconozca que aquellos hechos efectivamente fueron un genocidio?

FW – Hay varios componentes, en primer lugar hay una cuestión simbólica para las víctimas que tiene que ver con que nuestras familias han tenido que pasar por la necesidad de hacer el duelo de sus familiares asesinados y simultáneamente emprender la lucha para que esto sea reconocido como el crimen que fue, han cargado sobre su espalda con esa doble situación. Por otro lado, a nivel jurídico, para nosotros es fundamental plantear que en la medida que existe un crimen, en este caso el de genocidio, que se tipificó en base a la experiencia que hubo a nivel internacional con el genocidio armenio y con el Holocausto judío en 1948…

EC – Claro, pero la tipificación de genocidio es posterior a los hechos de los que estamos hablando.

FW – Es posterior al crimen y al mismo tiempo la intención apunta a que exista una condena internacional por dos motivos. La impunidad en la que se encuentra actualmente el genocidio armenio ha sido la inspiración para que otros genocidas decidan emprender sus planes sin temor a las consecuencias. En el caso más concreto, [Adolf] Hitler al momento de invadir Polonia le dice a sus hombres: “Maten sin piedad, hoy, 20 años después, nadie se acuerda del genocidio armenio”. Esa impunidad es la que nosotros estamos tratando de desterrar porque a nuestras familias nadie les va a devolver las vidas perdidas, nadie va a devolver las pérdidas enormes que tuvo nuestro pueblo en ese genocidio, pero nosotros apuntamos a que en la medida que los crímenes no son debidamente condenados y no hay justicia no existe la posibilidad de seguir adelante.

Al mismo tiempo, a nivel político hoy dentro de Turquía que no exista un reconocimiento del genocidio implica por un lado la violación de los derechos de la minoría armenia que aún reside en Turquía. Son 50.000 armenios que viven con una limitación total de derechos porque Turquía, en la medida que mantiene su impunidad, ha ido creciendo en su autoritarismo y su desprecio hacia las minorías y en el caso de los armenios es bastante notable. En simultáneo la postura de Turquía frente a Armenia en la medida que no existe un reconocimiento del crimen es una postura de agresión. Turquía tiene desde 1993 sus fronteras con Armenia cerradas, el cierre unilateral de fronteras es considerado una agresión internacional y es una situación que permanece hasta el día de hoy. El bloqueo tiene como condición explícita para su levantamiento que Armenia deje de reclamar el reconocimiento del genocidio.

EC – La historia del genocidio armenio y la de nuestro país tienen varios puntos de contacto. Uno, muy importante, es que Uruguay fue el primer país que reconoció oficialmente que aquella persecución había sido un genocidio, fue en 1965

MB – Exactamente, en 1965 nosotros tenemos el orgullo de decir que nuestro país fue el primero en reconocer como Estado el genocidio armenio.

EC – ¿Cómo se dio esa particularidad?

MB – Eso fue presentado al Parlamento en ese momento por lo que era la lista que encabezaban Zelmar Michelini y Hugo Batalla por intermedio del diputado [Enrique] Martínez Moreno.

EC – La lista 99, integrante del Partido Colorado todavía.

MB – En ese entonces integrante del Partido Colorado, sí. Fue votado unánimemente por los diputados y también por los senadores, hasta que fue reconocido a nivel de gobierno.

EC – ¿Por qué ocurrió eso acá?

MB – Porque la comunidad armenia trabajó fuertemente para poder lograrlo.

EC – ¿Qué peso tiene la comunidad armenia en nuestro país?

FW – Creo el peso fundamental está en la integración y en el orgullo y el cariño que sienten los armenios por Uruguay. Para nuestras familias Uruguay fue un paraíso porque representó la posibilidad de volver a empezar después de experiencias muy traumáticas. La sociedad uruguaya no solo los acogió sino que los contuvo, les dio la oportunidad de tener una educación gratuita, de poder formarse, y sobre todo lo que más valoran los ancianos de nuestra comunidad es la posibilidad de sostener nuestra cultura en este país sin que exista ninguna clase de discriminación. Esa es creo que la principal fortaleza de nuestra comunidad, no se trata de una fortaleza de orden político o económico, sino que afortunadamente en todas partes hay un armenio que tiene la posibilidad de hablar bien de Uruguay. Incluso en Armenia es muy emotivo, lo han vivido las misiones oficiales con delegaciones de Uruguay, la simple mención de la palabra Uruguay es motivo de un abrazo o un reconocimiento de parte de cualquier armenio, no solo de aquellos que tienen educación superior sino de la gente en las calles. A nivel popular la amistad y el amor que siente cualquier armenio con Uruguay es muy fuerte y tiene que ver con esto: en un momento en el que nadie hablaba del genocidio Uruguay a través de su Parlamento en función de su tradición democrática, su apertura a la sociedad, reconoció esta demanda de la comunidad armenia y la tomó como propia.

EC – Yo decía que este debate sobre el genocidio está todavía abierto, es actualidad plena en estos días. El domingo 12 el papa Francisco realizó un pronunciamiento, apeló a la necesidad de recordar los horrores del pasado en lo que calificó como “el primer genocidio del siglo XX”. ¿Qué importancia tuvo una declaración como esta?

FW – Una cuestión muy importante en este tema es que todos los reconocimientos lo que hacen es volver a poner sobre la mesa un tema que siempre existen razones de gran peso para olvidar. Cada personalidad que toma el tema, emite una declaración o realiza un compromiso de este tipo, lo que está haciendo es recordarle a Turquía que este tema todavía no está saldado. Y una cosa fundamental: el argumento actual de Turquía es que este tema hay que dejarlo a los historiadores, y lo que piensa el resto del mundo, incluido el papa Francisco, es que cuando una herida permanece abierta no puede ser materia de la historia sino del presente y fundamentalmente del futuro.

EC – Pocos días después la Eurocámara le exigió a Turquía que reconociera el genocidio, pero la reacción que obtuvo de ese país fue tímida, suave, fría.

MB – No solamente eso, sino que el presidente [Recep Tayyip] Erdogan dijo que en Turquía había 100.000 armenios indocumentados que si ellos querían los podían deportar. Ahí habla a claras, 100 años después sigue mostrando la hilacha…

EC – Digamos que el máximo al que ha llegado el Estado turco ha sido ofrecer condolencias a las víctimas, eso fue el año pasado.

MB – El año pasado y por parte también del presidente Erdogan.

FW – Pero es muy paradójico en el sentido de que en algún punto cuando uno es el culpable como Estado de lo sucedido ofrecer condolencias como si se tratara de una catástrofe natural es irónico, y al mismo tiempo cuando uno ofrece condolencias y por otro lado descubre que el propio presidente Erdogan y su gobierno están implicados en la presión continua que se realiza contra los líderes de la comunidad armenia que viven en Turquía. Ahora se están empezando a conocer las implicancias que tuvo el gobierno de Turquía en el reciente desalojo de las ciudades armenias en Siria, donde es total la colaboración entre el Ejército de Turquía, los combatientes sirios que atacaron las ciudades armenias y el [grupo jihadista] Estado Islámico, que destruyó precisamente el Mausoleo del Genocidio Armenio en el desierto de Der Zor, que actualmente queda en Siria. En escuchas [telefónicas] que se hicieron públicas el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Turquía [Ahmet Davutoglu] brinda apoyo a esas acciones.

EC – Y el hecho de que esta sea la actitud del gobierno de Turquía, cuando por otro lado está tramitando su acceso a la Unión Europea [UE], cuando la Eurocámara le plantea esta exigencia… ¿cómo juegan todos estos factores, cómo juega la UE para seguir presionando a Turquía?

FW – En el año 1987 el Parlamento Europeo tomó una resolución que disponía que Turquía no pudiera entrar a la UE hasta que no resolviera una serie de temas, uno de ellos era el reconocimiento del genocidio armenio. Esta resolución [de la Eurocámara] retoma ese antecedente en una instancia distinta, porque la capacidad de presión de la UE actualmente es distinta en la medida que Turquía ha bajado sus expectativas respecto a su ingreso a la UE. En 2005 el presidente Erdogan estaba muy preocupado por que Turquía ingresara a la UE y dio una serie de pasos intentando mejorar la situación de los derechos humanos en Turquía, pero hoy nos damos cuenta de que su actitud es totalmente distinta porque lo que están esperando los turcos de la UE es radicalmente diferente.

Te pido una digresión para invitar a todos los que quieran sumarse a las actividades de conmemoración. Vamos a estar realizando una marcha en 18 de julio para compartir con el pueblo uruguayo nuestro reclamo, es el jueves a las 18 horas partiendo de la Intendencia de Montevideo y finalizando en la Plaza Independencia. Va a haber un concierto en Plaza Independencia también para reconocer a Uruguay por esto y para tomar una actitud positiva y de conmemoración activa de este tema. Y el viernes, a las 18.30, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo será el acto central con la presencia de autoridades y también el homenaje de la comunidad armenia al Parlamento porque cumplimos 50 años de esta ley maravillosa que reconoció el genocidio armenio.

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